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La comunicación como instancia de constitución de identidad

MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

1.10 La comunicación como instancia de constitución de identidad

La comunicación, tomada como la matriz donde se articula y produce la propia socialidad del hombre, llega a constituir “la propia urdiembre de la cultura y el vehículo más poderoso de la manutención o la modificación de la estructura social” (Díaz Bordenave, Juan y Carvalho, Martins; 1978; 103) y por tanto puede pensarse en una relación de constitución, a la vez de identidad y alteridad del sujeto. Un sujeto que tiene como condición de posibilidad la capacidad de significar y significarse como tal sujeto y como diferente a otros. Desde esta perspectiva constitutiva, la comunicación es, dentro de ciertas condiciones históricas, sociales y políticas, la relación que permite conformar determinadas subjetividades.

La comunicación social es la condición para el desarrollo de la socialidad del hombre; este sujeto es social por definición porque se realiza como tal en su vinculación con otros, se construye como tal “hombre” en un espacio social. Así es que resulta tan redundante hablar del “hombre social” como es una contradicción en los términos hablar de un “hombre no social”, si esto no fuera así, no estaríamos hablando del hombre que hoy conocemos como acepción de ese concepto, sería otro. (Abatedaga, Nidia; 2008; 120)

Este espacio comunicacional abstracto, constitutivo de la socialidad, de conformación de lo social es el correlato de las formas de producción y reproducción material de la vida social, y por lo tanto van pegados a los formas sociales en que los hombres producen su vida cotidiana. Esto es: las maneras en que los hombres se proveen sus formas de existencia material, tienen como condición de su desarrollo formas de comunicación que construyen, junto con aquellas, las formas de producción de lo social, la sociedad misma y su conciencia de ella y una identidad en la que se reconocen. (Abatedaga, Nidia; 2008; 121)

La concepción contemporánea de las identidades debe ser considerada a la luz de los desarrollos realizados por el psicoanálisis, la lingüística y las teorías del discurso, como una noción no esencialista, en tanto no puede concebirse como un conjunto de atributos “dados”, preexistentes. Es, por tanto, una noción que exhibe una “cualidad relacional, contingente” que hace pensarla como un “momento” identificatorio en un trayecto nunca concluido. (Arfuch, Leonor; 2005; 14) Bajo esta idea, la confluencia de discursos permite actualizar diversas posiciones de los sujetos, que no son susceptibles de fijarse a unos pocos significantes clave. (Arfuch, Leonor; 2005; 31) Stuart Hall coincide en afirmar la necesidad de trabajar un concepto de identidad “estratégico y posicional” que a nivel individual no señala “un núcleo estable de yo” y desde la perspectiva cultural no refiere a un “yo colectivo o verdadero que se oculta dentro de los muchos otros “yos”, más superficiales o artificialmente impuestos, que un pueblo con una historia y una ascendencia compartidas tiene en común” (Hall, Stuart; 1990; En J. Rutherford; 1990; 135).

Aquí se asume el carácter relacional e interactivo de la identidad y aunque no es pensada únicamente como el producto de una intersección discursiva, se entiende que no puede prescindir de ella. Stuart Hall afirmará que “precisamente porque las identidades se construyen dentro del discurso y no fuera de él, debemos considerarlas producidas en ámbitos históricos e institucionales específicos, al interior de formaciones y prácticas discursivas específicas” (Hall, Stuart y Du Gay, Paul; 2003;18)

Es necesario destacar que junto a la interacción discursiva, los sujetos desarrollan prácticas y establecen relaciones en determinadas posiciones cuya incidencia es crucial para la conformación identitaria. De acuerdo a lo propuesto por Michel Pêcheux,las relaciones de clases (la lucha de clases) se caracterizan por el enfrentamiento, en el interior mismo de estos

instrumentos, de posiciones políticas e ideológicas “que no son cosa de individuos” sino que se organizan en formaciones que mantienen entre sí relaciones de antagonismo, de alianza o de dominación. Se hablará de “formación ideológica” para caracterizar un elemento susceptible de intervenir como una fuerza confrontada a otras fuerzas en la coyuntura ideológica característica de una formación social en un momento dado; “cada formación ideológica constituye así un conjunto complejo de actitudes y de representaciones que no son ni “individuales” ni “universales”, pero que se refieren más o menos directamente a posiciones de clases en conflicto las unas con relación a las otras”(Pêcheux, M.; 1978; 233 )

Para Stuart Hall la identidad será el “punto de encuentro entre los discursos y prácticas que intentan “interpelarnos”, hablarnos y ponernos en nuestro lugar como sujetos sociales de discursos particulares, y por el otro, los procesos que producen subjetividades, que nos construyen como sujetos susceptibles de “decirse”18

La referencia de Pêcheux a las formaciones ideológicas conflictivas que remiten a posiciones de clases así como el concepto de identidad que aborda Stuart Hall constituyen los pilares sobre los que se concibe en este trabajo la idea de subjetividad colectiva vinculada a una identidad conjunta. Debido a que muchos de los desarrollos contemporáneos sobre la noción de identidad refieren en gran parte a los nuevos movimientos sociales, se recuperan en la dirección de estudiar la identidad colectiva de los sujetos en tanto trabajadores.

La relación de estas concepciones con una posición referida a los sujetos trabajadores colectivos implica discutir, en parte, el supuesto según el cual las nuevas identidades emergentes fragmentan, dislocan al individuo moderno (Hall, Stuart; 2000; 7) o “pone en cuestión viejas

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En otros pasajes del texto que se cita, Stuart Hall hace una referencia explícita a que el concepto de “interpelación” al que alude se utiliza en el mismo sentido que le había otorgado Louis Althusser. Comillas del autor. Hall, Stuart y Du Gay, Paul (comp.) (2003) Op. Cit. Pág. 20

categorías sociológicas, tales como “clases”, “intereses” o “sectores” ya sea desde el punto de vista de los consumos culturales… como de la notoria reconfiguración social marcada por la “movilidad descendente” ligada a una desarticulación de las identidades políticas tradicionales y al surgimiento de los movimientos sociales.” (Arfuch, Leonor; 2005; 15) 19

Se discute parcialmente porque es innegable la presencia de los denominados nuevos movimientos sociales, cuyos lazos identificatorios no se encuentran atravesados por la pertenencia a un proceso de trabajo, sino que para formar la identidad apelan a los sustentadores, organizándose por un rasgo que los identifica: los feministas apelan a las mujeres, la política sexual a gays y lesbianas, las luchas raciales a los negros. (Hall, Stuart; 2000; 45)

Sin embargo esta emergencia no implica la declinación ni la ausencia de identidades de trabajadores que asumen los sujetos sociales vinculados por relaciones de producción. En otras palabras, aceptar que haya una multiplicidad mayor de identidades no vinculadas al trabajo no significa la eliminación de éstas y por lo tanto, ameritan ser estudiadas en este nuevo contexto de diversidad identitaria, como una forma aún esencial para el sujeto social.

Desde la perspectiva aquí propuesta, esto es, considerada en su carácter relacional e inmersa en una multiplicidad de otras identidades no laborales, se adopta la concepción de identidad como poseedora de tres dimensiones diferentes:

A) La identidad individual, desde la perspectiva de la sociología de los movimientos sociales