MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL
1.2 Debates actuales sobre el trabajo cooperativo
Aunque una buena cantidad de intelectuales analizaron el trabajo en tanto actividad constitutiva de la esencia del hombre,7 por la pertinencia de sus aportes a la perspectiva del trabajo que aquí se adopta aquí se toman dos autores que aportan a un debate profundo en la dirección de analizar el carácter y el sentido del trabajo en las sociedades occidentales actuales. Dominique Méda propone "hacer aflorar y aportar al debate público una serie de reflexiones filosóficas sobre el trabajo..." para realiza una profunda crítica a algunas tesis marxistas que afirman que el trabajo continúa siendo un ámbito de alienación, pero un cambio en sus condiciones de ejercicio podría devolverle la naturaleza. (Meda, Dominique; 1998; 130) La autora sostiene que actualmente no alcanza con que cambien de propiedad los medios de producción para que el trabajo cambie de carácter, es decir para que se convierta en trabajo autónomo, debido a que los trabajadores no tienen conciencia plena, y la producción está
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Algunos de los teóricos que analizaron el tema son: Schwartz, Y. (1988) Expérience et connaissance du travail.
Massidor – Editions Sociales; Bidet, J. (1990) Marx y la máquina. Ensayo sobre la modernidad. Ed. PUF; Neffa, Julio César (1989) El proceso de trabajo y la economía de tiempo Ed. Hvmanitas; Williamson, Harold F. (1960)
Mass Production, mass consuption, and American Industrial Development en First International Conference of Economics History Constributions. The Hague, Mouton.
igualmente determinada desde afuera y es ajena a ellos. Para Méda el problema no radicaría en la propiedad de los medios de producción, sino en el carácter del trabajo y en el sentido que éste trabajo tenga. "Por mucho que la propiedad se transfiera al Estado o al conjunto de los individuos, mientras el trabajo esté sujeto a la lógica del desarrollo de las necesidades y por ende a las lógicas de la división y de la rentabilidad, no se entiende cómo puede sostenerse que el trabajo moderno, completamente fragmentado y cada vez más abstracto, pueda ser, ahora o en el futuro, el ámbito o el cauce de la autonomía. No es sostenible porque la fuerza de las relaciones sociales basadas en el trabajo procede del imperativo que le confiere sentido: la organización del trabajo se rige por el principio de eficacia y éste deriva del imperativo absoluto de incrementar la riqueza." (Méda, Dominique; 1998; 131)
En este mismo sentido André Gorz sostiene que en los países industrializados quien decide qué trabajo hacemos y cómo lo realizamos es el capital, lo que conduce a preguntar "¿Esto quiere decir que si los obreros recobraran la propiedad - o el poder de disponer - de los medios de producción podrían, liberados de la dominación por el capital, decidir ellos qué trabajo hacer y cómo realizarlo?” Su respuesta es negativa como regla general, pero afirmativa en algunos casos. Y el argumento que esgrime es que si los medios de producción industriales hubieran sido desarrollados desde el inicio por "productores asociados" en el seno de cooperativas obreras, las empresas habrían seguido siendo dominables y controlables por aquellos que en ellas trabajan, pero no se hubiera producido la industrialización. (Gorz, André; 1997; 76)
Además, Gorz no afirma que el trabajo industrial no pueda ser humanizado - autodeterminado, autogestionado - en su cómo, ni que las máquinas no puedan ser concebidas para volver cooperativas las relaciones laborales, sino que este "trabajo muerto se interponen
entre el trabajador y el producto e impide que el trabajo sea vivido como poyesis, como acción soberana del hombre sobre la materia". (Gorz, André; 1997; 77) Los individuos que componen el trabajador colectivo productivo no está en condiciones, según este autor, de apropiarse el proceso a la vez social y técnico de la producción de ningún bien, debido a que aún cuando puedan conquistar algunos poderes no podrán tener el dominio del destino y del sentido de su trabajo: "...la base sobre la cual una cultura de trabajo podría desarrollarse se ha desintegrado bajo el efecto de la especialización de los saberes. Lo que potencialmente unía a todos los trabajadores en una cultura común, es decir, en unas interpretaciones del mundo que, derivadas de una experiencia pensada como común...era la conciencia de su común poder poyético. Este poder está vinculado con un cuerpo a cuerpo con la materia, en la que afirmaba una inteligencia manual imposible de formalizar. "Esto era el oficio: una capacidad de juicio y de reacción más rápida que el discurso." (Gorz, André; 1997; 81)
Ambos autores realizan una lectura cuidadosa, señalando la insuficiente capacidad de autodeterminación de los sujetos, centralmente debido a la escasa incorporación en el análisis de los ámbitos ideológicos, que no se pueden explicar "desde raíces suprahumanas, infrahumanas o animales. Su lugar auténtico se encuentra en el ser: en el específico material sígnico y social creado por el hombre. Su especificidad consiste justamente en el hecho de situarse entre los individuos organizados, de aparecer como su ambiente, como un medio de comunicación"( Voloshinov, Valentin; 1992; 35)
Si André Gorz y Dominique Méda afirman que el problema está en el sentido del trabajo, ese sentido debería ser analizado en el complejo ámbito en que se produce, que no se limita a las relaciones de producción material, aunque las incluye porque éstas condicionan "... todas las formas y modos de su comunicación verbal: en el trabajo, en la política, en la creación
ideológica."; sino que debe a su vez ser analizado tanto en las formas como en los temas de las manifestaciones discursivas, “... que están determinadas por las formas y tipos de la comunicación discursiva.” (Voloshinov, Valentín; 1997; 36)
Por lo tanto, para analizar el sentido del trabajo se deberán comprender los factores del proceso histórico que aparecen en la relación que hay entre el tipo de organización del trabajo concreto de los medios masivos de difusión que son objeto de esta investigación y la lógica de la conciencia manifestada en la comunicación ideológica que realizan los trabajadores.
Así mismo se reconoce el hecho de que los intereses materiales por sí mismos no indican necesariamente una pertenencia de clase: estos son sujetos divididos y atrapados entre identidades e intereses en conflicto, con experiencias particulares y a veces contradictorias, a lo que deben sumarse las dificultades que plantea la propia supervivencia económica de las organizaciones cooperativas que fundaron.
La incidencia que tiene el producto de los medios en la dinámica social no se restringe – como en otras organizaciones que brindan servicios – al estricto ámbito de lo que produce el trabajo, sino que poseen el potencial de producir significaciones sociales a partir de la inserción en el ámbito de discursos públicos, plasmadas en los productos que los medios masivos de difusión cooperativos difunden en sus páginas.