• No se han encontrado resultados

Conductores de automóviles particulares

2. Los participantes Características objetivas y percepciones acerca de sí mismos

2.2 Conductores de automóviles particulares

(a) Se entrevistó a un total de treinta y un conductores de automóvil (veinte en grupos focales y once en entrevistas individuales); doce son mujeres y diecinueve varones y sus edades oscilan entre treinta y sesenta años. Del total, diecinueve están casados (o unidos), cuatro divorciados y dos mujeres son viudas; los restantes seis son solteros/as; la mitad son padres o madres y algunos tienen nietos. Su nivel educativo varía entre secun- dario completo y universitario o terciario completo. Todos los varones y la gran mayoría de las mujeres (tres son amas de casa) tienen ocupaciones remuneradas que representan un espectro amplio de las actividades económicas de los sectores medio y medio-alto: desde docentes, secretarias y vendedores/as independientes hasta profesionales independientes o con cargos jerárquicos en empresas, pasando por empleados bancarios, técnicos, adminis- trador de consorcios y dueños de pequeñas empresas familiares.

La mitad conduce un automóvil de entre cinco y diez años de antigüedad; los restantes (dieciséis) se dividen en partes iguales entre quienes conducen autos más nuevos (antigüe- dad menor a cinco años) o más viejos (antigüedad mayor a diez años). En la mitad de los casos el auto cumple fines utilitarios de tipo particular y recreativos: paseos, viajes, salidas, movilización hasta y desde el trabajo, traslados cotidianos por necesidades o actividades familiares (dieciséis casos). En once casos se lo usa para trabajar y también en actividades de tiempo libre; cuatro conductores declaran usar el auto sólo para trabajar. En cuanto a los Km. que recorren con su unidad, los conductores se agrupan de la siguiente manera: once de ellos conducen hasta diez mil kilómetros al año, diez entre diez mil y veinte mil y siete más de veinte mil al año (tres casos sin datos).

(b) El auto, el manejo, la velocidad

El que te dice que la velocidad no le gusta, en algún punto íntimamente miente [...]

La decisión de decir “voy más lento” es una decisión racional; la decisión de decir

“voy más rápido” es emocional(Lucho, C33)

Y… si yo fuera varón sería corredor de autos (Lila, C53)

Entre los conductores predominan las ideas que describen una relación utilitaria con el auto, tanto en lo que respecta a los motivos de su elección al momento de la compra, como en el uso actual: ahorro de tiempo frente a la alternativa del transporte público, confort, precio accesible, adecuación a las necesidades laborales o familiares. Así, se mencionó la idea del auto como una necesidad, como un medio que me lleva

y nada más, como un objeto desprovisto de afectividad: es un mueble útil, un mueble

porque se mueve, y es fantástico. Pocos conductores han agregado accesorios al ve-

hículo, por lo general para aumentar su practicidad en el trabajo, la seguridad de las personas transportadas o el rendimiento.77

No siento placer al manejar [...] me daría pena no tenerlo, pero no es algo que está den- tro de los sueños. Para mi a los cincuenta y seis años es una comodidad, me daría mucha fiaca salir en un colectivo, [...] nada más por eso. No es el sueño de mi vida… (Tito, C56)

75 De hecho, Karl, hemipléjico de setenta y dos años, observó mayor amabilidad de los conductores hacia su persona cuando advierten su discapacidad.

76 Aquello que, en términos de Bourdieu (1988: 70), la regla tendía a garantizar.

77 Los entrevistados (especialmente los hombres) se extendieron en la descripción de las rutinas de mantenimiento, y un desembolso frecuente fue la colocación del equipo de gas. Pero ningún sujeto reportó haber gastado en adornos para el auto. Sólo un joven, propietario de una camioneta 4x4 que utiliza para turismo de larga distancia, le agregó accesorios sofisticados y aun prohibidos (paragolpes especiales, defensas laterales) para proteger al auto y un par reconocieron haberle adjudicado alguna vez género o nombre propio a un auto de su propiedad.

