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Desarrollo de la entrevista

In document Pujadas, Johan., Etnografia (página 97-102)

Capítulo II. La etnografía como práctica de campo

2. Las entrevistas

2.3. Desarrollo de la entrevista

De entrada, y como criterio general, cabe decir que no hay ninguna fórmula sencilla para entrevistar con éxito, aunque se pueden tener en cuenta algunos consejos, como los que se dan a continuación, para conseguir el tono deseado y evitar errores insuperables.

a) En primer lugar, quizás habría que recordar que una entrevista consiste principalmente en un intercambio verbal entre la persona que la realiza y la per- sona que es entrevistada. En este sentido, hay que tener en cuenta que cuan- do dos personas que no comparten el mismo repertorio de mensajes verbales (pertenecen a dos culturas o subculturas diferentes) se ponen a hablar entre ellas, pueden tener serios problemas de comunicación aunque hablen la misma lengua. Los norteamericanos de clase media expresan que están atentos a lo que dice alguien que les habla mirándole directamente a los ojos, mientras que los negros urbanos norteamericanos de clase baja consideran un gesto de hostilidad que alguien les mire fijamente a los ojos.

b) Para que una entrevista funcione es importante garantizar la comodi- dad del informante. El entrevistador debe colocarse mentalmente en la posición del entrevistado y evaluar su situación antes de empezar a hacerle preguntas y durante el transcurso de la entrevista: “¿Se siente cómodo?“,”¿Está cansado?“, ”¿Necesita beber alguna cosa?“,”¿Interrumpo sus tareas?“,”¿Parece forzado a la hora de hablar?“,”¿Entiende lo que quiero, esta persona?“ , “¿Lo tendríamos que dejar para otro momento u otro día?”.

La calidad de la información suele ser mayor cuanto más cómodo se en- cuentra el informante durante la entrevista. El entrevistador no debe imponer durante la entrevista su punto de vista respecto de la información, ni someter al informante a unas condiciones en las que no se encuentre a gusto.

c) Evitar los juicios negativos. Si queremos que la gente se abra y manifieste sus sentimientos y sus opiniones, habrá que abstenerse de emitir juicios negativos sobre estas personas o de humillarlos o hacerlas callar de alguna manera. En esta misma línea, es recomendable tranquilizar a nuestro interlocutor cuando nos

revele algo que le pueda perturbar, ya sea por la naturaleza íntima de lo que nos confiesa o por su carácter reservado o confidencial.

d) Permitir que la gente hable. Aunque es evidente que esto es básico para el tipo de técnica que estamos tratando y puede parecer una estupidez recor- darlo, conseguir que la gente hable requiere, a veces, mucha paciencia. Hay que recordar una vez más que la entrevista etnográfica no es un cuestionario de encuesta en el que el encuestador aborda de manera intrusiva y por sorpresa al encuestado y mantiene una relación esporádica y puramente transaccional.

Comunicar al informante nuestra comprensión, nuestra simpatía o incluso nuestra solidaridad con frases como “Sé lo que quiere decir”, “A mí me pasó lo mismo una vez”, “Yo he pensado en hacerlo más de una vez”, “Tengo un amigo que también actuó así”, etc. puede contribuir poderosamente a derribar las po- sibles, y por otro lado naturales, resistencias del informante hacia nosotros.

Que la gente llegue a expresarse libremente y con la naturalidad más grande puede implicar el hecho de dejar hablar largamente al informante sobre cosas que, en principio, pueden no interesarnos para los objetivos de nuestra inves- tigación. Cuando sucede esto, es bueno que el entrevistador no corte ni inte- rrumpa al informante.

La habilidad del entrevistador, su oficio, es lo único, en todo caso, que puede conseguir, discretamente y con mucho tacto, conducir o reconducir al entrevis- tado hacia los temas que nos interesan. También es recomendable, para alcanzar el objetivo de que la gente hable, iniciar la conversación con lo que se llama pre- guntas descriptivas, que focalizan la cuestión en el qué más que en el por qué.

Empezar haciendo que el informante nos explique hechos o acontecimien- tos concretos o nos aporte datos puntuales sobre diferentes aspectos de su ex- periencia puede contribuir a que vaya ganando confianza progresivamente y que, más adelante, esté en mejores condiciones para abordar preguntas de tipo más valorativo o reflexivo. El entrevistador debe evitar en todo momento for- mular cuestiones que conduzcan a respuestas de “sí” o “no” o que dirijan las respuestas. Es mejor preguntar “¿Qué piensa en relación a...?” que no “¿No cree que...?”.

