2. TENSIONES E INTERROGANTES DE LA PERSPECTIVA DE LA MIGRACIÓN
2.3 Consecuencias de la Migración Internacional
Si bien el núcleo de la perspectiva transnacional tiene sus orígenes en la pregunta por el tipo de trayectorias que siguen los migrantes una vez iniciado el proceso, desde sus orígenes a comienzos de los años 90 el enfoque ha estado involucrado en una serie de discusiones no menos importantes alrededor del tipo y la magnitud de impactos que genera.
Como hemos mencionado, a diferencia de algunas perspectivas analíticas sobre la globalización, que conciben los flujos poblacionales contemporáneos como un proceso que socavaba las bases del Estado-Nación, sus lealtades y membrecías, anunciando de este modo lo que podría denominarse como una era “postnacional”, la perspectiva de la migración transnacional reconoce la importancia de las fronteras nacionales y estatales para el análisis. Tal como sugieren (Guarnizo & Smith, 1998), en primer lugar, históricamente los estados y las naciones han buscado mantener su soberanía a través de las relaciones transnacionales que establecen con sus comunidades en el exterior (ejemplos de esto son la diáspora judía, griega y armenia). En segundo lugar, varios autores como Koopmans y Statham (2003) han demostrado la centralidad que tienen los proyectos nacionales y el marco estatal en las reivindicaciones políticas por parte de migrantes y minorías étnicas. En tercer lugar, a pesar de la creciente intensidad de los flujos migratorios, es claro que los estados receptores continúan monopolizando los medios legítimos de poder coercitivo dentro sus fronteras a través del uso de distintas formas de control jurídico y político. Finalmente Guarnizo y Smith (1998) también sugieren que, desde el punto de vista de los países emisores, varios Estados-Nación han venido involucrándose activamente en procesos de “reincorporación transnacional” dado que han encontrado en sus ciudadanos ubicados en el exterior una fuente de “inversión extranjera directa” productora de estabilidad económica y social.
El reconocimiento de los procesos migratorios transnacionales como un fenómeno creciente y sin embargo reducido, y como una dinámica transfronteriza y sin embargo enraizada en distintos espacios nacionales, permite desarrollar una aproximación más compleja para el estudio de las consecuencias que la migración produce tanto en sus lugares de origen como de destino. Desde el punto de vista de la sociedad receptora, el enfoque transnacional controvierte el argumento según el cual la migración amenaza la integridad cultural y económica de estas sociedades. Puestas en sus justas proporciones, las actividades transnacionales difícilmente tienen el potencial de socavar las lealtades nacionales. Según Portes, los extranjeros en Estados Unidos representan menos del 10% del total de la población (2003a, p. 387), de los cuales –como hemos visto– sólo una
pequeña proporción se involucra de manera rutinaria y sostenida en lógicas transnacionales.
En este sentido, atendiendo a las relaciones intergeneracionales algunos autores (Portes & Rumbaut, 1996, 2001) han afirmado que el proceso de asimilación, si bien no es detenido por el transnacionalismo, si está determinado por él. Para decirlo de otro modo, mientras el transnacionalismo ha mostrado ser un fenómeno fundamentalmente circunscrito a la primera generación de inmigrantes, sus efectos tienen implicaciones en la forma como es asimilada la segunda generación en la sociedad receptora. Tal como sugiere Portes, las actividades transnacionales pueden convertirse en un antídoto contra la “asimilación descendente” que amenaza a los hijos de inmigrantes:
El verdadero problema no es si la segunda generación inmigrante se asimilará o no, sino a cual sector de la sociedad lo hará. Los niños inmigrantes de origen pobre y cuyos padres han estado sujetos a una discriminación sostenida corren el riesgo de adoptar la actitud alienada que es común entre las minorías étnicas de Estados Unidos, obstaculizando por tanto sus posibilidades de movilidad socioeconómica (Portes, 2003a, p. 388).
A juicio de este autor, en Estados Unidos, el proceso de asimilación de segundas generaciones de inmigrantes a menudo va de la mano de la construcción de una conciencia de inferioridad y estigmatización dentro de la jerarquía social. En este sentido, las prácticas transnacionales pueden convertirse en un contrapeso que crea “alternativas económicas y simbólicas” (Portes, 2003a, p. 390) para que las tendencias hacia la asimilación descendente sean neutralizadas. En otras palabras, desde el punto de vista de los países receptores, el transnacionalismo puede ser mejor entendido como otra forma de adaptación que crea las condiciones a largo plazo para la producción social ascendente de nuevos sujetos nacionales.
