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Evidencias de la transmisión intergeneracional de la educación

educación

a)

Heredabilidad del capital educativo

La heredabilidad del capital educacional es la condición sobre la cual descansa la transmisión de las oportunidades de bienestar en sociedades en las que el acervo educacional es, además del patrimonio —que se concentra en los estratos de altos ingresos—, el principal activo de la población. Ella se expresa en que la cantidad y calidad de la educación que logran acumular los jóvenes depende en medida importante de factores que no pueden modificar: el capital educacional de los padres y los recursos económicos del hogar de origen. En lo que sigue, se proporcionan antecedentes acerca de la transmisión de la educación entre generaciones.

Pese a la expansión de la educación registrada en la región, en las últimas décadas se han mantenido las desigualdades educacionales entre los jóvenes de diferentes estratos sociales.

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En la región la tasa promedio de participación económica de las mujeres se acerca al 50%; pero bordea el 34% cuando tienen menos de 4 años de estudio; supera levemente el 40% cuando logran entre 4 y 9 años de estudio; y asciende al 70% cuando superan los 12 años de educación (CEPAL, 1999a).

Actualmente, sólo alrededor del 20% de los jóvenes cuyos padres no completaron la educación primaria logran terminar el ciclo secundario; en cambio, ese porcentaje supera el 60% entre los hijos de padres con al menos 10 años de estudio. A comienzos de los años ochenta, esas proporciones, aunque menores, presentaban diferencias similares (véase el cuadro IV.5 y el gráfico IV.1).

Cuadro IV.5

PORCENTAJE DE HIJOS DE 20 A 24 AÑOS DE EDAD QUE LOGRAN AL MENOS 9 Ó 12 AÑOS DE ESTUDIO, SEGÚN NIVEL EDUCACIONAL DE SUS PADRES, AMÉRICA LATINA

Años de estudio Período Total Nivel educacional de los padres a

de los hijos 0-5 6-9 10-12 13 y más

Áreas urbanas

Al menos 9 años A comienzos de los

años ochenta 62 46 64 91 96

A mediados de los años

noventa 67 48 76 92 97

Al menos 12 años A comienzos de los

años ochenta 34 17 37 60 79

Áreas rurales

Al menos 9 años A comienzos de los

años ochenta 22 18 57 92

A mediados de los años

noventa 30 23 58 91

Fuente: CEPAL, sobre la base del cuadro IV.2.1 del Panorama social de América Latina, 1997 (LC/G.1982-P),

capítulo IV, Santiago de Chile, 1998. Publicación de las Naciones Unidas, Nº de venta: S.98.II.G.3.

a Promedio de años de estudio del jefe de hogar y su cónyuge.

Lo anterior significa que el capital educacional sigue dependiendo de factores adscriptivos: la probabilidad de recibir un mínimo adecuado de educación está fuertemente condicionada por la educación de los padres y la capacidad económica del hogar, que a su vez depende de la primera. Por ello las oportunidades de bienestar de los jóvenes de la generación actual dependen en gran medida de las desigualdades en la distribución de la educación que prevalecía en la generación anterior. Esto se traduce en un alto grado de rigidez de la estructura social, por cuanto el escaso nivel educacional alcanzado por muchos bloquea su principal, y la mayoría de las veces único, canal de movilidad.

Gráfico IV.1

JÓVENES DE 20 A 24 AÑOS DE EDAD QUE COMPLETARON AL MENOS 9 Y 12 AÑOS DE ESTUDIO, SEGÚN NIVEL EDUCACIONAL DE SUS PADRES, AMÉRICA LATINA, ZONAS URBANAS, 1980-1995

Fuente: CEPAL, sobre la base del cuadro IV.2.1 del Panorama social de América Latina, 1997 (LC/G.1982-P),

capitulo IV, Santiago de Chile, 1998. Publicación de las Naciones Unidas, Nº de venta: S.98.II.G.3.

La transmisión de las desigualdades educacionales de padres a hijos cobra especial relevancia cuando se centra en las posibilidades de terminar el ciclo secundario. Éste constituye el capital educacional que otorga una alta probabilidad de situarse fuera de la pobreza.37 En todos los países de la región siguen existiendo diferencias muy acusadas en la proporción de jóvenes urbanos que cursan al menos 12 años de estudio, de acuerdo con el nivel de educación de sus padres. En las zonas rurales también se registra una elevada desigualdad de capital educativo asociada al clima educacional del hogar de origen (promedio de años de estudio de los padres): sólo un 23% de los jóvenes cuyos padres no completaron la educación primaria completan un mínimo de 9 años de estudio; ese porcentaje se eleva al 90% entre los hijos de padres que completaron al menos 10 años de educación. Al igual que en las zonas urbanas, en las rurales se mantuvo la distancia en el porcentaje de jóvenes que logran completar nueve años de estudio. Estas cifras corresponden a un

37 El análisis del ingreso laboral de quienes se incorporan al mercado de trabajo indica que actualmente completar el ciclo secundario y cursar como mínimo 12 años de estudios es elemental para tener acceso al bienestar. Alcanzar ese umbral educativo se traduce en la posibilidad de obtener ingresos que permiten situarse fuera de la condición de pobreza durante la vida activa con una probabilidad superior al 80%. La relación entre educación e ingresos laborales muestra que los años adicionales de estudios no tienen el mismo rendimiento en términos de ingresos cuando se sitúan por debajo o por encima de dicho umbral. Uno, dos o tres años más de estudios, cuando se ingresa al mercado de trabajo sin haber completado el ciclo secundario, no influyen en gran medida en la remuneración obtenida y, en la mayoría de los casos, se traducen en un ingreso muy bajo y escasas posibilidades de situarse fuera de la pobreza. En cambio, el ingreso aumenta aceleradamente cuando los años adicionales de estudio cursados se suman a dicho umbral (CEPAL, 1994a).

