CAPITULO 1. INSUFICIENCIAS, RESTRICCIONES Y POSIBILIDADES QUE
1.2. POSIBILIDADES Y RESTRICCIONES EN LOS ENFOQUES
1.2.2. ALGUNAS PERSPECTIVAS LACANIANAS
1.2.2.1 EL MALTRATO COMO MORTIFICACIÓN Y LA AGRESIVIDAD DE
En uno de los trabajos psicoanalíticos locales -de perspectiva lacaniana- se plantea que el término «mortificación» es el nombre más correcto para nombrar el maltrato psicológico que se produce en los vínculos afectivos de la vida familiar, en donde es
subjetivado, significado, de forma singular47. Sin embargo, ya que dicha definición no
se apoya en conceptos psicoanalíticos sino en los usos del lenguaje, en este trabajo no se desarrolla teóricamente este planteamiento. Por lo tanto, al considerar que en estos trabajos dicha definición esta esbozada incipientemente, nosotros retomaremos esta definición que abre nuevas perspectivas de análisis para desarrollarla tanto a partir de los fenómenos clínicos observados por nosotros como del concepto psicoanalítico de trauma. Ya veremos los desarrollos que pueden realizarse a partir de esta perspectiva de análisis que desarrollaremos en el capitulo siguiente.
De otro lado, los trabajos psicoanalíticos postlacanianos ofrecen varias posibilidades explicativas sobre el maltrato, de las cuales destacaremos aquellas referidas a la agresividad y el registro de lo imaginario. Según estas explicaciones el maltrato genera un enigma subjetivo que cuando es significado en lo imaginario como una
afrenta al narcisismo, actualiza la agresividad imaginaria y la angustia que le es
correlativa48. Vamos a exponer brevemente los fundamentos de esta idea.
Desde estos estudios se plantea que la agresividad que se observa en los sujetos maltratados no sólo se generaría a partir de estas experiencias, sino que se articula con una agresividad más primitiva, que estaría presente en todos los sujetos, y que
se actualizaría con el maltrato49. Esta agresividad más primitiva se engendraría en
47 Gallo, 1999: 12-15. 48 Gallo, 1999: 8, 25, 71, 123-25; López, 2002: 12, 15-6, 19, 73-4, 80, 96, 120-1, 123-28. 49
los primeros procesos de identificación que se dan en los vínculos familiares, por medio de los cuales el niño establece su identidad y su narcisismo primario a partir de una identificación imaginaria con el otro, con la madre50.
En ese sentido, estos autores plantean que en el registro imaginario el Yo del niño se confunde con el otro (la madre), de modo que al no poder diferenciar entre la identidad propia y la del otro, piensan que de esta identificación primordial surge una rivalidad especular, una lógica de exclusión (o Yo o el otro), en la cual se tiende a destituir, suplantar o eliminar a ese otro que, por su sola presencia, amenaza la propia integridad, la posibilidad de la existencia, fundando así la agresividad primordial51.
Por ello, en estos trabajos la agresividad imaginaria es entendida como intención de
reivindicación, como reclamo52 o como un llamado al otro que permite establecer la
diferencia con ese otro, para preservar la integridad del yo, implicando además un carácter sexual, es decir, sádico, pues allí se goza del castigar, destituir, hacer sufrir al otro, que amenaza el narcisismo propio-. En contraste, las tendencias destructivas,
la pulsión de muerte, aunque estarían relacionadas con la identificación primordial,
no comportarían una demanda al otro y se reduciría a ser puro empuje destructivo, que busca dañar al otro o al propio sujeto53.
