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2. LA RELACIÓN ENTRE EDUCACIÓN Y POBREZA, LA TEORÍA DEL CAPITAL HUMANO Y EL

2.2 La teoría del capital humano

2.2.2 Contenido y desarrollo de la teoría del capital humano

2.2.2.4 Desarrollo y principales aspectos de la teoría del capital humano

Retomando lo ya mencionado sobre el contexto en el que surge este teoría, cabe señalar que Schultz (1981/1985) había observado un incremento continuo en el valor del tiempo

humano, así como aumentos en los salarios reales y un cambio en los precios relativos

del capital humano y del capital físico, en beneficio del primero.50 Buscando explicar el motivo de estos cambios, en dicha obra los atribuyó a que la productividad había crecido tanto, que las tasas de rendimiento sobre la educación habían tendido con el tiempo a exceder a las del capital físico.

Por otro lado, Schultz había notado también mejoras en ciertos elementos relacionados con el capital humano; por ejemplo, un incremento en la esperanza de vida, una notable reducción en la mortalidad infantil y una buena acogida de los pobres a diversos programas de educación y sanidad pública. También una mayor demanda privada de medicinas, escolaridad, servicios sanitarios y alimentos, de mejor calidad y además accesibles a menor precio que antes.

Para dicho autor estos incrementos en la escolarización por alumno y los logros en salud mencionados tendrían efectos positivos en la productividad laboral y en el espíritu empresarial que consistiría, según él, en el aprovechamiento de las nuevas oportunidades económicas asociadas a la modernización. Esto a su vez repercutiría en las remuneraciones al trabajo pues, según añade, los incrementos en los ingresos de la mano de obra dependerían básicamente de que se obtuvieran aumentos en su

productividad, siendo la inversión en la “calidad de la población” uno de los principales

medios para lograrlo.

En cuanto a Gary Becker, este en 1957 empezó a realizar un trabajo empírico exploratorio sobre los efectos económicos de la educación en Estados Unidos.51 Sin embargo, sobre la marcha se dio cuenta de lo que él consideró ciertas limitaciones en las teorías desarrolladas hasta ese entonces, lo que le llevó a querer ampliar el alcance de su estudio a un análisis teórico generalizado que diera una explicación “unificada y coherente” a los hallazgos de diversos estudios empíricos realizados hasta ese momento. Esto dio lugar a su obra “El capital humano. Un análisis teórico y empírico

referido fundamentalmente a la educación”, que podría considerarse la obra cumbre de

la teoría del capital humano y el principal referente de esta.

50 Por ejemplo, además de lo ya señalado en el apartado anterior sobre la amplia proporción de la renta

de Estados Unidos que correspondía al trabajo, observó que entre 1900 y 1970 se dieron tendencias crecientes en el salario industrial real de varios países desarrollados, como Francia, Alemania, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos. Y también que para cierto periodo determinado, los precios reales de los recursos naturales en general disminuyeron en este último país, mientras que los de los salarios reales por hora se quintuplicaron.

51 Gary Becker era también estadounidense y fue alumno de Schultz. Ganó el Premio Nobel de Economía

en 1992, por ampliar el análisis microeconómico a un mayor rango de comportamientos humanos fuera del mercado. Por ejemplo, al tema de la fecundidad y la familia, tema al que se hará referencia con más detalle en el capítulo 3.

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En general, en gran parte de los estudios empíricos que utilizan esta teoría como marco de referencia; por ejemplo, en los que tratan sobre los retornos a la educación, la relación entre educación e ingresos o los determinantes de los salarios, básicamente lo único que se suele mencionar sobre esta teoría es que con base en ella se esperaría que una inversión en capital humano (y concretamente en educación), generara un aumento en los ingresos salariales.52

Aunque esta aseveración sobre dicha teoría es correcta, en realidad las aportaciones de esta son mucho más amplias y, en su obra mencionada, Becker plantea una relación mucho más rica y compleja entre capital humano y retribuciones. E incluso señala ciertos supuestos y factores que incidirían en estas relaciones, aunque normalmente suelen ser pasados por alto en el tipo de literatura mencionada.53

En dicha publicación, Becker señala que “la distribución personal de las retribuciones es, en parte, función de la distribución del capital humano y de sus rendimientos”.54 De acuerdo a su teoría, algunos ganarían más que otros “simplemente porque invierten más en sí mismos” y según él, el capital humano ayudaría a explicar diferencias en retribuciones tanto a lo largo del tiempo como entre diferentes áreas geográficas y entre personas o familias de una misma unidad geográfica. También trata el tema de la influencia que el capital humano tendría, tanto en la productividad de individuos y empresas, como en el desempleo.55

Cabe precisar que, aunque en su obra mencionada este autor se concentra más en la educación,56 señala que su teoría general es aplicable a cualquier tipo de capital

52 Tal es el caso, por ejemplo, de Garza Acevedo y Quintana Romero (2014) y Borraz, Cabrera, Cid, Ferrés,

y Miles (2010), entre muchos otros.

