[El tránsito en Buenos Aires es malo] porque no se respetan y no se han aprendido las reglas fundamentales, no hay como una noción de qué es el tráfico, qué es el auto, qué es la persona, qué es el tipo que está cruzando. Es como algo extraño pero creo que estamos mal aprendidos, si es que alguna vez nos enseñaron. Yo creo que el problema es que la gente no le da mucha bola al tema. O sea, en una ciudad, nos tenemos que mover con pautas fijas porque si no es un caos. [...] Te ponés acá, vos ves en un minuto te aseguro que vemos cuarenta violaciones de la luz, del lugar donde cruzás, los peato- nes, los que manejan, los conductores profesionales, todos (Ariel, C51)
Si la indagación acerca de la normativa legal no hubiera estado entre los objetivos de este estudio, la percepción del tránsito como un campo mal estructurado y las descrip- ciones de las prácticas de los agentes sociales en él, hubieran señalado su necesidad para intentar comprender las razones del caos urbano: ¿el público no conoce la reglamentación de tránsito vigente?; ¿existen falencias en el instrumento legal? Esta sección recoge las percepciones de los agentes sobre el conocimiento de la ley que regula el tránsito en la ciudad, sus puntos de vista acerca de su adecuación para la seguridad, y sus razones sobre su incumplimiento en las prácticas concretas.
Las discusiones grupales encontraron consenso en torno a la idea de que la cultura del público que transita la ciudad no ha incorporado las leyes de tránsito como sistema de regulación inequívoco de las prácticas en el espacio vial. Curiosamente, aparece una sensa- ción generalizada de desconocimiento de las normas, aun cuando todos parecieran saber cuándo las están transgrediendo:
E: ¿Los peatones y conductores, en general [...] conocen las normas de tránsito? —[...] ... si te sacan el librito de las doscientas normas de tránsito nadie las sabe, ni
el que las hizo […] Todo el mundo sabe cuando hace algo mal, es más te das cuenta
porque te hacen así [gesto] como “disculpame”, sí claro, “disculpame”, así nomás (Da- niel, grupo conductores)
88 Como sugirieron algunas referencias a las actitudes prepotentes de los conductores de autos modernos,
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Una perspectiva diferente –que alude a la responsabilidad individual– refleja la posición ética de algunos entrevistados que, aceptando no conocer todas las regulaciones jurídicas establecen, sin embargo, que hay normas que uno mismo se imagina que hay que cumplir y que tienen que ver con las conductas de los seres humanos. Esta actitud moral se puede observar también en las alusiones prescriptivas a la responsabilidad individual confundidas en los discursos acerca de la ley escrita, así como en las frecuentes referencias a la educación con una atribución de sentido que difiere de la mera información sobre la norma jurídica y alude en cambio a la falta de cultura ciudadana para la convivencia armónica (Mockus, 2001, 2002a y b). La crítica desde una posición ética alcanza también a las autoridades de aplicación:
[...] porque no hay educación vial. Vos para sacar el registro por ejemplo –siempre fue una truchada, ahora no sé, por ahí mejoró–, pero para sacar el registro... hay gente que pagaba para sacar el registro. Era muy común no dar el examen. Yo creo que está
también relacionado con el tema de educación, pero no sólo educación vial sino edu-
cación general(Darío, C33)
Las contradicciones observadas parecen sugerir que existiría un conocimiento imper- fecto de la ley escrita, producto de la experiencia en el tránsito más que de un aprendizaje formal,89 y que mediante la experiencia también se transmiten y adquieren hábitos trans-
gresores y de riesgo. En las percepciones de los participantes las falencias en la educación vial afectan en mayor medida a los peatones:
Yo pienso que nos falta educación vial y eso no lo hemos adquirido desde la cuna...
