CAUSAS DE UNA INADECUADA COMUNICACIÓN.
3.4. Pensamientos distorsionados
3.4.10. Falacia de la recompensa divina
La persona espera ser recompensada por sus actos. Ejemplo:
4 Los demás me deben algo.
4 Vivo esperando que la vida me recompense.
4 Te dediqué mis mejores años. Me los debes.
4 Me he sacrificado tanto por ti y mira cómo me pagas.
Esta distorsión tiene relación con una baja autoestima y con la necesidad de aprobación y reconocimiento de los demás. Se actúa para recibir la aprobación de los otros.
No todas las acciones implican una recompensa. La mayor recompensa se la da la propia persona al actuar de modo consecuente, ese comportamiento lo autoabastece y no tiene por qué esperar algo a cambio.
3.4.11. Culpa
El sujeto asume todas las culpas, se siente culpable por lo que hace y por lo que hacen los demás. Por ejemplo:
4 Te vas por mi culpa.
4 Dime si tengo la culpa.
4 La culpa es mía por no educarte mejor.
4 Toda la culpa es mía.
Este es un pensamiento muy dañino, que inmoviliza, afecta la autoestima del sujeto y de los demás y resulta inoperante.
La vida implica dañar un poquito a los otros, no cumplir a veces sus expectativas, quedar mal con alguien en alguna ocasión. La persona debe aprender a aceptar las culpas, a asumirlas y lidiar con ellas sin que le destruyan.
En las cosas que nos suceden, todos tienen un poquito de culpa y no es conveniente exagerar las culpas personales. No todo lo que hacemos mal tiene que
generar culpabilidad.
Los pensamientos distorsionados que hemos analizado, independientemente de sus diferencias, tienen en común las dificultades que causan en la comunicación con los demás. Todos distorsionan la realidad, por lo tanto, impiden comprenderla adecuadamente y las relaciones con los otros se establecen a partir de elementos deformados de sí mismo, de ellos o de la propia relación entre ambos.
De modo que, cuando la causa de la comunicación inadecuada reside en la existencia de pensamientos distorsionados, se requiere ayudar al sujeto o eliminarlos, de lo contrario, no resolverá sus problemas comunicativos.
En el capítulo cuatro se hará referencia a algunas técnicas que el educador puede utilizar para ayudar a los educandos en la superación de estas distorsiones.
3.5. Autoestima
Una de las causas de la comunicación inadecuadas es la baja o elevada autoestima. La autoestima refleja el modo en que el sujeto se quiere, se respeta, se ama a sí mismo. Indica la autoaceptación de sí mismo.
La autoestima depende del conocimiento que la persona tiene de sí misma (autoconciencia) y del modo en que sé autovalora. Cuando el sujeto se conoce a sí mismo y es capaz de valorarse objetivamente, reconociendo sus defectos y sus virtudes decimos que tiene una adecuada autoconciencia y una adecuada autovaloración. Por lo general, cuando esto sucede, la persona tiende a aceptarse y quererse tal cual es, manifestando una correcta autoestima.
Exige respeto y consideración de los demás, tiene dignidad, defiende sus derechos respetando los derechos ajenos y se siente confiada y segura de sí misma. Esto facilita la comunicación con los otros, la que se establece sobre la base del respeto y consideración de ambas partes.
La autoestima es el concepto que se tiene de la propia vida y se basa en todos los pensamientos, ideas, vivencias y experiencias que el sujeto ha ido acumulando a lo largo de su existencia. De esta manera, puede generar un sentimiento positivo hacia sí mismo, o por el contrario, un sentimiento negativo.
Las personas que se sienten bien consigo mismas, consideran que merecen lo mejor, que merecen ser amados y respetados. Se sienten dignas, satisfechas de lo que son, lo que las hace sentir capaces de dar y recibir afecto de los que le rodean.
Quererse a sí mismo permite querer a los demás. Esto se refleja en el modo de compartir, respetar, tolerar, comprender y amar a los otros. Quien se quiere a sí mismo se siente importante, valioso, confiado, es capaz de aprender de los errores y fracasos y no llenarse de culpas y frustraciones insuperables.
Es capaz de plantearse metas, de decidir su propia vida, de elegir libre y responsablemente su sistema de relaciones, las personas que serán sus amigas; lucha por su felicidad, pues se siente merecedora de esa dicha y por tanto, decide su estilo de vida de acuerdo a sus necesidades, valores y sentimientos.
La adecuada autoestima hace sentir al sujeto seguro de sí, de lo que es, de lo que quiere en la vida, de lo que es para él más importante, valioso y correcto. Esto le facilita establecer relaciones con los demás, ya que puede definir más claramente los límites de la relación, manejar las presiones que ejercen sobre él, reconocer al otro como importante, pero no indispensable para subsistir, aceptar las diferencias, tolerar las discrepancias, enfrentar las contradicciones y aceptar, amar y respetar a los demás como son, creer y permitir a los otros que crezcan, disfrutar la vida y compartirla con los que le rodean.
Pero, no siempre sucede así. Cuando las personas no se conocen bien a sí mismas o tienen una imagen de sí inadecuada, se autovaloran de modo incorrecto.
La autovaloración inadecuada puede ser por subvaloración o por sobrevaloración. En el primer caso, el sujeto no reconoce sus capacidades y posibilidades, se siente incapaz de lograr metas o propósitos que realmente podría alcanzar y por lo tanto, no se los plantea. Se atribuye limitaciones y defectos que no tiene y esto le lleva a formarse una imagen distorsionada de sí mismo.
