—The Hevajra Tantra, traducción al inglés de Elizabeth M. Callahan
Buda enseñó que el cuerpo es el soporte físico de la mente. La relación entre los dos es como la relación que hay entre un vaso y el agua que contiene. Si ponemos un vaso en el borde de una mesa o sobre algo que no sea plano, el agua se desplazará o posiblemente se regará, pero si ponemos el agua sobre una superficie plana o estable, el agua que contiene se mantendrá quieta.
De modo parecido, la mejor forma de dejar que la mente des- canse es crear una postura física estable. Buda, en su sabiduría, dejó instrucciones para alinear el cuerpo de una manera equilibrada que permite que la mente se mantenga relajada y alerta simultáneamente. Este alineamiento físico se ha conocido a través de los tiempos como la postura de siete puntos de Vairochana, un aspecto de Buda que re- presenta la forma iluminada.
El primer punto de la postura es crear una base estable para el cuerpo, es decir, si es posible, cruzar las piernas de tal manera que cada pie descanse sobre el muslo opuesto. Si no podemos hacerlo,
simplemente ponemos un pie sobre el muslo opuesto y dejamos descansar el otro pie debajo del otro muslo. Si no nos sentimos cómodos en ninguna de las dos posiciones, sencillamente cruzamos las piernas. Incluso podemos sentarnos en una silla, con los pies reposando sobre el piso. La idea es crear una base física que sea cómoda y estable a la vez. Si el dolor en las piernas es demasiado agudo, no podremos descansar la mente porque estaremos preocupados por el dolor. Por esta razón, en este primer punto podemos escoger entre varias opciones.
El segundo punto es poner las manos sobre el regazo, justo abajo del ombligo, y dejar que el dorso de una descanse sobre la palma de la otra. No importa qué mano pongamos sobre la otra; de hecho, podemos cambiarlas de posición durante la práctica si, por ejemplo, la palma sobre la cual reposa el dorso de la otra se acalora después de un rato. Asimismo, está bien poner las manos, palmas abajo, sobre las rodillas.
El tercer punto es dejar un pequeño espacio entre la parte su- perior de los brazos y el torso. Los textos budistas clásicos hablan de “mantener los brazos en la postura de un buitre”, lo cual puede mal- interpretarse por extender los omoplatos como si fuéramos algún tipo de ave de rapiña.
De hecho, un día en que estaba enseñando en París y andaba caminando por un parque, vi un hombre que, sentado en el suelo en la posición de loto, agitaba repetidamente los hombros hacia adelante y hacia atrás. Al pasar frente a él se percató de que yo era monje (el há- bito rojo lo delata a uno fácilmente), y me preguntó si yo meditaba.
“Sí”, le contesté.
“¿Tiene algún problema cuando medita?”. “Realmente no”, le contesté.
Nos sonreímos por un momento —era un lindo día de sol en París, al fin y al cabo— y después dijo:
“Me gusta mucho la meditación, pero hay una instrucción que realmente me saca de quicio”.
Naturalmente le pregunté que de qué se trataba.
“Es la posición de los brazos”, me dijo con un poco de vergüenza.
“¿De verdad? ¿Dónde aprendió a meditar?”, le pregunté. “Seguí las instrucciones de un libro”, contestó.
Le pregunté qué decía el libro sobre la posición de los brazos. “Decía que uno debía sostener los brazos como si fueran las alas de un buitre”, contestó, y comenzó a agitar los hombros hacia delante y hacia atrás, como lo estaba haciendo cuando nos encontramos. Lo observé por unos segundos y después le pedí que se detuviera.
“Permítame explicarle algo”, le dije. “El verdadero objeto de esa instrucción es mantener un poco de espacio entre los brazos y el torso, lo suficiente para asegurar que su pecho esté abierto y relajado y le permita respirar bien y libremente. Los buitres, cuando están en po- sición de descanso, siempre tienen un poco de espacio entre las alas y el cuerpo. Ese es el significado de la instrucción. No hay necesidad de batir los brazos. Después de todo, usted sólo está tratando de meditar, no de volar”.