158

Pero el hecho de que en las actitudes acerca del automóvil predominen los compo- nentes cognitivos (y que al parecer no exista un vínculo amoroso con el objeto) no implica ausencia de significados para la subjetividad –o componentesafectivos, como las emocio-

nes, los sentimientos, los motivos (Montoro González, 1998: 216). Con frecuencia, otros

discursos masculinos –referidos a las propias sensaciones o atribuidos a la generalidad de los conductores–, destacaron la identificación del automóvil y su control por el hombre con emociones, motivos y valores usualmente asociados al modelo hegemónico de identidad masculina: el gusto por la competencia o la competitividad, la sensación de poder. Sin embargo, y como hallazgo no esperado, el gusto por las máquinas y la fascinación o la ad- miraciónpor la técnica y por la destreza en el manejo emergió tanto entre algunos varones como entre las mujeres, a propósito de las carreras automovilísticas –un espectáculo del que estas conductoras dicen disfrutar–, evidenciando también su gusto por la velocidad:

Y... porque soy medio fierrera [...] me gusta ir rápido, me gustan los autos, me gusta

cada vez que sale un auto nuevo (Loli, C30). Para las mujeres, el manejo del auto representa también autonomía, independencia y libertad.

Me fascina la técnica. [...] el despliegue de la Fórmula Uno me parece impresionan- te... [...]... porque todo eso que se está investigando [...] dentro de quince años va a llegar a los autos de calle [...] (Luis, C57)

No sé mucho de carreras de autos, pero me gusta. Me gusta el auto, porque yo soy fanática de la maravilla que es el auto, cómo lo han inventado [...] Es increíble, la mente puesta en las cosas que se han hecho sobre el auto. Eso, yo admiro la mecánica del auto [...] Sí, sí, me gusta manejar… [...] porque vas adonde tenés que ir, te sentís que vos misma hacés tus cosas, que no necesitás de nadie, que disponés de tu tiempo, que el auto está a tu disposición, para lo que vos quieras. No sé, te da autonomía (Lila, C53)

A los hombres generalmente les gusta el auto, y les gusta verlo cómo funciona, los

talleristas ... Pero a mí me gusta. Me gusta cómo manejan los conductores de esos

autos [de carrera], la destreza que …la destreza. Aparte hay que tener algo para

estar en esa situación, hay que atreverse... a la velocidad, ellos se entregan a la velo-

cidad, a desafiar la velocidad, la gravedad… por ejemplo vos en un auto sabés que

para frenar, necesitás, de acuerdo con el auto que tengas, determinada cantidad de

metros para frenar… (Nona, C50)

Algún conductor que se presenta a sí mismo como extremadamente prudente señaló que no siente especial placer al manejar, asociando el manejo con autos modernos y muy potentes que invitarían al riesgo. Pero en la generalidad de los discursos, la práctica del

manejo se asocia a sensaciones placenteras –un placer... una actividad distractiva–, aun- que localizada en situaciones que invitan al disfrute –la tranquilidad de la ruta, las vacacio- nes– contrapuestas a las condiciones estresantes del manejo en la gran ciudad y al sentido del auto como herramienta de trabajo:

E: ¿Qué significa manejar un auto? ¿Disfrutás manejando, te gusta manejar, qué sentís? - … Sí, me encanta... también disfruto del hecho de que yo no laburo con el auto, de que no es una presión estar arriba del auto, es un disfrute (Darío, C33)

- Si, me gusta manejar... menos cuando estoy metida en horarios pico en el tránsito de Buenos Aires, [...] disfruto manejando, cuando voy en la ruta manejando me encan- ta, disfruto del paisaje y disfruto de manejar [...] Porque te da independencia saber ma- nejar, te podés trasladar adonde vos quieras [...] manejás tus tiempos [...] (Tota, C60)

- No... Disfruto manejando cuando viajo [en ruta]… o sea no me transporta el auto, sino la situación.