Ahora bien, si el transnacionalismo está lejos de producir los efectos devastadores que muchos le atribuyen en las sociedades receptores, no es menos cierto que sus efectos sobre el “desarrollo” de las sociedades emisoras son más problemáticos y menos unívocos de lo que usualmente se afirma. El vivir transnacional genera flujos de capitales y demandas de bienes y servicios; todos ellos productores de una red de vínculos que involucran a los migrantes y sus familias, los diversos entes estatales en ambos países, y las distintas corporaciones nacionales y multinacionales que canalizan tales flujos y demandas. Dichos vínculos a menudo tienen consecuencias no esperadas y contradictorias que van más allá del ámbito puramente económico, desencadenando así tensiones socioculturales que alimentan el proceso migratorio mismo.
Desde una perspectiva que incluye tanto los recursos que fluyen del norte hacia el sur, como los que fluyen en sentido opuesto, Guarnizo separa dos tipos de procesos para entender los impactos macroeconómicos del transnacionalismo en las sociedades emisoras (véase Figura 4). Por un lado, se encontrarían “los procesos asociados con el deseo de los migrantes de reproducir prácticas y costumbres culturales para mantener sus identidades”. Por el otro, estarían los procesos relacionados con el “mantenimiento de relaciones y compromisos sociales, económicos y políticos, más o menos estables, con la sociedad de origen” (Guarnizo, 2006b, pp. 90-91). Según el autor, ambas dinámicas se encuentran mediadas y atendidas por corporaciones nacionales y multinacionales, las cuales ven en los inmigrantes una oportunidad de mercado.
Figura 4. Efectos Macroeconómicos de la Migración Transnacional
Fuente: (Guarnizo, 2006b)
Así las cosas, desde el punto de vista de los impactos en la economía familiar, los compromisos y las obligaciones contraídas generan un flujo de capital que –bajo la forma de remesas, encomiendas, y otros–, modifican los modos de subsistencia familiar, incrementando no sólo su nivel adquisitivo, sino también disminuyendo su capacidad productiva. Como algunos autores lo han sustentado (Garay & Rodríguez, 2005; Gaviria & Mejía, 2005), las remesas constituyen un flujo de dinero que es usualmente destinado al
o Envío de remesas. o Inversiones comerciales. o Llamadas. o Viajes. o Encomiendas. Consumo de alimentos y servicios nacionales: o Alimentos, bebidas. o Ropa, confecciones. o Música, danza, arte. o Información. o Subsistencia familiar. o Inversión negocios. o Ayuda comunitaria. o Valores culturales. o Conocimiento/destrezas. o Tecnología. o Transnacionalización de productores. o Expansión del mercado nacional. o Expansión del mercado laboral.
o Estabilidad macroeconómica.
o Mejoramiento capacidad crediticia,
reposicionamiento en mercado de crédito internacional.
o Subsidio reformas neoliberales.
CORPORACIONES MULTINACIONALES ECONOMÍA ÉTNICA
N
consumo, generando de esta forma patrones de dependencia que progresivamente alejan a los no-migrantes del mercado laboral local. Desde el punto de vista de las prácticas culturales de los migrantes en el país de destino, lo migrantes se constituyen en una importante demanda de bienes y servicios cuyo poder adquisitivo supera el nivel promedio de la población nacional. Según Guarnizo, tal situación crea las bases para la transnacionalización de los productores nacionales y la correlativa expansión del mercado nacional, el cual de este modo se amplía con el fin de cubrir la demanda de esta economía étnica.
Asimismo, más ampliamente considerado, el flujo de remesas tiene como una de sus principales consecuencias una mayor estabilidad macroeconómica en las naciones emisoras, dado que permiten compensar las políticas de desarrollo fallidas que se han implementado en la región. Tal como lo sugiere el mismo autor:
Las transferencias de recursos de los inmigrantes funcionan como subsidio de las reformas neoliberales de Estado, por lo menos en dos sentidos. De una parte, las remesas familiares facilitan la aplicación de recortes al gasto público social como lo demanda la doctrina neoliberal […]. De otro lado, las divisas generadas por los trabajadores en el exterior sirven para cubrir el costo de importación de bienes de capital, para reactivar y modernizar el aparato productivo nacional de cara a las nuevas demandas de la economía global” (Guarnizo, 2006b, p. 100).
