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3. REVISIÓN DE LITERATURA Y MARCO TEÓRICO

3.3 Impacto del Programa Oportunidades en educación, empleo y fecundidad; e

3.3.3 Fecundidad en los jóvenes becarios y ex becarios del Programa; y posibles factores de

Como se mencionó en el epígrafe anterior, los impactos del Programa en el largo plazo son un tema de investigación muy reciente y poco tratado. Así, al igual que lo que ocurre con el tema del empleo, los salarios y la movilidad ocupacional, habría también muy poca información disponible sobre los patrones de unión y fecundidad de los jóvenes que hayan tenido una larga exposición al Programa.

213 Además del factor institucional concreto que se menciona aquí, pudieran haber otros elementos,

señalados en la literatura sobre el tema, que pudieran considerarse en esta categoría. Por ejemplo, la falta de reformas para promover una menor desigualdad en el ingreso. Sin embargo, no serán considerados de manera específica en este apartado, pues son demasiado amplios. Baste con recalcar que pudieran existir otros aspectos de tipo institucional, propios de cada región o país, que pudieran afectar los resultados esperados de Oportunidades o de otros programas de TMCs en el mundo.

214 Según dicha fuente, solo alrededor del 10% de los pobres eran asalariados que contaban con seguridad

social.

215 Si los trabajadores les pagan más por un patrón al ser “en negro” o ellos mismos trabajan por su cuenta

en el sector informal, pero al mismo tiempo tienen acceso a estos servicios que equivalen a la seguridad social, no tendrían incentivos para trasladarse al sector formal, cuya ventaja en teoría sería la de tener acceso a prestaciones laborales, aunque una implicación de esto es que también estarían sujetos, posiblemente, a una mayor inestabilidad laboral, al no tener contrato firmado y estar menos protegidos ante la ley en el caso de despidos, por ejemplo.

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En realidad, la relación entre Oportunidades y la fecundidad pudiera ser mixta: por un lado, pudiera aumentarla, si los beneficiarios perciben el apoyo como un incentivo para tener más hijos.216 Por otro lado, pudiera reducirla, a través de dos vías: a) la mayor educación que se alcanzaría con la ayuda del Programa y b) la formación de los jóvenes sobre el uso de métodos de planificación familiar que forma parte de las charlas de carácter obligatorio a las que los beneficiarios tienen que asistir para poder seguir recibiendo los apoyos.217

A continuación, se presentan los resultados detectados sobre este tema, al igual que sus factores de posible influencia, con base en la literatura sobre el Programa.

3.3.3.1 Patrones de fecundidad e impacto del Programa en ellos

Según la literatura, los apoyos del Programa no estarían incentivando que haya más nacimientos.218 Por otro lado, al parecer sí estaría generando algunos efectos en la reducción de la fecundidad, aunque con importantes limitaciones.

Se puede hablar de este tema desde distintas perspectivas. Por ejemplo, centrandose en la comparación entre los patrones de fecundidad de los jóvenes expuestos al Programa frente a sus padres o a los no beneficiarios; o desde un enfoque más general. Así, por ejemplo, en un estudio de caso realizado en un conjunto de localidades étnicamente diversas se encontraron resultados mixtos. Su población objetivo se enfocaba en los jóvenes que habían tenido la mayor exposición posible al Programa. Encontró que la mayoría de las mujeres (que al momento de realizarse el estudio tendrían alrededor de 20 años de edad) no habían sido madres todavía, independientemente de su condición étnica o condición de haber sido beneficiarias. Esto mostraría un salto importante con respecto a la generación de sus madres, las cuales tuvieron a su primer hijo a una edad promedio de 19 años.219

Dicho estudio también halló un inicio más tardío del ciclo reproductivo entre las jóvenes que habían sido beneficiarias, para el caso de las indígenas (26,3% de estas ya habían

216 Justamente para evitar esto, el Programa desde el inicio establecía un tope máximo y otorgaba las

becas educativas solo desde tercero de primaria, para así no convertirse en “un premio” a las familias numerosas. Sin embargo, su mismo creador reconocía que podía darse el efecto contrario, si el comportamiento de las mujeres en edad reproductiva no correspondía a la racionalidad económica que suponía el Programa. (Levy, 2010).

Cabe recordar que en los últimos años, como parte de la expansión de Oportunidades, se añadió un apoyo económico por cada niño entre 0 y 9 años de edad, además de que recientemente las becas educativas se extendieron a primero y segundo año de primaria, para las comunidades rurales. Autores como Rodríguez Ortega (s.f). proponen evaluar el impacto en la fecundidad de algunos de estos nuevos componentes.