(Haydée, Grupo peatones)
... cuando sacás el carné de conductor te dan una breve charla, [...] te dicen lineamien- tos generales pero que no conducen a nada [...] es un tema educacional... (Tito, C56) En efecto, al referirse a sí mismos, los conductores declararon conocer las reglas más comunes que se aplican en ciudades y carreteras, las mismas que consideran las principales a ser respetadas.90 Más aún, este conocimiento imprescindible para circular en condiciones
mínimas de seguridad es compartido por los peatones varones, quienes aunque ya no conducen en la actualidad lo hicieron por largos años:
[Las normas más importantes para los que manejan serían] Primero respetar el paso del peatón, estacionar en donde corresponde, y lo principal es no cruzar los semáforos cuan- do están en rojo, la velocidad, y la responsabilidad cuando maneja. Las elementales sí, [...] Ésas se conocen. Cualquiera sabe que un semáforo en rojo no se debe cruzar. Y que el peatón tiene que esperar el turno que le corresponde para cruzar la calle en el lugar que
corresponde que es la senda peatonal... Y estar observando que no aparezca un coche
de alguien distraído que lo atropelle. Porque a veces sucede que hay una persona que está pensando en sus problemas, y que cruza con el semáforo en rojo, entonces uno tam- bién tiene que cuidarse de que pueda suceder algo por el estilo (Raúl, P74)
Con pocas excepciones, las peatonas mujeres, en cambio, dicen en primera instancia desconocer la ley de tránsito:
Yo creo que no [se conocen las normas]. Yo soy la primera, porque nunca espero al
cruzar la calle sobre la vereda, me bajo en la calle como si voy a ganar mucho tiempo, eso lo tenemos incorporado. Soy la primera en incumplir la ley (Dina, P73)
Este desconocimiento se puede relacionar con el hecho de que sólo una entre ellas ha- bía conducido en el pasado en forma habitual y confirma la importancia de la experiencia
personal en la formación de hábitos de comportamiento. Aunque algunas de ellas pudieron mencionar algunas reglas, al parecer no saben si están instituidas en un corpus legal o son fruto de las (buenas) costumbres alguna vez establecidas y compartidas y que ahora estarían cayendo en desuso. De todas maneras, lo que su declaración espontánea indicaría es que los peatones no disponen de un conocimiento difundido en forma sistemática desde los orga- nismos competentes, tal como se hace, aunque en forma limitada, con los conductores que deben obtener una credencial habilitante. Ciertamente, aunque en general tienen presente la prioridad de paso que protege al peatón, reaccionaron con cierta extrañeza ante la pregunta de si conocen leyes de tránsito específicas para los peatones.91 En este caso proceden de ma- 89 En el mismo sentido apuntaría la referencia al desconocimiento del contenido del librito.
90 En general mencionaron: velocidades máximas, cruce por la senda peatonal (cebra), prioridad de paso al peatón, y señalizaciones habituales como la habilitación de paso mediante el semáforo.
91 Y de ello también dieron indicio cuando varias de las normas que pudieron mencionar (como el uso de cinturones de seguridad, o la distancia que se debe dejar entre vehículos) no se les aplican a ellos mismos, a sus prácticas en tanto peatones, ni están orientadas a su propia protección.
nera inductiva, acudiendo a su experiencia de que existen sendas peatonales demarcadas (ce- bras, líneas blancas) y semáforos que deben respetar para preservar su integridad –algunos de los cuales tienen un muñequito que señala específicamente la habilitación o prohibición de paso peatonal– y de esta existencia infieren la de alguna reglamentación que la determina. La percepción de sí mismos como las víctimas potenciales a las que la ley debería proteger frente al poder de las máquinas (e incapaces de causar daño a otros), también llevaría a los peatones a suponer que la legislación existe únicamente para regular las prácticas de los conductores.
Por otra parte, el hecho de que las señales existen en muchos cruces pero no en todos intro- duce un elemento adicional de desconcierto respecto de la norma y ciertamente no favorece la internalización de su observancia ni proporciona guías para la acción en aquellas situaciones y lugares donde están ausentes. Algo similar ocurre, y fue reportado con regularidad, en los casos de los semáforos que habilitan al mismo tiempo el cruce del peatón y el giro de los automóviles, entrando en conflicto con la norma internalizada sobre la prioridad de paso peatonal; de hecho, pocos peatones y conductores recordaron que, si ambos tienen luz verde, el coche que dobla debe hacerlo por detrás del peatón. Así, las expectativas mutuas de desempeño, que no pueden ajustarse a lo que marca la ley para informar el monitoreo de la acción, acaban por basarse en la mutua desconfianza: cada uno espera que el otro proceda en su contra y actúa en conse- cuencia, tratando de sacar ventaja de la situación o de desconocer los derechos del otro –como bien lo señala Mockus (2002b) a propósito de los motivos intersubjetivos que obstaculizan la convivencia ciudadana en Bogotá–. Por supuesto, el riesgo se incrementa en estas situaciones y así lo perciben los sujetos de este estudio. Y el conflicto debido a la ambigüedad de la norma y a las falencias de su implementación en el sistema de señalización, se pone en juego como conflicto entre derechos de los dos tipos de actores, pues los automovilistas creen actuar de manera correcta cuando giran con luz verde y el giro no está prohibido, en tanto los peatones
sienten vulnerados los propios y a sí mismos puestos en peligro por una estructura normativa y unas autoridades de aplicación que deberían estar orientados a su protección:
... el peatón tiene derecho...el que tiene que cuidarse es el otro... yo cruzo con luz que me corresponde y el coche que viene tiene que respetarme... me va a tener que dejar pasar hasta que yo cruce la calle (Lidia, grupo peatones)
Porque hay que dar prioridad al peatón pero no dan, eso es lo que pasa, viste como es… acá es la ley del más fuerte, todo el mundo quiere pasar... (Luz, P85)
Sarmiento, acá en esta zona, cruzan los semáforos a mucha velocidad, a mucha velo- cidad y son calles muy angostas [...] No tenemos muchas veces seguridad, que aunque esté el semáforo en verde, no tenemos seguridad en las líneas blancas, que son nues- tras zonas peatonales, ¿no? (Noé, P75)
En breve síntesis, la opinión general es que la normativa existente es adecuada para proteger la seguridad del peatón92 en el tránsito urbano y que el problema reside en su
incumplimiento generalizado por parte de los usuarios y el deficiente control por parte de las autoridades competentes.