53 Un ejemplo de esto último puede observarse en Garza Acevedo y Quintana Romero (2014), quienes

señalan que la evidencia empírica de los modelos de Becker y Mincer no ha sido contundente, al existir también otros factores explicativos de la diferenciación salarial, además de las discrepancias en capital humano. Sin embargo, Becker en su obra clásica (1975/1983) no menciona que este sea el único factor determinante de los salarios. De hecho, en ella indica claramente que una parte de las retribuciones no depende del capital humano, aunque supone que esta parte sería pequeña. En el siguiente capítulo se ahondará en este tema. Asimismo, en esta obra también menciona que no pretende dar una respuesta acabada, e incluso reconoce que el conocimiento económico “necesita desesperadamente una teoría rigurosa de la distribución de la renta”.

54 En este punto es donde entra también el papel de Jacob Mincer, polaco emigrado a Estados Unidos que

habría ganado varios premios y que, por sus aportaciones, llegó a ser considerado “padre de la moderna economía del trabajo” (López-Ibor, s.f.). Según Becker, Mincer habría sido el primero en analizar la relación entre la distribución de las retribuciones y el capital humano, al proponer un modelo para estimar estadísticamente la contribución de la escolarización a la desigualdad de las retribuciones, en su obra “Investment in Human Capital and Personal Income Distribution”, 1958, citado por Becker (1975/1983). Años después, Mincer refinaría dicha contribución en su publicación emblemática “Schooling, Experience and Earnings” (1974), cuyo modelo se volvería la base de numerosos estudios empíricos sobre los rendimientos de la educación en distintas partes del mundo; y con el paso de los años, diversos autores habrían tratado de enriquecerlo.

55 Estas cuestiones las aborda desde un punto de vista teórico, pero también empírico, pues en este su

gran clásico incluye un amplio trabajo en el que cuantifica y evalúa dichas influencias en diversos grupos demográficos y para varios periodos de tiempo.

56 Y concretamente en la escolarización (al igual que se hará en este estudio comparativo de caso), en gran

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humano. De esta forma, las otras formas de capital humano ya mencionadas serían

también factores que influirían en la determinación de los salarios y, en general, en las retribuciones de los individuos.57

Es importante resaltar que, aunque Becker (1975/1983) enfatiza la importancia que, según su teoría, tendría el capital humano en la determinación de las retribuciones, introduce también algunas matizaciones y señala algunos elementos adicionales que podrían influir en aquellas.

Por ejemplo, el autor señala los límites de la educación como elemento explicativo de los

salarios al afirmar que las unidades (geográficas o individuales) con distinto nivel

educativo también tienden a diferir en otros factores que influyen en la renta, lo que hace que sea muy difícil aislar el efecto de la educación en esta. Una consecuencia de ello sería que la estimación del rendimiento privado de la educación en base a diferenciales de renta entre personas con distinto nivel educativo en realidad tendería a sobrevalorar el retorno de la educación, pues habría una correlación entre esta última y otras variables, de forma que una parte importante de los efectos que se le atribuyen pudiera deberse en realidad a otros factores asociados a esta.

Una muestra de ello serían los licenciados universitarios que, según él, tenderían a ser más aptos que los que solo terminaron el bachillerato (al menos en algunos sentidos). En cuanto a las diferencias entre las retribuciones de ambos grupos, Becker (1975/1983) menciona que la mayor parte de estas se debería a los beneficios propios de estudiar una carrera; es decir, a la educación en sí; y otra, a que quienes estudian licenciatura suelen ser más aptos, más ambiciosos, gozan de mejor salud y suelen tener padres más prósperos y con niveles educativos más altos.58

Como ya fue mencionado, lo anterior podría sobrevalorar los efectos de la educación en las retribuciones. Sin embargo, Becker también señala un problema contrario: el de la infravaloración de la influencia de esta, por otro motivo. Al respecto, indica que la educación tiene en realidad un efecto directo reducido sobre las retribuciones y explica que su relación con la obtención de mayores salarios opera a través de su efecto sobre los conocimientos y capacidades, actuando así de forma indirecta.

