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CONSIDERACIONES SOBRE LA PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD

CULTURAS JUVENILES Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

CONSIDERACIONES SOBRE LA PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD

La escueLa es ese lugar donde se aprenden y se olvidan cosas, donde se aprueban y se desaprueban exámenes, donde se difunden algunos saberes y donde se adquieren algunas destrezas y ciertos hábitos y normas. Es ese lugar donde no solo se enseña el conocimiento Legítimo, sino también el comportamiento espe- rado (la obediencia a la autoridad y el respeto a las reglas del juego), donde se sancionan y se elogian unas u otras conductas, donde el valor del saber comienza y concluye a menudo en su utilidad para salvar (o no] con fortuna Los obstáculos académi- cos, y donde el conocimiento apenas se percibe como una eficaz herramienta de comprensión e interpretación del mundo. En últi- ma instancia, es ese lugar donde se enseñan y se aprenden esas cosas que a veces nada tienen que ver con las cosas que ocurren fuera de las aulas.

Así se refiere Carlos Lomas (2003: 17) al mundo de la escuela en un Libro en el que reúne un conjunto de textos literarios de autores más y menos clásicos que hablan de la vida en las aulas. Un mundo en el que existen y funcionan ciertas reglas de juego, rituales, sistemas de premios y castigos, y que incluye algunas de las tensiones y contradicciones que conlleva toda práctica social. Contiene el aprendizaje, la potencia del acceso al conocimiento, pero también sus límites, la memoria y el olvido, el disciplinamiento, la autonomía y la emancipación, la inmersión en la cultura y la disociación entre el mundo escuela y el "exterior". Estas referencias nos orientan respecto de la complejidad de los modos de producción de subjetividad y operan como una práctica institucional educativa.

Lomas agrega acerca de la escuela:

Es el lugar donde suceden cosas divertidas, donde unos estudian las lecciones y otros escriben en los cuadernos, donde habitan las ilusiones y también el desencanto, donde afloran las sonrisas aunque a veces también emerge el llanto, donde se sufre con el dolor del fracaso y se goza con el placer del éxito, donde se dormita cuando sobreviene el hastío de las horas en la monotonía de las aulas y donde se escriben mensajes en los pupitres a goLpe de bolígrafo o a punta de navaja (Lomas, 2003: 17].

Podríannos actualizar esas referencias y acompañarlas con algunas tonalidades del presente sin pupitres de madera tallados a punta de navaja, pero la cita guarda lo esencial en tanto se subrayan los afectos, las personas, los lugares y las sensaciones y percepciones que a lo largo del tiempo pueden quedar guardados en la memoria.

El fulgor de aquella maestra tan afectuosa, el miedo a aquel instructor tan cruel, el olor ácido del internado, el color grisáceo del húmedo asfalto del patio del colegio, el sonido continuo y estrepitoso de la algarabía sin tregua en la tregua del recreo, la angustia de los exámenes o el temor a los castigos traen consigo la nostalgia de un tiempo en que se conjugaban, como en un verbo irregular, el placer con el deber, la alegría con la tristeza, la ilusión con el desencanto y el amor con el odio.

Es probable que sea esa proximidad, nuestra propia memoria, la familiaridad que evoca, la naturalización de esa experiencia, la que hace más difícil desde el lugar de educadores pensar eso que pasa y nos pasa en la escuela. Desentrañar ese pasaje que hace a la subjetividad requiere de algunas herramientas conceptuales. Hablamos de pasaje anticipando y subrayando que la cuestión de la transmisión está en el corazón de la práctica educativa; nos referimos a lo que nos pasa aludiendo a que

estar en uno u otro lugar en las instituciones tiene sus efectos para los sujetos allí implicados.

Los fragmentos que recortamos atraviesan distintos aspectos de lo educativo que captan y expresan diversos registros en que la dimensión subjetiva se hace presente quizá con más nitidez. Evocar el pasado escoLar nos trasporta a las vicisitudes del vínculo con los maestros y profesores, el acontecer diario del aula, la riqueza y complejidad de las relaciones entre los alumno/as.

Pero la noción de producción de subjetividad no puede saldarse a través de definiciones definitivas; quizás en esa dificultad también resida su potencia. Cuando se niega a ser plenamente transparente, se obstina en abrir dimensiones y perspectivas que obstaculizan su aprehensión.

Introducir la cuestión del sujeto ha sido inicialmente patrimonio de la filosofía, más tarde de la psicología y los primeros desarrollos en lógica. Desarrollos y disciplinas que argumentaron y sostuvieron la existencia de un individuo racional, pensante, centrado en la conciencia sin noticias de una división que lo habite.

El hecho de que La noción de subjetividad sea muy utilizada por el amplio arco de las ciencias sociales parecería ser una buena noticia. Sabemos, sin embargo, que bajo el amparo de esta palabra comodín -distorsionada en sus sentidos y vaciada en su eficacia- es posible volver a clausurar las preguntas por el sujeto.

