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Las TIC como Tecnologías de propósito General y la “Paradoja de la Productividad”

proceso de la organización social y económica

7.3 Las TIC como Tecnologías de propósito General y la “Paradoja de la Productividad”

Esta constante innovación apunta a la naturaleza del bien en torno al cual tienden a centrarse las tecnologías que se desarrollan: la información (y el conocimiento, por cierto). Esta cualidad se transforma en un eje estructurador de la actividad. Donde “la información se torna ya no únicamente en un ‘recurso estratégico’, sino es una variable endógena al propio sistema económico que se estructura crecientemente, en todo lo referente a su producción, distribución y consumo, conforme a pautas industriales y mercantiles” (Millán 1993: 9). Esta traslación estructurante, genera diversos y profundos cambios en la economía. En este contexto, Brynjolfsson y Saunders (2010) haciendo un paralelo con lo que ocurría hace un siglo, afirman que en 2008 el ingreso promedio por persona en los Estados Unidos fue de 46.842 dólares, lo que equivale a 115 veces más que en 1913. Y siguiendo a una serie de comparaciones de este tipo Brynjolfsson y McAfee se preguntan “¿Por qué hoy somos más ricos que lo fue la gente en 1913?” (Brynjolfsson y McAfee 2011: 2). Detrás de este razonamiento hay un juicio fundado. Brynjolfsson es un convencido de que las tecnologías digitales constituyen en la actualidad una de las fuerzas motrices más importantes de la economía actual, y que en virtud de ese vigor están transformando el mundo del trabajo, manifestándose a la vez como uno de los principales factores impulsores de la productividad y del crecimiento (Brynjolfsson y Milgrom, 2013; 19). Transformaciones visibles desde hace algunas décadas, pues siguiendo el desarrollo de Machlup (1962) sobre la economía de la información, József Szabó e István Dienes identificaron cambios estructurales en la economía, discriminando en cinco grandes

157 El Apéndice 7.A: Acerca de la Paradoja de la Productividad, al final de este capítulo, aborda el debate

[email protected] Página 179 actividades que la impactaban, a saber: i) cambios en la división del trabajo; ii) cambios en la demanda de bienes de información; iii) cambios en la organización productiva; iv) Cambios que impactan el proceso productivo al nivel intersectorial de la economía, y v) cambios en las normas legales e institucionales (Szabo y Dienes 1988: 183).

Desde fines de los ochenta los estudios sobre el impacto de las TIC sobre la productividad resultaban elocuentes, la conocida paradoja de Solow (véase lo dicho en sección 4.3 y a continuación del capítulo en el Apéndice 7.A), da cuenta de la percepción de la inversión en TIC en los años 90. La falta de correlación entre la inversión en TIC y el crecimiento de la productividad se debió principalmente a una incorrecta medición de calidad y capital en TIC (2011 ICTNET: 2). Sin embargo, este contrapunto resultó importante para reflexionar acerca de la siempre importante tarea de mejorar las mediciones de capital en particular si la inversión es en TIC (OECD 2001, 2009).

Las TIC habían presentado la promesa de generar ventajas competitivas que se sustentarían en fuertes incrementos de productividad derivados de su utilización. Sin embargo, junto a esas promesas las economías, en particular la norteamericana, enfrentaba el alejamiento de los años dorados de postguerra. Desde 1973 el aumento de la productividad comenzaba a disminuir –cosa que también ocurría en cierta medida en Europa. Esta situación –transformada en preocupación– abriría un camino a una serie de análisis acerca de los efectos en la productividad de las TIC. Ocupación que se ve reflejada en los esfuerzos llevados a cabo por la OECD para comprender la relación internacional de precios en las TIC, y como controlar tales diferencias en las diversas metodologías entre países (Wyckoff 1995; Colecchia y Schreyer 2002). Se preguntarán si “la cuestión de las diferencias entre los países surge: si las TIC constituyen un importante motor de la producción y el crecimiento de la productividad, ¿por qué se ha observado un período prolongado de crecimiento en algunos países – en particular los Estados Unidos– y no en otros?” (Schreyer 2000: 5).

Para dar respuesta se utilizarán los modelos macroeconómicos al uso, donde la contribución de cada insumo en el proceso productivo deberá ser proporcional a la parte correspondiente de los costos totales de entrada, de insumos, de modo que un aumento de la producción por encima de la contribución de estos inputs es atribuible al incremento de la productividad total de factores (PTF), entendiendo de este modo que es el progreso técnico no incorporado en los insumos productivos (K, L).

