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iv Qué se debe esperar de esta tesis

5. La empresa y las nuevas formas de organización

5.10 Consideraciones sobre la organización de las empresas en Chile

Como se ha expuesto, Chile adoptó temprano el programa neoliberal y siguió los consejos de Milton Friedman (ver sección 2.1) con un alto costo social que en el planteamiento de Agacino, Rivas y Román (Agacino 1995), cuestión que derivó en una transformación que para la industria tuvo los efectos de una “modernización espuria”, en tanto lo que ocurrió fue una estrategia de racionalización productiva con fuerte reducción del empleo llegando en algún momento a cerca de un tercio de la fuerza de trabajo, para posteriormente recurrir al uso extensivo de mano de obra de bajo costo, configurando así la figura clásica que Marx describiera en El Capital como “ejército industrial de reserva” (Marx, t. I, cap. XXIII, sec. 3). Montero señala también, citando a Agacino et al., que esta estrategia fue utilizada hasta la crisis de 1982, intensificándose luego –a partir de allí– esta utilización extensiva de fuerza de trabajo de bajo costo. “Esto significaría que hubo poco aumento de la productividad por la vía de la innovación tecnológica. El crecimiento de la producción industrial se habría

[email protected] Página 123 logrado mediante el aumento de la subcontratación y bajos costos laborales ya que no se produjo una sustancial modificación de la base técnica de la producción” (Montero 1997: 311). Esta deducción se ve corroborada en un estudio de Alarcón y Stumpo que refleja el atraso tecnológico provocado por estas medidas, al sostener que “la utilización de maquinaria anticuada y usada es frecuente, el layout es artesanal así como no es común la introducción de sistemas modernos de gestión y organización de la producción” (Alarcón 2000: 33).

A pesar de la existencia de mecanismos institucionales para el fomento de la capacitación laboral, prevalecientes durante todo el período de estudio a que se refieren los autores antes referidos (básicamente un período cuyo rango abarca entre 1975 y 1995), la economía chilena sufrió un retraso que se presenta en una encuesta aplicada por la OIT en establecimientos del sector metalmecánico y en industrias de la alimentación la cual “indicó una débil incorporación de nuevas tecnologías de base microelectrónica en el período 1989–92. Un 40% de las empresas había automatizado sus sistemas de información y control de procesos, aunque la encuesta no entrega datos acerca del grado de automatización” (Montero 1997: 311).

En el mismo sentido, los resultados de un estudio de Lucio Geller acerca de la industria metalmecánica el primer lustro de los noventa, muestran la superficialidad con que el empresariado chileno adoptó la metodología de los Círculos de Calidad en los ochenta. En lugar de aprovechar la potencialidad creativa, autonomía y, en general, el desarrollo de nuevas competencias laborales y técnicas, que facilitan el aprendizaje organizacional, “los antecedentes recogidos muestran, sin embargo, que en los casos investigados las planas gerenciales [tomaron] a estos equipos con una perspectiva más estrecha, como instrumentos para resolver problemas puntuales o como medios secundarios para aumentar la eficiencia de determinados procedimientos” (Geller 1997: 13).

Otro estudio llevado a cabo por Laís Abramo et al.116, analiza para el tramo 1988– 1990, los cambios a nivel de empresa en la base productiva y su vínculo con el mercado de trabajo. En lo que se refiere a introducción de innovaciones técnicas y organizacionales, concluye que existiría para aquella época un número de innovaciones considerable; que estos cambios se habrían registrado básicamente en la base técnica y en menor grado en la organización del proceso productivo; en menor medida (menos del 30 por ciento de las empresas encuestadas en la investigación), habría llevado a cabo simultáneamente modificaciones técnicas y organizacionales y,

116 Se trata del proyecto OIT/ACDI “Cambio tecnológico y mercado de trabajo”. Cuya una primera etapa

(1990), se aplicó una encuesta a 300 establecimientos industriales de la Gran Santiago y, en una segunda (1992-1993), la investigación se concentró en establecimientos de los sectores metalmecánico y en la industria de la alimentación. Véase Abramo, 1997.