En este sentido, es importante hacer preguntas muy abiertas e incluso am- biguas, ya que esto da la oportunidad al informante de responder de la forma y con los contenidos que son importantes para él. Cuando el informante no ter- mina la respuesta, repetir lo último que ha dicho y pedirle que continúe es una buena técnica para completar la información.

Sin embargo, también tenemos que saber respetar las pausas o silencios, ya que a veces pueden producir más información que las mismas preguntas. Las pausas son un elemento esencial del discurso, el silencio es un buen indicador que el investigador debe saber manejar e interpretar. Los informantes también necesitan tiempo para reflexionar sobre sus respuestas. Cuando una respuesta no ha sido terminada y el informante se detiene, tenemos que esperar. Puede que esté pensando lo que dirá a continuación. No debemos interrumpir las pau- sas con nuevas preguntas si no se está seguro que el informante no quiere añadir nada más.

e) Prestar atención. El entrevistador debe comunicar en todo momento un interés sincero por lo que se le está diciendo. Así pues, hay que evitar que nues- tra mente vague, lo cual siempre es más difícil cuando grabamos la entrevista y tenemos la confianza que podremos volver a escuchar aquello que se nos ha dicho las veces que haga falta.

Podemos manifestar atención e interés ya sea verbalmente (“Ya lo veo, ya”; “Sí, sí”; “Exacto”; “De acuerdo”, etc.) o bien manteniendo la mirada atenta, haciendo movimientos afirmativos con la cabeza, etc. Todo ello estimula al in- formante continuar dándonos información.

J. Matarazzo23 realizó una serie de entrevistas semiestructuradas idénticas de

cuarenta y cinco minutos a un grupo de informantes. Dividió las entrevistas en tres partes de quince minutos. Durante la segunda parte hizo una serie de ruidos y gestos afirmativos. Cuantificó la extensión de las respuestas en cada una de las partes y constató que las respuestas durante la segunda parte habían sido aproxi- madamente un tercio más largas que durante la primera y la tercera.

f) Asegurarnos de que entendemos lo que nos quieren decir y que el infor- mante entiende lo que le preguntamos, que hay un buen entendimiento. Para conseguirlo, a veces es necesario repetir nuevamente la pregunta o formularla de manera diferente. También resulta útil repetir la respuesta para saber si hemos entendido la respuesta del informante. Esto, además, le da la posibilidad de re- flexionar sobre lo que ha dicho.

Contextualizar y solicitar ejemplos también puede contribuir a entender mejor lo que se nos quiere decir. En cuanto a la contextualización, pediremos al informante que precise una información con referencias que puedan ayudar a situarla mejor en el espacio y en el tiempo. En cuanto a lo segundo, cabe 23 Para conocer más a fondo la experiencia de J. Matarazzo, se puede consultar: J. Matarazzo (1964). “Interviewev mm-humm y interviewee speech duration”. Psychoteraphy: Theory, Research and Practice (núm. 1, pág. 109-114).

decir que las ilustraciones y las experiencias concretas del informante son el tuétano de una entrevista etnográfica, y también la mejor manera de evitar las simplificaciones y los prejuicios de un informante, que se pueden reflejar en sus generalizaciones.

g) Mostrar sensibilidad. Se trata, si se quiere, de ir de ingenuo, pero sin ser insultante. Se trata de ser simpático, pero no de tratar al informante de forma condescendiente. Se trata de ser amistosos, pero tampoco cometer excesos en nuestras muestras de confianza, al menos cuando aún no hay ninguna base para hacerlo. Se trata, en fin, de saber indagar, pero manteniéndose exquisitamente alejado de las heridas abiertas.

Aparte de estos consejos, el desarrollo de la entrevista también debe con- siderar como elemento esencial el tema de la grabación. Las herramientas de la grabación de una entrevista son la memoria, el lápiz, la grabadora y el vídeo.

Aunque es cierto que la presencia de la grabadora puede modificar el discur- so de la gente, por lo que resulta un elemento intrusivo con capacidad intimi- datoria, hoy ya casi nadie se plantea la realización de una entrevista etnográfica sin recurrir a su uso, salvo, claro está, que el informante no lo quiera, con lo que tendremos que recurrir a tomar notas de la entrevista (si consideramos que, sin embargo, hay que hacerla).

