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Los estudios de redes para el análisis institucional

In document Pujadas, Johan., Etnografia (página 115-122)

Capítulo II. La etnografía como práctica de campo

3. El análisis de las redes sociales

3.2. Los estudios de redes para el análisis institucional

Uno de los ejemplos etnográficos más interesantes que conocemos, sobre la dialéctica entre una estructura institucional y un grupo social organizado en for- ma de redes interpersonales, nos lo proporciona un antropólogo catalán, Josep

M. Comelles34, en un estudio de caso sobre la implantación (temporal) de un

nuevo sistema de relaciones entre médicos, administradores, enfermos, personal sanitario y familiares en un hospital psiquiátrico de Barcelona a lo largo de los años setenta.

El trabajo analiza con mucha profundidad el proceso de movilización y lucha de una parte del personal médico y los cuidadores del hospital para transformar la vieja y represiva estructura institucional, coincidente con el modelo clásico de manicomio, en una estructura más eficaz desde el punto de vista asistencial con el enfermo y en una estructura más funcional, democrática y flexible que el viejo modelo organizado en pabellones.

Metodológicamente, el trabajo de Comelles utiliza dos técnicas básicas: la entrevista focalizada y el análisis de redes sociales.

Mientras que, por medio de las entrevistas, el etnógrafo obtiene las visiones subjetivas de los actores sociales implicados en la movilización, es decir, una mezcla entre información objetiva de los hechos y una interpretación de estos definida por el posicionamiento de cada uno en el proceso de crisis institucio- nal, el análisis de redes permite al investigador medir el grado en que las rela- ciones informales entre el personal del centro (es decir, las relaciones no prede- terminadas por ningún organigrama institucional) tienen un papel primordial a la hora de conformar los diferentes grupos que participan en el mismo proceso de movilización.

El análisis de redes permite establecer quién alcanza posiciones de lideraz- go, quién está claramente vinculado a uno de los grupos, qué personas ocupan posiciones marginales y, muy especialmente, permite determinar cuáles son las características que cohesionan a cada facción o cuasigrupo: militancia política o afinidad ideológica, afinidades personales, militancia sindical, formar parte de un mismo pabellón o de un mismo turno de trabajo, intereses corporativos de cada sector u otros motivos personales.

34 Sobre el estudio de caso de J.M. Comelles, puede ver: J.M. Comelles (1979). Groupes informels,

El análisis muestra cómo, después de los momentos más álgidos de la movili- zación, la divisoria fundamental del personal del hospital era la de ser médico o no serlo, es decir, muestra la prevalencia de una diferenciación de grupo basada en el estatus. Da cita de un informante de Comelles ilustra la cuestión del lide- razgo y de la formación de cuasigrupos:

“Con Marull hemos intentado crear una fuerza de vanguardia, incorporando a la lucha a Millet y a Mínguez. Menal, que llegó un poco más tarde, adoptó una posición que nosotros considerábamos utópica y nos reagrupamos en torno a él por consenso. Marull y yo nos movilizamos por vecindad geográfica, yo en el [pabellón] San Jorge y él en el Santiago, con personas con ideas demasiado poco definidas. El papel de los líderes era indispensable para clarificar y para movilizar”.35

El interés de este macroestudio etnográfico o estudio de caso en profundidad es que nos muestra con todo lujo de detalles la manera como se hunden unos dispositivos institucionales debido a su deslegitimación funcional e ideológica. La estructura en crisis da paso a un proceso de movilización, de desorden institu- cional, de trastocamiento de la jerarquía previamente establecida, estableciendo una etapa de communitas, es decir, una fase en la que el personal del hospital se rige por un liderazgo carismático basado en la adhesión de los individuos a unos líderes que representan la voluntad de cambio que se quiere llevar a cabo.

Obviamente, el poder establecido se defiende de este atentado contra el or- den institucional previo y, pasado el momento álgido de la movilización, el frente unitario conseguido se hunde poco a poco hasta que se instaura una nue- va estructura, se restaura el orden y caen unos cuantos jefes de cada uno de los sectores en litigio. A lo largo de los años setenta, sin embargo, las movilizaciones se producen varias veces, con algunos líderes nuevos, con bajas significativas y con alteraciones en la configuración de la red de relaciones. A pesar de estos flujos y reflujos en el proceso, se mantiene la estructura básica del conjunto de acción, lo que nos permite hablar en este caso de un cuasigrupo.

