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La pluralidad de voces y la etnografía densa

In document Pujadas, Johan., Etnografia (página 80-84)

Capítulo II. La etnografía como práctica de campo

1.4. La pluralidad de voces y la etnografía densa

Este dualismo entre las caras oscura y diáfana de la realidad lo encontramos también en los estudios de comunidad. Nuestra propia experiencia de obser- vación participante en diferentes poblaciones de los Pirineos nos permite esta- blecer la existencia de un umbral muy claramente establecido entre la imagen externa y la interna.

La imagen externa que los actores sociales se apresuran a mostrar al forastero es una imagen idealizada de la realidad, la cara diáfana, donde no hay conflic- tos entre vecinos y reina la solidaridad, el igualitarismo y, incluso, la autocom- placencia identitaria, basada en la afirmación de la superioridad de las propias costumbres, la gastronomía de la tierra y el convencimiento de que las fiestas locales son las mejores del universo cultural en el que se inserta la comunidad.

Indudablemente, las cosas son más complicadas y es bueno que el etnógrafo se afane en encontrar otras explicaciones, otras dimensiones de la vida social, además de esta imagen construida de la realidad. Cuando uno rasca un poco más, cuando profundiza en el conocimiento de cómo se estructuran las rela- ciones sociales, encuentra conflictos, divisiones clientelares, luchas por el po- der, desigualdades y tensiones sociales y, lo que es más importante, muestras de alienación cultural y crisis identitarias que no son fácilmente perceptibles para un observador externo poco avisado.

Pero, sin duda, esta cara oscura de la realidad sirve de contrapunto para construir una interpretación más completa y equilibrada de nuestra unidad de análisis.

13 Para profundizar en los conceptos de dimensión diáfana y oscura: PL Berger; T. Luckmann (1988). La construcción social de la realidad (pág. 141 y ss.). Barcelona: Herder.

El antropólogo norteamericano Clifford Geertz nos proporciona, con su con- cepción de una etnografía densa14, una ilustración excelente de cuál debe ser la

actitud del etnógrafo, abierto a la pluralidad de voces discrepantes de los actores sociales, que hacen lecturas diferentes e, incluso, contrapuestas de los hechos que ocurren en la vida de un lugar en un momento determinado. Veamos un caso concreto extraído de la libreta de campo15 del mismo Geertz:

“Los franceses (según dijo el informante) sólo acababan de llegar. Habían instala- do unas veinte fortificaciones pequeñas entre este punto, la ciudad y la región de Marmusha, en medio de las montañas, y las instalaron sobre promontorios con el fin de poder vigilar el interior del país. Aún así no podían garantizar protección y segu- ridad, sobre todo durante las noches. Así, aunque se suponía que estaba legalmente abolido el sistema de mezrag (pacto comercial), en realidad se seguía practicando igual que antes.

Una noche, cuando Cohen (que habla de manera fluida el bereber) se encontraba allí arriba, en Marmusha, otros dos judíos comerciantes de la tribu vecina fueron a aquel lugar para comprarle algunos artículos. Unos bereberes pertenecientes a otra tribu vecina trataron de irrumpir en la casa de Cohen, pero éste disparó su escopeta al aire (tradicionalmente no estaba permitido que los judíos tuvieran armas, pero en ese periodo las cosas estaban tan inquietas que muchos judíos tenían de todos modos). El estampido llamó la atención de los franceses y los saboteadores huyeron.

Volvieron, sin embargo, la noche siguiente, uno de ellos, disfrazado de mujer, llamó a la puerta y explicó una cierta historia. Cohen tenía sospechas y no quería dejarla entrar, pero los otros judíos dijeron: ‘Bah, si es sólo una mujer. Todo está bien’. De manera que le abrieron la puerta y todo el grupo se precipitó dentro. Mataron a los dos visitantes judíos, pero Cohen logró encerrarse en un cuarto adyacente. Oyó que los ladrones proyectaban quemarlo vivo en su negocio después de haber retirado las mercancías, entonces abrió la puerta y se lanzó hacia afuera blandiendo un garrote y, así, logró huir por una ventana.

Llegó a la fortificación para hacerse curar las heridas y se quejó al comandante local, un tal capitán Dumar, quien manifestó que quería obtener su ar, es decir, cuatro o cinco veces el valor de las mercancías que le habían robado. Los bandidos pertenecían a una tribu que todavía no se había sometido a la autoridad francesa y estaban en abierta rebelión, así que cuando Cohen pidió autorización para ir con su arrendador del mezrag, el jeque de la tribu de Marmusha, con la finalidad de recoger la indemni- zación que le correspondía según las reglas tradicionales, el capitán Dumari no podía

14 Para profundizar en el concepto de etnografía densa: C. Geertz (1987). La interpretación de las

culturas. México DF: Gedisa.

15 La libreta o diario de campo es una herramienta indispensable de la observación participante en la que el etnógrafo anota sus observaciones e impresiones.

darle permiso oficialmente debido a la prohibición francesa del mezrag, pero le dio autorización verbal y le dijo: ‘Si te matan, es cuestión tuya’.