En esta dirección Jorgenson y Stiroh (2000) al explicar el aumento en el crecimiento de la productividad en la economía norteamericana después de 1995, encuentran que el hardware ha desempeñado un importante rol como fuente de crecimiento económico y, a la par, la productividad media del trabajo creció mucho más rápido

[email protected] Página 180 entre 1995 a 1999, debido a un mayor uso del capital, como consecuencia directa de la caída de los precios de las TIC y el aumento de la productividad total de factores, dejan claro –sin embargo, que “el crecimiento de la productividad es un proceso complicado y heterogéneo que es imposible de capturar en una sola medida, agregada de crecimiento de la PTF” (Jorgenson 2000: 166). En la misma época, Oliner y Sichel (2000, 2002) utilizando el modelo de contabilidad del crecimiento de Solow llegan a resultados parecidos, pues encuentran que la contribución del capital invertido en TIC manifestó un aumentó en los periodos 1974–1995 y 1996–1999, aparte que el crecimiento de la PTF mostró incremento de 40 por ciento en ese último período (1996–1999). Ampliando el enfoque seguido por Jorgenson y Stiroh recién citados, Colecchia y Schreyer (2002) amplían a los G-7 e incorporan a Australia y Finlandia, lo mismo hacen Oliner y Sichel (2000), que amplían sus estudios hasta el año 2000, encontrando que en las dos décadas anteriores las TIC contribuyeron entre 0,2 y 0,5 puntos porcentuales por año en el crecimiento económico, en función del país. Asimismo, durante el segundo lustro de 1990, esta contribución se elevó a 0,3 a 0,9 puntos porcentuales por año. Contribución de la inversión en TIC al crecimiento económico que ha sido la más grande en los Estados Unidos, a la que le siguen Australia, Finlandia y Canadá. Es así como de los nueve países considerados, Alemania, Italia, Francia y Japón registraron la menor contribución de las TIC al crecimiento económico.

Para el Reino Unido, Nicholas Oulton (2002, 2010) encuentra que la contribución de las TIC al crecimiento del PIB aumentó del 13,5 por ciento en el periodo 1979-1989, a un 20,7 por ciento en el periodo 1989-1998. Por su parte, las TIC contribuyeron en 55 por ciento a la intensificación del capital durante el período 1989-1998 y un 90 por ciento en el período 1994-1998. Contribución que tiene rasgos bastante claros, en términos que la mayor parte de las ganancias en el crecimiento de la productividad proviene de la utilización de las TIC, y no la producción de TIC. Lo relevante es su buen uso, resultado de ello concluye, el impacto de las TIC sobre el crecimiento de largo plazo en la Unión Europea, “(...) incluso en el nivel actual de la intensidad de las TIC, es grande: alrededor de 0,54 puntos porcentuales por año” (Oulton 2010: 20). Agregando que si la intensidad de las TIC alcanza el nivel de Suecia, este efecto aumentaría a unos 0,74 puntos porcentuales por año, para ello –sostiene, que las políticas han de centrarse en la eliminación de barreras para el uso de las TIC.

En el caso de Francia, Bruno Crépon y Thomas Hackel (2002), utilizando datos sobre inversiones de TIC de las declaraciones de impuestos de 300 mil empresas, evalúan la contribución de las TIC al incremento del valor agregado en base a la acumulación de capital en TIC en todas las industrias, y a los incrementos en la productividad total de los factores (PTF) en las empresas de la industria de TIC. Estos investigadores del INSEE de Francia, encuentran que en el periodo 1987–1998, las TIC representaron

[email protected] Página 181 0,7 puntos porcentuales del incremento del valor agregado anual, explicados en 0,3 puntos por intensificación de capital y 0,4 puntos de crecimiento de la PTF en las empresas de la industria de las TIC. Todo ello equivale a más de la cuarta parte del crecimiento anual del valor agregado (2,6%). Siguiendo los estudios realizados en Norteamérica, utilizan los métodos de contabilidad del crecimiento tradicionales para evaluar el tamaño relativo de los dos tipos de contribuciones antes señalados; y concordantes con la metodología de Gordon (2000), y Oliner y Sichel (2000), hicieron distinción de los sectores productores de TIC respecto de los demás, con el fin de medir la respectiva importancia de los efectos de la utilización de la informática y los efectos relacionados con la producción de las TIC (Crépon 2002: 17).

