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Capítulo II. Embarazo en adolescentes

2.5. Factores predisponentes o factores de riesgo y factores protectores en el embarazo en adolescentes

2.5.1. Factores predisponentes o de riesgo

Los factores que influyen en la ocurrencia del embarazo en adolescentes son múltiples y de origen diverso, muchos de ellos están determinados por el contexto en el cual se desenvuelve el joven. Los de mayor importancia, por sus características, son los biológicos, los socioculturales, los psicológicos y los familiares; cada uno de ellos incide de diferente manera en esta problemática y frecuentemente confluyen más de dos.

2.5.1.1. Biológicos

Castillo y colaboradores (1996) señalan que, como factor predisponente de índole biológico, se puede considerar al hecho de que actualmente la pubertad se produce a edades más tempranas. Rico de Alonso (1996) refiere que científicamente se ha

comprobado que hay un adelanto de casi un año en la menarca (primera menstruación) dándose esta situación en promedio a los 12 años. Y comenta que esta parcial madurez fisiológica trae como consecuencia la emergencia de relaciones sexuales más tempranas, que se calcula en un adelanto de tres años, siendo éstas esporádicas y no planificadas, todo esto con respecto a las generaciones anteriores. Este autor comenta que entre las características presentes en el 95% de embarazos no deseados y la alta incidencia de abortos inducidos, en las madres adolescentes, se encuentran los siguientes:

1. El 70-80% de las madres adolescentes son solteras. 2. La mayoría son de escasos recursos económicos.

3. Por lo general no poseen información adecuada sobre el. sexo y los métodos anticonceptivos.

4. Ausencia de una adecuada educación sexual.

Varios estudios realizados por investigadores en esta área, como el de Ehrenfeld (1995), han mostrado que los adolescentes varones tienen carencias en conocimiento de fisiología reproductiva y esto ocasiona, asimismo, relaciones sexuales tempranas por curiosidad. Los jóvenes, en general, desconocen, en primer lugar, la fisiología y la anatomía de los órganos sexuales, tanto masculinos como femeninos, ignorando en consecuencia los riesgos biológicos de un embarazo a tan temprana edad y, en segundo lugar, existe un gran abismo de conocimientos en lo que a métodos anticonceptivos se refiere.

2.5.1.2. Socioculturales

En relación con los factores de riesgo de carácter sociocultural, Castillo y colaboradores (1996) señalan la influencia que tienen los medios de comunicación de masas sobre la población adolescente. Éstos ejercen una gran presión debido a la inmensa cantidad de estímulos sexuales, así como a una valoración ficticia de éstos, como placer sin compromiso afectivo. Durante la adolescencia, el grupo de pares también ejerce una gran presión para iniciar actividad sexual; ellos afirman que su

principal fuente de información son los amigos, los cuales los guían en pautas de comportamiento sexual.

Catalano y Hawkins (1995), y Rico de Alonso (1996) realizaron investigaciones sobre factores de riesgo sociocultural del embarazo en adolescentes e identificaron como características comunes los casos de consumo de drogas, delincuencia juvenil, deserción escolar y violencia, carencia extrema de recursos económicos, historia familiar de comportamiento problemático así como la presencia de dificultades en el manejo de ésta. Estos autores comentan que todas estas características que comparte el entorno donde vive él adolescente, sugieren que algunos ambientes ofrecen oportunidades concretas para desarrollar comportamientos problemáticos y que además brindan muy poco auxilio para evitarlos. Y refieren que estas comunidades tienen leyes y normas que favorecen actividades delictivas, como el consumo abusivo de drogas, la adquisición de armas de fuego, amistades que muestran comportamientos inadecuados, padres con actitudes favorables para el comportamiento problemático y la falta de unidad y organización entre los integrantes de la familia y de la comunidad. Esta misma fuente señala que, en esas circunstancias, los adolescentes que luchan por tener identidad, destrezas y estilos de vida, tienen un acercamiento fácil a actividades consideradas como inadecuadas por la sociedad y tienen acceso muy restringido a actividades calificadas como positivas.

