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Intelectuales como Regalado (2006), Borón (2003), Boaventura Sousa Santos (2006), Held (2007), entre otros, han señalado que democracia y capitalismo neoliberal en la época actual son contradictorios por excelencia, al ser diametralmente opuestos en cuanto a su lógica fundante; ascendente, incluyente y con un afán de justicia en el caso de la democracia, y descendente, excluyente y fomentador de la injusticia des- de el mercado/capital. Según estos autores, los distintos momentos democratizadores del capitalismo llegan a su fi n en su fase de acumulación neoliberal. “A diferencia de periodos ya rebasados en la historia, el capitalismo no se encuentra en una fase de am- pliación sino de anulación de libertades civiles y de derechos democráticos”.81

Hoy por hoy, el renovado ciclo de luchas sociales en América Latina no puede explicarse sin su marco referencial estructural –el capitalismo neoliberal y las secuelas que éste ha tenido sobre la sociedad y los sujetos sociales organizados–. Es importante aclarar que el neoliberalismo constituye quizás la más importante ofensi-

78 Borón, Estado, capitalismo y democracia en América Latina, pág. 95.

79 Roberto Regalado, América Latina entre siglos: dominación, crisis, lucha social y alternativas po- líticas de la izquierda (New York: Ocean Press, 2006).

80 Borón, Estado, capitalismo y democracia en América Latina, pág. 96. 81 Roberto Regalado, Op. cit. pág. 60.

va político-cultural lanzada por los grandes capitales transnacionales y sus respectivos Estados para asegurar un mayor dominio y control sobre los recursos estratégicos, ase- gurar mercados y mano de obra barata, dentro del marco de una intensa competencia y búsqueda hegemónica desde los países más desarrollados. El neoliberalismo constituye entonces un proyecto que se sustenta doctrinalmente en el viejo liberalismo, pero re- ajustado a la fase actual del desarrollo del capitalismo. Su defensa a ultranza de la pro- piedad privada como “esencial a la naturaleza humana”, su contenido social-darwinista, su defensa de los intereses individuales en desmedro de los colectivos, así como su desprecio hacia la vida, la naturaleza y cultura de los pueblos, lo convierten, indudable- mente, en una ofensiva conservadora sin precedentes recientes en la historia humana.

Las secuelas del neoliberalismo tras más de veinte años de su aplicación son múltiples. Abarcan un amplio abanico de aspectos, que van desde el debilitamiento de los Estados, modifi caciones importantes en la matriz socio-productiva de los países, una amenaza sin precedentes sobre los derechos conquistados por la clase trabajadora con su concomitante incremento en el trabajo precario, desempleo y trabajo fl exibiliza- do, un debilitamiento y desestructuración del tejido social, un incremento en los índices de desigualdad, violencia y crimen y criminalidad. Se está observando, entonces, a so- ciedades sumamente fragmentadas, heterogéneas y divididas, en las cuales una minoría selecta está insertada en los circuitos de acumulación del capital y la mayoría excluidos y marginados de sus benefi cios. Sociedades en las cuales las relaciones sociales capi- talistas han exacerbado los niveles de enajenación, alineación y en donde el “sálvese quien pueda” se ha convertido en una concepción de la vida y de los seres humanos.

Por último, es importante resaltar que las políticas neoliberales se aplica- ron en un período califi cado como de “transición política hacia la democracia”. Este hecho, de suma relevancia, limitó cualquier posibilidad real de construir modelos de- mocráticos auténticos debido a que la lógica fundante del neoliberalismo es eminen- temente autoritaria y excluyente. Los bajos índices de aprobación que tienen hoy las democracias latinoamericanas tienden a ser refl ejo de la crisis de la democracia liberal y representativa en tiempos neoliberales. Borón, al refl exionar en torno a este tema, plantea que:

“Fue de la mano de estas peculiares “democracias”, que fl orecieron en la región a partir de los años ochenta, que las condiciones sociales empeoraron dramáti- camente. (…) En América Latina la democracia trajo bajo el brazo políticas de ajuste y estabilización, precarización laboral, altas tasas de desocupación, aumento vertiginoso de la pobreza, vulnerabilidad externa, endeudamiento desenfrenado y extranjerización de nuestras economías”. 82

82 Atilio Borón, “Después del saqueo: el capitalismo latinoamericano a comienzos del nuevo siglo”,

en Atilio Borón y Gladys Lechini, compiladores, Política y movimientos sociales en un mundo hegemónico: lecciones desde África, Asia y América Latina, Colección Sur-Sur (Buenos Aires: CLACSO, 2006), pág. 166.

Sin embargo, las promesas de quienes fueron defensores a ultranza de este modelo, no solamente no se cumplieron sino que hubo un franco deterioro en las condiciones de vida de los latinoamericanos.83 Hoy por hoy, es posible afi rmar que el neoliberalismo se encuentra cuestionado crecientemente por una amplia confl uencia de fuerzas sociales y políticas, por lo que es posible advertir que se asiste a una crisis hegemónica del modelo.