217 En el siguiente capítulo se ahondará más en la relación entre educación y fecundidad y las formas en

las que se esperaría que esta operara.

218 Según El programa Oportunidades ¿promueve los nacimientos? del Instituto Nacional de Salud Pública

(2014).

219 Este estudio es el de La vida después de Oportunidades: Impacto del Programa a diez años de su

creación, de González de la Rocha et al. (2008), tratado también en el epígrafe sobre movilidad ocupacional.

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tenido a su primer hijo, frente al 32,4% entre las no beneficiarias). Esto sería acorde con lo esperado por el Programa. No obstante, llama la atención que en el caso de las mujeres no indígenas (o mestizas) la situación haya sido la inversa: entre ellas, el 42,3% de las que habían sido beneficiarias ya habían sido madres, frente al 35,7% de las no beneficiarias. Este porcentaje para las mestizas que fueron beneficiarias es considerablemente elevado, sobre todo para su edad. Los resultados son interesantes, aun cuando no puedan ser estadísticamente generalizables a todos los ex becarios, por la naturaleza del estudio.

La misma fuente añade que encontró poco éxito en políticas de control de natalidad en mujeres adolescentes, pues prácticamente ninguna de la muestra usaba ningún método de planificación familiar antes de tener a su primer hijo. De ahí deduce que el efecto

principal del Programa en cuanto a fecundidad no sería la postergación en la edad de tener al primer hijo, sino el espaciamiento de los embarazos. No obstante, cabe destacar

que dicho estudio encontró una relación positiva entre el alargar la trayectoria educativa y postergar esta edad, lo cual sí sería acorde a lo esperado por el Programa.

Por otro lado, el análisis de la amplia encuesta realizada en 2013 a jóvenes pertenecientes a hogares beneficiarios del Programa, cuyos resultados sí son estadísticamente generalizables, muestra también resultados limitados en este tema.220 Por ejemplo, obtuvo que la tasa de embarazo adolescente era similar a la de hace veinte años. Y que cerca de la mitad de las mujeres entre 14 y 17 años se había embarazado alguna vez, 67,4% para el caso de las de 18 a 21 años; y 86,6% entre las de 22 a 27 años. Por su parte, entre los hombres de 18 a 21 años, cerca del 30% habían embarazado a alguien, elevándose este porcentaje a más de la mitad entre los de 22 a 27 años. Como puede observarse, las cifras son muy altas para el caso de las mujeres.221 De los resultados en las de los dos primeros grupos de edad puede deducirse que la alta incidencia en los embarazos podría ser una limitante en la continuidad de la educación, ya sea en los niveles que apoya el Programa o en la continuación hacia estudios de nivel superior.

3.3.3.2 Factores de posible influencia en los patrones de fecundidad de los jóvenes becarios y ex becarios del Programa

A continuación, se enumeran los principales elementos que fueron detectados en la literatura consultada sobre el Programa en torno a la fecundidad y que podrían considerarse como factores de posible influencia (ver Diagrama 3.2).

220 Este análisis es realizado por Gutiérrez et al. (2014).

221 Además, entre quienes ya habían estado en dicha condición al menos una vez, el promedio de

embarazos fue de 1,7, según dicha fuente. Es decir, no solo es elevado el porcentaje de jóvenes que han estado embarazadas, sino que además lo habrían estado más de una vez, en promedio.

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Uso de métodos de planificación familiar y demanda insatisfecha de estos

Este sería un elemento de suma relevancia, por razones obvias. En general, en la literatura sobre el Programa hay coincidencia sobre un mayor uso de estos entre las jóvenes expuestas a Oportunidades, lo cual estaría relacionado con trayectorias educativas más largas, con los talleres obligatorios del Programa y, en general, con la información proporcionada a través de campañas generales. El incremento se habría dado principalmente entre las mujeres casadas o en unión libre y entre las que ya tenían al menos un hijo.222 (Campos Bolaño 2012; Instituto Nacional de Salud Pública, 2014; González de la Rocha et al., 2008).

