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Consideraciones finales

In document MASCULINIDADES Y FAMILIA (página 63-68)

Para concluir esta reflexión, veamos cómo se vinculan las relaciones de género y las relaciones de poder y de autoridad familiar –que permi- ten–, con el propósito de considerar situaciones concretas en los gru- pos familiares. El concepto de autoridad es compartido por el grupo fa- miliar y comprende una serie de atribuciones para quienes ejercen la autoridad. Como se afirmaba anteriormente, las creencias patriarcales fueron conformando la identidad masculina para el ejercicio de la auto- ridad, en un sistema jerárquico piramidal.

En la mayoría de los casos, el grupo familiar reconoce una autoridad principal y ésta es, en general, masculina y paterna. Esta autoridad ca- si siempre coincide con la autoridad masculina en las familias fo r m a- das por parejas heterosexuales o en aquellas donde hay otro hombre adulto presente, el hermano de la madre, el padre, etc. Se trata de una autoridad moral, social y económica, por la capacidad que tiene esa persona de proveer económicamente al grupo, de proteger a sus miembros moral y físicamente de los posibles peligros del mundo ex t e r- no. Esta autoridad cumple una función importante de mediación ent r e el mundo familiar y el mundo externo: también por su papel de prot e c- c i ó n económica, por el conocimiento que tiene de ese mundo extrafa- miliar y por la posibilidad de manejarlo frente a crisis económicas, de- socupación de algún miembro, reducción de ingresos, problemas de vivienda, etc.

Por otra parte, se reconocen diversos grados de poder a la madre o a alguna mujer adulta; generalmente se trata de aquella persona que vela por la unión del grupo, quien brinda afecto y cuidados, un rol con- siderado de importancia para el conjunto. El poder que asume la madre está de tal modo naturalizado que no es considerado un tipo de poder reconocido por sus integrantes y no llega a constituirse como autori- dad. Cuando la madre es jefa de hogar puede ejercer esta autoridad o sentirse presionada para aceptar que algún hombre de la familia se en- cargue de ejercerla. Si convive con un nuevo compañero, es muy fre- cuente que, si ha ejercido autoridad sobre hijos e hijas propios, conti-

núe haciéndolo y, dado este caso, es probable que se produzcan pro- cesos de negociación con su compañero en relación a la autoridad so- bre los hijos de ambos.

El sistema de autoridad familiar que hasta aquí describimos es desa- fiado de múltiples maneras por algunas mujeres, sin embargo, todav í a predomina en nuestras sociedades. Las reflexiones que hemos desarr o- llado en este capítulo nos indican tanto la fuerza simbólica de los mode- los hegemónicos de relaciones entre los géneros, como las posibilida- des de transformación, las cuales se derivan de las prácticas concreta s de muchas mujeres que en sus relaciones resisten, cuestionan e inten- tan resignificar el estado actual de los vínculos entre los géneros.

D E M O C R AT I Z AC IÓN D E LAS FA M I L I AS

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3. Niñez y adolescencia

Susana Méndez1

Introducción

Las relaciones de intimidad y amor familiares son indispensables para la construcción de la identidad y para el bienestar de cada uno como sujeto. Por lo tanto, es conveniente repensar la interdependencia y re- ciprocidad de las relaciones familiares, junto con la primacía de los ni- ños por ser protegidos.

La responsabilidad de la crianza y de la protección de la infancia; la bús- queda de la igualdad entre los géneros; el reconocimiento de la responsa- bilidad social y personal para generar y sostener familias que provean de seguridad y protección, intimidad y confianza, en las cuales tanto las mu- jeres como los hombres tengan igual acceso a oportunidades y recursos; el desarrollo de la autonomía de cada uno se sus miembros; el respeto por la diversidad de formas familiares son principios que deberían orienta r tanto las relaciones familiares como las políticas públicas y las leye s .

La igualdad de género practicada desde la infancia permitirá tanto a mujeres como a varones establecer relaciones más simétricas en los sistemas de autoridad familiares, así como también el desarrollo de la responsabilidad y el placer del cuidado y de la asistencia, los que han sido considerados, tradicionalmente, como tareas femeninas.

Una crianza que libere las energías creativas de chicas y muchachos, sin los condicionamientos estereotipados por las normas sociales para cada género, contribuye a la autonomía de los sujetos y al desarrollo de procesos democratizadores en la sociedad. Para generar estas condi- ciones, se necesita de relaciones familiares más igualitarias, en las que se toman seriamente en cuenta las necesidades e intereses de todos, en las que las voces de las mujeres, niños, adolescentes y también las de los hombres puedan ser pronunciadas, oídas y respetadas.

Necesitamos recorrer los discursos que se han construido acerca de esta época de la vida humana, para repensar creativamente las prácti-

. . . .

1Este capítulo presenta aportes de documentos de trabajo elaborados por Mar-

cas de los adultos, en razón de que son ellos los garantes de la vida fa- miliar y la pública, así como de las prácticas que conviertan en realidad los principios que hemos descrito someramente.

Por estas razones, en este capítulo abordaremos, en primer lugar, las concepciones de la infancia y, en segundo término, analizaremos sintéticamente algunos datos de la situación heterogénea de la infan- cia y de la adolescencia en la Argentina, con el objetivo de reflexionar sobre la complejidad de esta situación, la que revela aquello que García Méndez (1998) llama “el paradigma de la ambigüedad”, es decir, la dis- crepancia entre los nuevos marcos normativos y la prácticas que repro- ducen viejas concepciones.

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