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Descripción biológica del proceso del embarazo

Capítulo II. Embarazo en adolescentes

2.3. Descripción biológica del proceso del embarazo

Antes de pasar al problema de salud pública que representa el embarazo en las adolescentes, vale la pena hacer una descripción del proceso biológico del embarazo.

El embarazo es un proceso que dura 266 días y durante ellos ocurren, tanto en la madre como en el feto, una serie de notables modificaciones. A continuación se describen los cambios más significativos, tomando en cuenta las descripciones del

proceso de embarazo, realizadas por Mondragón, Ezeta y Wulfovich (1998), y Althabe, Ibisky y Althabe (1999), quienes dividen el proceso del embarazo en fases o períodos trimestrales.

El primer trimestre comprende los 3 meses que siguen a la concepción; el segundo abarca del cuarto al sexto mes, y el tercero va desde el séptimo mes hasta el nacimiento. Durante las ocho semanas posteriores a la fecundación, al producto se le denomina embrión y, transcurrido este lapso, feto.

Primer trimestre. Partes del diminuto blastocisto esférico que anida en el revestimiento del útero se transforman en placenta y en membranas fetales. La placenta es el órgano a través del cual el ser en desarrollo se alimenta y recibe oxígeno del torrente circulatorio de la madre, los productos residuales del feto se filtran por la placenta. Las membranas fetales, la interior amnios y la externa o Corion, son dos sacos delgados de tejido que encierran al embrión o al feto. Éste se encuentra rodeado por un líquido claro amarillento, denominado líquido amniótico, que mantiene constante la temperatura, y que sirve de amortiguador contra los golpes, protegiendo al embrión o al feto de todo daño físico (Mondragón et al., 1998).

En el momento de la implantación, el blastocisto-embrión mide ménos de un milímetro de diámetro, pero al término del primer trimestre, el feto alcanza los 9 cm. de largo. Este acelerado ritmo de crecimiento corre parejo con una serie de complicadas pautas de formación de órganos, que convierten una masa indiferenciada de células en un ser de apariencia inequívocamente humana. Al final del primer mes de embarazo, el embrión posee un tosco corazón, aparato digestivo, un cerebro, médula y sistema nervioso incipientes. En la cabeza, muy desarrollada, se perfilan los ojos, si bien aún no apuntan las facciones. En la quinta semana, se aprecian las protuberancias de brazos y piernas, empiezan a cobrar forma la parte posterior de la boca y se observan escotaduras en la parte que corresponde a las orejas. Asimismo, se perfila el cordón umbilical, órgano largo y flexible que contiene dos arterías y una vena y que se extiende desde la placenta hasta el ombligo del embrión. Durante la sexta y la séptima semana se desarrollan y perfilan en mayor medida los ojos y las orejas, a la vez empiezan a formarse los dientes y los músculos

faciales. El cuello se hace también visible y aparecen formaciones óseas incipientes (Althabe, 1999).

Este mismo autor refiere que, en esta fase evolutiva, los embriones masculinos presentan ya el tejido testicular, pero en el embrión femenino no ha empezado todavía la formación de los ovarios. Antes de este período es imposible distinguir un embrión masculino de otro femenino, en función de sus singularidades anatómicas.

A partir de las ocho semanas, y según lo manifestado por Mondragón y colaboradores (1998), el embrión presenta claramente delimitados las manos y los pies, al tiempo que se constituyen los vasos sanguíneos principales. En esta fase de la gestación, el embrión pesa alrededor de un gramo y mide tres centímetros de largo. Durante el tercer mes, continúa el crecimiento fetal y aparecen las uñas en manos y pies, los folículos pilosos y las pestañas. Las extremidades adquieren las debidas proporciones, en relación con el resto del cuerpo, y se aprecian los genitales masculinos y femeninos. Al término de la duodécima semana, se han formado los principales órganos, aunque no todos están completos.

Segundo trimestre. Durante el cuarto mes, el feto desarrolla los labios, las yemas de los dedos y el pelo en la cabeza. Empiezan los movimientos de succión y el niño ingiere pequeñas cantidades de líquido amniótico. El feto se mueve y gira frecuente y ostensiblemente dentro del saco amniótico. En el curso del quinto mes, es posible ya percibir los latidos del corazón y todo el cuerpo se cubre de un fino manto velloso. El feto responde también a los sonidos y pasa parte del tiempo dormido, y parte despierto. Al llegar al sexto mes, él feto abre los ojos y tiene pelo largo en la cabeza. Al final del segundo trimestre, el tamaño del niño es de 30 cm. de largo y su peso es de 600 a 700 gramos (Mondragón et al., 1998).

Tercer trimestre. Durante el séptimo mes, se completa la formación del cerebro y del sistema nervioso, el tejido adiposo crece debajo de la piel y el lanugo, o manto velloso, desaparece del cuerpo en buena medida. El niño nacido prematuramente, al principio del séptimo mes, tiene una posibilidad de supervivencia del 10%, pero un mes más tarde es ya del 70%. Durante el octavo mes, la piel del bebé se alisa y adquiere un tono rosáceo. Si no lo ha hecho antes, el niño va

dándose la vuelta hasta colocarse con la cabeza hacia abajo. En el noveno mes, el feto suele ser menos activo que hasta entonces, en parte por razón de su tamaño y lo restringido del habitáculo del útero. Sus ojos son azules, pero después de estar expuestos, por algún tiempo, a la luz cambia muchas veces el color. Es importante mencionar que, en esta etapa del embarazo, el niño ha adquirido ya anticuerpos de la madre, que le protegerán de las infecciones durante la primera infancia. Para cuando la gestación toca a su fin, el feto mide, en término medio, 50 cm. y pesa de 3.1 a 3.4 kilos (Mondragón etal., 1998).

■i Todo lo mencionado conceptualiza al embarazo como un proceso biológico, dentro del cual es también importante señalar el intervalo de edad apropiado, en el que se debe dar la gestación, para minimizar los posibles riesgos. En lo referente a este punto, Monroy (2002) establece que, tomando en cuenta la madurez fisiológica y emocional es entre los 25 y 35 años de edad, el período ideal para que una mujer se embarace por primera vez. A partir de los 25 años, la mujer presenta la madurez física de los órganos reproductores, necesaria para dar inicio a la fase de reproducción, y se encuentra en teoría, emocional y psicológicamente estable, madura, equilibrada e independiente, aun cuando esto depende de la vida y situación de cada persona; a partir de esta edad, la mujer puede hacer frente a las diferentes situaciones que se le presenten en calidad de embarazada; es capaz de resolver de manera apropiada la introversión, la pasividad y el proceso de la gestación, y manejar adecuadamente la labilidad emocional y la ambivalencia ante el embarazo, así como resolver convenientemente el desequilibrio entre el yo y el ello, los cambios de la imagen del cuerpo y la ansiedad ante el parto.