Sin embargo, es posible que pese a ello aún exista una demanda insatisfecha de ellos, lo cual se traduciría en una cantidad considerable de embarazos no buscados o no deseados.223 Por otro lado, hay cierta evidencia de que, al menos en algunas localidades, los talleres de Oportunidades sobre el tema no proveían información suficiente y eficaz sobre estas medidas de planificación, siendo incluso esos grupos de jóvenes “los espacios de encuentro y, muchas veces, de creación de nuevas parejas, donde se maneja información errónea tanto sobre la anticoncepción como sobre la transmisión del VIH”. (González de la Rocha et al., 2008, refiriéndose a las comunidades de su estudio cualitativo).

Retraso o no en la edad de matrimonio o unión libre

Este elemento también estaría relacionado con los patrones de fecundidad, ya que muchas parejas esperan al matrimonio o a la vida en unión libre para tener hijos. No obstante, cabe señalar que para el caso de los jóvenes provenientes de familias beneficiarias, la proporción de quienes ya habían estado embarazadas o habían embarazado a alguien superó ampliamente a la de quienes se encontraban casados o en unión libre.224

222 Como una muestra de ello, Campos Bolaño (2012) resalta que para 2007 se encontró que el 57% de las

mujeres en edad reproductiva que eran beneficiarias utilizaba métodos anticonceptivos mientras que, en 1998, casi al inicio del Programa, este porcentaje era de solo el 36%. Cabe mencionar que ya desde el año 2000 un estudio del IFPRI mostraba un impacto positivo y significativo de este en el empleo de métodos anticonceptivos y una mayor probabilidad de uso en beneficiarios frente a no beneficiarios. (Parker, 2014).

223 Al menos para el año 2000, el mismo estudio del IFPRI citado en la nota anterior encontró que, pese al

mayor uso de estos métodos entre las mujeres beneficiarias, entre las de 20 y 49 años había una alta proporción con demanda insatisfecha de regulación de la fecundidad. Sería interesante conocer si en la generación de las actuales egresadas del Programa esta situación ha cambiado o no.

224 Según datos de Gutiérrez et al. (2014), en el grupo de 18 a 21 años alrededor del 27% estaban casados

o en unión libre, 67,4% de las mujeres de esa edad ya se habían embarazado alguna vez y cerca del 30% de los hombres ya había embarazado a alguien. Para los jóvenes entre 22 y 27 años estarían casados o en unión libre el 50,5%, se habrían embarazado alguna vez el 86,6% de las mujeres y habría embarazado a alguien el 52,5% de los hombres.

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Deseo de familias numerosas

Este elemento es señalado por el creador del Programa, quien afirmaba que las personas en situación de pobreza tenderían a desear familias más numerosas, por diversos motivos: el que los hijos desempeñaran una labor económica importante, ya sea dentro o fuera del hogar; el considerar a estos como una fuente de apoyo para la vejez; y para lograr el tamaño de familia deseado, en casos de mortalidad infantil considerable. Según el mismo autor, la reducción en la mortalidad infantil, el incremento en la educación de las mujeres, su mayor participación laboral y aumento en el acceso a salud reproductiva, podrían provocar el deseo de tener menos hijos. (Levy y Rodríguez, 2005). Pobreza

Como ya fue señalado, se esperaría que la reducción en la fecundidad y el retraso de esta contribuyeran a la reducción de la pobreza. Sin embargo, de acuerdo al creador del Programa, la relación también se daría en el sentido inverso; es decir, sería bidireccional. De hecho, este planteamiento fue parte de las consideraciones ligadas al surgimiento de Oportunidades (entonces bajo el nombre de Progresa), buscándose incidir en la mayor fecundidad observada entre los pobres. (Levy y Rodríguez, 2005).

En realidad, la influencia de este factor en la fecundidad sería más bien indirecta, ya que la pobreza suele estar ligada a cuestiones tales como uniones más tempranas, menor educación, menor conocimiento y uso de métodos de planificación familiar y deseo de familias más numerosas, factores ya tratados anteriormente. Como ya se ha descrito, el Programa habría buscado incidir en algunos de dichos elementos, por lo que se esperaría, por un lado, que los beneficiarios redujeran su pobreza y, por otro, que modificaran sus patrones de fecundidad, retrasando la edad de tener a su primer hijo y dejando de tener familias tan numerosas.

En realidad, considerar a este factor pudiera ser algo redundante, por la alta correlación que se esperaría entre este y los otros factores mencionados. Sin embargo, pudiera ser interesante analizar si existen distintos patrones de fecundidad entre los beneficiarios de Oportunidades, en función de su grado de pobreza. Esto debido a que, aun cuando se esperaría que todos ellos estuvieran en situación de pobreza (por los mismos criterios de selección del Programa), esta pudiera variar en su profundidad.