—TOKAR RINPOCHE,Meditation: Advice to Beginners, traducción al inglés
de Christiane Buchet
CUANDO LA MENTE DESCANSA, se pueden tener experiencias maravi- llosas. A veces se requiere tiempo para que estas experiencias ocurran; otras veces ocurren la primera vez que usted se sienta a practicar. Las experiencias más comunes son dicha, claridad y la experiencia de no conceptuar.
La dicha, tal y como me la explicaron a mí, es una sensación de felicidad pura, de comodidad y de levedad tanto en la mente como en el cuerpo. A medida que esta experiencia se fortalece, parece como si todo lo que usted ve estuviera hecho de amor. Aun las experiencias de dolor físico se vuelven leves y son casi imperceptibles.
La claridad es una sensación de ser capaz de ver la naturaleza de las cosas como si toda la realidad fuera un paisaje iluminado en un día brillantemente soleado y sin nubes. Todo parece claro y todo tiene sentido. Incluso los pensamientos y las emociones inquietantes tienen su sitio en este paisaje resplandeciente.
El no conceptuar es una experiencia de total apertura de la men- te. Es un estado de consciencia directa y despejada de distinciones conceptuales como “yo” y el “otro”, sujetos y objetos, o cualquier otra forma de limitación. Es una experiencia de consciencia pura, infinita como el espacio, sin principio, centro o fin. Es como despertarse dentro de un sueño y darse cuenta de que nada de lo experimentado en el sueño está separado de la mente del soñador.
Sin embargo, con mucha frecuencia lo que oigo decir a las per- sonas que apenas se inician en la práctica de la meditación es que se sientan y no ocurre nada. A veces sienten una muy breve y ligera sensación de calma, pero en la mayoría de los casos no sienten nada
diferente de lo que sentían cuando se sentaron o después de levantarse. Esto puede ser muy decepcionante.
Más aún, hay personas que se sienten desorientadas, como si su mundo habitual de pensamientos, emociones y sensaciones se hu- biera desequilibrado ligeramente —lo cual puede ser agradable o desagradable.
Como decía anteriormente, ya sea que su experiencia sea de di- cha, de claridad o de desorientación, o que no ocurra nada, la intención
de meditar es más importante que lo que ocurre cuando medita. Puesto
que usted ya está presente con toda la totalidad de su ser, el simple esfuerzo de conectarse con ese estado le ayudará a ser consciente de él. Si sigue practicando, gradualmente podría llegar a sentir algo, una sensación de calma o de tranquilidad que es ligeramente diferente de su estado habitual. Una vez que comience a tener esta experiencia, entenderá de manera intuitiva la diferencia entre una mente distraída y la mente serena de la meditación.
Al principio, a la mayoría de nosotros nos es imposible descansar la mente en un estado de consciencia pura por mucho tiempo. Si esto le pasa a usted, no se preocupe. Simplemente siga las instrucciones que dimos anteriormente para que ese corto estado de relajación se siga repitiendo muchas veces durante cualquier sesión. Aun descansar la mente entre una inhalación y una exhalación es de gran utilidad. Hágalo una y otra y otra vez.
Las condiciones en que meditamos están siempre cambiando, y la verdadera paz está en nuestra habilidad para adaptarnos a los cambios. Imagine, por ejemplo, que usted está sentado, tratando de concentrarse en la respiración, y el vecino de arriba comienza a aspirar el piso, o empieza a ladrar en la vecindad un perro; o la espalda o las piernas comienzan a dolerle, o le pica el pie. O tal vez de repente surge inesperadamente el recuerdo de una pelea reciente. Estas cosas ocurren todo el tiempo, y por eso Buda enseñó tantos métodos distintos de meditación.
Cuando este tipo de distracciones ocurran, simplemente hágalas parte de su práctica. Hágase consciente de la distracción. Si está con- centrándose en la respiración y lo distrae el ruido de la aspiradora o el ladrido de un perro, medite sobre el sonido y concentre su atención en el ruido. Si siente dolor en la espalda o en las piernas, ponga su atención en la mente que está sintiendo el dolor. Si siente un picor, adelante, ¡rásquese! Si alguna vez tiene la oportunidad de estar en un santuario budista durante una conferencia o la recitación de un cántico, con seguridad verá monjes que se rascan o se mueven en sus cojines o tosen; pero, lo más probable, es que si se han tomado su práctica lo suficientemente en serio, lo estarán haciendo a consciencia —poniendo
su atención en el picor, en la sensación de rascarse y en el alivio que sienten cuando han terminado de hacerlo.
Si lo distraen emociones fuertes, trate de centrarse en la mente que experimenta la emoción, o de cambiar a la práctica de tonglen y utilizar lo que está sintiendo —ira, tristeza, celos, deseo— como base de la práctica.
Por el contrario, conozco a muchas personas a quienes la mente se les pone nebulosa o somnolienta cuando practican, pues el simple hecho de mantener los ojos abiertos y la atención enfocada en lo que están haciendo les exige un gran esfuerzo. La idea de darse por venci- do y dejarse caer en la cama parece muy tentadora.
Hay algunas maneras de enfrentar esta situación. Una, que no es más que una variación de estar consciente de las sensaciones físicas, es concentrar la atención en la sensación de pesadez y somnolencia. En otras palabras, usar esa pesadez en vez de que ella lo use a usted. Si no puede sentarse, simplemente póngase en posición horizontal, y mantenga la columna lo más recta posible.
Otro remedio es sencillamente levantar la mirada. No tiene que levantar la cabeza o el mentón, sólo mirar hacia arriba. Eso con frecuencia despierta la mente. Bajar la mirada, por otra parte, puede tener un efecto calmante cuando la mente está agitada.
Si ninguno de estos remedios funciona, generalmente les reco- miendo a mis estudiantes que paren y se tomen un descanso. Que caminen, hagan alguna labor doméstica, lean un libro, hagan ejercicio o trabajen en el jardín. Tratar de meditar cuando la mente y el cuerpo no están dispuestos a cooperar es un sinsentido. Si insiste a pesar de su resistencia, llegará un momento en que se frustrará con la idea de meditar y optará por lograr la felicidad mediante alguna atracción temporal. En circunstancias como esas, todos esos canales de televisión por cable tienen un atractivo especial.