proceso de la organización social y económica
7.2 Economía de redes
El énfasis de la economía de redes está puesta en la cooperación no jerárquica cuyo sustento está en las innovaciones que son facilitadas por una dinámica propia de las tecnologías de propósito general (Karlsson y Westin 1994; Bresnahan 1995; Koscharzky 2002; Basu 2006, 2008), situados en este contexto se hace el contrapunto donde se afirma que ”la vieja economía industrial estaba impulsada por las economías
[email protected] Página 173 de escala, en cambio la nueva economía de la información está impulsada por la economía de las redes” (Shapiro y Varian 1999: 165), emergiendo como concepto clave el feedback positivo (Shapiro y Varian 1999: 166). En un escenario global donde la creación y la innovación marcan el ritmo expansivo de lo cotidiano, la formación reticular es expresión de esa creciente dependencia de los agentes económicos frente a la multidiversidad de fuentes externas de aprendizaje, conocimiento y aprovisionamiento, sea de insumos o servicios, esto promueve la movilidad de factores y empuja a la reducción de la distancia geográfica entre los múltiples nodos de la red. Resultado de ello, “el alcance espacial de las redes de innovación puede variar en función del tipo de cooperación, sus objetivos y el número de miembros que la forman” (Koscharzky 2002: 16).
En las redes se fortalece el aprendizaje orientado a la innovación, cuya base es la apropiación y transformación de información, creando de este modo asimetrías favorables a aquellos que están dentro de la red, enriqueciéndola en oportunidades de innovación por la vía de canales ad-hoc de interacción que facilitan la internalización de efectos externos de la actividad innovadora en general, permeando modelos y derechos de propiedad industrial e intelectual. Freeman, apoyándose en Teece (1986, 1989), sostiene que esta necesidad de crear redes no se debe explicar solamente en términos de "costos" (transacción u otros), sino que debe ser examinada más bien en términos de comportamiento estratégico, apropiabilidad y complementariedad tecnológica; la economía de redes se funda en relaciones de cooperación de largo plazo entre los componentes de esa red, contrario a las transacciones que se caracterizan por su naturaleza temporal, no-permanente. Por tanto, no serían principalmente consideraciones de costos lo que llevaría a la creación de redes, sino más bien intereses estratégicos y aquel deseo de apropiabilidad, como también la realización de sinergias como resultado de la complementariedad tecnológica entre otras (Freeman 1991: 512).
Resultado de todo ello los límites de la empresa se han vuelto difusos, y las alianzas entre firmas proveedoras y otras que están en la misma industria son cada vez más frecuentes, además de necesarias para apoyar las actividades innovadoras. Estas alianzas facilitan la coordinación compleja más allá de lo que el sistema de precios puede llevar a cabo, estas relaciones de complementariedad se expresan en nuevas formas de organización (Teece 1992).
Este efecto de red, que en economía muchos casos se enseñan como externalidades de red (Varian 2006: 687-700; Krugman 2006: 519-537), pueden ser definidas como “el incremento de utilidad que obtiene un usuario del consumo de un producto a
[email protected] Página 174 medida que se incrementa el número de usuarios que consumen ese mismo producto” (Arroyo 2005a: 1), aun cuando estas externalidades no sean exclusivas de los mercados electrónicos, en éstos se manifiestan con más frecuencia y vigor que en otros tipos de mercados. Este proceso de feedback positivo en muchos casos, cuando hay menos empresas en el mercado, resulta en una mayor coordinación por tanto los efectos de red son mayores y, en la medida que el número de empresas disminuye, los efectos de red positivos aumentan, resultando en un excedente total que se maximiza en el monopolio (Economides 2000: 28). Esto explica en parte, como lo sostienen Arroyo et al., que el sistema operativo Windows de Microsoft concentre en la actualidad una cuota considerablemente importante del mercado (Arroyo 2005b: 1). Para sustentar estos argumentos que apuntan a la competencia entre estándares tecnológicos que resultan favorecidos del feedback positivo, Shapiro y Varian reúnen un conjunto de ejemplos de la literatura al uso, que documentan y dan evidencia (Shapiro y Varian 1999: 197-215).