Más allá de las matizaciones señaladas sobre el papel del capital humano en los ingresos, en su obra señalada Becker también dedica un amplio espacio a desarrollar un modelo

57 Este punto se retomará en el siguiente capítulo.

58 En el mismo orden de ideas, el autor cita un estudio realizado en Estados Unidos en los años 50’s, según

el cual los licenciados demostraron en general tener mayores ventajas sobre los bachilleres en coeficiente intelectual, influencias, gustos, información sobre los puestos de trabajo mejor remunerados y padres profesionistas o ejecutivos. De esto podrían desprenderse varias preguntas: ¿El estudiar una licenciatura ayuda a mejorar algunas de estas variables o quienes tienen un mejor nivel en ellas tienden a estudiar una carrera universitaria en mayor medida que los demás? ¿O en realidad es una mezcla de ambas? Por otro lado, las mayores retribuciones alcanzadas por los licenciados, ¿se deben a su mayor educación o a sus otras características que suelen estar asociadas a una mayor escolaridad? La teoría de la señalización, a la que se hará referencia más adelante, surge en gran parte, precisamente, por el interés en estas cuestiones.

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general que busca explicar las decisiones de inversión en capital humano de los individuos, y los diversos elementos que pudieran influir en estas.

Por otro lado, tanto Becker (1975/1983) como Schultz (1981/1985), en sus obras citadas, dejan entrever la existencia de otros factores en la determinación de los ingresos, adicionales a las distintas formas de capital humano y a la escolaridad en concreto. Sin embargo, no los alcanzan a identificar del todo. A este respecto, por ejemplo Schultz señala la presencia de ciertos enigmas en cuanto a los motivos del fuerte incremento en los salarios (o valor del tiempo) en lugares ricos, como Estados Unidos y Becker plantea, como ya fue indicado, la presencia de otros factores y la necesidad de una teoría rigurosa sobre la distribución de la renta.59

Así, en realidad, la teoría del capital humano abordaría ambas partes de la cadena: los factores que influirían en la decisión de invertir en más capital humano; y la relación entre este y unas mayores retribuciones. Y dejaría entrever que, pese a la importancia que concede a la influencia del primero en estas, también habría otros elementos que influirían en ellas.

Finalmente, en su obra ya mencionada, Becker muestra otra aplicación de la teoría del capital humano, al señalar que la integración de esta con otras, tales como la de la asignación del tiempo y la de la elección, darían lugar a importantes aportaciones; por ejemplo, en la comprensión de los determinantes de la fertilidad.60

Así, como se ha observado, de la teoría del capital humano surgirían ciertos factores de posible influencia en los salarios, en la escolaridad e incluso en la fecundidad, los cuales serán tratados en el capítulo primero, pues serán de gran utilidad para la construcción del “catálogo” de factores señalado en el capítulo tercero.

Por último cabe señalar que, pese a que los postulados de esta teoría han sido adoptados como base de diversas políticas públicas de combate a la pobreza, en realidad estos autores no pusieron el foco de su teoría en esta. Sin embargo, si el aumento del capital humano contribuía a incrementar las retribuciones, como defendían ellos, la aplicación práctica sería que ayudaría también a reducir la pobreza, a través del aumento de los ingresos. Como ya ha sido mencionado, esto sería válido en general para las distintas formas de capital humano y, de manera especial para la educación. Según defienden, la escolarización incidiría en la productividad y esta a su vez en las retribuciones.61 Además, tendría efectos favorables en la capacidad empresarial y/o para hacer frente a los desequilibrios asociados a la modernización económica.

59 Ver la nota al pie número 53.

60 Schultz también habría profundizado en este tema, en Economics of the Family: Marriage, Children and

Human Capital, N. York, NBER, 1975, citado por Becker (1975/1983). Así, aunque a simple vista no pareciera haber una relación entre ambos temas, en realidad dichos teóricos se interesaron en aplicar algunos aspectos de la teoría del capital humano a la fecundidad y a la formación de la familia.

61 Para dichos autores, esto generaría consecuencias tanto privadas como sociales. Por otro lado, cabe

mencionar que Becker (1975/1983) recalca que la educación tendría efectos económicos importantes y también otros no económicos, aunque se centra en los primeros.

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En el diagrama 2.1 se puede observar una síntesis de los principales elementos señalados a lo largo de este epígrafe: de acuerdo a la teoría del capital humano, un aumento en la inversión en este (en cualquiera de sus variantes, pero en particular en la educación y en la escolaridad) originarían un aumento en los ingresos, el cual se daría de forma indirecta, a través de un incremento en los conocimientos y capacidades; y a su vez, en la productividad. Esta teoría también presta especial atención a los factores que incidirían en las decisiones de inversión en capital humano de los individuos. En menor medida, también contempla y acepta la existencia de otros factores de posible influencia en los ingresos.