E: ¿La reglamentación vigente hoy en Buenos Aires es adecuada para contribuir a la
seguridad de los peatones en el tránsito?
—Yo no conozco las normas desde el punto de vista profesional. Sé que yo cuando tengo que cruzar una calle me baso en lo que yo conozco que es lo común, lo simple, lo sencillo. Ahora, todas las normas que están impuestas [...] me imagino que deben estar preparadas de acuerdo con un criterio responsable, y sobre la base de la experiencia. No creo que se hagan normas para que la gente se perjudique y el que las produce va a ser tan irresponsable para hacer cualquier cosa. Yo creo que debe estar elaborado para que haya menos accidentes, que haya más seguridad, y que cada uno cumpla con lo que corresponde (Raúl, P74)
—Todas las normas están bien, en general, inclusive las leyes que tenemos están bien hechas y buenas, pero creo que la base está en el tema de la educación, donde falla... el tema. Por eso te digo que hay gente que a veces hace cosas por ignorancia (Coco, C46)
92 Por razones de espacio, porque así lo privilegiaron en sus percepciones los sujetos del estudio, y por- que los investigadores también eligieron privilegiar el tratamiento de los temas de seguridad/ riesgo con relación a los usuarios más vulnerables, en esta presentación de resultados se dedica menos espacio al tratamiento del problema con relación a los conductores de automóviles. Adicionalmente, la cercanía de una campaña oficial para promover el uso obligatorio del cinturón de seguridad al momento del trabajo de campo disminuyó la oportunidad del abordaje de este aspecto del problema e hizo temer por la posible contaminación de sus resultados.
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- Somos parte de esta sociedad [en] la cual vivimos totalmente fuera de la ley… el de arriba no la hace cumplir y abajo sigue siendo la selva (César, grupo de peatones) Tal parece que en las percepciones de los participantes la regla jurídica que establece la prioridad de paso para el peatón habría sido “derogada” por la rutina de las prácticas con- cretas.93 Si bien los conductores reconocen la racionalidad y justicia de esta regla en fun-
ción de la mayor vulnerabilidad de los que transitan a pie, algunos justifican su transgresión porque, en un contexto de incumplimiento generalizado, su observancia los podría exponer a la sanción social de otros conductores y al riesgo de un choque; otros, porque cuestionan las prácticas de riesgo de los peatones, interpretadas como abuso de sus prerrogativas.
Hay que respetar al peatón por la condición de debilidad que tiene, uno sabe que tiene prioridad por ley, de debilidad frente a un vehículo motorizado... (Lucho, C33)
Susana: el que viene atrás no espera que claves los frenos por un peatón y te choca / Sergio: [...] el peatón generalmente abusa del concepto de que tiene las de ganar el peatón. Quien lleva una máquina en la mano, tiene que tener el control de su máquina. Quien es peatón y no tiene máquina sabe ese tipo de situación y enfrenta la situación de riesgo... (Grupo conductores)
[...] acá es cuestión de vida o muerte, no podés pasarlo por arriba, entonces tiene que pasar el peatón. Pero el peatón tiene que respetar las leyes, el peatón tiene que saber que no tiene que cruzar en verde, y pararse en la esquina cuando está en rojo, y punto. Es ele- mental eso (Lila, C53)
Al volverse explícito el hecho de que las malas prácticas en el tránsito constituyen vio- laciones a una ley, la búsqueda de justificaciones para las propias acciones mediante el recurso de colocar la culpa en los demás –o en todos–, se hace también más evidente.
