Cuando se enuncia la palabra autoridad pueden surgir ideas como la de proteger, juzgar, dar seguridades, dar garantías de que se puede confiar porque es el punto de referencia del conjunto. La autoridad es necesaria, tanto para los niños y jóvenes, que necesitan autoridades que los guíen y apoyen, como para la realización de una parte del desa- rrollo personal de los adultos, por la posibilidad de desplegar su aten- ción hacia otros, a través de ser guías, por la posibilidad de conferir con- fianza y seguridad (Sennett, 1980).
La autoridad es relacional, alguien tiene legitimidad porque es reco- nocido dentro de las normas y valores aceptados por el conjunto, lo que indica que, si se modifican las normas y los valores aceptados, los mo- delos de autoridad pueden cambiar según las redefiniciones que hagan los actores. En nuestra cultura, la autoridad se presenta como una posi- ción y, por lo tanto, se la desvincula del dinamismo de las relaciones de p o d e r, de las cuales debería ser una expresión. A menudo, no se la con- sidera como una relación transformable, sino como una relación rígida, n a turalizada, bajo el supuesto de que las “cosas siempre fueron así”, porque la autoridad se impone por la fuerza o porque se ejerce de una manera alejada de la experiencia cotidiana y concreta de las personas. En estas situaciones, la autoridad produce temor o miedo.
En cambio, el acercamiento, la conversación, las preguntas acerca de las razones de las reglas, permiten la desmitificación de la autoridad. Revisar la legitimidad de las autoridades naturalizadas o tradicionales es lo que permite construir otras autoridades. En otras palabras, se trata de tomar por dentro la autoridad. Para la transformación de la autoridad, es necesaria la experiencia colectiva a través del interjuego entre las esferas privadas y públicas y el debate sobre las relaciones de poder y su transformación, para que cada vez sea más visible y legible la auto- ridad (Sennett 1980: 151 y ss.).
Las reglas de juego que hacen a los actores sociales mutuamente responsables y que generan las coordinaciones necesarias para la vida social a cargo de la mayor cantidad de actores posibles constituyen otra
manera, más democrática, de ejercer la autoridad. La búsqueda activa
D E M O C R AT I Z AC IÓN D E LAS FA M I L I AS
acerca de la validez de las normas y las consecuencias de éstas en la vida de cada persona, replantean el significado del poder y la autoridad, pero no los eliminan.
La autoridad puede convertirse en un proceso que implique cons- trucción, destrucción y reconstrucción de significados (Sennett, 1980: 179). Puede ser legible y visible. La autoridad se hace visible mediante discursos que develen los procesos decisorios: que permitan la discu- sión sobre las decisiones, la posibilidad de revisarlas y la reflexión so- bre los criterios para ejercer poder y autoridad. El autor mencionado se- ñala dos tipos de lenguajes vinculados con la autoridad: a) un lenguaje del rechazo, considerado como el de la desobediencia dependiente, pues implica rebelarse y desobedecer, pero dentro del mismo sistema de autoridad y b) un lenguaje de los derechos o la autonomía, por el cual se desmitifica la autoridad, se la hace “accesible y legible”, y se reinterpreta el poder mediante un proceso de reconocimiento del pro- pio valor (Sennet, 1980: 51).
En el segundo tipo de lenguaje, la autoridad, al quedar privada de la alteridad, puede ser redefinida (Sennett, 1980: 39). El acercamiento y la desmitificación contribuyen a construir una nueva relación de autoridad, donde se puede respetar y confiar sin temer, ya que la autoridad se ha- ce accesible y legible al quedar privada de la alteridad.
Según Anthony Giddens (1992: 185), la autoridad es justificable cuando reconoce el principio de autonomía, de acuerdo con la defini- ción que toma de Held:
“Los individuos deben ser libres e iguales en la determinación de las con- diciones de sus propias vidas, esto es: ellos deben disfrutar iguales de- rechos (e iguales obligaciones), en la especificación del marco que gene- ra y limita las oportunidades disponibles para ellos, siempre y cuando no se nieguen los derechos de otros” (Held,1986).5
Giddens (1992: 191) considera que el principio de autonomía suminis- tra una guía para el proceso de democratización en la vida personal, ya que significa la condición de relacionarse con otros de una forma igua- litaria. Así como en la esfera política la democracia involucra la creación de una constitución y un foro de debate, en la vida privada, implica exa- minar los discursos tradicionales, naturalizados, para rever el poder di- ferencial en las relaciones e ir más allá del juego de poder inconscien- temente organizado. El dar explicaciones sobre las acciones y sus fundamentos y el proveer de confianza en el accionar son aspectos
R E L AC IO NE S D E G ÉN ERO Y D E AUTO R I DA D 63
. . . .
5Held, David (1986), “Models of Democracy”, Cambrige, en Po l i ty, p. 270, cita d o
constitutivos de la autoridad. La autoridad entre adultos existe como especialización, donde cada persona ha desarrollado especialmente las capacidades que no tiene el otro. La autoridad como especialización (según gustos y habilidades de cada uno o de cada una) o situacional (según momentos precisos) está todavía en el camino hacia su redefi- nición, ya que para que esto exista, es necesario que todas las perso- nas, hombres y mujeres, tengan la misma posibilidad de desarrollo de sus potencialidades en las mismas áreas.