La autovaloración inadecuada por subvaloración genera inseguridad, susceptibilidad, necesidad de aprobación y reconocimiento de los demás, ansiedad y falta de confianza en sí mismo. Conduce, casi siempre a una baja autoestima. La persona cree que no vale nada, que no se merece el cariño o el respeto de los demás, que no tiene derecho a exigir consideración de los otros y que es inferior a los que le rodean.
Generalmente aparecen pensamientos distorsionados como personalización, filtraje, sobregeneralización y culpas que vienen a agravar la situación. La necesidad de aprobación de los otros se vuelve la meta fundamental en sus relaciones con los demás. Todo lo que hace es para ser aprobado por los otros, ya que ese reconocimiento le hace sentir mejor.
Se vuelve dependiente de la opinión de los que le rodean y trata de complacerles en sus expectativas. Cuando esto falla, se sienten desvalidos y víctimas. Su inseguridad les hace muy susceptibles a las críticas o acciones negativas de las personas que le rodean, por lo que se ofenden y deprimen por cualquier pequeño detalle. Cualquier exclusión, aunque sea justificada y necesaria, la sienten como abandono y se vuelven demandantes, solicitando la atención de los demás todo el tiempo.
Esperan ser engañados, pisoteados, maltratados y menospreciados por los que le rodean. Con frecuencia sienten envidia, celos y desconfianza, lo que les genera ansiedad, resentimiento y tristeza. Tienden a aislarse, a retraerse en si mismas, mostrando una actitud pasiva que les lleva a soportar la infelicidad por mucho tiempo y
aceptar las penas como ley del destino y los castigos como merecidos.
Algunas, por el contrario reniegan de sus vidas, se muestran agresivas, maltratan verbal o físicamente a los otros acusándoles de sus desgracias. Se niegan oportunidades de disfrute personal, viven amargadas y no hacen nada por salir de su situación. Se justifican con frases como: "yo soy así", "yo me lo merezco", "la culpa es mía".
Tanto el que se aísla, como el agresivo provocan dificultades en las relaciones interpersonales. Al primero se le puede considerar como frío, reservado y antipático y al segundo se le valora negativamente dada su agresividad y falta de consideración con los demás. Todo esto conduce a una comunicación inadecuada con las personas que le rodean.
Otro caso de inadecuada autoestima es la sobreestimación. Este sujeto se valora por encima de sus posibilidades, se plantea metas que no logra alcanzar, tiene un nivel de aspiración elevadísimo, no reconoce sus defectos y limitaciones, por lo que se frustra con bastante frecuencia al no lograr los objetivos planteados.
La relación con los demás se convierte en un modo de enaltecerse a sí mismo. Utiliza a los otros como medio para su propio reconocimiento. No acepta críticas de los demás y con frecuencia tiene pensamientos distorsionados como la sobregeneralización y las falacias del control y de tener siempre la razón.
Estas personas tienen una autoestima muy alta, lo que les hace sobreexigentes e inconformes, incomprensivos y despectivos en las relaciones interpersonales, lo que genera dificultades en la comunicación.
Es importante diferenciar una minusvalía o sobrevalía provisional, producto de un evento circunstancial, por ejemplo, un desaprobado en un examen, o una excelente nota en una prueba, un divorcio, la pérdida de un trabajo, una carta de amor, etc., de la baja o alta autoestima como algo estable en la personalidad del sujeto.
La familia, los amigos, la escuela, la pareja, la sociedad en general, pueden convertirse en factores que propicien la formación de una autoestima inadecuada en el niño, el adolescente, joven o adulto.
Si al niño le enfatizan que él es capaz, que puede lograr lo que se propone, si le estimulan los esfuerzos y el logro de las metas trazadas, él se sentirá confiado y seguro. Si además le respetan, le consideran, le dan un lugar digno entre los demás, el se estimará a sí mismo y se respetará como persona.
Si por el contrario, le dicen constantemente que no puede, que es un incapaz, que es torpe, débil, cobarde, etc., él se formará una imagen negativa de sí mismo que generará una autovaloración disminuida y una baja autoestima. Si además, violan sus derechos, no le consideran, no respetan su dignidad, él se querrá muy poco a sí mismo y pensará que se lo merece por valer muy poco.
Puede ocurrir lo opuesto, que le resulten excesivamente sus éxitos, sus cualidades positivas, que le enaltezcan y alaben su capacidad, su inteligencia, su fortaleza, etc., de modo exagerado. El se creerá que es el mejor de todos, que todo lo puede, que todo lo merece y que los otros están a su alrededor para servirle y ser utilizados por él.
Para propiciar el desarrollo de una autoestima adecuada, el educador debe posibilitar las vías para que el sujeto se conozca a sí mismo, se valore adecuadamente y se acepte y estime tal como es.
Es muy conveniente que se plantee metas alcanzables y cuando tenga logros, reforzarlo y estimularlo. Se le debe enseñar a asumir los errores como una experiencia más y a aprender de ellos, evitando las frustraciones violentas o los sentimientos de culpa.
Si asociado a la autoestima inadecuada existen pensamientos distorsionados, o el sujeto no posee habilidades para la comunicación positiva, o se presentan dificultades en la definición de los roles, espacios y límites se ha de trabajar en la dirección de eliminar estas dificultades.
Existen numerosas técnicas para propiciar el desarrollo de la autoconciencia; la autovaloración y la autoestima. A algunos de ellos nos referimos en el capítulo cuatro.