0 a 5 6 a 9 1 0 a 12 1 3 y m ás 0 2 0 4 0 6 0 8 0 1 00 A l m e n o s 9 a ñ o s A l m e n o s 1 2 a ñ o s Porcentaje de jóvenes de 20 a 24 años que completan al menos 9 ó 12 años de estudio

Promedio de años de estudio de los padres

Comienzo de los años 80 Mediados de los años 90

A l m e n o s 9 a ñ o s ( z o n a r u r a l)

promedio de 11 países cuya población representa alrededor del 80% de la población total de América Latina (CEPAL, 1998a).

Tres aspectos merecen destacarse por sus implicaciones para las políticas educacionales. En primer lugar, el clima educacional del hogar es aún más determinante del nivel de educación de los hijos que el ingreso familiar,38 lo que no deja lugar a dudas sobre cómo se reproducen las oportunidades y desventajas entre generaciones.

En segundo lugar, la desigualdad de oportunidades educacionales se manifiesta mucho antes de que los jóvenes hayan podido cursar el número de años de estudio que hoy se requiere para incorporarse adecuadamente al mercado laboral. En efecto, también persisten diferencias importantes, aunque no tan acusadas, en cuanto al porcentaje de jóvenes que sólo alcanzan a completar el ciclo primario de acuerdo a la educación de los padres. A mediados de los años noventa, dos de cada tres jóvenes habían cursado menos de nueve años de estudio y la mayor parte de ellos provenían de hogares en que los padres tampoco habían superado ese nivel educacional. La mayoría de los jóvenes que sólo consiguen ese nivel educacional obtendrán bajos ingresos y, en muchos casos, reproducirán la condición de pobreza del hogar paterno.

En tercer lugar, las diferencias en el número de años de estudio no son la única fuente de desigualdad. La calidad de la educación que reciben los jóvenes de distintos estratos sociales es cada vez más determinante de la desigualdad de oportunidades. Al respecto, las mediciones de nivel de aprendizaje revelan importantes diferencias entre las escuelas públicas y las privadas. Así, por ejemplo, mientras que el promedio de los estudiantes apenas alcanza el 50% de lo esperado en el currículum oficial, los matriculados en escuelas privadas logran cerca del 100%.39 A ello se agrega que existe una estrecha correlación entre ambas dimensiones del capital educacional (cantidad y calidad): quienes reciben una educación de mejor calidad cursan normalmente más años de estudio, lo que refuerza las desigualdades que derivan del carácter hereditario del acervo educacional.

b)

Devaluación de la educación

La persistencia de una alta concentración del capital educacional no sólo responde al carácter hereditario del mismo, sino también a la alta proporción de jóvenes que, en la generación actual, no logran simultáneamente superar el nivel de educación de sus padres, considerando la devaluación de la misma, ni alcanzar el nivel educacional mínimo para obtener un ingreso laboral suficiente. Con ello se tiende a reproducir la distribución desigual de la educación y de las oportunidades en la siguiente generación.

Conjuntamente con el aumento de la cobertura y del nivel educacional promedio en la sociedad, se produce una devaluación de la educación por cuanto se necesitan más años de estudio para lograr una misma inserción ocupacional y un ingreso equivalente. Por ello, existe superación educativa intergeneracional si la educación alcanzada por los jóvenes en la generación presente es mayor que la de sus padres, descontada dicha devaluación. Pero cuanto menor es la educación de los padres, mayor es el número de años adicionales de educación que requieren los hijos para lograr ingresos más elevados que sus progenitores. En otras palabras, la devaluación es mayor para

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Estos son los factores más determinantes, pero no los únicos. Hay evidencia empírica acerca de la influencia que también ejercen otros factores, como la infraestructura física de las viviendas y la organización familiar, en las posibilidades de acumulación de capital educacional y que se manifiestan en tasas de deserción y de rezago escolar más elevadas en los hogares con mayores carencias (CEPAL, 1994a).

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El análisis de las respuestas en lectoescritura revela que dos de cada cinco alumnos de cuarto o quinto grados no entienden lo que leen y que ellos son los que pertenecen a las familias de niveles socioeconómicos bajos, lo que indica que hay serios problemas de equidad en la calidad de la educación en la región (UNESCO, 1996).

quienes parten de una situación de desventaja, lo que constituye un escollo adicional para la movilidad entre generaciones.40

Los condicionantes intergeneracionales que configuran este cuadro de limitaciones al bienestar, quedan de manifiesto cuando se comprueba que, junto a la notable ampliación de la cobertura de la educación, persiste una escasa proporción de jóvenes que superan el nivel educacional de sus padres, considerada la devaluación. Esta última se ha visto acrecentada precisamente por el aumento del nivel medio de educación en los países. En efecto, actualmente los jóvenes tienen en promedio tres años más de estudio que sus padres, cifra que se elevó de 6.5 a 10 años en las áreas urbanas y de 3 a 6.5 en las rurales entre comienzos de los años ochenta y mediados de los noventa. Sin embargo, considerada la devaluación, sólo el 47% de los jóvenes urbanos y el 28% de los rurales lograron superar la educación de sus padres. Además, no todos consiguieron el capital educativo básico de 12 y 9 años de educación en las zonas urbanas y rurales respectivamente, y sólo lo lograron un 30% y un 12% del total de jóvenes de 20 a 24 años de edad (véase el cuadro IV.6).