LA PRODUCCIÓN INTELECTUAL DEL AULA EN LA ERA DIGITAL
LA DISCIPLINA ESCOLAR: ORDEN Y PROGRESO
La disciplina escolar estaba concebida como la forma a partir de la cual se lograba la posibilidad de instrucción. Foucault (2008: 159) llama "disciplina": "A estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad". La disciplina recae en la organización del espacio y en la docilidad de los cuerpos. Al operar sobre los espacios, ejerce control sobre las personas. Los grandes grupos son dispuestos en lugares específicos, separados, ordenados y organizados de una manera determinada que permita su visión y control. Las formas de organizar el espacio fabril: en puestos de trabajo, líneas de producción, los talleres y procesos secuenciales de armado, bajo la mirada de un capataz, que se asegura los tiempos de trabajo y fabricación, son si-
milares a Las formas de organización escolar. La diferenciación de espacios, el agolpamiento por edades en aulas diferentes, las filas de pupitres, Los claustros y patios interiores, la fron-taLidad de la clase y la organización de los ámbitos, combinada con la división del tiempo, encuentran similitudes entre el disciplinamiento fabril, la mayor productividad de Los cuerpos en la tarea industrial y los procesos de formación escolar. La escuela en tanto antesala de la fábrica es un espacio de formación y asimilación de pautas y normas, de incorporación de procedimientos y hábitos.
Al hacer notar que la disciplina recae sobre el cuerpo, nos muestra una operación de dominación sobre lo físico que se incorpora como hábito y se dispone a una docilidad de la voluntad.
La estructuración del espacio y el tiempo es la condición del dominio sobre la muchedumbre. Dividir las zonas, establecer las cuadrículas de circulación y los lugares de establecimiento, mensurar los tiempos, segmentar las acciones, calcular los ritmos y los procesos son acciones de dominación y control sobre los individuos. El agrupamiento, la separación, la división, el establecimiento de lugares, los sectores permitidos y negados, y las zonas de tránsito permiten establecer un mando sobre aquello que se presenta inicialmente como caótico. El ejercicio del poder hará de ese conjunto desorganizado un grupo manejable de esos individuos caóticos, objetos de la disciplina.
El orden al que se refiere esta concepción disciplinaria es un orden geométrico por su demarcación territorial y temporal. En ese sentido, "orden" es sinónimo de secuencia, de simultaneidad, de aprovechamiento del tiempo útil, de homogeneidad de acciones, de eficacia de movimientos, de alineamiento, de despersonalización, de rigor.
La disciplina escolar encuentra sus orígenes en la limitación de las posibilidades individuales, en el dominio de las acciones corporales y en el manejo de las voluntades particulares. La
concepción de un sujeto educado es aquel que responde a los cánones que se le inculcan como válidos sus acciones se deben corresponder con lo esperado, mientras que sus desvíos serán sancionados por no respetar lo establecido, lo impuesto y lo naturalizado como norma (o normal). Los desvíos son considerados carencias, déficit de adaptación o imposibilida- des personales de adecuación a un medio; su tratamiento es el castigo, el aislamiento del conjunto o la expulsión. La sanción recae sobre el sujeto desviado; la materialización del castigo en el ámbito escolar fue variando aL pasar de formas físicas (castigos corporales, penitencias, "plantones", aislamiento, separación, retención horaria) a morales o psicológicas (mal- trato verbal, descalificación, humillación, hostigamiento, segregación).
Recurriremos a la literatura para ¡lustrar lo que estamos describiendo. En un párrafo de su novela Ciencias morales, Martín Kohan describe cómo eran tratados los alumnos de un colegio universitario en Buenos Aires en los años de la última dictadura militar.2
El señor prefecto ha decidido una inspección. Conviene hacerla sin dar un aviso previo por supuesto, con cierta periodicidad, porque las costumbres, no importa el empeño que se ponga en fundar y reafirmar valores, tienden a relajase. Son dos las prioridades de esta requisa sorpresiva: el pelo y las medias. Cada preceptor sabe muy bien lo que el reglamento establece a propósito de estas dos cuestiones. Pero una cosa es conocer lo que el reglamento dice y otra muy distinta es supervisar que su cumplimiento se verifique con el suficiente rigor. El pelo, las mujeres deben llevarlo recogido, ya sea en trenzas o en colas, ajustado con hebillas y sujeto con una vincha de color azul. El flequillo no está permitido (no se dice
2 Nos referimos al Colegio Nacional de Buenos Aires, dependiente de la Universidad de Buenos Aires,
durante el llamado "Proceso de Reorganización Nacional", la más violenta dictadura militar vivida en Argentina, entre los años 1976 y 1983.