E:¿ Y cuándo no disfrutás de manejar? - En la ciudad (Leo, C49)

En los grupos focales, el referente de quien maneja bien se construyó como un tipo ideal, a partir de la idea de responsabilidad, respeto por las normas, observancia de las señales y, en menor medida, respeto de condiciones de seguridad interna (uso de cintu- rón, los chicos atrás). Pero también se asoció al dominio de la máquina y la técnica del manejo que, según la opinión de los participantes, habilitarían para la toma de riesgo y la transgresión. Para la adquisición de las habilidades de conducción se resaltó el valor de la

experiencia que se adquiere en la calle, mediante la práctica concreta del manejo (Peterlini y Geldstein, 2005). Esta apreciación se repitió en algunas entrevistas individuales.

Entre las dimensiones que caracterizarían la forma correcta de manejo en los discursos de las entrevistas en profundidad se destaca, de manera explícita o implícita, el ser capaz de controlar el automóvil y la situación, prestando atención a las maniobras de los otros

conductores y aun anticiparlas, en especial las de aquellos que no hacen las debidas seña- les.78 Para ello hay que conducir relajado pero concentrado, sereno pero atento, mirando

alrededor para poder tomar los necesarios recaudos, previendo las malas maniobras de los demás y de manera que los otros también puedan anticipar las maniobras de uno, a fin de evitar choques. En algunas atribuciones de sentido la serenidad también implica no dejarse ganar por el estrés del tránsito, no discutir con otros conductores y mantener las distancias necesarias sin responder a las exigencias de los otros conductores –apurados– que podrían inducir a la toma de riesgos.

Para mí manejar bien es tener control de la situación en todo momento, probablemen- te [...] te implique tomar una serie de recaudos, como por ejemplo conducir de acuerdo con el lugar que estés a determinada velocidad y no más, conducir cuando llueve un poco más despacio, guardar un poco más de respeto del auto que tenés adelante (Darío, C33) En algunos discursos estas actitudes de control se clasifican dentro de la categoría de manejo responsable, añadiendo el respeto a las reglas del tránsito, no por temor a la san- ción legal sino como una actitud moral. Tal actitud incluye una prescripción más general de respeto a las reglas de convivencia, de actuar con criterio, para no molestar o perjudicar a los otros y para prevenir riesgos, ajustando las propias prácticas a pautas de seguridad.79 El

tener en cuenta al otro en el tránsito cobra entonces un doble sentido: un sentido práctico de prever los errores ajenos y un sentido moral de respetar al prójimo. Algunos entrevista- dos señalaron de manera explícita la diferencia entre manejar un automóvil y conducir en el tránsito de la ciudad, una habilidad que implicaría una mirada estructural del campo y

el sentido del juego para moverse de manera armónica entre el conjunto y con los otros,

evidenciando la conciencia de estar compartiendo un espacio de manera dinámica, como en un juego de equipo.80

Y... tener en cuenta al otro. Por un lado para prever qué locura va a hacer un tipo que hace una cosa no prevista, y [...] tampoco me gusta hacer algo que j... a otro. En todo sentido, manejando, y en toda mi conducta. [...], hay mucha gente que se larga a manejar sin tener en cuenta las reglas de la calle, o sea, aparte de las reglas de tránsito, las reglas de convivencia en la calle [...] la conducta que tenés que tener en la calle para

que todos hablen un mismo idioma (Coco, C46)

Pero hubo también unos pocos que señalaron la importancia de respetar al automóvil, ya sea reconociéndolo como un factor potencial de peligro (acerca de cuyos elementos tecnológicos de seguridad no habría que fiarse en exceso), ya sea poniendo el acento en la necesidad de su correcto mantenimiento para la seguridad en el tránsito.

Manejar bien para mí es sinónimo ante todo de estar evitando circunstancias peligrosas, ma- nejarte dentro de las pautas de seguridad, bien, ... tratar de arriesgarte lo menos posible.

E: ¿Y qué sería manejar mal?

