7. DÉCADA DE 2000 2010: LA PARÁBOLA DEL CAPITAL CULTURAL EN LA
7.4 La migración de los años 2000 ante “la crisis” al final de la década
Contrario a la experiencia acontecido en la década de 1960, de los migrantes de esta última década no es posible esperar una re-creación o una-reproducción de aquel “sueño americano” construido a mediados de siglo. Como consecuencia del colapso de la economía norteamericana a partir del añ0 2007, colombianos como Nelly y Leonardo verían seriamente comprometida su estabilidad laboral, así como la posibilidad de continuar con su estancia en el país. Si bien la migración de colombianos a Estados Unidos en la década de 2000 ha sido la migración más voluminosa, en los últimos años se observa una dinámica de desaceleración que lleva consigo trayectorias de retorno que podrían incluso extenderse hacia la siguiente década. (Ver Figura 17)
El ser relativamente conscientes de las posibilidades y privilegios sociales que se derivan de su capital escolar, en buena medida no permitió (a pesar de su exclusión) desligarse por completo de la idea que algunos de ellos manifestaban en términos de un “retorno exitoso”. En este sentido, el proyecto de “regresar a Colombia” a “montar algo” representa la posibilidad de reconciliar definitivamente ese ser y esa existencia social que les habían sido negadas en el pasado, y que ahora sólo podrían reconquistar a propósito de la migración. Para algunos, particularmente para aquellos migrantes de la década de 1980 y 1990, la mitología del retorno heroico sigue siendo cierta. Para Leonardo, y otros colombianos que como él migraron en la última década, el retorno a Colombia simplemente ha llegado forzado por la inmediatez e incertidumbre que trajo “la crisis”.
Desde el punto de vista de su trayectoria de histéresis, la contracción de la economía norteamericana significó otra cosa que un “deja vu” para esta clase de migrantes. En otras palabras, fue el revivir de las condiciones de devaluación y desclasamiento que los llevaron a salir de Colombia. A diferencia de los migrantes menos calificados de la década de 1980 y 1990 –dispuestos a llegar a Estados Unidos atravesando las condiciones más adversas, y habituados a emplearse en los oficios más diversos y peor remunerados–, los migrantes de los años 2000 llegaron dispuestos (por la histéresis de su hábitus) a recuperar aquel modo de vida que había sido negado, y por lo tanto, estuvieron mucho menos dispuestos a aceptar la nueva devaluación y desclasamiento que la contracción económica implicaba.
Como alguna vez mencionó Leonardo antes de su regreso: “yo sí prefiero ser cabeza de ratón, que cola de león”.
Figura 17. Residentes Colombianos en Estados Unidos 2000 -2008.
Fuente: (Department of Homeland Security, 2009)
A esta incapacidad de adaptación que se inscribe en lo más profundo de las disposiciones del hábitus (sin pasar necesariamente por un proceso de decisión racional y consciente), se suma la necesidad que tienen estos grupos de mantener sus prácticas dentro de “la legalidad” que imponen las regulaciones del aparato burocrático norteamericano. Para aquellos migrantes que, como Leonardo, lograron movilizar todos los recursos económicos, sociales y culturales necesarios para hacerse a una “visa de trabajo”, el costo de la oportunidad laboral implica someterse a la rigidez y lentitud de unos protocolos burocráticos que igualmente inhiben la capacidad de adaptación de este tipo de migrantes ante los ciclos de contracción de la economía.
Usualmente, el tiempo burocrático necesario para llevar a cabo un “cambio de estatus migratorio” no coincide con el tiempo que impone la dinámica económica en su proceso de contracción. Tal asincronía pone una vez más a estos migrantes en situaciones de ambigüedad e incertidumbre que no están dispuestos a repetir. Quienes más han invertido en el capital jurídico necesario para mantener su estatus migratorio vigente han decido regresar a Colombia, no tanto por estar convencidos de la posibilidades de éxito de un retorno apresurado, sino por evitar malograr la trayectoria de “legalidad” que es y ha sido la condición sine qua non de su migración. Por supuesto, no todos los migrantes calificados
0 5,000 10,000 15,000 20,000 25,000 30,000 35,000 40,000 45,000 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008
de la década de 2000 dependen de igual forma de las condiciones burocráticas que impone el sistema norteamericano. Aquellos como Nelly que, desde su llegada, decidieron mantenerse al margen de la regulación gubernamental han mostrado una mayor tolerancia a la incertidumbre producida por “la crisis”.
Así las cosas, buena parte de los migrantes colombianos altamente calificados de la última década han experimentado, a diferencia de lo ocurrido en la década de 1960, una contracción del aparato económico norteamericano que significó todo lo contrario a la realización del “sueño americano”. En buena medida, este ciclo reciente de crisis ha representado la evocación, la amenaza, o la consumación del tipo de histéresis de la cual este tipo de migrantes estaba precisamente escapando. En este caso, el proceso migratorio no ha traído la tierra firme que había prometido y, en cambio, ha contribuido a apilar en estas trayectorias nuevos procesos de histéresis. Los miembros de esta categoría de migrantes que han decidido permanecer en Estados Unidos a pesar de su desclasamiento, de alguna forma u otra han encontrado la manera de vivir y preferir sus exclusiones como extranjeros. Quienes han decidido regresar a Colombia a propósito de la crisis, en el fondo, han encontrado más llevaderas sus exclusiones como nacionales. En uno u otro caso, el desfase entre aspiraciones y posibilidades, así como el conjunto de promesas sin cumplir, parece subsistir. Para utilizar la metáfora de Leonardo, unos han persistido en ser “colas de león”, otros “cabezas de ratón”.