El neoliberalismo propició el surgimiento de nuevas fuerzas sociales,84 las cuales, profundamente afectadas por el modelo, se articularon desde lo local hasta lo regio- nal y mundial, alrededor de demandas en cuyo núcleo se encuentra un cuestionamiento al modelo y los efectos que de él se derivan. Puede pensarse en los piqueteros de Argentina, los zapatistas de México, el movimiento anti-globalización neoliberal, los endeudados, los jóvenes desempleados, las personas de la tercera edad, los pueblos indígenas, etc.

Estos procesos de articulación han adquirido un carácter cada vez más transnacional que les ha permitido realizar intercambios sobre el impacto del mode- lo en cada una de las regiones, así como la construcción de redes y coordinaciones regionales, campañas temáticas, tal como se puede observar a nivel del movimiento campesino, sindical, indígena, de mujeres, pobladores, etc.

En esta coyuntura de crisis y de oportunidades se abren debates en torno a cómo construir un mayor control y participación social en la esfera de las decisiones económicas, en la defi nición de un modelo que redistribuya la riqueza, que dignifi que al ser humano, que respete a la naturaleza y a todos los seres vivos. Esto abre nuevos retos e interrogantes sobre el futuro de la democracia en un contexto de una creciente concentración de riqueza y poder de las empresas transnacionales, del surgimiento de un mundo multipolar y de crisis en los pilares que han sustentado la fase actual de acumulación. Implica repensar y democratizar el orden mundial y los cimientos sobre los cuales éste se sustenta. La lucha de los movimientos sociales en este entorno global apunta precisamente a esto.

Las victorias electorales de proyectos políticos de izquierda en América Latina y la consecuente búsqueda de modelos distintos de integración regional, como el ALBA, que rompen con la lógica de los tratados de libre comercio impulsados por los Estados Unidos, y aspiran a desmontar las políticas neoliberales, parecen ser signo de nuevos tiempos. Estos cambios no pueden comprenderse separados de los múltiples ciclos de lucha en contra del neoliberalismo que se libraron a lo largo de las últimas

83 Los defensores del modelo neoliberal prometieron a) crecimiento económico; b) reducción de las ta- sas infl acionarias; c) reducción de pobreza; d) mejorar la calidad en los servicios sociales prestados ahora por la empresa privada; e) incremento en el empleo creado por la eliminación de las barreras arancelarias y estabilidad económica, etc.

84 Es importante reconocer que algunas de estas fuerzas sociales recibieron respaldo y apoyo de ONGs y organismos internacionales, lo que se aplica especialmente a los pueblos indígenas, las mujeres y los movimientos campesinos.

dos décadas. Es, fi nalmente, un resultado de inconformidades acumuladas, de refl exio- nes críticas sobre una realidad que es cada vez más insostenible y de los esfuerzos por construir propuestas alternativas que están encontrando ecos favorables en sectores signifi cativos de la población.

Es innegable el papel que han jugado los movimientos sociales en demo- cratizar la democracia, en el sentido de ampliar libertades y derechos, en visibilizar las desigualdades e injusticias y en abrir el debate sobre la necesidad de que una verdadera democracia no puede limitarse a una lógica instrumental y de procedimiento limitada la esfera pública. Desde los múltiples aportes de los movimientos feminista, indígena, campesino, sindical, juvenil y de personas de la tercera edad, entre otros, se han cons- truido imaginarios, prácticas y propuestas concretas que nutren y amplían las ideas rectoras que se han tenido sobre la democracia. Democratizar la democracia, en las palabras de Boaventura de Sousa Santos, implica a su vez desaprender la democracia.

“Desaprender la democracia signifi ca dos cosas: que estamos desapren- diendo esta democracia en que vivimos y que estamos aspirando a otro tipo de demo- cracia. ‘Desaprender’ quiere decir, en este caso, negarse a aceptar como normal, como natural el modelo de democracia que se nos impone. (...) Y antes de aspirar a otra democracia, debemos desaprender la que tenemos”. 85

El reto es concebir la democracia desde una perspectiva integral que abar- ca relaciones sociales, la activa participación en la toma de decisiones en todos los ámbitos de la vida privada y pública y subordinar los intereses de una minoría a las de las necesidades de la mayoría.

“Sucede que una cosa es concebir a la democracia como un método para la formulación y toma de decisiones en el ámbito estatal; y otra bien distinta imaginarla como una forma de vida, como un modo cotidiano de relación entre hombres y muje- res que orienta y que regula al conjunto de las actividades de una comunidad. Estoy aludiendo, al contraste entre una democracia gobernada y una democracia gobernante, es decir, genuina”.86

Para Boaventura de Sousa Santos, democratizar la democracia requiere necesariamente una concepción diferente de desarrollo, el respeto a las diversidades, a los recursos naturales y a los seres humanos.87 El autor deja planteado como un reto repensar las categorías, abrir un diálogo entre los diferentes saberes, construir un pen- samiento alternativo sobre las alternativas.

85 Santos, Op. cit., pág. 51.

86 José Nun, La rebelión del coro: estudios sobre la racionalidad política y el sentido común (Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1989), pág. 61.

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