• No se han encontrado resultados

La equidad en la negociación

In document MASCULINIDADES Y FAMILIA (página 127-130)

En el espacio de negociación cada persona es portadora de necesida- des, intereses y metas que están ligadas al problema en cuestión, tan- to como a situaciones previas, de su propia historia personal y familiar. Esta suma de elementos que las personas llevan consigo no sólo res- ponde a elecciones personales sino que muchas veces está modelada por expectativas que van más allá de lo personal, que están vinculadas a posiciones que ese sujeto ocupa socialmente, ya sea en la esfera pri- vada como en la pública.

Las negociaciones son complejas, más cuando se dan en un marco de desigualdad y subordinación. Si algunos parten de verdades natu r a l i z a d a s acerca del sistema de género y de autoridad, la negociación tendrá lugar en situación de inequidad. Esas verdades naturalizadas que se manifies- tan a partir de la desigualdad en las relaciones de poder, hacen que las mujeres y los niños se subordinen a las decisiones de los varones. Las verdades en las que se ha sido socializado “se llevan adentro” y much a s veces se convierten en patrones muy asentados, de modo que no permi- ten abrir procesos de negociación por ev i tación o se resuelven en detri- mento de los intereses de quien está peor posicionado socialmente.

Los mecanismos de negociación entre varones y mujeres, para con- tribuir a superar la desigualdad, deben cuestionar la “naturalidad” de la desigualdad de autoridad y de recursos. La dominación masculina se le- gitima a partir de prácticas y discursos que hombres y mujeres toman como naturales y reproducen en la vida social. El poder simbólico cons- truye a dominadores y dominadas, que se inclinan a respetar, admirar y amar a los que tienen el poder. La ruptura de esta relación de autori- dad naturalizada, requiere “una acción política para el logro de la trans- formación de las relaciones entre los sexos y el ocaso del orden mas- culino” (Bourdieu, 20 00). Esta acción política significa no reconocer y resistir la legitimidad del poder de dominación de género.

“La violencia simbólica se instituye a través de la adhesión que el domi-

nado se siente obligado a conceder al dominador (por consiguiente, a la dominación), cuando no dispone, para imaginarla o para imaginarse a sí mismo o, mejor dicho, para imaginar la relación que tienen con él, de otro instrumento de conocimiento que aquel que comparte con el dominador y que, al no ser más que la asimilada de la relación de dominación, hacen que ésta parezca natural o, en otras palabras, cuando los esquemas que pone en práctica para percibirse o apreciarse, o para percibir o apreciar a los dominadores (alto/bajo, masculino/femenino, blanco/negro) son el producto de las clasificaciones, de ese modo naturalizadas, de las que su ser social es el producto” (Bourdieu, 2000: 49-50).

Para construir formas de relación que no se sustenten sobre la base del silencio, la aceptación de la imposición del otro u otra, o la falta de con- sideración por el punto de vista de una persona es necesario recono- cer la desigualdad. Sin embargo, esto no es tarea fácil. Es preciso un proceso de desenmascaramiento de situaciones donde uno se encuen- tra en ventaja o desventaja para poder actuar en función de ellas.

Beck Kritek (1998) señala prácticas que podrían contrabalancear si- tuaciones de desigualdad, entre otras:

• reconocer y definir los propios intereses, sabiendo que están co- nectados con los de los demás;

D E M O C R AT I Z AC IÓN D E LAS FA M I L I AS

• decir la propia verdad y reconocer las diferentes verdades de las otras personas involucradas;

• poner sobre la mesa la desigualdad, desnaturalizarla, de acuerdo con el flujo de la comunicación;

• no aceptar las situaciones definidas por costumbre o tradición, ya que al enmascarar las injusticias, contribuyen a perpetuarlas; • expandir la posibilidades de resolución del conflicto, cuando sea

posible;

• cuestionar las respuestas que se reciben. Así se hacen más cla- ros el conflicto y el contexto en el que éste se desenvuelve; • mantener el diálogo, pero darse respiros, esto es, dar tiempo pa-

ra que se procesen los intereses y necesidades de las partes; • saber cuándo y cómo dejar la negociación, cuando es imposible

llegar a acuerdos.

Las cuestiones a tener en cuenta en las negociaciones:

• los intereses, tratando de entender en qué está auténticamente interesada cada parte;

• las opciones, para ver si se pueden satisfacer cabalmente los in- tereses de ambas partes;

• las diferentes normas de equidad para conciliar las diferencias. In- tercambiar propuestas en un esfuerzo por lograr un acuerdo sa- tisfactorio para ambas partes que, en todo caso, sea mejor que el retirarse de la negociación o de la relación;

• las alternativas creativas para el individuo y para la relación. Es útil saber qué alternativas se tienen, en caso de no poder seguir ade- lante con la negociación.

Básicamente, negociar es una manera de conseguir lo que se quiere y lo que quieren los otros, buscando la aceptación de ideas, propósitos y/o estrategias entre dos o más partes que pueden poseer algunos in- tereses comunes y otros opuestos. Intenta producir, siempre que sea posible, un acuerdo desde la búsqueda de resultados orientados a me- jorar constructivamente, sin herir, ni dañar las relaciones entre las per- sonas. La negociación sucede cuando ambas partes necesitan llegar a un acuerdo y existen objetivos enfrentados parcial o totalmente. En to- da negociación hay una franja de relaciones y límites, el reto es poder detectar hasta dónde uno está dispuesto a negociar teniendo en cuen- ta sus propios intereses y los del otro. Los intereses son aquellas cues- tiones que motivan a actuar y que se relacionan con las necesidades de logro, de reconocimiento, de estatus social y de autorrealización. Son los resortes silenciosos detrás de todo el “ruido” de las posiciones y varían de una persona a otra.

Descifrar los propios intereses, objetivos u estados deseados e inten- tar defenderlos es un primer paso para poder negociar. Ponerse en el lu- gar del otro y tratar de entender los intereses subyacentes que lo pue- den estar motivando es el segundo. Y el tercero, crear opciones para i n t e n ta r, sin violentarnos, satisfacer a ambos. Una de las dificultades más comunes que se presentan al negociar es sentir que contamos con una sola alternativa, lo que inhibe la creatividad para encontrar soluciones.

In document MASCULINIDADES Y FAMILIA (página 127-130)