expresamente pero se supone que una frente despejada es signo de inteligencia). Los varones deben Llevar el pelo corto: corto significa por encima de las orejas y dejando en La nuca un espacio libre que equivale a dos dedos de una mano de tamaño normal. Las medias deben ser en todos Los casos de nylon y de color azul. Es sencillo examinar que las chicas acaten esta disposición, porque usan jumper y las medias que llevan quedan perfectamente a la vista.
En el caso de los varones la constatación se complica, toda vez que los pantalones grises y pesados caen hasta apoyarse en los zapatos negros tipo mocasín. Para permitir el control de sus medias los varones tienen que adelantar una pierna, luego la otra, alzando un poco la botamanga de su pantalón. Este gesto involucra cierta delicadeza que a los varones, evidentemente, no les sienta. María Teresa recorre la fila de los alumnos formados en el claustro: ya tomaron distancia y están en posición de firmes. Las medias de las chicas se ajustan a las reglas, todas sin excepción. Son azules, son de nylon, las llevan levantadas. Luego hay que pasar a los varones. María Teresa tiene que inclinarse un poco más para ver bien, y precaverse: como saben que sus medias no quedan tan fácilmente a la vista son más propensos a estar en infracción. Aquí, por ejemplo, Calcagno. Sus medias son azules, sí, que es lo que corresponde, pero no de nylon sino de toalla, son medias tipo tenis, de una marca que se ilustra con el dibujo de la silueta de un pingüino en pose. María Teresa reconviene a Calcagno pero no lo sanciona, toma nota de su caso en la planilla y le advierte que al día siguiente se va a fijar en que sus medias sean las indicadas. Calcagno promete corregirse y la inspección continúa (Kohan, 2007: 65).
La inspección que acabamos de Leer da cuenta de una marcada intención de encontrar la diferencia y sancionarla, controlar significa estar atento, alerta, respecto de los detalles. El pelo o las medias, se constituyen en objetos de persecución, son la particularidad por la que serán examinados y evaluados los alumnos. La mirada, la observación, la vigilancia de los deta-
Lles. El clima descrito pone en aviso que quien ejerce ese poder sospecha del otro, lo considera posible infractor; su tarea desde el cargo de autoridad será velar por el respeto de las normas, aquellas que suelen "relajarse", aquellas que no siempre se siguen y hay que corregir (este vocablo atraviesa mucho la vida escolar desde lo académico y lo disciplinar; "corregir" es hacer que el otro haga lo que "debe hacer" según un modelo establecido. "Corregir" es llevar lo realizado al plano de lo correcto, lo adecuado, lo válido, lo esperado].
Ritos, rituaLes y prácticas que se ejercen doblegando las vo- luntades personales, ejerciendo una represión que anula la po- sibilidad de expresión, generando temor y obediencia.
Vemos cómo se compone una verdadera gramática del control que recae en la vestimenta y el cuerpo, técnicas de exploración y registro, miradas sobre los alumnos con la imposición de una uniformidad externa (uso del uniforme] que pretende configurar una homogeneidad interior [costumbres y valores). La irrupción, la sorpresa en la investigación, en la indagatoria, como modo de operar de una autoridad que sospecha y que se inmiscuye en zonas de privacidad de modo intrusivo.