Entonces, el jeque, el judío y un pequeño número de hombres armados de Marmusha recorrieron diez o quince kilómetros montaña arriba por la zona rebelde, en la que, claro, no había franceses. Escurriéndose a escondidas se apoderaron del pastor de la tribu culpable y de sus rebaños. Los de la otra tribu llegaron en seguida a caballo y armados para perseguirlos y ya estaban dispuestos a atacar. Pero cuando vieron cuáles eran los ‘ladrones de las ovejas’ cambiaron de idea y dijeron: ‘Muy bien, hablare- mos’. Realmente no podían negar lo que había sucedido –que algunos de sus hombres habían despojado a Cohen y dado muerte a sus dos visitantes– y no estaban dispuestos a desatar una contienda seria con los de Marmusha, ya que ello habría significado una lucha con los invasores. Los dos grupos se pusieron, pues, a hablar, y hablaron y habla- ron en medio de la llanura llena de miles de ovejas; finalmente, decidieron restituir los daños con quinientas ovejas. Los dos grupos armados de bereberes se alinearon, pues, montados a caballo en dos extremos opuestos de la llanura, dejando en medio el ganado; entonces Cohen con su negra vestimenta talar y sus pantuflas se metió entre las ovejas y las empezó alegir, una por una, a su gusto, para resarcirse de los daños. Así Cohen obtuvo sus ovejas y retornó a Marmusha. Los franceses de la fortificación lo oyeron llegar desde lejos (Cohen gritaba feliz recordando lo que había sucedido: ‘Ba, ba, ba’) y se preguntaron: ‘¿Qué demonios es esto?’. Cohen dijo: ‘Este es mi ‘ar’. Los franceses no creyeron lo que en realidad había sucedido lo acusaron de ser un espía que trabajaba para los beréberes rebeldes. Le hicieron encarcelar y despojar de su rebaño. Su familia, que vivía en la ciudad, como no recibía noticias suyas desde hacía mucho tiempo, creyó que había muerto. Pero los franceses terminaron por ponerlo en libertad y Cohen regresó a su casa, aunque sin sus ovejas. Acudió entonces al coronel de la ciudad, el francés encargado de la región, para quejarse lo que había sucedido, pero el coronel replicó: “No puedo hacer nada, en este asunto. No es cosa mía”.16

Esta aproximación a la complejidad de las situaciones etnográficas nos muestra la importancia de tener en cuenta la pluralidad de voces que, desde la perspectiva de los actores sociales, configuran una realidad social multifacética, plural, que nos habla de la heterogeneidad de roles y de perspectivas de las perso- nas. Esto significa que debemos esforzarnos en buscar estas voces diferenciadas, que muestran interpretaciones discrepantes de una misma realidad.

La distinción entre el modelo emic de la realidad y el modelo etic la estableció, originariamente, el lingüista K. Pike17. El análisis emic se refiere al conjunto de

significados subjetivos compartidos por los miembros de un grupo social a partir 16 C. Geertz, 1987: 22-23.

de su experiencia cultural particular, el análisis etic se refiere a la aplicación de modelos derivados de las categorías teóricas y formales del etnógrafo.

En la ilustración etnográfica de Geertz encontramos, como mínimo, tres lógi- cas para analizar los mismos hechos:

La lógica de los colonizadores franceses, para los que sólo existe un único •

sistema legal, el que ellos han impuesto en la región. Recelan de todos los habitantes de Marmusha porque son conscientes de que muchos de ellos pretenden incumplir la nueva legalidad, que ellos están obligados a imponer y defender.

La lógica de los bereberes, colonizados o no, que mantienen en la me- •

dida de sus posibilidades todo el conjunto de reglas que les dicta la cos- tumbre, especialmente en cuanto a su relación entre tribus del mismo pueblo bereber.

La lógica de los comerciantes judíos que, como Cohen, no están plena- •

mente insertados en ninguno de los dos universos normativos, el francés y el bereber, y que intenten sobrevivir e, incluso, sacar ventaja de la su- perposición y las contradicciones de la situación, aunque no siempre lo consiguen.

Las situaciones etnográficas complejas nos muestran que, mediante la ob- servación participante, nos vemos transportados mucho más allá de los límites físicos de los escenarios que tomamos como unidades de observación. Tanto si quiere como si no, el etnógrafo que, como Geertz, se encuentra en una situación de multiculturalidad se ve obligado a reconstruir los referentes culturales, sim- bólicos y normativos que están detrás de las acciones de los actores sociales, que tienen visiones del mundo alternativas. Así, Marmusha se convierte, más allá de su singularidad etnográfica, en una metáfora del colonialismo francés en el norte de África y, en general, de cualquier situación de colonialismo, una de las formas históricamente más frecuentes de “encuentro” multicultural. Es muy importante hacer esta observación, ya que hoy en día todas las situaciones etnográficas pen- sables son, de una manera u otra, situaciones de multiculturalidad.

Al etnógrafo no le basta con la mirada profunda que le ofrece la obser- vación participante de su pequeña parcela de la realidad. Para interpretarla de una manera eficaz, compleja, debe ir más allá, debe estudiar la multiplicidad de formas en que su unidad de análisis se articula en ámbitos geográficos, so- ciales, económicos, políticos y culturales más amplios. Sólo de esta manera,

contextualizando, la especificidad etnográfica se vuelve interpretable: leyendo el particularismo de una situación en el marco comprensivo de los fenómenos más generales.

In document Pujadas, Johan., Etnografia (página 80-84)