De allí la idea de estos autores de que en el maltrato no sólo se trata de hechos reales, sino que allí también intervienen estas lógicas imaginarias caracterizadas por la agresividad y la rivalidad a las que aquel se articula y que son propias de la vida
en familia54. Por ello estos trabajos plantean que “hay otra realidad a considerar, cuya
verdad depende de un examen de la organización imaginaria del niño y no de los hechos
50 Lacan, 1953b: 64, 69, 70, 75, 103, 122, 130-1; Lacan, 153/4: 58-9, 379, 410; Lacan, 156/7: 261;
1958a: 222, 234-5, 240, 243-5; Lacan, 1960a: 320; Gallo, 1989: 15-34; Gallo, 1999: 9; López, 2002; 12, 19, 80, 123-28. 51 Gallo, 1999: 123-25; López, 2002: 12, 19, 80, 123-28. 52 López, 2002: 12, 127. 53 Gallo, 1989: 25; López, 2002: 12, 123-28. 54 López, 2002: 12, 19, 66, 80, 125.
realmente acontecidos”55. En ese sentido, estos trabajos muestran que dichas lógicas imaginarias, que darían cuenta de la estructural «falta de ser» -que hace que los sujetos justifiquen su existencia a partir de quejas referidas a los vínculos con el otro56-, pueden captarse examinando el registro imaginario en el que se despliegan57. Según estos autores, dichos procesos imaginarios, en los que se enmarcaría el maltrato realmente acaecido, se relacionan además, con las frustraciones de las inagotables demandas de amor (tiernas y sensuales) del niño hacia sus padres que, al no poder ser satisfechas, por cuanto implican deseos incestuosos que son prohibidos por los preceptos culturales, son vividas como una forma de maltrato, pues el sujeto no recibe lo que espera del otro58. De ello quedaría un deseo perenne
de recibir reconocimiento por parte del Otro (el orden simbólico), encarnado por otros (el semejante), que de no presentarse, motiva los reproches y quejas de maltrato en el niño, así como las acciones violentas de los padres sobre los hijos59.
En ese sentido, estos autores no establecen diferencias entre el maltrato vivido
imaginariamente y un maltrato realmente acaecido60, pues consideran que el maltrato
derivado de estas faltas imaginarias, las faltas de amor y reconocimiento, que supone el niño, se articulan al maltrato, digamos, real o efectivo61 que, como
mortificación, suma falta y produce estragos singulares referidos al goce62. Por ello,
estos autores consideran que la intervención del psicoanalista en estos casos implica: “reservar su deseo, su escucha y su palabra, para permitirle al niño historizar lo ocurrido real o imaginariamente”63.
Por otra parte, estos autores piensan que la función simbólica del padre de transmitir la ley, poniendo límites al deseo, al estar soportada por imperativos sociales (de
55 Gallo, 1999: 22.
56 En esa lógica se plantea que el maltrato psicológico tiene estructura de queja (Gallo, 1998: 10) 57 Gallo, 1989: 15-34; Gallo, 1998: 9; López, 2002: 12, 19.
58 Gallo, 1999: 8, 71; López, 2002; 12, 15-6, 73-74, 123. 59 Gallo, 1999: 8, 71; López, 2002: 76, 126. 60 López, 2002: 77. 61 Gallo, 1999: 98. 62 López, 2002: 120. 63 Gallo, 1999: 26.
amor y el cuidado) permite entender que paradójicamente tal función de transmisión de la ley consienta en causar daño al otro íntimo, bajo la forma del castigo, como
estrategia correctiva para conseguir fines educativos64. En esa lógica consideran que
esta función simbólica del padre también puede ser captada imaginariamente como un acto maltratante, que entonces genera un monto de agresividad que proviene, ya no de la relación especular al otro, sino de la identificación a los aspectos violentos de las figuras de autoridad que actúan como un tercero interdictor, tal como se indicaba en el estudio de A. Miller que ya habíamos comentado65.
Así mismo, en estos trabajos se dice que el padre puede gozar con el maltrato que ejerce, a partir de un abuso y de un uso imaginario, arbitrario, de su autoridad, de los ideales educativos que sustentan el castigar, y que sirven de justificación para no reconocer las tendencias e intenciones agresivas que quedan encubiertas por estos
ideales66. En ese sentido, plantean que las fallas en la función paterna de transmisión
de la ley dejan restos o fisuras que, como enigmas, potencian la culpa y el goce, en vez de aportar a la pacificación y la regulación pulsional67. Pero de igual forma, plantean que la función simbólica de la autoridad del padre también puede minimizar esta agresividad imaginaria, cuando el sujeto puede captar que tal renuncia impuesta a la gratificación de sus deseos se refiere a una ley que aplica para todos, incluido el propio padre que también se somete a ella68.
