CAUSAS DE UNA INADECUADA COMUNICACIÓN.
3.2. Espacios y limites
3.3.1. Conflictos intrapsíquicos
Estos conflictos se manifiestan de dos formas: como ambivalencia o como conflicto de decisión o elección.
a. Conflicto de ambivalencia.
En este tipo de conflicto la persona siente agrado y desagrado, aceptación y rechazo, amor y odio, satisfacción e insatisfacción, atracción y repulsión, o cualquier otra vivencia ambivalente hacia un objeto, situación, hecho o persona.
Por ejemplo, una profesión puede ser agradable y desagradable a la vez, una persona nos gusta y también nos disgusta, amamos y odiamos a nuestro padre, queremos y a la vez rechazamos a un hijo no deseado.
En todos estos casos, la persona piensa y siente con placer y displacer simultáneamente sobre el objeto, sujeto o fenómeno que provoca su ambivalencia.
Las ambivalencias tienen su origen en sucesos ocurridos que han sido satisfactorios y en otros sucesos que han afectado la autoestima, dignidad o bienestar de la persona. De este modo si un padre es cariñoso con su hijo, complaciente, le ofrece todo lo que necesita, pero, cuando se enoja le golpea violentamente, provoca en éste una vivencia ambivalente, que le es difícil de aceptar y que genera sentimientos de culpa en relación con su odio hacia el padre.
Lo mismo puede suceder a una madre soltera, cuyo hijo, no deseado e inoportuno, le ha hecho perder sus estudios, le ha afectado sus relaciones con los familiares y amigos y le ha situado en una posición inconveniente en la sociedad. Ella siente que el niño no tiene la culpa de lo que le sucede, le han inculcado que una madre tiene que amar incondicionalmente a su hijo y no puede sentir rechazo hacia él, por lo que, su ambivalencia se hace inaceptable y le origina intensos sentimientos de culpabilidad.
Este tipo de conflicto puede resolverse de diferente manera. Una de ellas es mediante la dicotomía, absolutización y disociación de lo positivo y de lo negativo, lo bueno y lo malo del hecho, objeto o persona hacia el que tenemos la ambivalencia. En este caso, se separa lo positivo de lo negativo, se absolutiza una de las dos cosas y se niega la otra.
Decimos entonces que nuestro padre es perfecto y por lo tanto es absurdo odiarlo. O, por el contrario, es tan malo y negativo que no merece sino nuestro odio, lo que justifica la vivencia y elimina las culpas. Cualquiera de las dos variantes es malsana, por cuanto se distorsiona la realidad y no se acepta tal cual es. En algún momento la verdad aparecerá ante nosotros y nos golpeará duramente, destruyendo el ideal construido sobre bases falsas.
negativo del hecho, objeto o situación, sintetizar lo bueno y lo malo y aceptar la situación o la persona, con sus virtudes y defectos. Implica además, aceptar la ambivalencia y eliminar los sentimientos de culpa con respecto a ella.
La persona debe asumir su ambivalencia y aprender a vivir con ella y no debe sentirse culpable, en tanto que el objeto, hecho o persona tiene aspectos positivos y negativos que generan vivencias afectivas contradictorias o ambivalentes.
El hijo debe aceptar que ama a su padre por sus aspectos positivos y que le odia por sus abusos de poder y agresiones contra él. No tiene que sentirse culpable por odiar a alguien que no le respeta, que le agrede y que le golpea sin justificación.
Por lo general, en la interacción con los demás, se producen ambivalencias que se resuelven a veces de modo sano y otras de modo insano. Digamos que el joven idealiza a la novia, se casa y la devalúa y finalmente logra integrarla y sintetizar los aspectos positivos y negativos que encuentra en ella.
El estudiante idealiza la profesión que estudia, se da cuenta poco a poco que no es tan hermosa como pensaba y entonces la devalúa, para, por último integrar lo bueno y lo malo y aceptarla tal cual es, legalizando su ambivalencia y eliminando las culpas por rechazarla.
El hijo puede tener una imagen idealizada de su padre, cuando crece descubre que no es tan perfecto, que tiene defectos y comete errores, entonces, lo devalúa y poco a poco va sintetizando sus virtudes y defectos y le integra y le acepta tal cual es, aceptando a la vez su ambivalencia y eliminando la culpabilidad que siente por ella.
