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3. HACIA UNA TEORÍA DE LAS PRÁCTICAS MIGRATORIAS TRANSNACIONALES

3.4 El Concepto de Campo Social Transnacional

El concepto de campo social, nos remite al análisis de las posiciones que ocupan los actores en una estructura social dada. Si bien no siempre es mencionado en estos términos, ésta se ha constituido en una de las tareas más populares dentro de la investigación de la migración transnacional. Establecer el “nivel educativo” o “la densidad” de las redes sociales de un inmigrante, para luego encontrar la correlación entre estas variables y el nivel de “participación” transnacional, no es otra cosa que tratar de explicar las prácticas transnacionales a partir de la posición que ocupan estos migrantes dentro de la estructura particular de relaciones sociales en la que se encuentran. En este sentido, – siguiendo a Bourdieu–, el concepto de campo nos recuerda que en los juegos sociales, no sólo cuentan las estrategias allí empleadas, sino también los elementos más generales que condicionan la lógica de estos espacios y la distribución de los poderes allí desplegados:

“En términos analíticos, un campo puede definirse como una red o configuración de relaciones objetivas entre posiciones. Estas posiciones se definen objetivamente en su existencia y en las determinaciones que imponen a sus ocupantes, ya sean agentes o instituciones, por su situación (situs) actual y potencial en la estructura de la distribución de las diferentes especies de poder (o de capital) –cuya posesión implica el acceso a las

ganancias específicas que están en juego dentro del campo– y, de paso, por sus relaciones objetivas con las demás posiciones (dominación, subordinación, homología, etc.) (Bourdieu & Wacquant, 1995, p. 64).

El concepto de campo permite recoger analíticamente la distribución relacional que condiciona las prácticas de los migrantes a partir de los distintos tipos de capital que poseen. Como habíamos mencionado, el campo funciona como un universo social relativamente autónomo que desarrolla su propia lógica de apuestas y recompensas. Las diferentes formas que puede tomar el capital (económico, cultural, social y simbólico), se constituyen así en el tipo de fichas que se apuestan dentro del juego, las cuales a su vez permiten dar cuenta del tipo de jugadores involucrados, su actitud frente a las situaciones que se presentan y la estructura global de las fuerzas involucradas. Por ejemplo, dentro de lo que concierne a las prácticas migratorias transnacionales, algunos estudios (Portes et al., 1999) sugieren que el modo de vida transnacional tiene como condición el detentar un volumen de capital cultural relativamente alto. Si bien es importante rastrear los orígenes históricos de esta demanda, tal hallazgo da algunas pistas para la indagación de las reglas de juego que se han ido objetivando dentro del campo transnacional.

Por ello, para establecer el espacio de posiciones que ocupan los migrantes dentro la estructura social, no es suficiente con hacer referencia al volumen y estructura del capital detentado, sino también a su trayectoria. Reconstruir el juego de la migración, y el “sentido del juego” que allí se desarrolla, también implica asumir el análisis de las relaciones entre las distintas posiciones ocupadas por los agentes dentro del momento histórico particular de aquel conjunto de relaciones. Como ya lo ha demostrado en abundancia la literatura de la migración transnacional, aceptar a priori el postulado de la novedad de las prácticas transnacionales equivale a negar la deuda histórica que tiene este fenómeno con las condiciones que le dieron origen, así como las inercias sociales de las estructuras que le dan continuidad. Deshistorizar el conjunto de relaciones que es propio del campo impide comprender los procesos a través de los cuales se objetiva una determinada forma de interacción que permanece en el tiempo9.

La utilidad del concepto de campo social como herramienta analítica que permite objetivar las condiciones sociales de las prácticas transnacionales, es evidente a la luz de la orientación analítica que ha predominado en la literatura reciente. Como veíamos en el capítulo anterior, un buen número de estudios recientes se han orientado a describir este

9 Tal como menciona Bourdieu: “Las estrategias del “jugador” y todo lo que define su “juego” dependen, de hecho, no sólo

del volumen y de la estructura de su capital en el momento considerado y de las posibilidades de juego que aquéllas le aseguran […], sino también de la evolución en el tiempo del volumen y la estructura de su capital, es decir, de su trayectoria social y de las disposiciones (hábitus) que son constituidas en la relación prolongada con cierta estructura objetiva de posibilidades” (Bourdieu & Wacquant, 1995, p. 65).

fenómeno en términos de “espacios sociales” (Faist, 2000), “procesos de estructuración” (Morawska, 2003), “circuitos de migración” (Besserer, 1999; Kearney, 1995), o “formaciones sociales transnacionales” (Guarnizo, 2006b; Landolt, 2001). Bajo distintas terminologías todos apuntan hacia la conceptualización de un espacio de relaciones emergente que se objetiva y autonomiza a partir de una lógica y unos procesos que le son propios.