La economía de redes en la actualidad comienza a ocupar –y ganar– un espacio en los textos de economía y la profesión comienza a nutrirse de la experiencia resultante de estas prácticas sociales de intercambio. En un contrapunto de visiones acerca de los negocios, Balebuff el al., afirman que ahora “el negocio es cooperación cuando se trata de crear una torta, y de competencia cuando ésta se va a repartir” (Balebuff 1996: 4), ello porque se concluye que en la mayoría de los negocios sólo es posible prosperar y los demás también prosperan, particularmente en lo que se refiere a la industria de las tecnologías, donde el desarrollo de software más potente sólo es posible en la medida que la producción de procesadores entrega al mercado soluciones más poderosas a la vez, y este es un circuito que se retroalimenta positivamente, y que ciertamente se inicia en la industria de las tecnologías pero rápidamente las trasciende y potencia. Esta dinámica genera una estrategia de cooperación cuya inercia se asocia a una situación que en teoría de juegos se puede identificar como ganar–ganar.
Se instala una dinámica de negocios en los mercados donde la lógica es cooperar y buscar escenarios de complementariedad.
De este modo, como la economía se mueve a la colaboración, pues un aparato de música hoy no sirve si no puede ser cargado con música, la cual se carga en diversos dispositivos de almacenamiento, que contienen archivos, registros en algún protocolo de compactación MP3, MP4, etc., y para ello desde un computador de escritorio se instala un software que permite la manipulación de todo ello, es que solo será posible en la medida que sea complementarios. Y son los bienes complementarios, en los que
[email protected] Página 175 el valor de uno de estos componentes aumenta significativamente el valor del otro. Por esta razón “la competencia entre los proveedores de estos componentes a menudo tiene que preocuparse tanto por sus «complementadores» como por sus competidores (…), esto hace que la estrategia competitiva de las industrias de tecnología de la información sea distinta de la estrategia de las industrias tradicionales” (Varian 2010: 698).
La complementariedad es un concepto que comienza a ganar espacio en la enseñanza de la economía, trascendiendo la literatura especializada, desde donde comienza a levantarse la evidencia empírica. En un estudio realizado por Amit y Zott donde tras examinar 59 empresas electrónicas estadounidenses y europeas cuyos valores se habían transado en bolsa, observan –entre otras cosas, que el potencial de creación de valor de los negocios electrónicos que han emprendido, depende de cuatro dimensiones interdependientes, a saber: la eficiencia, la complementariedad, el lock-in, y la novedad. (Amit y Zott 2001). Lo cual queda reflejado en el cuadro 7-1.
Cuadro 7-1. Fuentes de creación de valor en e-business
Fuente: Amit y Zott (2001). Value creation in e-Business; p. 504.
Coincidiendo con Gulati, Nohria y Zaheen (2000), plantean que la teoría de redes pone de relieve la importancia de la complementariedad entre los participantes en la red, de allí que de la complementariedad se puede esperar que aumente el valor al permitir aumento de los ingresos de la empresa. Siguiendo con su análisis, los datos presentados por Amit y Zott sugieren que los negocios electrónicos aprovechan un
[email protected] Página 176 potencial de creación de valor al ofrecer paquetes de productos y servicios complementarios a sus clientes. Bienes complementarios pueden ser complementariedades verticales, tales como servicios de post-venta, o complementariedades horizontales –como es el caso de los centros de ventanilla única (por ejemplo: en Chile, Servipag153; en Argentina Pagomiscuentas154; en Perú, Pagoefectivo155; y en general PayPal para muchas de las transacciones globales156), que son proporcionados por empresas asociadas. A menudo estos bienes se encuentran directamente relacionados con un núcleo transacciones. En general, estos servicios mejoran el valor de los productos básicos (boletos de avión, paquetes de vacaciones, hotelería –como Booking.com, por ejemplo) y resultan conveniente para los usuarios (Amit y Zott 2001: 505).
Siguiendo con el análisis, Varian apunta a los mercados con externalidades de red (Varian 2010: 710), en los cuales la demanda puede ser representada por una curva en forma de U invertida y la oferta por la línea recta horizontal. Es una forma bastante diferente a como tradicionalmente se representa una curva de demanda.