Este tipo de conflicto es difícil de resolver. Requiere un esfuerzo del sujeto para entender la situación de manera objetiva, clara y exacta, analizarla de manera multilateral y flexible, analizar también sus vivencias, aceptarlas y asumirlas sin sentir culpas, algunos necesitan ayuda para darse cuenta de lo que ocurre, esclarecer el conflicto y enfrentarlo. En este caso, la ayuda debe dirigirse a que la persona identifique, enfrente y resuelva por si misma el conflicto en que se encuentra.
b. Conflicto de decisión o elección
Este tipo de conflicto implica la toma de decisiones. El sujeto tiene que elegir entre dos objetos, fenómenos o persona que son igualmente importantes, valiosos y necesarios para él. Puede manifestarse de dos formas: una de ellas es cuando las dos opciones son positivas, atractivas, satisfactorias y agradables y la otra, cuando ambas opciones son igualmente negativas, desagradables, rechazadas y repelidas.
Un ejemplo del primer caso sería elegir entre dos opciones de trabajo muy convenientes y atractivas, o entre chicas que atraen por igual al joven, o entre asistir a una u otra fiesta.
odontólogo, escoger entre un trabajo que no nos agrada en absoluto, o estar sin trabajar, o elegir entre no estudiar, o estudiar una profesión para lo que no estamos motivados.
En cualquiera de los casos, la solución de este tipo de conflicto implica perder algo. La pérdida puede ser mayor o menor en dependencia de la importancia y significación que las opciones tengan para nosotros.
La persona tiene que analizar qué gana y qué pierde con cada opción y a partir de esto, elegir una de las dos. Una vez tomada la decisión, debe cuantificar las pérdidas y hacer el duelo por las pérdidas. Si las pérdidas son grandes, debe reconocerse el dolor, el sufrimiento y tratar de irlo eliminando poco a poco. En este sentido, no es conveniente minimizar o magnificar las pérdidas, ellas deben valorarse en su justa medida y sufrirlas lo necesario. Después de elaborado el duelo, el sujeto debe reconciliarse con la elección hecha, destacando sus aspectos positivos y las ganancias que le reporta.
El que una decisión sea adecuada o no, sólo puede comprobarse en la práctica. La vida se encarga de ratificar lo conveniente de la elección o lo incorrecto de la misma. Es muy difícil saber de antemano cuál decisión resultará mejor, teniendo en cuenta que ambas implican ganancias y pérdidas igualmente significativas.
Por ejemplo, un profesional tiene la posibilidad de hacer una maestría en un país extranjero. Es una opción atractiva y muy importante para su vida profesional. Pero, tiene que separarse de su familia por dos años y para él la relación y contacto con sus hijos y esposa es tan necesaria como su desarrollo profesional. Después de analizar los pro y los contra de cada opción, decide quedarse en su país, con su familia; cuantifica las pérdidas que esto trae a su actividad profesional, sufre durante un tiempo por las pérdidas y se reconcilia con la elección, disfrutando las ganancias y placeres que ésta le reporta.
La decisión pudo ser diferente: elegir hacer la maestría. En este caso, el proceso sería el mismo: cuantificar lo que pierde, hacer el duelo por perder el vínculo directo con su esposa e hijos durante dos años, y reconciliarse con su elección, disfrutando las ganancias y beneficios que le ofrece la opción elegida.
En cualquiera de las dos elecciones, la práctica, la experiencia vital confirmará lo acertado o no de la elección. Quizá el que eligió a la familia puede hacer el masterado posteriormente en su país, o quizá no vuelva a tener nunca más esa posibilidad.
Puede ser que el que escogió el masterado tenga problemas con su esposa, que afecten para siempre la relación, o, al no poder estar cerca de los hijos, pierda la posibilidad de influir en ellos directamente y estos tomen caminos desviados. O quizá todo marche bien, la distancia fortalezca la relación con la esposa, los hijos le admiren o valoren más positivamente y tengan en cuenta sus opciones para comportarse adecuadamente en sus vidas.
Este tipo de conflicto debe resolverse lo más rápidamente posible. Requiere analizar con profundidad las situaciones para poder elegir, con todos los elementos necesarios y suficientes. Pero, una vez estudiada cada opción, no debe alargarse, o aplazarse la decisión, ya que, mientras el conflicto está irresoluto, la persona se siente tensa, estresada y emocionalmente desajustada. Además, mantener situaciones de conflicto de este tipo, durante mucho tiempo, puede implicar la pérdida de ambas opciones. Si el hombre no se decide por uno de los dos trabajos, o de las dos chicas que le agradan, puede perder las dos plazas laborales, o, a las dos chicas.
Una vez tomada la decisión, cuantificadas las pérdidas y elaborado el duelo por éstas, la persona debe reconciliarse con la elección hecha y no pensar más en lo perdido. Algunos sujetos pasan la vida lamentándose por no haber elegido la otra opción, lo que les impide disfrutar la elección hecha, minimizando sus ganancias y magnificando las pérdidas. Esto es un modo no sano de solucionar el conflicto, que afecta el bienestar y la salud psíquica de la persona y le castra la felicidad personal.