La esencia de este aspecto de la postura física es encontrar un equilibrio entre los hombros de tal manera que uno no esté más abajo que el otro, y al mismo tiempo mantener abierto el pecho para “dejarse respirar”. Algunas personas tienen brazos o torsos muy grandes, espe- cialmente si han pasado mucho tiempo ejercitándose en un gimnasio. Si usted es una de estas personas, no se esfuerce por mantener artificial- mente un espacio entre los brazos y el pecho. Simplemente deje que los brazos descansen de manera natural, sin constreñirle el pecho.
El cuarto punto de la postura física es mantener la columna lo más recta posible —según los textos clásicos, “como una flecha”. Más en este caso también es importante encontrar un equilibrio. Si trata de sentarse con la columna demasiado recta, terminará inclinándose hacia atrás y todo el cuerpo temblará con la tensión. He observado esto muchas veces en estudiantes que se preocupan en demasía por tener la columna absolutamente recta. Por otra parte, si simplemente se en- corva, casi con seguridad terminará comprimiendo los pulmones, con lo cual se le hará más difícil respirar y se le aplastarán algunos órganos, todo lo cual puede ser una fuente de incomodidad física.
El quinto punto tiene que ver con dejar que el peso de la cabeza descanse sobre la nuca, para no comprimir la tráquea o para no echar- se tanto hacia atrás que las vértebras cervicales (los siete huesillos en la parte superior de la columna vertebral, la cual es de vital importancia en la transmisión de los signos neuronales desde las partes bajas del cuerpo hasta el cerebro) se compriman. Cuando encuentre la posición que le siente bien, probablemente se dará cuenta de que tiene el mentón más inclinado hacia la garganta de lo normal. Si alguna vez se ha sentado frente a un computador durante horas y horas, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, inmediatamente entenderá lo mucho mejor que se sentirá al hacer este sencillo ajuste.
El sexto punto tiene que ver con la boca, que debe descansar naturalmente de tal manera que los dientes y los labios estén ligeramente separados. Si es posible, deje que la punta de la lengua toque suavemente el paladar, justo detrás de los dientes. No la fuerce a tocarlo; sólo déjela descansar suavemente allí. Si su lengua no alcanza a tocar el paladar sin hacer un esfuerzo, no se preocupe. Lo más importante es dejar que la lengua descanse de manera natural.
El último punto de la postura de meditación se relaciona con los ojos. La mayoría de quienes se inician en la meditación se sienten más cómodos con los ojos cerrados. Sienten que así pueden dejar que la mente descanse y experimentar una sensación de paz y tranquilidad. Esto está bien al comienzo. Sin embargo, una de las cosas que aprendí muy al principio es que mantener los ojos cerrados propicia el que nos aferremos a una sensación artificial de tranquilidad. Por lo tanto, después de practicar por algunos días, es mejor mantener los ojos abiertos cuando meditamos, para estar alertas, lúcidos y conscientes. Esto no quiere decir mirar penetrantemente sin parpadear, sino dejar los ojos abiertos como los tenemos normalmente durante el día.
La postura de siete puntos de Vairochana es en realidad un con- junto de guías. La meditación es una práctica personal, y cada persona es diferente. Lo importante en esta práctica es que cada uno encuentre el equilibrio adecuado entre tensión y relajación.
También hay una postura de meditación más sencilla, de dos puntos, que puede adoptarse cuando es imposible o inconveniente ponerse en la postura más formal de siete puntos. Las instrucciones son muy sencillas: simplemente mantener la columna recta y el resto del cuerpo tan suelto y relajado como sea posible. Esta postura de meditación es muy útil durante el día, mientras se llevan a cabo actividades como conducir, caminar por la calle, ir de compras, o preparar la cena.
Esta postura de dos puntos automáticamente produce una sen- sación de conciencia tranquila, y, lo mejor de ella, es que cuando la asumimos nadie siquiera se da cuenta de que estamos meditando.