También se reconoce que habría algunas características asociadas a una mayor educación y que, de no contemplarse, podrían sobreestimar el papel de esta. Así, una parte tanto del incremento en los conocimientos y capacidades, como en la productividad y en los ingresos que se esperaría que se generaran en una persona con mayor nivel educativo, se deberían a su educación y otra, a las características asociadas a esta (aptitud, gusto, habilidades, etc.). Finalmente, aunque esta teoría no se enfocara en la pobreza, una consecuencia lógica de sus postulados sería que los mayores ingresos obtenidos de la inversión en capital humano, contribuirían a reducir la pobreza y a elevar el crecimiento económico.

Diagrama 2.1 Síntesis de los principales aspectos referidos sobre la teoría del capital humano

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Algunas críticas a la teoría del capital humano

Aunque ahondar en este tema excede los alcances y objetivos de este estudio, se apuntan algunas cuestiones al respecto para ofrecer una mejor perspectiva de la teoría del capital humano en su conjunto y, sobre todo, para explorar algunas ideas que pudieran ser útiles para una mejor comprensión de las posibles limitaciones de esta y de los factores que pudieran interferir en la relación entre educación y salarios que sugiere. Esto podría contribuir a la construcción del “catálogo de factores” que se realizará en el siguiente capítulo y a un mejor análisis e interpretación de los resultados de este estudio comparativo de caso.

Algunas de estas críticas a la teoría del capital humano se relacionan con las otras teorías

mencionadas en el apartado 2.1. Así, por ejemplo, Schultz (1981/1985) reconoce

algunas críticas a las universidades en el sentido de que no eran equitativas en la

admisión de los estudiantes y de que no estaban interesadas en las reformas sociales y económicas. También señala las críticas de otros autores hacia la educación superior de

los países pobres, según las cuales esta no sería relevante en la satisfacción de las

necesidades sociales de estos países, incrementaría la desigualdad social al ir creando cierto elitismo, e incluso sería culpable del éxodo rural y estaría fuera de lugar en estos

países, debido al desempleo entre los universitarios.

A estas críticas dicho autor responde señalando que pareciera que quienes las realizan tendrían expectativas prácticamente ilimitadas con respecto a la educación superior y que el problema se ubicaría en el empeño de llevar a la práctica expectativas que

exceden lo que es posible. Apunta también que no se puede olvidar que la educación (y

en particular la superior) está limitada por la disponibilidad de recursos y por la calidad

de su organización y administración. Dentro de este último aspecto se encontraría la

cuestión de si los profesores y administradores de las escuelas tendrían o no incentivos suficientes y apropiados para ofrecer una calidad adecuada.

Con respecto a las críticas basadas en la expectativa de que la educación produjera reformadores sociales y de que los centros educativos fueran agentes activos de este tipo de reformas, Schultz (1981/1985) responde señalando que la mera instrucción no transforma a los estudiantes en reformadores, que las ideas de los estudiantes sobre lo que es una buena sociedad y su grado de compromiso con las reformas se basan en sus valores personales y que las escuelas pueden influir poco en ellos además de que, según él, no sería realista esperar que la educación (especialmente la superior), inculcara valores nuevos.

En la obra mencionada, dicho autor menciona también las críticas de quienes afirman que la educación está politizada. Bajo esta perspectiva, pudiera considerarse como una posible limitación de la capacidad de la educación para reducir la pobreza el que los

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grupos en el poder utilizaran a la educación como herramienta para mantener intacto al sistema, con sus mismas inequidades.62

Otras críticas a esta teoría estarían relacionadas con el sentido de la relación entre

educación e ingresos o pobreza, tema que también ya fue abordado en el apartado 2.1.

Al respecto, Becker (1975/1983) señala que algunos de los críticos de esta teoría atribuían la relación entre desigualdad en educación y en renta más bien al efecto de esta en la educación, considerando a la última como un bien de consumo. Así, bajo esta perspectiva, la relación sería similar a la que se daría entre la desigualdad de propiedades y la de renta, según la cual una renta baja conduciría a tener pocas propiedades y no al revés.

Otra crítica se derivaría de la sobrevalorización del papel de la educación en los ingresos, debido a la correlación existente entre aquella y otras variables que también pudieran influir en el aumento de las retribuciones, tema que fue mencionado en el apartado anterior. En este sentido, Becker (1975/1983) señalaba que algunos detractores argumentaban que la correlación entre ingresos e inversión en capital humano se debía en realidad a la correlación entre aptitud y capital humano.

Dicho planteamiento sería la base de la teoría de la señalización, también conocida como credencialista, del filtro o certificación. Según esta, la educación conduciría a un