De igual forma, Guarnizo señala que las implicaciones de las prácticas transnacionales no se detienen en sus impactos macroeconómicos. La misma transferencia de recursos materiales va acompañada de una transferencia de recursos culturales que modifican las representaciones, la estructura familiar y las pautas de interacción de las sociedades emisoras (véase Figura 5). Con frecuencia, las experiencias de movilidad que perciben los migrantes en el lugar de destino se tratan de transferir y traducir a la sociedad de origen. En este sentido, recursos materiales y culturales difundidos desde el Norte se transforman en símbolos de estatus y prestigio en las sociedades del Sur, las cuales en consecuencia empiezan a ser concebidas como “menos desarrolladas” o “atrasadas”.
Por este camino, y de manera inadvertida –sugiere Guarnizo–, los migrantes transnacionales se convierten en “activos y efectivos agentes de la globalización capitalista contemporánea”. Para aquellos que se encuentran en el Norte, los sentimientos de nostalgia y culpa por la ausencia o el abandono de la familia, a menudo se traducen en el envío de costosos objetos de consumo tales como prendas de vestir o electrodomésticos. De manera no intencionada, esta forma de combatir la distancia se convierte en un
“transmisión de valores consumistas y en la mercantilización de las relaciones intrafamiliares” (Guarnizo, 2006b, pp. 102-103).
Figura 5. Efectos Socioculturales de la Migración Transnacional
Fuente: (Guarnizo, 2006b)
Asimismo, aquellas transferencias socioculturales –que Peggy Levitt (Levitt, 2001a, 2001b) llama “remesas sociales”– también tienen la potencialidad de alterar las estructuras familiares, las relaciones de género, y las relaciones intergeneracionales. La migración de alguno o ambos jefes del hogar modifica significativamente las estructuras de poder y autoridad dentro de la familia y el hogar. La ausencia física de alguno o ambos padres deja vacíos y ambigüedades normativas que no siempre son fáciles de llenar por otros miembros de la familia. En estos casos, la movilización del capital social intrafamiliar – observable en la ayuda de abuelos u otros parientes en la crianza de los hijos–, constituye uno de los principales procesos hacia reconfiguración del núcleo familiar.
* * *
Si bien las consecuencias de la migración es uno de los temas más recurrentes dentro de las investigaciones orientadas por la perspectiva transnacional, al mismo tiempo es una de las preocupaciones menos conceptualizadas o teorizadas. De algún modo, toda investigación sobre la migración tiene que enfrentar la pregunta por el tipo de impactos y consecuencias que ésta genera. Inicialmente, la perspectiva transnacional estuvo
Transferencia de:
o Dinero y bienes materiales. o Representaciones del Norte. o Patrones consumistas. o Visiones de modernidad.
o Nostalgia.
o Responsabilidad y lealtad familiar. o Sentimientos de culpa por
‘abandono’ de la familia.
Cambios en estructuras familiares y del hogar: o Relaciones de género o Relaciones intergeneracionales. o Símbolos de estatus. o Planes, expectativas de vida.
o Dependencia del Norte. o Desarraigo del Sur.
o Expansión/reproducción proceso migratorio
o Transnacionalización de la familia, de la comunidad, de la sociedad.
o Tensiones socioculturales.
o Reposicionamiento social local de
hogares receptores de remesas.
o Movilidad como reestructurador social.
o Esfuerzos dedicados a emigrar antes
que a cambiar el entorno actual.
N
fundamentalmente orientada hacia el estudio de los impactos de la migración en la sociedad de destino. De hecho, el origen mismo de la perspectiva responde a una posición crítica frente al supuesto asimilacionista que ha orientado buena parte de las políticas migratorias en los países del norte.
Sólo en años recientes algunos autores han orientado la perspectiva hacia las implicaciones que tienen las prácticas transnacionales para la sociedad de origen. Tal como lo muestra Guarnizo, desde el punto de vista de la sociedad emisora, la migración transnacional tiene más consecuencias ambiguas de las que inicialmente se pensaba. Contra la concepción de la antropología cultural que veía en la migración transnacional un grupo de prácticas por definición emancipadoras, de resistencia, y contra-hegemónicas; o contra el equilibrio del mercado mundial y el mutuo beneficio financiero que veía la escuela neoclásica como resultado del envío de remesas y otras inversiones, la perspectiva transnacional subraya que la migración transnacional tiene tanto potencial de ruptura frente a las dinámicas de exclusión, como probabilidad de convertirse en un mecanismo reproductor de las mismas desigualdades que le dieron origen.