6. DÉCADAS DE 1980 Y 1990: NUEVAS HISTÉRESIS RURALES Y URBANAS EN
6.1 De la selectividad cultural a la diversificación migratoria
Sin embargo, durante el transcurso de la década de los años ochenta y noventa, la migración de colombianos a Estados Unidos cambiaría buena parte de los rasgos sociales que hasta ahora la habían acompañado, particularmente, la selectividad cultural que le había dado origen. Si bien los números de la migración de colombianos de los años noventa siguen presentando considerables discrepancias, las distintas fuentes coinciden en que la migración hacia Estados Unidos continuó experimentando un crecimiento significativo. Mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia reportaba que, con base en la información recogida en los distintos consulados entre 1993 y 1995, era posible estimar la población de colombianos en Estados Unidos en 1.358.481 habitantes (Díaz, 2008), el censo que realizó Estados Unidos en 1990 apenas reportaba 379.000 personas de origen colombiano –incluyendo la primera y la segunda generación– (Guarnizo, 1998). Similarmente, el Departamento de Seguridad Nacional reporta que para 1999 había concedido el estatus de residente a un total de 403.163 colombianos (Department of Homeland Security, 2008). Las sobrevaloradas cifras colombianas y las subestimadas cifras norteamericanas sugieren para algunos investigadores que la migración colombiana –legal e ilegal– en los primero años de la década de 1990 puede estimarse entre 500.000 y 800.000 personas (Gomez, 2005; Guarnizo, 1998).
Figura 9. Migrantes Colombianos en el Exterior 1980-2002
Fuente: (Gomez, 2005) - 500,000 1,000,000 1,500,000 2,000,000 2,500,000 1980 1990 2000 2002
Al mismo tiempo que la migración colombiana continuaba creciendo, sus destinos en el exterior se iban diversificando y Estados Unidos se convertía en el principal destino de los migrantes colombianos. Esto para decir que el país del norte no siempre fue el principal receptor de la migración colombiana. De hecho, sólo fue hasta la década de los noventa cuando se convirtió en el país con mayor recepción de colombianos en el exterior. Siguiendo los cálculos de Gómez (2005), hasta 1990 Estados Unidos albergaba el 32,5% del total de colombianos en el exterior, mientras Venezuela albergaba el 45,5%. La diversificación de los destinos y la preponderancia de Estados Unidos se haría ya evidente en el año 2000 cuando este país recogía el 38,5% de todos los migrantes colombianos en el exterior, mientras Venezuela descendía al 34,8% (ver Figura 9). Si bien estos datos no dejan de ser estimaciones, varios investigadores señalan que fue en la segunda mitad de los años ochenta e inicios de la década de los noventa en donde se produce un cambio en la dirección del flujo migratorio de colombianos, que ahora empieza a dirigirse principalmente hacia Estados Unidos (Díaz, 2008; Gomez, 2005; Guarnizo, 1998; Urrea, 1987).
La diversificación de la migración colombiana no sólo se hizo explícita en la década de 1990 en términos del creciente número de países receptores, sino también en términos de la composición social del tipo de colombianos involucrados en este proceso. Como bien lo ha señalado Guarnizo (1998), para finales de la década de 1980, la migración de colombianos a Estados Unidos se había vuelto tan diversa como el país mismo. En 1990 el promedio del ingreso anual de los hogares colombianos en Estados Unidos alcanzaba US$30.137. Sin embargo el 13% de estos hogares también reportaba ingresos por debajo de US$10.000, mientras el 7,3% tenía ingresos de US$75.000 o más al año (Guarnizo, 1998, p. 22). Basta con tomar uno de los principales puertos de entrada de los colombianos al país para darse cuenta de la pluralidad de clase que alcanzó la migración durante los años noventa. Guarnizo afirma que, para el caso de Nueva York, en esta ciudad ya era posible encontrar a multimillonarios y artistas de reconocimiento mundial, así como a obreros industriales y profesionales subempleados, pasando por profesores universitarios, científicos de amplia trayectoria, grandes y pequeños narcotraficantes, así como empresarios de pequeña y mediana escala.