La época a la que pertenece este episodio, descrito literaria- mente, está vinculada a la supresión de derechos y garantías personales en un clima de violenta represión. Haciendo la sal- vedad, no menor, de este contexto, el disciplinamiento escolar encontraba una fuerte inspiración en el orden marcial, pero su aplicación fue posible porque las bases que generaron la disciplina escolartambién concebían un sujeto privado de derechos, el sujeto de la tutela estatal. La Ley 26.0613 establece que los niños y
jóvenes son sujetos de derecho y no objetos de tutela. Se establecen sus derechos (a la vida, la dignidad y la integridad personal, la vida privada e intimidad familiar, la identidad,
3 La Ley 26.061 establece los derechos de la infancia, promulgada a partir de la Convención sobre
la documentación, La salud, la educación, La no discriminación por embarazo, paternidad o maternidad, la Libertad, el deporte y juego recreativo, el medio ambiente, la libre asociación a opinar y ser oído), y Los aduLtos debemos constituirnos en los garantes de su apLicación. Estos derechos también generan responsabilidades para cada joven, Los compromete a ser responsables por sí y comprometidos con los otros. Las instituciones del Estado, la comunidad y la sociedad civil en general deben garantizar sus derechos; los derechos de los niños son las obligaciones de los adultos. El rol del adulto es el cuidado y la protección de los más jóvenes, transmitiéndoles los valores de nuestra cultura.
Las figuras de autoridad que la escuela supo crear estaban asociadas a un manejo indiscriminado deL poder, el peso de un mando que hacía valer su voluntad en forma de imposición. La construcción de la idea de autoridad giró en torno a figuras rígidas, con capacidad de dominio sobre los demás, ejerciendo el poder a través del temor o la amenaza de la sanción. Figuras que demandaban obediencia, acatamiento, y que generaban sujetos sumisos y dependientes.
Los arquetipos de las figuras de autoridad escolar están relacionados con la dureza, el rigor, la firmeza y la determinación. Naturalizándose una única manera de ejercer la autoridad.
Creemos que tanto la regulación de la vida escolar como las características de las figuras de autoridad que gobiernan las escuelas han ¡do modificándose, adaptándose a nuevas situa- ciones, nuevos escenarios y diferentes sujetos. Sin embargo, también creemos que estas modalidades descritas que dieron origen al disciplinamiento y la regulación del espacio escolar no están del todo superadas. En más de una oportunidad las re- presentaciones de lo que debe ser la vida escolar y el ejercicio de la autoridad se asientan en modos arcaicos de manejo del poder. Consideramos que para poder establecer nuevas formas de regulación de la vida escolar es necesario ahondar en las re-
presentaciones que se tienen sobre los jóvenes, sobre sus derechos, sobre la caracterización de la autoridad y sobre el modo de regular la vida en común.
Al profundizar sobre estas imágenes, sobre estas concepciones, advertimos que la vida y el ejercicio democrático en nuestro país son recientes e inestables, y que hay huellas de autoritarismo y de concepciones autoritarias que aún perduran. Si bien los marcos legales y las disposiciones generales que hoy se establecen como políticas públicas para la vida escolar tienen su referente en políticas de ampliación de derechos, inclusión y participación juvenil, la implementación real de esos sistemas requiere de una revisión de las concepciones que durante décadas gobernaron y formaron parte de la coti-dianeidad de las aulas, y fueron naturalizadas como prácticas de regulación escolar. No son nociones unívocas, sino trazos que reúnen vivencias personales y conceptualizaciones, que aún en tensión tratan de incorporar los nuevos modelos y formas de tratamiento de lo escolar, conviviendo con visiones y representaciones pasadas. Son pluralidades de sentidos que no tienen un anclaje común y que generan desconcierto o in- certidumbre para los actores (Frigerio, 2001). Desarticular formas y mecanismos de funcionamiento institucional muy arraigados en prácticas autoritarias o individualistas es una tarea compleja de desmontaje de una maquinaria que opera desde hace tiempo reproduciéndose a sí misma. Sabemos de la dificultad de la incorporación de la novedad en las instituciones, conocemos los mecanismos de repliegue y resistencia como formas de perpetuación institucional. Pero a la vez sabemos que la tarea de educar, la difícil misión de trabajar con otros, de transmitir a otros, de ¡nteractuar con los demás en espacios de formación, requiere de la permanente reflexión acerca de nuestros lugares, nuestras posiciones y nuestros mandatos. Formas necesarias de hacer circular, en palabras, las construcciones personales sobre la significación de la tarea,
los modos de establecer vínculos y la concepción que cada uno tiene de los jóvenes y del entorno escolar.