- Lo que maneja mucha gente. No respeto [...] la gente maneja muy mal, muy mal,

creo que es una de las cosas que peor hacemos. No me incluyo, ¿eh? Te digo no me

incluyo, a la vista es el estado en que está mi auto, la cantidad de horas que manejo, no he tenido accidentes graves, en treinta años de manejar, no te digo, b...deces, bollos ,

raspones, pero en ese sentido me cuido mucho (Ariel, C51)

En sus definiciones sobre qué es manejar bien o mal, los conductores se definen a sí mismos como buenos conductores y se diferencian de aquellos que manejan mal. El mal manejo, atribuido a otros o a la generalidad de los conductores, se define, en términos ge- nerales, por las prácticas opuestas a las (buenas) atribuidas al propio estilo de conducción: hacer maniobras sin previo aviso, no tener en cuenta a los demás.81 En sus atribuciones a los

comportamientos de otros conductores, los entrevistados no se limitan a la forma infinitiva –utilizada de manera neutra para describirlos–, sino que (a) les atribuyen consecuencias peligrosas y negativas (conducir zigzagueando o no dejar la distancia reglamentaria entre

78 Un discurso femenino resaltó que, para tal anticipación, es necesario usar no solamente la vista, sino

todos los sentidos, incluyendo la intuición.

79 Aunque un conductor joven, propietario de una “4x4” relativizó el valor de la norma que contempla a la generalidad, frente a la mayor pericia relativa de algunos conductores y la mayorseguridad que, aun a más alta velocidad, brindan algunos vehículos de mejor calidad.

80 Ver obras de Bourdieu y de Mockus ya citadas.

81 Pero al referirse a los comportamientos de los otros, se añaden transgresiones a la lista: manejar o cruzar las bocacalles a velocidad excesiva y sin mirar a los demás, no respetar las señales, doblar a la izquierda en forma repentina y sin colocar el guiño.

160

vehículos y provocar así choques en cadena) y (b) los corporizan en determinados agentes, a los que atribuyen características personales (ellos son de determinada manera), intencio- nalidad y motivosasociados a las malas prácticas en el tránsito. Los que toman la palabra indican así que no se trata de acciones ocasionales, sino de prácticas que implican moda- lidades repetidas y reflejan habitusincorporados correspondientes a determinadas subcul- turas del tránsito y moralmente condenables. Aparecen así los estereotipos de las mujeres inseguras que van pegadas al volante, los viejos o las viejas que manejan por debajo del límite mínimo de velocidad permitida y molestan y no dejan avanzar a los demás, los ta- cheros, los jóvenes, los inmaduros, los que manejan distraídos, sondesaprensivos, incons- cientes o imprudentes, hacen lo que se les antoja, actúan de acuerdo con lapicardía criolla, consideran que andan solos. A ellosno les importa el otro y se comportan de las maneras descriptas porque sólo les interesa zafar de las obligaciones, cuyo cumplimiento consideran

incómodo. Esta actitud crítica, de prevención y desconfianza hacia otros, difiere de los jui- cios que hacen sobre sí mismos en los pocos casos en que reconocen y justifican algún error

propio o una transgresión en apariencia inofensiva, como el mal estacionamiento.

Se aludió con frecuencia al gusto por la velocidad, a la que se asociaron sensaciones placenteras, tanto en la forma de atribuciones a la generalidad de los conductores como en relación a sí mismo. Para describir dichas sensaciones se utilizaron expresiones como

adrenalina, vértigo, placer, coquetear con el peligro, sensación de volar, controlar el auto, sensación de poder. Algún discurso, más filosófico, refirió a motivos existenciales, como el sentido de contrarrestar la finitud de la vida.

E: ¿Y te gusta la velocidad? ¿qué sensación te provoca?

- Eeehh, depende en qué momento, por ejemplo cuando voy en una ruta la velo- cidad es más placentera, por ahí, es no tener a nadie, ir por una ruta solo, desierto, con música en el auto. La velocidad así es linda, en la ciudad la velocidad para mucha gente es llegar más rápido, pero al final... [...] Yo igual a veces es cierto que cuando estoy apurada voy más rápido y, al final no sé qué tanto más rápido llegás. [sensación]

De adrenalina, [risa] no sé, me provoca… sí, me gusta, me da placer la velocidad. Me

gustan las montañas rusas, el avión cuando despega y aterriza... me gusta sentir la velocidad (Loli, C30, casada, sin hijos)