Claramente esta diversificación de los capitales de la migración colombiana ocurría dentro de unos límites más o menos establecidos por los rasgos sociales de las olas migratorias de las décadas anteriores. En este sentido, la migración colombiana continúa mostrando un capital cultural que sobrepasa la media del resto de migrantes latinoamericanos, al tiempo que se asemeja más al volumen de la media nacional estadounidense. Así por ejemplo, en términos relativos, la proporción de colombianos que habían culminado sus
estudios universitarios superaba el promedio de migrantes latinoamericanos en 6,9 puntos porcentuales, mientras se ubicaba 5,2 puntos por debajo del promedio nacional de Estados Unidos. Lo mismo podría decirse de la tasa de pobreza de los colombianos que se encontraba 10,3 puntos porcentuales por debajo del promedio de los latinoamericanos, y sólo excedía en 2,3 puntos el promedio del total nacional (ver Cuadro 7).
Cuadro 7. Perfil Socio-demográfico de los Migrantes Colombianos en Estados Unidos en
1990
COLOMBIANOS* LATINOAMERICANOS TOTAL EEUU
POBLACIÓN EN 1990 281.069 7.842.650 248.709.873 EDAD MEDIANA 35,3 32,1 33,0 POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA (%) 73,7 69,7 65,3 GERENTES, ADMINISTRADORES, PROFESIONALES (%) 16,4 10,2 26,4 BACHILLERATO COMPLETO (%) 51,0 26,9 30,0 UNIVERSIDAD COMPLETA Y MÁS (%) 15,1 8,2 20,3
INGRESO PER CAPITA (US$) 13.538 10.173 14.420
TASA DE POBREZA (%) 15,4 25,7 13,1
TASA DE NACIONALIZACIÓN
(%) 29,0 31,0 50,7
*INCLUYE SÓLO LOS NACIDOS EN COLOMBIA
Fuente: (Guarnizo, 1998)
Ahora bien, esta continuidad en el valor global de capital cultural de la migración colombiana no debe dejar perder de vista la creciente diferenciación social que se producía en su interior. Si, de acuerdo con los datos anteriores (ver Cuadro 7), el 15% de los colombianos en Estados Unidos había culminado sus estudios superiores, y el 51% sus estudios de bachillerato, de allí puede inferirse que un 34% de estos migrantes no había culminado el bachillerato o incluso tenía una formación educativa menor. Porcentaje
significativo si, en una mirada de largo plazo, se tiene en cuenta la selectividad cultural de los migrantes que hicieron parte de la ola de los años sesenta.
Así las cosas, atendiendo a las características socio-demográficas que caracterizan a esta segunda ola de migrantes colombianos a Estados Unidos, encontramos algunos elementos que no estaban presentes con igual intensidad en las décadas anteriores. Primero, la migración continúa con unas tasas de crecimiento cada vez mayores. La expulsión de connacionales al exterior parece institucionalizarse como una práctica “normal” de un buen número de sectores de la sociedad colombiana. Segundo, si bien el número de países receptores aumenta, tal incremento de la migración también consolida a Estados Unidos como el principal destino de los colombianos en el exterior. Venezuela no desaparece del panorama pero cede su primacía a las redes sociales que se consolidan hacia el país del norte. Finalmente –siendo tal vez la característica socio-demográfica más relevante del periodo–, es clara la diversificación social de los grupos involucrados en la migración hacia Estados Unidos. En este sentido, los interrogantes más pertinentes sobre el origen de esta segunda ola migratoria giran alrededor de la diversidad y diferenciación de este nuevo grupo de migrantes de finales de los años ochenta y noventa.
En primer lugar, habría que preguntarse por qué se diversifica la migración, cuáles son las condiciones de esta “democratización” de un proceso que empezó siendo significativamente selectivo. O para decirlo de otra forma, a través de qué dinámicas se han modificado las condiciones sociales que le dieron origen a la primera gran ola migratoria, y cuáles son las nuevas bases de la histéresis del hábitus que han condicionado la migración de nuevas generaciones de colombianos. Estos y algunos otros interrogantes tratarán de ser desarrollados a continuación.