Diversos autores han señalado a las TIC como una tecnología de propósito general158

cuyo mayor aporte ha sido en el plano de la innovación, explicando en gran medida el impulso de la PTF, pero fuera de la industria que agrupa las empresas que producen bienes en tecnologías de información y comunicación. Trabajando esta hipótesis Susanto Basu et al. (2003, 2008) encontraron evidencia a favor, en términos que el impacto de las inversiones en TIC sobre el crecimiento de la PTF se presenta pero con rezago, en tanto el crecimiento del capital invertido en TIC a fines de 1990 se correlacionó negativamente con el crecimiento de la PTF del primer lustro del siglo XXI, constatando que las empresas que tuvieron altas tasas de crecimiento de capital TIC en la década de los ochenta o inicios de los noventa, presentaron también altas tasas de crecimiento de la PTF a fines de esa década (de los 90). En un plano más general, es preciso reconocer que las tecnologías, en general o en particular como en el caso de las TIC son un bien económico más, y como tal se comportan dentro del ritmo de la economía, por tanto –como bien anotan Basu et al. “la productividad es generalmente procíclica, aumentando fuertemente en la fase temprana de una fase de expansión del ciclo económico” (Basu et al., 2003: 12). En este sentido y como tecnologías de propósito general, las TIC inclinarán la balanza hacia los sectores donde su uso sea más intensivo. En un trabajo posterior Basu y Fernald (2008) observan que después de mediados de la década de los noventa, tanto el trabajo y la productividad total de factores (PTF) se aceleraron en Estados Unidos, lo que no ocurrió en la mayoría de las otras grandes economías.

Las empresas para aprovechar la inversión en TIC con éxito, deben realizar importantes inversiones complementarias en capital humano y otros activos intangibles, como es el caso cuando se trata de cambiar sus prácticas organizacionales y, en otros tantos casos también su layout e instalaciones. En un artículo publicado por Carol Corrado y otros colaboradores (2006), presentan importantes avances al incorporar estas variables en un análisis del crecimiento a nivel

[email protected] Página 182 macro, debido a que encuentran que en las tasas de crecimiento de la producción y el aumento de la producción por trabajador, se presentan a un ritmo mucho más rápido cuando se incluyen los intangibles159. En términos más generales, los factores típicamente asociados con el crecimiento de la economía del conocimiento asumen mayor relevancia cuando se incluyen los activos intangibles. Es así como Bart Van Ark, en una presentación realizada en 2010, estima que alrededor de un cuarto del crecimiento de la productividad laboral de los Estados Unidos en el período 1995– 2006 se explicó por la contribución de los activos intangibles (Van Ark 2010).

Si bien las tecnologías han sido el motor de progreso (Nisbet 1980) de las sociedades, son los últimos siglos los que destacan por su impulso exponencial. Se acumulan muchos estudios que presentan que “más del 50% del crecimiento económico en los países avanzados se deriva de la innovación tecnológica” (Grossman 1991). Significa esto que –como lo sostiene Kim, el desarrollo industrial ha resultado del fortalecimiento de las capacidades tecnológicas a través del aprendizaje y conversión de estas mismas capacidades transformándolas en productos y procesos innovadores en una espiral ascendente de cambio tecnológico continuo (Pack y Westphal 1986; Kim 2001). La premisa que sostiene Kim es relevante desde la perspectiva desde la cual se enfrenta esta investigación –la emergente economía de Chile, pues se adscribe en su razonamiento a la teoría de K. Arrow (1962) –learning by doing– al sostener que en los “países avanzados, la capacidad tecnológica se acumula en gran parte gracias al proceso de “aprender investigando”, que amplía la frontera tecnológica. En los países en desarrollo, en cambio, la capacidad tecnológica se crea principalmente mediante el proceso de imitación que supone el “aprender haciendo”. Algunas economías recientemente industrializadas han llevado a cabo una rápida transición del “aprender haciendo” al “aprender investigando”. La República de Corea, Taiwan y Singapur constituyen buenos ejemplos de ello” (Hobday 1995; Kim 2001: 1). Estas afirmaciones enfrentan la necesidad de hacerse cargo del desarrollo tecnológico en su real dimensión, apostando a constituir una base sólida de investigación transitando de la imitación a la innovación.