IV. CONFIGURACIÓN DEL CENTRO DE BOGOTÁ
4.2. EVOLUCIÓN DEL CENTRO Y DINÁMICA DE CRECIMIENTO DE
4.2.1. Desarrollo, expansión y su incidencia sobre el centro
Hacia 1910 la ciudad inicia su crecimiento hacia el norte, y con Chapinero se da lugar al primer gran salto de ensanche que sobrepasó las fronteras simbólicas del centro colonial. Esta dinámica promovería el proceso de mudanza de grupos pudientes que se encontraban en el centro, así como la aparición de dos espacios marcados y diferenciados: la ciudad colonial y Chapinero. Paralelamente, otro proceso de expansión se adelantaba hacia el occidente en el sector de San Victorino y la Plaza España, considerado una puerta de entrada a la ciudad y de gran dinamismo comercial, el cual aún hoy día se mantiene.
Con el crecimiento hacia el sureste, se localizan obreros y artesanos y se fortalece la estructura lineal norte-sur, en el que las clases acomodadas habitan en el norte, donde se encuentran quintas y tierras ganaderas, y el sur, que cuenta con terrenos que ofrecen
materiales importantes para la construcción. Este eje estuvo estructurado a través del tranvía. En 1920 ya había en la ciudad 18 barrios obreros, diferenciados con respecto a los de las clases burguesas, en términos del tipo de viviendas, el acceso a los servicios, el espacio público y el transporte (tabla 11).
Tabla 11. Crecimiento de la ciudad, 1797-1927
Año Superficie (ha) Población
1797 203 21.394
1905 320 100.000
1912 530 121.257
1927 1.160 200.000
Fuente: Zambrano (2007): Historia de Bogotá (tomo 3)
La canalización de los ríos San Francisco y San Agustín durante los años veinte fue uno de los hechos de mayor incidencia en el centro. Estos afluentes constituían el eje primordial en la configuración de la ciudad. Dichos ríos se canalizaron y cubrieron aduciendo condiciones de higiene y contaminación y la necesidad de facilitar la conexión entre barrios de la ciudad cuya frontera eran los ríos. Hoy día se trata de recuperar su memoria y dignificar su importancia. Otro aspecto a nivel urbanístico fue el surgimiento de barrios enteros informales adquiridos por población pobre e inmigrante a promotores piratas en la periferia de la ciudad y cuyos lotes o viviendas sin terminar carecían de servicios públicos. Este patrón va generando entonces una ciudad informal al margen del desarrollo, segregada, muchas veces en suelos localizados en zonas de alto riesgo o en invasión de zonas vulnerables ambientalmente. La autoconstrucción determinaría el modelo de este tipo de viviendas, que también sería utilizado en otras zonas de la ciudad para un determinado tipo de vivienda popular.
En contraste, durante buena parte del siglo XX se encontraban vacíos a manera de
grandes potreros dentro de la ciudad: los llamados lotes de engorde. La ciudad no fue creciendo a través de piezas de manera continua, sino en fragmentos sueltos concentrados en la vivienda. Al no contar con un modelo de desarrollo planificado y en anillos a partir del Centro Tradicional, la dispersión y el quiebre de la continuidad
impactó considerablemente el dinamismo del centro e implicó enormes inversiones para extender las redes de servicios públicos y la construcción y atención de infraestructuras sociales.
Los propietarios de estos lotes fueron los grandes beneficiados del desarrollo urbano a través de la valorización de sus terrenos, resultado de las fuertes inversiones del estado en infraestructura vial, de transporte y de servicios públicos, y en la resultante de la urbanización acelerada de barrios legales10.
Adicionalmente, el sistema tributario y la cultura de evasión facilitarían este esquema especulativo, así como para los del negocio inmobiliario, donde los empresarios de la construcción aumentaron sus negocios sin la debida retribución social. La desigualdad es otro de los fenómenos por resaltar. La incapacidad del Estado para controlar el desarrollo, la débil planificación a comienzos de siglo y la deliberada gestión gubernamental, junto con la acción privada, llevaron a la segmentación de la ciudad por clases sociales, privilegiado las condiciones del desarrollo de los grupos pudientes y el ahondamiento de la pobreza en sectores populares, donde, además, la falta de viviendas agravaba la situación.
Como se ha señalado, según Zambrano (2007), el crecimiento demográfico para Bogotá en el siglo XX sería inusitado. En los años sesenta la proporción de viviendas con respecto a las actividades comerciales e industriales era de 90% y 10%, respectivamente. Aun así, el déficit de viviendas era una constante y se presumía un retraso de 22 años de construcción. El proceso incontrolable de expansión de la ciudad se haría entonces con el aval del gobierno y estaría básicamente en manos del sector privado, cuya lógica esencialmente se centró en la parcelación y construcción de barrios en función de sus intereses.
El occidente también tuvo su propia dinámica. El cambio de uso del suelo de rural a urbano supuso una transformación en la estructura de propiedad y la parcelación
10
El impulso a estas urbanizaciones se genera por las medidas anticíclicas del gobierno de Enrique Olaya Herrera, que incluyeron el salvamento hipotecario y el estímulo al crédito para la construcción; y por otra, de los temores de las burguesías bogotanas de que el Gobierno apelara a los ahorros de los cuentahabientes para solventar el conflicto con el Perú, lo que empujó a estas clases a emprender inversiones en finca raíz en áreas como el norte de la ciudad (Serna, 2012, p. 172).
progresiva de las haciendas en pocas manos concentraba prácticamente esa zona vecina de la ciudad. En términos de la institucionalidad, con el aumento de la burocracia y por pretendida funcionalidad de la administración pública, esta organiza algunas de sus instituciones clave en un nodo de entidades fuera de la ciudad colonial, sobre la avenida 26 en una zona de interrelación entre el centro, donde seguiría la Alcaldía Mayor y el nuevo aeropuerto en el occidente.