En este sentido, también se podría considerar que la presencia del investi- gador influye igualmente en lo que la gente dice. Además, las grabadoras cada vez se han convertido en un elemento más familiar para la mayoría de la gente. Si a esto añadimos que, de hecho, uno acaba acostumbrándose más o menos rápidamente a su presencia y que cada vez hay más grabadoras de tamaño más y más reducido y de una mayor sensibilidad para la recepción, lo que permite que no sea necesario tener que hablar dirigiéndose directamente al aparato, su presencia puede pasar fácilmente desapercibida.

Este tipo de consideraciones quizás, a la larga, se podrán aplicar al uso de una filmadora fija para grabar las entrevistas. En este caso, además, la grabación ganaría considerablemente en cuanto a la cantidad de información recogida, ya que sería posible grabar muchos elementos de la comunicación no verbal que se producen en el transcurso de una conversación y que pueden tener una signifi- cación importante.

Sin embargo, partiendo de que en estos momentos lo más habitual es el uso de la grabadora, hay que tener en cuenta algunos aspectos para extraer el máximo provecho:

Aunque pueda resultar un poco cargante, es imprescindible, antes de ini- •

ciar la entrevista, asegurarse de que el equipo funciona (las pilas, la red eléctrica, el volumen, etc.). Darse cuenta, tras una conversación larga, que por alguna razón no ha quedado registrada, además del disgusto que con- lleva, representa no poder recuperar ya de ninguna manera el contenido de la entrevista, por lo menos en los términos y en la forma como se ha desarrollado.

Es igualmente recomendable rotular cada cinta o identificar cada archivo •

sonoro, antes de empezar o inmediatamente después de acabada la con- versación, con algunos datos identificativos mínimos que nos permitan después ubicarla correctamente. Hay que tener en cuenta que en el trans- curso de una investigación etnográfica podemos llegar a acumular una gran cantidad de grabaciones y que, por tanto, tenerlas perfectamente ordenadas y clasificadas es básico para conseguir un buen desarrollo de la investigación.

Sin embargo, el entrevistador no debe pensar que el uso de la grabadora le exime de una buena parte de trabajo que es imprescindible llevar a cabo. Debe luchar en todo momento contra el posible relajamiento y la pasividad que le pueden invadir.

Es por esta razón que, además de mantener una atención constante al discur- so del entrevistado (para pedirle las aclaraciones oportunas o descubrir, incluso, algunas posibles preguntas que no había previsto), es muy recomendable que lleve al día un diario de entrevistas.

En el diario de entrevistas el investigador puede apuntar esquemáticamente los temas principales tratados en cada entrevista, lo que le será de gran utilidad posteriormente a la hora de tener que trabajar con los datos, debido a que no tendrá que escuchar las grabaciones repetidamente o leer innecesariamente du- rante mucho tiempo las transcripciones en búsqueda de datos específicos.

El diario también puede hacer las funciones de recoger los aspectos de la conversación que por su naturaleza no quedarán registrados en la grabación: los gestos y las expresiones no verbales, que pueden resultar esenciales para comprender el significado de lo que se dice, las interpretaciones, las intuiciones y las conjeturas emergentes que se le pueden ocurrir en el transcurso de la con- versación, etc.

También se puede anotar una valoración global de la entrevista: la fiabilidad, las circunstancias que la han acompañado, el estado de ánimo del entrevistado y

del entrevistador, las interrupciones y su motivo, la descripción del lugar donde se ha desarrollado, la duración, etc.

El diario es también el lugar adecuado para recoger las conversaciones con los informantes fuera de la situación de la entrevista: lo que nos dicen antes de empezar o una vez finalizada (off the record), o en medio de una pausa, en mo- mentos en que la grabadora no está en funcionamiento. Hay que tener presente que a veces es en estos contextos cuando los informantes se desinhiben más y comentan cosas importantes o delicadas.

Debe realizarse el esfuerzo de escribir en el diario después de cada contacto y repasarlo de vez en cuando para tener una idea de lo que ya se ha cubierto y de lo que se ha ido aprendiendo, de lo que aún no ha sido suficientemente abordado, etc.

In document Pujadas, Johan., Etnografia (página 97-102)