[email protected] Página 124 finalmente, estos cambios habrían ocurrido preferentemente en la base electromecánica (el 83 por ciento de las empresas, y 17 por ciento en la base eléctrica), siendo la mayoría transformaciones organizativas centradas en el layout. Producto de esta investigación la autora y sus colaboradores destacan que, en lo referente a cambios en la organización del trabajo y calificaciones laborales, se presentan como aspectos débiles en los estudios que en general tuvieron a la vista, “siendo el aspecto sobre el cual se dispone de menos información acumulada y sistemáticamente analizada” (Abramo 1997: 169). Las apreciaciones de este estudio no son aisladas, si se considera que un estudio realizado por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), dependiente del Ministerio del Trabajo, revela en 1994 la existencia de una cultura organizacional que otorga un escaso valor a la inversión en recursos humanos y capacitación117. Estos elementos constituyen la parte visible de las políticas adoptadas en los setenta y ochenta en diversos ámbitos de la economía (ver las modernizaciones del gobierno de Pinochet en sección 2.2), provocando un “(…) cambio tecnológico que redujo el peso de las economías de escala, la creciente integración de los mercados, reformas de la legislación laboral, cambios organizacionales a nivel de las empresas y cambios estructurales intersectoriales” (Raithelhuber 2005: 9). Transformaciones que verticalizaron las relaciones laborales al interior de las empresas, replicando en su estructura de relaciones, el autoritarismo existente en el gobierno del país. Este impacto es más severo aun si se considera que 1979 se derogó (mediante el Decreto Ley N° 2.759) una ley del año 1968 (Ley N° 16.757) la cual prohibía que “los trabajos inherentes a la producción principal y permanente de una industria” fueran ejecutados a través de contratistas o concesionarios. Si bien el espíritu de la medida –la derogación– era provocar una flexibilización en el mercado del trabajo, dadas las condiciones objetivas del país –bajo gobierno autoritario- en la práctica sirvió para someter unilateralmente a los trabajadores al arbitrio de los empresarios y a éstos dejarlos con un leve umbral de regulaciones, el cual tras la vuelta a la democracia del país no mejoró mayormente, debiéndose legislar el año 2006 nuevamente para corregir excesos que no sólo conducían a la precariedad del trabajo, sino a la falta de capacitación118 que impacta directamente a la productividad. Así, de este modo, ya en el siglo XXI los efectos de este proceso se constatan en un atraso relativo donde la “(…) brecha de productividad se explica por una carencia de tecnología aplicada a los procesos productivos, la falta de recursos humanos especializados y falta de oportunidades y apoyo al emprendimiento” (Ministerio de Economía 2006a: 4).

117 Estudio presentado en el desaparecido diario “La Época”. Santiago de Chile 24 de julio de 1994. 118 Ley Nº 20.123, de octubre 16 de 2006. Que regula el trabajo en régimen de subcontratación, el

funcionamiento de las empresas de servicios transitorios y el contrato de trabajo de servicios transitorios.

[email protected] Página 125 Es posible sostener que, considerando que los procesos de adopción de prácticas son de largo aliento, durante todo ese tiempo que la economía se concentró en el desarrollo de las denominadas exportaciones no tradicionales, principalmente, frutícolas, vitivinícolas y forestales, se haya venido larvando un proceso de transformación que sólo se viene a visualizar a fines del siglo, esto pone en relieve la reflexión de Ramos quien advierte que diversos estudios en América Latina incluyendo Chile, muestran la presencia de una “amplia heterogeneidad de prácticas de organización del trabajo –tayloristas, postfordistas, incluso artesanales–, tanto entre empresas, como dentro de una misma empresa” (Ramos 2009; Novick 2000; De la Garza 2000). Desde esta perspectiva es posible entender la observación que hace Montero, quien precisa que “las llamadas “técnicas japonesas” de gestión del proceso productivo y del control de calidad (como la producción just-in-time y los procesos de mejora continua) existían en un número inferior de la muestra (menos del 15%)” (Montero 1997: 312).

En muchos casos estas prácticas modernas de gestión retrasan su adopción en virtud de una lógica de mercado. En efecto, es preciso apelar a nuevas prácticas cuando la competencia arrecia y las tasas de ganancia dejan poco margen y solo cabe –o no queda otra salida que innovar. Allí operan la destrucción creativa del capital (Schumpeter), porque se verifica una tasa de ganancia finalmente decreciente (Marx) y se precisa el ordenamiento y coordinación de un empresario (Marshall). Sin embargo, y como resultado de las modernizaciones ocurridas durante el gobierno de Pinochet, entre las que se cuenta las reformas a la legislación laboral, los empresarios usufructuaron de un conveniente escenario asimétrico que les permitió crecer a costa de una desmedida libertad de precios y una sustanciosa baja de salarios. No en vano en la actualidad se aprecia una evidente concentración de la riqueza donde el 0,3 por ciento de las empresas captura el 71,8 por ciento de los ingresos por ventas al año 2013, en cifras del Servicio de Impuestos Internos (véase cuadro 3-7 ).