El antropólogo británico Adrian C. Mayer nos aporta otro ejemplo de la fun- ción de los cuasigrupos como elementos mediadores entre el funcionamiento y la reproducción de las instituciones y las redes sociales de los individuos que participan en estas instituciones.36

35 J.M. Comelles, 1979: 19.

36 La experiencia de A.C. Mayer se recoge más ampliamente en el texto siguiente: A.C. Mayer (1980). “La importancia de los cuasi-grupos en el estudio de las sociedades complejas”. En E. Wolf, y otros. Antropología social de las sociedades complejas (pág. 108-133). Madrid: Alianza.

Su estudio de caso consiste en el análisis de las formas de movilización del electorado por parte de los candidatos a la alcaldía de la ciudad de Dewas (34.577 habitantes), capital del distrito del mismo nombre, en el Estado de Madhya Pradesh, en la India, durante las elecciones del mes de abril del año 1961.

En las elecciones en la ciudad de Dewas cada partido político tenía, además de los candidatos, unos activistas electorales, cuya función era establecer contac- tos, organizar mítines y reclutar activistas de segundo orden. Estos últimos “eran personas que, al menos, se comprometían a apoyar a un partido (a diferencia de una gran parte del electorado), y que, tal vez, se podían unir al escrutinio de los votos de los partidos y tratar de asegurar el voto en sus localidades”.

El autor calcula que, para un electorado de poco más de 6.000 personas, participaban unas 250 personas como activistas principales de los diferentes partidos, y el doble o el triple de activistas secundarios. Los activistas hacían la función de enlace entre cada candidato electoral:

“Unos lo hacían por las ventajas que, según sus cálculos, obtendrían si el candidato resultaba el elegido, otros actuaban por lealtad al partido y a amistades antiguas, sin ninguna idea de obtener beneficios de la elección por sí misma; finalmente, otros cumplían compromisos concretos adquiridos en algún momento anterior. De la mis- ma manera, se intentaba llegar hasta los electores de acuerdo con algún beneficio pasado o futuro.

Como me decía un observador agudo: ‘Se puede sangrar a todo el mundo; la cuestión es saber cuál es la vena que hay que abrir para que el individuo sangre más’. En con- secuencia, una gran parte de la actividad electoral corría a cargo de los activistas, que intentaban influir sobre aquellos con quienes tenían una relación apropiada. Además de esto, el mismo candidato visitaba a los electores, solicitando el voto, frecuente- mente cumpliendo un deber formal hacia aquellos que deseaban que se les solicitara el voto”.37

Mayer analiza específicamente el proceso de movilización en torno al can- didato del Partido del Congreso en un barrio del noroeste de Dewas. Se trata de un barrio interclasista, con calles sin asfaltar, donde conviven casas hechas de adobe con mansiones de estilo urbano rodeadas de jardín. El barrio no posee un centro claro de reunión, ya que no hay ninguna plaza. La sociabilidad de calle entre los vecinos se practica en lugares improvisados, bajo un árbol o en la puerta de la casa de alguien.

Este contexto urbanístico y social fortalece la estrategia electoral de hacer prevalecer los contactos individuales por encima de las reuniones públicas. Los potenciales electores se eligen y se visitan uno a uno. Entre los vecinos predomi- nan las actividades manuales (incluyendo la construcción), con casi el 45%, mientras que el porcentaje de funcionarios públicos y de campesinos llega, en cada caso, a una cifra de alrededor del 15%. Los servicios y el comercio escasa- mente llegan al 10%, y el resto de la población se dedica a ocupaciones dife- rentes.

El barrio muestra también una división por castas que, hasta cierto punto, se corresponde con la división ocupacional que acabamos de presentar. Las castas brahman y marata ocupan la mayor parte de los puestos de la administración pública; muchos rajputs cultivan los campos colindantes con el barrio, por lo que tienen jornaleros de las castas goali y bagri. Entre estos últimos encontra- mos también algunos bagris trabajando como policías y mensajeros del gobier- no, mientras que un pequeño número de goalis son granjeros independientes. Finalmente, las balais y los lunias se dedican a actividades manuales, sobre todo a la construcción en el caso de los segundos.

Por lo que acabamos de decir, queda claro cuál es el sistema de estratifi- cación: arriba de todos, los brahmanes, después, los marata y rajputs, y después, los goalis, lunias, bagris y balais. Ningún candidato podía intentar ganar las elec- ciones limitándose a pedir el voto a los miembros de su propia casta y de su grupo profesional. Por eso era tan valiosa la cooperación de los activistas princi- pales y secundarios: idealmente el candidato del Partido del Congreso, por me- dio de éstos, podía llegar a todas las castas y grupos profesionales, sin olvidar las relaciones de parentesco ni las relaciones de amistad y conocimiento que unos y otros tenían con diferentes electores porque eran coterráneos, por afinidad religiosa, porque eran del mismo sindicato, por intereses económicos comparti- dos, por clientelismo en el caso de los funcionarios, o porque frecuentaban un determinado gimnasio. Estos vínculos o enlaces del candidato con los electores potenciales se representan en la figura 2.2.