De la misma manera, el Gobierno central localiza parte de sus ministerios y entidades del orden nacional en la zona del Centro Administrativo Nacional (CAN), en las inmediaciones del campus de la Universidad Nacional, generando otro polo de desarrollo y descentralizando el rol concentrador de su presencia institucional en el centro. Con estos cambios, la expansión de la ciudad y el surgimiento de nuevos nodos, el Centro Tradicional y el Centro Histórico no serían la única centralidad. Los nuevos sectores privilegiados estarían compuestos por viviendas con mejores servicios, mientras que en el centro las edificaciones se fueron transformando en viviendas para sectores de ingresos más bajos o en espacios para actividades económicas menos dinámicas11
.
La falta de inversiones públicas y de mantención por parte de los propietarios aumentaron las carencias en las infraestructuras, las fallas en los servicios, el deterioro y abandono de los espacios colectivos y la degradación aún más fuerte de las viviendas. Con la disminución de los valores inmobiliarios se profundizó el desplazamiento de las clases de ingreso medio, el aumento de la pobreza, la inseguridad e inclusive uno de los resultados fue el de la tugurización e inquilinización por ocupantes muy pobres:
Durante todo este tiempo, y con un momento culminante a mediados de los años 70, el centro como un todo vive una época de esplendor en cuanto asiento de las actividades terciarias superiores. Su supremacía es incuestionable en este sentido y prácticamente la totalidad de las
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En otras partes de Latinoamérica, como en Quito a partir de la década del sesenta, las actividades del centro histórico empiezan a desplazarse hacia la Mariscal Sucre; el centro histórico de Lima ha sido sustituido en sus funciones centrales por Miraflores; en San Salvador la población de ingresos medios y altos han dejado el área histórica para hacer sus negocios en un nuevo centro financiero (Cepal).
sedes de las empresas, las instituciones financieras, las oficinas estatales y el comercio de mayor lujo se aglutinaba en el Centro Tradicional con su foco a unos cientos de metros de la Plaza de Bolívar (la Plaza Central). La abrumadora construcción, en su mayoría, de oficinas y de locales comerciales se hacía en esta zona y se comenzaron a construir allí una cantidad apreciable de edificios en altura (Jaramillo, 2006, p. 10).
En la siguiente secuencia, se ilustra la evolución del crecimiento de la ciudad hasta 1990 y su densidad. Las mayores transformaciones en el siglo xx se reflejan a partir de la década de los cincuenta.
Mapa 5. Evolución urbana de Bogotá
Ocupación periodo 1538-1912
Área: 892,3 ha Densidad: 149 hab/ha Área incorporada por año: 2,4 ha
Ocupación periodo 1912- 1939
Área: 1.529,8 ha Densidad: 156 hab/ha Área incorporada por año: 76,5
Ocupación década 1940
Área: 1.554, 1 ha Densidad: 222 hab/ha Área incorporada por año: 155,4 ha
Ocupación década 1950
Área: 1.889,1 ha Densidad: 157 hab/ha Área incorporada por año: 188,9 ha
Ocupación década 1960
Área: 3.142,9 Densidad: 250 hab/ha Área incorporada por año: 314,3 ha
Ocupación década 1970
Área: 5.812,3 ha Densidad: 206 hab/ha Área incorporada por año: 581.2 ha
Ocupación década 1980
Área: 2.648,5 ha Densidad: 306 hab/ha Área incorporada por año: 264.9 ha
Ocupación década 1990
Área: 3.528,3 ha Densidad: 276 hab/ha Área incorporada por año: 352,8 ha
Fuente: Instituto de Estudios Urbanos (s. f.),
http://institutodeestudiosurbanos.info/endatos/0100/0140/01412.htm
Igual de importante en el crecimiento de la ciudad y su impacto en el centro fue la anexión de los municipios vecinos de Bosa, Engativá, Suba, Usme y Usaquén, así como el caserío de Chapinero, que resultó integrado al perímetro de la capital, convirtiéndose en la primera Alcaldía Menor de Bogotá.
Los antecedentes de la incorporación de estos municipios al perímetro de la ciudad respondieron a la política de entonces, acordada entre el Presidente de la República y el Alcalde de Bogotá, de realizar un Plan Piloto en 1950, a cargo del reconocido arquitecto Le Corbusier, quien propuso además un plan regulador bajo los lineamientos de planificación inspirados en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM).
Con este se pretendía integrar la ciudad y su región de influencia bajo un modelo de construcciones en altura y el reemplazo de varias de las edificaciones existentes en el centro y otros puntos de la ciudad. El Plan, aunque no se ejecutó, incorporó al proceso a la oficina de Wiener & Sert y se decidió la anexión de esos municipios:
Entre las razones para no adoptar el Plan Regulador podría destacarse el hecho de que éste iba en contravía de los intereses económicos de quienes veían en la urbanización, legal o ilegal de tierras, un atractivo negocio. El plan establecía la carrera 30 como límite de desarrollo hacia occidente, dejando por fuera terrenos que venían desarrollándose en los municipios vecinos, lo que produjo el rechazo de los urbanizadores de la época; tanto así que se presionó… La ampliación se realizó finalmente hasta los 500 metros (Díaz, 2005, p. 124)