En síntesis, desde estos estudios se plantea que las inscripciones del maltrato realmente acaecido se articularían con los demás elementos de los registros simbólico e imaginario, haciendo parte de la historia reprimida, que es desconocida
64
López, 2002: 21. 65
López, 2002: 52-3, 83,126. Vease también Freud A, 1965: 122-34. 66
Gallo, 1999: 25; López, 2002: 22, 50-1, 111.
67 Habíamos dicho que el padre de la realidad seria captado desde lo imaginario, y por ello al cumplir
su función de interdictor seria visto por el hijo como un tirano que obliga a la renuncia y al sometimiento. Entonces cuando el padre no muestra ese mismo sometimiento a la ley que impone al hijo, estas fallas del padre ante la ley, esas inconsistencias, se suman a la visión imaginaria del niño sobre el padre y dificultan la introyección de la ley en el hijo, pues el ideal educativo no cumple su función simbólica reguladora y en cambio promueve la exacerbación de la imagen Feroz del padre a la cual se identifica (López, 2002: 118)
68
por el propio sujeto y que estructura su realidad psíquica69. Así las cosas, nosotros
destacamos el hecho de que en estos estudios se plantea que el maltrato, así como de todo lo venido del Otro (el orden simbólico), y del otro (el semejante), es
significado en un primer momento según las lógicas del registro imaginario70, tal
como lo señalaba Lacan71.
Según estos autores, esto se debería a que “hay una distancia entre lo que el Otro prescribe y aquello que la lógica inconsciente del sujeto articula como su propia cadena discursiva”72. Esto quiere decir que: “la condición del maltrato psicológico es ante todo imaginaria, no en el sentido de que sea una mentira, sino porque depende exclusivamente de la lógica de la relación afectiva que cada sujeto establece con el semejante; por eso, es fácil aislarlo, pero prácticamente imposible de demostrarlo por fuera de un análisis de la subjetividad”73.
En ese sentido, estos trabajos abren nuevas perspectivas de análisis, al plantear que el ideal educativo que sostiene el maltrato como un acto simbólico correctivo, puede
ser imaginarizado de forma singular y ser interpretado como un acto de amor, o
como un acto de odio que, al destituir al niño del amor parental, es significado como
69
López, 2002: 19, 72, 113-4, 134.
70 Al respecto señalamos que aunque en todos los casos estén presentes estos elementos
imaginarios, ello no quiere decir que el maltrato se reduzca a ser una ficción de estos sujetos. Por ello al describir casos donde el maltrato ha tenido un carácter real, podremos mostrar la forma en que estos elementos imaginarios sirven para enmascarar, al tiempo que para develar, las escenas reales de maltrato.
71 Lacan, 1954/5: 248; Gallo, 1999: 22, 41, 134, 162, 173; López, 2002: 19, 74, 97, 115, 133. En esa
lógica Lacan señala que “todo el problema reside entonces en la articulación de lo simbólico y lo imaginario en la constitución de lo real” (Lacan-1953/54: 121) Es que según Lacan la experiencia humana inicia en el plano imaginario, pero se prolonga en el simbólico. (Lacan, 1953/4: 326) Desde la perspectiva de Lacan se piensa que en la clínica se trata de articular estos elementos imaginarios - propios de la formación del yo en el estadio del espejo- con relación a lo simbólico, por medio del lenguaje que permite inscribir el pasado en la historia del sujeto llevando a este a que se reconosca en ella (Lacan, 1953b: 79, 81, 86, 106; Lacan, 1953/4: 178, 230, 237-8, 240, 292, 324, 411; Lacan, 1954/5: 371-385; Lacan, 1960a: 323) De alli que lacan diga que gran parte de la experiencia analitica consiste en explorar lo imaginario, las frustraciones, los malos objetos, en la historia del sujeto, pero que la experiencia no se define en el plano imaginario sino en el simbolico (lacan, 1953/4: 324-5)
72
López, 2002: 97. 73
una afrenta narcisista que actualiza la agresividad imaginaria, de suerte que se pierde su naturaleza correctiva, eminentemente simbólica74.
1.2.2.2. EL MALTRATO COMO ENIGMA SUBJETIVO QUE SE RESUELVE POR