Como se mostró, la falta de educación de los ciudadanos, en sus dos significados ya alu- didos, constituyó el motivo más mencionado entre las razones con las que los sujetos dieron cuenta de las transgresiones. Pero tratemos de ir un poco más lejos en la interpretación y clasificación de las causas que, según estos actores sociales explicarían las prácticas en el trán- sito, las infracciones a la ley que ellas implican y el lugar de la educación en la cadena causal. La mayoría de los contenidos de los discursos pueden ser clasificados siguiendo dos criterios principales. Por una parte, según ellos aludan a constricciones estructurales o al ámbito de la cultura; por la otra, según a quiénes están dirigidas las atribuciones de culpa o responsabili- dad y las demandas de cambio. Identificamos así tres líneas argumentales principales.
En primer lugar, un argumento de corte esencialista atribuye a la generalidad de los
porteños o a los argentinos una idiosincrasia transgresora como rasgo cultural definitorio que moldea los habitus de los usuarios de las vías de circulación. Esta idiosincrasia, nacional o local, que se manifiesta en el escaso respeto a las reglas jurídicas y a los derechos de los se- mejantes, sería la explicación de la adhesión de la mayoría a un sistema de regulación cultural de las prácticas basado en valores individualistas, reñido con la ley y también con la moral personal de lo que aparentemente sería una minoría dispersa (Mockus, 2001, 2002a y b) En el tránsito, como en otros campos de la vida social en Buenos Aires, la transgresión es la regla:
Un caos [...] porque se respetan poco las señales, se respeta poco al prójimo en general. Pero eso es más la cultura de la sociedad no sólo el automovilista [...] el argentino es así, no respeta, no le importa el prójimo, se c... en la ley, se c... en la conducta... (Loli, C30)
Es Argentina ¿no?, la ley hay que transgredirla, la norma hay que transgredirla, ésa es la mentalidad (Beatriz, grupo conductores)
Lo que pasa es que el porteño, existe mucho el cancherismo, se ríen cuando las personas no cumplen, son transgresores y dicen “¡ah, gané! ¡Pude!”, eso hay mu- cho (Cora, P69)
Éste no es un país para que le des leyes a la gente. Éste es un país desorganizado totalmente, y están acostumbrados así, es muy difícil que vayas a inculcarles cumplir las leyes [...] Acá es un país indisciplinado totalmente, así se ha acostumbrado siempre, entonces va a ser muy difícil cambiarlo, ¿cómo lo cambiás? Puede haber leyes, pero no te las van a cumplir... (Ana, P78)
Nótese que en estas atribuciones los que hablan utilizan la tercera persona, situándose así, de manera implícita, en el lugar de quien critica, desde una posición moral, las actitu- des de los otros, en quienes no se podría confiar. Nadie reconoció que sus propios valores estuvieran en sintonía con la cultura transgresora. Desde esta posición, las posibilidades de cambio parecieron lejanas y se tradujeron en demandas a las familias y al sistema educativo
para que las normas de convivencia ciudadana se inculcaran desde la infancia, enfatizando la responsabilidad individual para asegurar un futuro mejor, ya que el presente está perdido.
Yo creo que es una cuestión de educación. No tanto control, se tiene que controlar uno mismo. El problema es que la gente, en general, no tiene la educación suficiente para cumplir con ... sin necesidad de que lo obliguen a cumplir ciertas normas que son para el bien de todos. Entonces es una cuestión de educación que se debe enseñar en las escuelas desde niños, la conducta que debe adoptar cada persona para evitar acci- dentes, para evitar perjudicar a otroyperjudicarse a sí mismo (Raúl, P74)
Un segundo argumento explicativo apeló a la jerarquía causal de factores de cambio que operan al nivel de la estructura social. Concretamente, el impacto de la crisis socio-económica sobre la subjetividad. La atribución de problemas de orden psicológico, debidos a la situación económica y al estrés urbano, a los peatones y conductores que circulan distraídos por estar enfrascados en sus propios pensamientos y tribulaciones, permitiría liberar de responsabili- dad a la agencia individual, poniendo el acento en las constricciones estructurales:
Sergio: ... y todo esto tiene que ver un poco con el caos social que estamos vivien-
do / Alejandro: con el tiempo que se vive ahora todo el mundo está apurado (Grupo
conductores)
Las conductas reprochables y el riesgo que éstas conllevan quedan en un segundo plano frente a la magnitud de la crisis social y personal. Este tipo de argumentación permitió poner- se “en el lugar del otro” y así incluyó justificaciones para los conductores profesionales, basa- das en las sobre-exigencias de horario impuestas por sus actuales condiciones de trabajo:
¿Sabe lo que pasa en este momento? en este bendito país hay un porcentaje muy