empleo en los años noventa
En Equidad y transformación productiva: Un enfoque integrado, y más recientemente en Equidad, desarrollo y ciudadanía, la CEPAL señala que la creación de empleo productivo constituye en sí misma una meta y una condición necesaria para crecer con equidad. Esta propuesta reconoce que el empleo es el principal vínculo entre el desarrollo económico y el desarrollo social, por cuanto la fuerza de trabajo es el factor de producción básico y su empleo, la principal fuente de ingreso de los individuos y, por tanto, de los hogares. Parte importante de la desigualdad social, que se plasma en la desigual distribución del ingreso, se transmite a través de la organización y funcionamiento del mercado de trabajo, que fija las remuneraciones e ingresos que perciben las personas, ya sean asalariadas o independientes (véase el capítulo IV).
En atención a lo anterior, la CEPAL postula un enfoque integrado que asigna al Estado un papel central en el ámbito del empleo, no meramente en la creación de empleos de emergencia en situaciones de crisis, sino mediante acciones en los ámbitos del ahorro, de la inversión en recursos humanos, del aprovechamiento de las inversiones en ese ámbito, de la utilización de la fuerza de trabajo, de la ampliación de los mercados y del desarrollo tecnológico, vale decir, a través de iniciativas que vinculen la política económica con la de empleo.
De este enfoque se desprende que las repercusiones en el mercado de trabajo y el empleo dependen de la interacción entre la macro, la meso y la microeconomía. En este contexto, un crecimiento económico elevado y estable es, por tanto, decisivo para aumentar el nivel y la calidad del empleo. Sin embargo, ello no resulta suficiente por cuanto se requiere prestar atención a los requerimientos de orden micro y mesoeconómico, con el propósito de generar procesos de inversión y de mejoramiento tecnológico, que permitan incorporar al empleo productivo a los segmentos rezagados, elevando la productividad y los ingresos de los grupos más pobres.
La CEPAL ha estimado que el logro de avances simultáneos y perdurables en empleo, incorporación tecnológica y equidad requiere tasas de crecimiento económico del orden de 6% anual, y que sean sostenidas, por cuanto la variabilidad excesiva en el nivel de actividad económica desalienta la inversión y el empleo, particularmente en contextos de creciente flexibilización.
El crecimiento promedio de los años noventa fue, por tanto, insuficiente para mejorar el empleo y los salarios, no obstante que en el período previo a la crisis asiática la tasa promedio de crecimiento para el conjunto de los países de la región fue más elevada que en la década de 1980. Sin embargo, su nivel (3.3%) fue muy inferior a la meta de 6% antes señalada (véase el cuadro II.1).
Más aún, la caída del ritmo de crecimiento en el bienio 1998-1999 (2.2%) significó que la década se cerrara con una tasa promedio para el conjunto de los países de América Latina y el Caribe de 3.1%, sólo la mitad de la establecida por aquella meta cepalina.
A ello se agrega que la región registró años de crecimiento elevado en algunos países, seguidos por otros de menor dinamismo y con episodios de contracción económica, de modo que la década se caracterizó también por una alta inestabilidad del crecimiento, incluso en el período pre- crisis.22
La inestabilidad del crecimiento se unió a su bajo nivel y acentuó los efectos adversos sobre el empleo, ya que la generación de puestos de trabajo no necesariamente responde en forma lineal a los cambios en el ritmo de expansión de las economías. Las unidades productivas requieren ajustarse a las sucesivas fases de contracción de la actividad, que van acompañadas de cambios en la composición de la demanda agregada. Como consecuencia del ajuste que realizan las empresas, mediante cambios en sus precios relativos o en el nivel de actividad, se producen asimetrías en la velocidad de creación y destrucción de puestos de trabajo. Los sectores perjudicados reaccionan rápidamente a la caída en su demanda con disminuciones en la producción y en el empleo, mientras que las actividades favorecidas elevan la producción y el empleo con mayor lentitud y en respuesta a la maduración de sus inversiones.