- Mirá, no sé, yo creo que la gente está loca como anda por la calle. Un sábado a la madrugada salen todos chupados no se puede andar [...] No, la excesiva velocidad no me gusta, para nada (Tota, C60)

Pocos conductores mostraron gran coherencia en su aversión a la velocidad y al riesgo que, de manera espontánea, perciben en ella, tanto en el relato de sus prácticas concretas (límites de velocidad) como en sus apreciaciones valorativas. En la generalidad de los dis- cursos se destaca un contrapunto entre razonabilidad-seguridad por una parte y emociona- lidad-riesgo por la otra; entre el deseo y la prudencia; entre realidad y fantasía.

Yo sé lo que significa para mí: aumentar riesgo disminuyendo tiempo. Nada más que

eso. [...] Es más, no sé cuál es la velocidad máxima de mi coche, y te digo que hace siete, ocho años que lo tengo. Y varios coches que tuve nunca los puse a fondo... la velocidad es algo que no me cautiva [...]... veo un acercamiento demasiado peligroso a un proble- ma grave. [...] Mi máxima velocidad depende en dónde [...] habitualmente los lugares que puedo andar, normalmente [...] cien, ciento diez, arriba de la autopista (Ariel, C51)

Yo por ejemplo hoy tampoco ando rápido; es más, prefiero irme de acá a San Luis (que voy seguido) a ciento veinte y no parar y voy a llegar más rápido que si paro dos o tres veces y voy a ciento sesenta y voy a ir más seguro… La decisión de decir “voy más lento” es una decisión racional; la decisión de decir “voy más rápido” es emocional. Diez años atrás probablemente hacía el viaje a San Luis a ciento ochenta... A lo que voy es que uno emocionalmente a la velocidad –si no tuviese la parte racional– no podría resistirse, porque ir más rápido significa ganarle al tiempo, ¿entendés? es tener más tiempo, es lle- gar más rápido a un lugar, ese condimento es una cosa de los seres humanos, tenés una

vida acotada en el tiempo, entonces es querer moverse rápido… (Lucho, C33)

Nuestra afirmación al concluir el párrafo anterior se basa tanto en las menciones direc- tas de algunos conductores como en la observación de paradojas y contradicciones en las que incurrieron. Así por ejemplo, mientras tendieron a atribuir a los jóvenes –o a sí mismos cuando eran más jóvenes– el gusto por la velocidad y su puesta en práctica, los conductores se explayaron también sobre las sensaciones placenteras que a ellos mismos les provoca. No pocos varones maduros (y alguna mujer) se presentaron a sí mismos como responsables

ciento cincuenta kilómetros por hora e intentar justificarla afirmando que otros lo hacen a doscientos; justificaron o justificarían el desarrollo de altas velocidades porque algunos autos son seguros y lo permiten; afirmaron que sólo conducen a velocidad en rutas tran- quilas y despejadas y cuando van sin acompañantes, para después reconocer que, si están apurados o nerviosos, también exceden los límites en la ciudad. La frecuente referencia a permitirse experimentar la velocidad en rutas o autopistas explicaría en parte el placer de manejar en ruta, más allá de la existencia real de factores estresantes en la ciudad.82

E: ¿Qué creés que significa la velocidad para la mayoría de los automovilistas? ¿Y

para vos?

—La velocidad… [para mí, es] un riesgo… [...] No, hasta por ahí, no me gusta la veloci- dad. Me gusta ver al que desafía y al que sabe hacerlo, se anima, pero yo personalmente no [...] Y... pasando los 150 Km. ya es “velocidad” , [...] ya ahí por más destreza que vos tengas, ante un imprevisto… todo está fuera de control, de tu control (Nona, C50)

- Pienso que… adrenalina, no sé. Alguna sensación de volar. Es lindo… Sí, es lindo, yo…cuando voy ligero, ligero, es en la autovía Mar del Plata, bueno y el límite de velo- cidad es ciento treinta, pero yo voy a ciento cuarenta porque me encanta esa velocidad, y el auto va muy bien. Pero yo veo que alguna vez me pasa un tipo con un auto de esos