Al respecto, vale la pena mencionar de forma particular el trabajo de Levitt y Glick Schiller (2004) y su comprensión de los “campos sociales transnacionales” para examinar cómo la perspectiva de Bourdieu permite integrar los esfuerzos recientes para avanzar en el estudio de las prácticas migratorias. Si bien estas autoras no toman en cuenta dentro de su propuesta los conceptos de hábitus y capital que son inseparables de la noción de campo, la utilización de los elementos de la sociología bourdieusiana las convierte en un referente importante para el análisis de la lógica relacional de las estructuras que surgen a propósito de la migración. Buscando conceptualizar la simultaneidad de los lazos transnacionales como una forma de escapar a la ceguera del “nacionalismo metodológico”, Levitt y Glick Schiller definen el campo social transnacional en términos de un:

“Conjunto de múltiples redes entrelazadas de relaciones sociales a través de las cuales ideas, prácticas y recursos son desigualmente intercambiados, organizados, y transformados. […] Los campos sociales son multidimensionales, abarcando interacciones estructuradas de diferentes formas, profundidades y alcances que son diferenciadas dentro de la teoría social con los términos de organización, institución, y movimiento social. Las fronteras nacionales no son necesariamente contiguas a las fronteras de los campos sociales. Los campos sociales nacionales son aquellos que permanecen dentro de las fronteras, mientras que los campos sociales transnacionales conectan a los actores a través de relaciones directas e indirectas a través de las fronteras” (2004, p. 1009).

La distinción entre campos sociales nacionales y transnacionales, ambos concebidos como redes de relaciones de intercambio desigual, es central dentro del análisis de la migración. Tal como lo mencionan Bourdieu y Wacquant, siguiendo una vez más la obra de Sayad, “la migración es el producto y la expresión de una relación histórica de dominación inter- nacional, al mismo tiempo material y simbólica” (Bourdieu & Wacquant, 2000, p. 175). Reconocer analíticamente este hecho implica asumir la consolidación histórica de campos sociales que han sido elaborados dentro del marco de la construcción de Estados-Nación particulares. Construcción que, sin embargo, nunca ha ocurrido dentro de un vacío o un aislamiento internacional. Por ello la necesidad de reconstruir la manera desigual en la que, a partir de distintos mecanismos y procesos, distintos Estados-nación han participado en la consolidación de los campos transnacionales. Una vez establecido esto, es apreciar

cómo estas asimetrías de poder no sólo toman forma en la estructura de relaciones inter- nacionales, sino también en la estructura de disposiciones inter-subjetivas.

Avanzando en esta dirección, Levitt y Glick Schiller sugieren que, dentro de los campos transnacionales, es posible diferenciar entre “formas de ser” y “formas de pertenecer”. Las primeras son utilizadas para designar “las relaciones y prácticas sociales realmente existentes en las cuales los individuos participan”, y las segundas se refieren a “las prácticas que indican o representan una identidad, la cual demuestra una conexión consciente con un grupo específico” (2004, p. 1010). Tal distinción resulta fundamental para entender la imbricación profunda y dinámica que existe entre las posiciones del campo transnacional y las disposiciones del hábitus transnacional. Imbricación que es, como afirmábamos al comienzo de este capítulo, el principal fundamento del mundo de la práctica.

Si las prácticas del hábitus transnacional aparecen a la investigación como híbridas, duales o bipolares, es sólo a condición de haber sido forjadas dentro de un campo de relaciones cuyas posiciones responden similarmente –aunque no de manera mecánica– a procesos híbridos, duales o bipolares. Para decirlo de otro modo, la simultaneidad que se observa en los procesos más amplios que ocurren más allá de las fronteras nacionales, es una sola y la misma que se manifiesta en los esquemas mentales y corporales de los migrantes. Descartar la una por la otra equivale a reducir innecesariamente el estudio de la migración a uno solo de los dos momentos de su existencia práctica (el objetivo o el subjetivo).

Como puede derivarse de la obra de Bourdieu, el espacio de las posiciones dentro del campo transnacional es inherente al espacio de las tomas de posición que se asumen dentro de él10. Reconstruir las primeras, es decir, dar cuenta del tipo de capitales con los que objetivamente cuentan los migrantes en los distintos momentos del proceso, implica necesariamente reconstruir las segundas, es decir, analizar las identidades, los discursos, las interpretaciones y emociones que son puestas en juego. De la relación dinámica y no predefinida que ocurre entre las primeras y las segundas se desprende toda la variedad de prácticas y estrategias que hacen verosímil la migración como un hecho simultáneamente vivible y objetivable. De este modo, el mundo de la práctica migratoria se constituye así – vale la pena volver a repetirlo aquí– en el mundo en donde tiene lugar la generación de prácticas transnacionales adaptadas a situaciones transnacionales, de modo que la experiencia misma se vive como persiguiendo unos fines que no se plantean en cuanto

10 Tal como él ha mantenido: “El campo de las posiciones es inseparable del campo de las tomas de posición, entendido

como el sistema estructurado de las prácticas y expresiones de los agentes. Ambos espacios, es decir, el de las posiciones objetivas y el de las tomas de posición, deben analizarse juntos y tratarse como ‘dos traducciones de una misma frase’” (Bourdieu & Wacquant, 1995, p. 70).

tales, o como viviendo en una situación cuyos fundamentos permanecen incuestionados dentro de un horizonte de naturalidad o auto-evidencia.

3.5 Hacia una Concepción más Compleja del Encaje