La red social subyacente, que vincula al candidato y a los electores, es un con- junto de acción. ¿Cuáles son las características de este tipo específico de red?

Comprende una amplia variedad de bases para el establecimiento de en- •

laces: parentesco, partido político, profesión, religión, casta, etc.

A pesar de que los vínculos centrífugos, es decir, los que van desde el can- •

didato hasta los electores, pueden ser muy variados, el contenido del vín- culo centrípeto es siempre el mismo, apoyar al candidato, lo que propor- ciona al conjunto un rasgo común e identificador, que permite clasificarlo en la categoría de cuasigrupo.

Muchos de los vínculos están basados en la pertenencia común al mismo •

grupo o corporación: la mayor parte de los vínculos más estrechos del candidato provienen de su propio partido, de su casta o de su profesión. El conjunto de acción contiene canales de vínculos y, por consiguiente, es •

una combinación de relaciones que vinculan a las personas directamente con ego y, al mismo tiempo, de relaciones que las vinculan con interme- diarios que, a su vez, están en contacto directo con ego. Así pues, hay relaciones primarias y secundarias con ego.

El conjunto de acción, como cuasigrupo, es una entidad limitada, ya que •

cada vínculo se origina por una razón específica de pertenencia, pero no se trata de un grupo, ya que no existen derechos u obligaciones que afec- ten a todas las personas involucradas. Ni siquiera el hecho de votar por al mismo ego pone en relación mutua a los diferentes miembros del con- junto de acción.

Figura 2.2. Estructura del conjunto de acción del candidato del Partido

del Congreso

Fuente: A.C. Mayer (1980), “La importancia de los cuasi-grupos en el estudio de las sociedades complejas”. En E. Wolf y otros. Antropología social de las sociedades complejas (pág. 118). Madrid: Alianza.

Finalmente, el conjunto de acción no es una entidad permanente, como •

sucede en el caso del grupo. Aunque los aspectos centrífugos de la relación corresponden a las relaciones permanentes de rol (casta, profesión, parti- do), el aspecto centrípeto corresponde a un vínculo basado en un impulso intencional específico que emana del ego. Una vez terminadas las elec- ciones, estas entidades tienden a disolverse, como ocurría también en el

caso que hemos comentado más arriba del hospital psiquiátrico, después de la movilización del año 1972.

Los dos casos analizados nos muestran ejemplos de la formación y el funcio- namiento de los cuasigrupos, que esencialmente tienen las mismas característi- cas, aunque muestran también algunas diferencias:

El caso del hospital, como ya se ha esbozado, muestra un policentrismo •

mayor que el caso de las elecciones de Dewas. Mientras que en este segun- do caso hay tantos cuasigrupos como candidatos, en el caso del hospital hay un número de conjuntos difícil de determinar, que interseccionan entre ellos y que no adoptan una forma tan nítidamente jerárquica como en el otro caso.

El liderazgo es ejercido por varias personas, a veces enfrentadas entre sí, que llegan a acuerdos puntuales; además, algunos “clientes” de cada líder pueden cambiar, según las circunstancias, de facción. Esto hace difícil poder hacer una representación gráfica de este tipo de red.

A pesar de que las bases sobre las cuales se organizan los enlaces para for- •

mar un cuasigrupo son variadas en el hospital, como en el caso de Dewas, existe un solapamiento con la relación institucional que los miembros de todas las facciones tienen entre ellos: todos son miembros de la misma institución y todos son trabajadores. Cuando la represión de la movili- zación por parte de la dirección del hospital fue más fuerte, el aspecto institucional formal y el interés personal prevalecieron en muchos casos sobre las bases de communitas en que se basaba el movimiento.

Por su carácter de miembros de una institución y por el número relativa- •

mente reducido de sus miembros, todos los vínculos entre las personas que forman los cuasigrupos son directos; en principio, todo el mundo a conoce todo el mundo, lo cual no quiere decir que no haya intermediarios, ya que, dado el carácter policéntrico del movimiento, muchos “seguidores” o “clientes” de un líder pueden haber sido reclutados por alguien que ejerce la función de sublíder. Al contrario, en el caso de Dewas el liderazgo no se cuestiona, ni tampoco quiénes son los “activistas” de primer nivel.

3.3. Los estudios de las redes sociales en comunidades rurales

In document Pujadas, Johan., Etnografia (página 115-122)