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Necesitamos darnos cuenta de nuestro estado básico.

In document La alegría. de la vida (página 56-60)

—TSOKNYI RINPOCHE,Carefree Dignity, traducción al inglés de Eric

Pema Kunsang y Marcia Binder Schmidt

Según Buda, es posible tener una experiencia directa de lo que es la naturaleza básica de la mente con sólo dejar que la mente descanse simplemente como es. ¿Cómo se logra esto? Volvamos a la historia del general a quien se le encomendó trasladar el tesoro del rey de un palacio al otro en un solo día, y recuerde lo relajado y contento que se sentía una vez terminó su cometido. Cuando se sentó sobre sus cojines después del baño, su mente se hallaba completamente en reposo. Los pensamientos todavía le bullían en la mente, pero se contentaba con dejarlos surgir y desaparecer sin estar pendiente de ninguno de ellos o fomentarlos.

Posiblemente usted haya tenido una experiencia similar después de terminar un trabajo largo, fuera este un trabajo físico o el tipo de esfuerzo mental que se requiere para escribir un informe o completar algún análisis financiero. Al concluir el trabajo, su mente y su cuerpo descansan naturalmente en un estado de feliz agotamiento.

Tratemos de hacer un breve ejercicio para descansar la mente. No se trata de un ejercicio de meditación; de hecho, se trata de un ejercicio de “no meditación”—una práctica budista muy antigua que, como explicaba mi padre, disminuye la presión de pensar que hay que lograr una meta o experimentar algún tipo de estado especial. En la no

meditación, simplemente observamos lo que ocurre sin intervenir. No somos más que observadores de una especie de experimento in- trospectivo, sin responsabilidad por el resultado.

Claro que la primera vez que hice este ensayo era todavía un niño muy orientado hacia los resultados. Deseaba que algo maravilloso sucediera cada vez que me sentaba a meditar, de tal manera que me tomó tiempo aprender simplemente a descansar y observar, y olvidarme de los resultados.

Para comenzar, póngase en una posición cómoda en la cual la columna vertebral esté recta, el cuerpo relajado y los ojos abiertos. Una vez que el cuerpo esté cómodo, permita que la mente descanse por unos tres minutos. Déjela ir, como si acabara de terminar una tarea difícil y larga.

No se preocupe por nada de lo que ocurra, sea que lleguen pen- samientos o emociones, o que sienta alguna incomodidad física o per- ciba sonidos u olores a su alrededor, o que su mente se ponga en blanco. Cualquier cosa que ocurra, o deje de ocurrir, es sencillamente parte de la experiencia de dejar que su mente repose.

Ahora, simplemente descanse en la mera consciencia de todo lo que está pasando por su mente...

Simplemente descanse...

Simplemente descanse...

Después de tres minutos, pregúntese cómo le pareció la expe- riencia. No juzgue ni trate de explicarla. Sólo repase lo que sucedió y cómo se sintió. Es posible que haya experimentado brevemente la paz o la apertura, y eso está bien; o puede que haya percibido miles de diferentes pensamientos, sentimientos o sensaciones, y eso también está bien. ¿Por qué? Porque de cualquier manera, mientras haya mantenido por lo menos una mínima consciencia de lo que estaba pensando o sintiendo, habrá tenido una vislumbre directa de su mente simplemente llevando a cabo sus funciones naturales.

Así que permítame confiarle un gran secreto. Todo lo que usted experimenta cuando simplemente deja descansar su atención en cual- quier cosa que pasa en su mente en determinado momento es medita- ción. Descansar de esta manera es experimentar la mente natural.

La única diferencia entre la meditación y el proceso diario y co- mún de pensar, sentir y experimentar sensaciones es la aplicación de esta simple y escueta consciencia que ocurre cuando usted permite que la mente sencillamente repose tal como es, sin perseguir los pen- samientos o dejarse distraer por los sentimientos y las sensaciones.

Tardé mucho tiempo en reconocer cuán fácil es en realidad la meditación, principalmente porque me parecía tan corriente, tan cercana a mis hábitos diarios de percepción, que rara vez me detuve a pensar en ello. Tal como les sucede a muchas de las personas con quienes me encuentro en mis viajes, yo pensaba que la mente natural tenía que ser otra cosa, algo diferente o mejor de lo que yo ya estaba experimentando.

Como la mayoría de la gente, siempre juzgaba mi experiencia. Creía que los pensamientos de rabia, ansiedad, temor y demás, que me llegaban y se iban durante el día, eran malos o contraproducentes, ¡o por lo menos incompatibles con la paz natural! Las enseñanzas de Buda, y la lección que va unida a este ejercicio de la no meditación, es que si nos permitimos relajarnos y retroceder mentalmente, comenza- remos a darnos cuenta de que todos estos diferentes pensamientos van y vienen dentro del contexto de una mente ilimitada, que, como el espacio, permanece fundamentalmente imperturbable ante cualquier cosa que ocurra dentro de ella.

De hecho, experimentar la paz natural es más fácil que beber agua. Para beber hay que hacer un esfuerzo: es preciso tomar el vaso, acercarlo a los labios, inclinarlo para que el agua entre en la boca, tragarse el agua y después poner el vaso en la mesa. Nada de esto es necesario para experimentar la paz natural. Todo lo que hay que hacer es hacer que la mente descanse en su apertura natural. No es necesario hacer un esfuerzo especial ni enfocarse en nada. Y si por alguna razón no le es posible descansar la mente, puede, simplemente, observar todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones que surgen, se detienen por unos segundos y después desaparecen, y decirse: “¡Ah, eso es lo que está pasando en mi mente en este momento!”.

Dondequiera que esté, o haga lo que haga, es esencial reconocer su experiencia como algo corriente, como la expresión natural de su verdadera mente. Si no trata de detener lo que pasa en ella sino que lo observa, eventualmente comenzará a sentir una gran sensación de relajación, una vasta sensación de apertura dentro de su mente —y esta es, en realidad, su mente natural, el fondo imperturbable al cual llegan y del cual se van sus múltiples pensamientos. Simultáneamente, comenzará a despertar nuevos caminos neuronales los cuales, a medida que van haciéndose más fuertes y conectándose más profundamente, intensifican su capacidad de tolerar la cascada de pensamientos que se precipitan por su mente en cualquier momento. Cualesquiera pensamientos perturbadores que surjan actuarán como catalizadores que estimulan su consciencia de la paz natural que rodea e impregna estos pensamientos, de la misma manera que el espacio rodea e impregna cada partícula del mundo de los fenómenos.

Mas ha llegado el momento de dejar a un lado esta introducción general a la mente y comenzar a examinar en más detalle sus carac- terísticas. Usted podrá preguntarse por qué es necesario saber algo más sobre la mente; ¿no basta con una comprensión general? ¿No es posible pasar directamente a las prácticas?

Piense en lo siguiente: si estuviera conduciendo en la oscuridad, ¿no se sentiría mejor si tuviera un mapa del terreno, en vez de una idea general de hacia dónde va? Sin mapa y sin indicaciones que lo guíen, podría perderse.

Es posible que dé vueltas y tome calles laterales equivocadas, con lo cual alargaría y complicaría el viaje más de lo necesario. Podría terminar dando vueltas en círculo. Claro, es probable que eventualmente llegue adonde quiere ir, pero el viaje sería mucho más fácil si supiera hacia dónde se dirige. Por tanto, piense en los dos capítulos siguientes como en un mapa, una serie de guías e indicadores que pueden ayudarle a llegar a su destino más rápidamente.

EL VACÍO: LA REALIDAD MÁS ALLÁ DE LA

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