En síntesis, no obstante que la región consiguió recuperar niveles moderados de crecimiento hasta mediados de 1998, la crisis asiática provocó una merma del empleo en numerosos países, por lo que la década se cerró con un desempeño laboral poco auspicioso. El desempleo abierto en las zonas urbanas no sólo no disminuyó hasta 1997, sino que continuó creciendo hasta finales de la década (de 8.2% en 1990 a 10.8% en 199923). El empleo en los sectores de baja productividad se expandió más rápidamente que el generado en el sector formal, estimándose que 7 de cada 10 nuevos puestos de trabajo fueron informales. Asimismo, en la mayoría de los casos los salarios se expandieron más lentamente que el producto medio por ocupado, al tiempo que aumentaron las disparidades entre los ingresos de los ocupados en el sector formal e informal.
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En efecto, entre 1991 y 1997 el coeficiente de variación promedio de las tasas de crecimiento del PIB en la región fue superior a 1.0, y creció en cerca de 20% al considerar el conjunto de la década. Esto significa que, en promedio, las variaciones de las tasas de crecimiento fueron superiores al nivel alcanzado por éstas.
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Estas cifras se refieren al promedio simple de las tasas de desempleo de cada país. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el promedio ponderado por la población económicamente activa de cada uno de ellos indica que el desempleo aumentó de 5.7% en 1990 a 9.0% en 1999 (OIT, 1999).
Cuadro II.1
DINAMISMO ECONÓMICO EN LOS AÑOS NOVENTA
Tasa media anual de variación del producto interno bruto a precios de mercado a
Variabilidad del crecimiento (Coeficientes de variación c) Países b 1991-1997 1998-1999 1991-1999 1991-1997 1991-1999 Igual o superior a 5% anual Guyana 8.6 0.3 6.7 0.57 0.83 Chile 7.6 0.8 6.1 0.23 0.55 Argentina 6.1 0.3 4.8 0.87 0.97 Perú 5.8 1.5 4.8 0.79 0.92 Panamá 5.0 3.6 4.7 0.51 0.50 Entre 4% y 5% anual
Saint Kitts y Nevis 4.7 1.7d 4.3 0.35 0.42
República Dominicana 4.5 6.5 5.0 0.50 0.44 Bolivia 4.2 2.8 3.9 0.26 0.36 Guatemala 4.2 4.3 4.2 0.15 0.16 Entre 3% y 4% anual Colombia 3.9 -2.3 2.5 0.39 1.27 Uruguay 3.9 1.0 3.2 0.72 0.98 Belice 3.8 1.3d 3.5 0.62 0.68 Honduras 3.7 1.0 3.1 0.72 0.95 Venezuela 3.6 -3.6 2.0 1.31 2.67 Costa Rica 3.5 6.5 4.2 0.67 0.59 Ecuador 3.4 -3.1 1.9 0.29 1.76 Brasil 3.2 0.2 2.5 0.64 0.87 Entre 1% y 3% anual Antigua y Barbuda e 3.0 ... ... 1.21 ...
San Vicente y las Granadinas 3.0 5.5d 3.3 1.08 0.95 México 2.9 4.1 3.1 1.38 1.13 Paraguay 2.7 -0.3 2.1 0.41 0.78 Nicaragua 2.7 5.1 3.2 0.88 0.73 Granada 2.6 5.0d 2.9 0.71 0.65 Dominica 2.5 3.5d 2.6 0.12 0.16 Trinidad y Tabago 2.4 5.1 3.0 0.94 0.81 Suriname 1.8 ... ... 4.85 ... Santa Lucía 1.7 2.9 2.0 1.60 1.27 Inferior a 1% anual Barbados 0.8 3.7 1.5 4.23 2.32 Jamaica 0.8 -0.9 0.4 1.83 3.47 Haití -2.1 2.7 -1.1 2.90 5.53f Cuba -3.4 3.7 -1.8 2.40 4.37f Promedios simples (todos los países)
3.3 2.2 3.1 1.08 1.25 Promedios ponderados 3.7 1.0 3.1 Promedios simples de 19 países g 3.9 1.8 3.4 0.74 1.14 Promedios ponderados 3.8 1.0 3.2
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
a Corresponde al promedio simple de las tasas de variación anual. b Los países están ordenados según su tasa promedio
de crecimiento en el período 1991-1997. c Corresponde al coeficiente de variación de las tasas anuales de crecimiento del PIB. d Corresponde a la variación 1997-1998. En la tercera columna, corresponde al promedio 1991-1998. e Basado en el PIB a costo de factores. f En Cuba y Haití el coeficiente de variación es negativo. g Excluye Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Cuba, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Suriname, y Trinidad y Tabago.