Cuadro 7-2. Externalidades de red
Fuente: Varian (2010). Microeconomía Intermedia; p. 711
El modelo propuesto sigue el siguiente razonamiento: Si el número de personas conectadas a la red es bajo, la disposición a pagar del sujeto, en el margen, es baja, 153 Véase: https://www.servipag.com/Portal-De-Pagos-En-Linea 154 Véase: http://www.pagomiscuentas.com/ 155 Véase: https://pagoefectivo.pe/ 156Véase: https://www.paypal.com
[email protected] Página 177 debido a que no hay muchas otras personas con las cuales comunicarse. Al contrario, si el número de conectados es elevado, entonces la disposición a pagar del sujeto, en el margen, será bajo, debido a que todo el que le concedía valor ya se ha conectado. Como observa Varian, estas dos fuerzas dan lugar a la forma convexa del cuadro 7-2, cuyo gráfico expresa que si hay n personas que compran el bien conexión a la red, la disposición de sujeto marginal a pagar estará dada por la altura de la curva. Por otra parte, simplificando, si el bien puede suministrarse por medio de una tecnología de rendimientos constantes a escala, significa que la curva de oferta es una línea recta horizontal en la que el precio resulta ser igual al costo medio. De todo ello resultan tres intersecciones posibles entre ambas curvas. Un equilibrio de bajo nivel en el que n*=0, donde nadie consume el bien (nadie se conecta a la red), por lo cual nadie está dispuesto a pagar nada por su consumo, es el escenario de los “adoptantes tempranos”, están dispuestos a apostar a lo nuevo y, por ello aportan un mayor valor por cuanto tienen una mayor cultura tecnológica; en términos económicos, como lo señala Varian, se trata de un equilibrio propio de “expectativas pesimistas”. Luego se representa un equilibrio intermedio, con número positivo de consumidores –pero pequeño, en el cual la gente no cree que la red vaya a ser muy grande, por tanto las personas no están dispuestas a pagar mucho por conectarse, de allí que la red no sea muy grande. Para llegar finalmente a un tercer punto de equilibrio, dotado de un gran número de consumidores. Aquí el precio es bajo, porque el sujeto marginal que compra el bien no lo valora mucho, aun cuando el mercado sea muy grande (Varian 2010: 712), y se empiezan a producir externalidades de congestión (Arroyo 2005a: 3). Lo que explica Varian es aquella externalidad conocida como externalidad de red, divulgada por revistas de negocios como “efecto fax”, que grafica muy bien la situación de un bien cuyo valor aumenta cuantas más personas lo consumen. Por su condición además, son bienes que experimentan una retroalimentación positiva, cuyo éxito atrae el éxito y el fracaso atrae el fracaso (McGee 2002; Angelelli 2000).
Como se ha podido apreciar tras seguir el desarrollo de Varian, la principal deficiencia es asumir que el valor de todas las interconexiones es el mismo. Ello se resume en dos razones: la primera, dice relación con las diferentes características que presentan los potenciales usuarios, el valor que su incorporación aporta a los usuarios ya conectados es el mismo. Como se ha dicho, los adoptantes tempranos en virtud de su mayor cultura tecnológica, aportan un mayor valor. La segunda razón, apunta a que no todas las conexiones serán usadas con la misma intensidad –y esto es concordante con la primera razón. En la práctica, cuando las redes son de tamaño mayor, la
[email protected] Página 178 posibilidad física de conectarse con todos los integrantes de la red, es prácticamente imposible.
Puede pensarse por un momento que esta breve síntesis sólo es aplicable a la economía vinculada al sector de la industria de tecnologías de información y comunicación. Lo cual es cierto. Pero es una verdad a medias. En la medida que estamos en presencia de una tecnología de propósito general (Bresnahan 1995), todas las actividades económicas comienzan a ser influidas por su dinámica. Lo cual nos remite a considerar este comportamiento como aplicable y observable crecientemente a toda la economía en general. Se trata de un crecimiento envolvente y constante, pues el uso de tecnologías de información y comunicación “como todas las tecnologías polivalentes, exige, al mismo tiempo, que se innove continuamente en los modelos empresariales, los procesos organizativos, las instituciones y las capacidades de los trabajadores” (Brinjolfsson 2011: 41).
7.3 Las TIC como Tecnologías de propósito General y la “Paradoja de la