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Piense en las ventajas de esta rara existencia humana.

In document La alegría. de la vida (página 120-123)

—JAMGON KÓNGTRUL,The Torch of Certainty, traducción al inglés de

Judith Hanson

Es fácil pensar que las aflicciones mentales son defectos de carácter, pero eso sería desvalorizarnos a nosotros mismos. Nuestra capacidad para sentir emociones, para distinguir entre el dolor y el placer y para experimentar “reacciones viscerales” ha desempeñado y continúa de- sempeñando una función decisiva en la lucha por la existencia; nos permite ir adaptándonos casi instantáneamente a cambios sutiles en el mundo que nos rodea y formular esas adaptaciones de manera cons- ciente para poder traerlas a la memoria e irlas pasando a las genera- ciones futuras.

Esta sensibilidad extraordinaria refuerza una de las lecciones fundamentales de Buda, cuál era la de tener en cuenta cuán preciosa es la vida humana, con todas sus libertades y oportunidades; qué difícil es conseguir esta vida, y qué fácil es perderla.

No importa si usted cree que la vida humana es un accidente cósmico, una lección kármica o la obra de un creador divino. Si hace una pausa y piensa en la gran variedad de criaturas que comparten el mundo con nosotros, en comparación con el porcentaje relativamente

pequeño de seres humanos, tiene que llegar a la conclusión de que las posibilidades de nacer como ser humano son mínimas. Y al demostrar la extraordinaria complejidad y sensibilidad del cerebro humano, la ciencia moderna nos recuerda cuán afortunados somos de haber nacido humanos y de tener la capacidad muy humana de sentir y de percibir los sentimientos de quienes nos rodean.

Desde un punto de vista budista, la naturaleza automática de las tendencias emocionales humanas representa un reto interesante. No es necesario tener un microscopio para observar los hábitos psicológicos; a la mayoría de la gente le basta con observar su última relación senti- mental. Esta vez va a ser diferente, piensan para sí. Semanas, meses o años después se toman la cabeza y piensan: No puede ser. Este es

exactamente el mismo tipo de relación que tuve antes.

O tomemos el caso de su vida profesional. Al iniciarse en un nuevo cargo usted se dice: Esta vez no voy a terminar trabajando hasta

altas horas de la noche para que después me critiquen por no trabajar suficiente. Sin embargo, tres meses después, usted se encuentra

teniendo que cancelar citas y llamando a sus amigos para decirles que no los puede acompañar a cenar porque tiene mucho trabajo.

A pesar de las mejores intenciones, usted se halla repitiendo los mismos patrones de comportamiento aunque espera que el resultado sea diferente. Muchas de las personas con quienes he trabajado a lo largo de los años me han hablado de cómo soñaban con que la semana terminara para gozar del sábado y domingo. Pero cuando los días de descanso llegaban a su fin y retornaban a sus escritorios por otra semana, volvían a soñar con el próximo fin de semana. Otras me han contado cómo han invertido gran cantidad de tiempo y esfuerzo en terminar un proyecto, pero nunca se permiten experimentar ninguna sensación de logro porque tienen que comenzar a trabajar en su próxima tarea. Aun cuando están descansando, dicen que están preocupadas por algo que pasó la semana anterior, el mes anterior o incluso el año anterior, y siguen repitiendo las escenas en su mente y tratando de entender qué hubieran podido hacer para que el resultado fuera más satisfactorio.

Afortunadamente, cuanto más nos familiaricemos con el examen de nuestra mente, más cerca estaremos de encontrar soluciones a los problemas que se nos presentan, y más fácil será darnos cuenta de que cualquier sentimiento que experimentemos —apego, aversión, estrés, ansiedad, temor o deseo— es simplemente una fabricación de nuestra mente.

La gente que ha hecho un esfuerzo sincero por explorar su ri- queza interior suele desarrollar naturalmente cierto tipo de respeto, credibilidad y fama, a pesar de sus circunstancias. Su conducta en todo tipo de situaciones inspira en los demás una profunda sensación de

respeto, admiración y confianza. Su éxito en el mundo no tiene nada que ver con ambición personal o deseo de atención, ni viene de tener un automóvil bonito, una casa hermosa o un cargo importante. Pro- viene, más bien, de un estado de bienestar tranquilo, que permite ver a las personas y las situaciones de manera más clara, y también conservar cierta felicidad fundamental a pesar de sus circunstancias personales.

De hecho, con frecuencia oímos de personas ricas, famosas o influyentes que un día se ven forzadas a reconocer que sus logros no les han traído la felicidad que esperaban. A pesar de su riqueza y su poder, nadan en un océano de dolor tan profundo que a veces el suicidio parece ser su único escape. Un dolor tan intenso resulta de creer que los objetos o las situaciones pueden crear una felicidad duradera.

Si usted verdaderamente desea hallar una sensación de paz y de satisfacción duraderas, tiene que aprender a descansar la mente, pues sólo al hacerlo pueden revelarse sus cualidades innatas. La manera más sencilla de aclarar el agua que el lodo y otros sedimentos han oscurecido es dejar que esta se aquiete. De la misma manera, si usted deja que la mente se apacigüe, la ignorancia, el apego, la aversión y todas las demás aflicciones mentales se irán aclarando, permitiendo que la compasión, la claridad y la infinita extensión de la verdadera naturaleza de su mente se revelen.

In document La alegría. de la vida (página 120-123)

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