Muchas veces la palabra "subjetividad" se encuentra indi-ferenciada de la noción de psiquismo o simplemente utilizada para referir de modo general a lo "específicamente humano" y para señalar ciertas interferencias y dificultades en las prácticas de educar.

Desde la perspectiva psicoanalítica, teniendo en cuenta la existencia del inconsciente y los procesos de constitución del sujeto, la subjetividad no es "interioridad" en contraposición a "mundo externo", ni tampoco se reduce a aspectos exclusivamente identitarios, ni se trata de aquello que buscaba la llamada

"psicología profunda" en oposición a los fenómenos que se podrían captar en alguna superficie, ni puede remitirse al funcionamiento psíquico en su conjunto.

Por sobre todo, no es individual o colectiva; atraviesa esa disyunción y se constituye -se construye y se produce- en el dominio de los procesos históricos y diversos de producción de sujetos. Y los procesos psíquicos por los que se constituye el sujeto se despliegan en cierto dominio socio-institucional en el espacio- tiempo de la vida cotidiana, en dimensiones particulares del mundo social.

Diversos autores de nuestro medio , como Bleichmar, Galen-de y Fernández, vienen realizando sus aportes en torno a esta noción y coinciden en que la noción de subjetividad nos permite avanzar articulando aspectos psicológicos individuales entramados en las historias colectivas. Nos referimos a lo subjetivo como singularidad atravesada por las situaciones y por la época; es decir que los acontecimientos sociales, políticos y culturales configuran a los sujetos y son configurados por ellos. Las situaciones y los acontecimientos comprenden el transitar-habitar las instituciones y la participación más o menos activa de los sujetos en cada momento de su vida.

La subjetividad está atravesada por los modos históricos de representación con los cuales cada sociedad determina aquello que considera necesario para la conformación de sujetos aptos para desplegarse en su interior, enunciados ideológicos, repre- sentaciones del mundo, lógicas de la identidad.

La producción cultural, las significaciones y los sentidos que la organizan, las formas de intercambio y las relaciones sociales concretas que la sostienen son algunos de los modos de objetivar los condicionamientos mutuos entre la cultura y la subjetividad. La subjetividad es cultura singularizada, así como la cultura es subjetividad.

Una noción de subjetividad no esencialista ni estructuralista, pensada como operaciones y dispositivos (Corea y Lewkowicz,

1999), permite a su vez concebir las prácticas de producción de subjetividad como generadoras de sujetos capaces de alterar la propia subjetividad instituida y el lazo social.

Y, en ese sentido, es posible pensar el proceso de subjetivación como la apropiación e interpretación que realizan los actores sociales e individuales del mundo social, un proceso heterogéneo y diverso, particular y singular. Es decir, en el orden del sujeto y en su interacción en y con las distintas instancias institucionales y colectivas en torno a las que despliega su vida cotidiana.

La singularidad humana será entonces producto de la articulación de los universales que hacen a la constitución psíquica y los modos históricos que generan las condiciones del sujeto social. Desde esa trama, cada sujeto configura su propio itinerario libidinal e identificatorio, un itinerario que se despliega en el encuentro con otros sujetos cuyos intercambios, interrelaciones e interacciones intervienen en los condicionamientos del proceso de subjetivación.

Preguntarnos por la subjetividad consiste en interrogar los sentidos, las significaciones y los valores éticos y morales que produce una determinada cultura, las formas de apropiación por parte de los individuos y sus efectos prácticos (Galende, 1998: 75). Esto incluye los diversos modos en que los sujetos, los grupos y las comunidades pueden dar cuenta de sus experiencias subjetivas en el presente, de sus modos particulares de experimentar el pasado y de imaginar el futuro. Indagar la subjetividad es entonces indagar los modos de producción de subjetividad.

Michel Foucault (1999: 364) lo planteó en los siguientes términos: La cuestión es determinar lo que debe ser el sujeto, a qué condición está sometido, qué estatuto debe tener, qué posición debe ocupar en lo real o en lo imaginario, para devenir sujeto legítimo de tal o cual tipo de conocimiento; en resumen, se trata de determinar su modo de "subjetivación".

Se trata de La forma en que una subjetividad va configurándose en un proceso de subjetivación (un proceso de objetivación que lo subjetiva bajo ciertas modalidades!.

Agamben (2005: 93) hace referencia a que el sujeto no es algo que pueda ser alcanzado directamente como una realidad sustancial presente en aLguna parte; por el contrario, es aquello que resulta del encuentro y del cuerpo a cuerpo con los dispositivos en los cuaLes ha sido puesto en juego.

Esto implica que una política, un dispositivo, una intervención, propone, produce, una cierta subjetividad. Remarcamos "propone, produce", subrayando el carácter no absoluto ni determinista de esa operación, ya que los modos en que las comunidades, los grupos y cada sujeto se posicionan ante una determinada política, un dispositivo o una intervención específica forma parte de ella, y nos parece necesario insistir: no se trata de lo que se enuncia sino de la posición de enunciación, la posición subjetiva que se toma, que se ocupa.

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