A pesar de la mayor liberalidad, en cuanto a las normas sociales y específicamente las relaciones prematrimoniales, Castillo y colaboradores (1996) mencionan que actualmente tener un hijo natural sigue siendo para muchas mujeres una experiencia emocional y socialmente conflictiva; fenómeno mediado por una educación intrafamiliar que presenta carencia afectiva y una inadecuada educación en cuanto al manejo de los sentimientos. Además de la influencia por parte de todos los medios de comunicación, como ya se mencionó, que fomentan la erotización y la seudo valoración de la sexualidad, lo cual ocasiona falta de compromiso en ambas partes y conduce a la población en general, pero principalmente a los grupos más vulnerables, como lo son los adolescentes, a relaciones sexuales inmaduras e irresponsables que corren el riesgo de presentar un embarazo inesperado.

En este mismo sentido, y dentro del tema de los factores de riesgo socioculturales, es importante considerar las “creencias conductuales sexuales”. Y con respecto a éstas, Singh y Wulf (1996) comentan que cuando la mujer solicita a su pareja utilizar el condón esto da como resultado las siguientes reflexiones por parte de su grupo social:

1. Que se le califique como promiscua y poco confiable.. 2. Que evita la procreación.

3. Que ha tenido relaciones sexuales previas, las cuales planea (hecho condenable), y

4. Que además las disfruta.

Por otro lado, Silva (1997) señala que el método anticonceptivo más utilizado por los adolescentes varones es el condón, a diferencia de las adolescentes mujeres que utilizan el ritmo. En este sentido, se considera que éstas prefieren un método que ellas mismas controlan, con el fin de evitar el tipo de respuesta social, señalada por Singh y Wulf. Silva (1997) menciona que los embarazos no deseados son uno de los principales riesgos asociados a la práctica de la sexualidad en la adolescencia.

Rico de Alonso (1996) señala que uno de los factores que aumenta este riesgo es la ausencia de información veraz. Más del 70% de los jóvenes consideran que están bien informados en materia de sexualidad; sin embargo, se ha observado cómo determinados mitos, mencionados anteriormente, continúan muy extendidos entre la gente joven. En ese sentido, la información obtenida de fuentes nada confiables como revistas o películas presenta una visión muy reduccionista de la sexualidad. Esto es un grave problema, pues existe una gran diferencia entre la percepción subjetiva de estar bien informado y estarlo realmente; es decir, los jóvenes tienen la “ilusión de que sab.en”, y por lo tanto no ven la necesidad de buscar información; por lo que actúan con base en dichas creencias erróneas. Por otro lado, muchos jóvenes que toman la decisión de informarse no saben a dónde acudir. A veces, saben dónde acudir, pero no lo hacen, o por vergüenza, o porque no se atreven. Con la misma dificultad se encuentran a la hora de adquirir el método

anticonceptivo (por norma general el preservativo). Otro factor es la ausencia de habilidades sociales o de autocontrol para exigir su utilización a la pareja.

Dávila (2004) refiere que está muy extendida la idea de que la “norma”, entre los jóvenes, es tener relaciones sexuales; los adolescentes se sienten presionados por los comentarios de los amigos, o por series de televisión, que muestran jóvenes actores, que son activos sexualmente. Este mismo autor menciona que, esta situación es la que se conoce como presión de grupo y que puede ser el impulso para hacer algo, aún sin estar plenamente convencidos; por el simple hecho de creer que el resto del grupo lo hace. Además de que físicamente se sienten preparados para mantener este tipo de relaciones; aunque no lo estén desde el punto de vista social. En algunos casos, otro factor que está presente es la ambivalencia ante un embarazo como fruto de ese amor idílico y maravilloso de la adolescencia. Si a esto añadimos el afán por la búsqueda del riesgo y la baja percepción del mismo, característico en la adolescencia, se puede entender un poco mejor la situación, que en muchos casos desemboca en un embarazo no deseado.

La OMS (2003) también señala que el riesgo potencial para las adolescentes de llegar a quedar embarazadas incluyen: los contactos sexuales tempranos, la edad de 12 años se asocia con 91% de oportunidades de estar embarazadas antes de los 19 años, y la edad de 13 años se asocia con 56% de embarazos durante la adolescencia; el uso temprano del alcohol y/o otras drogas, incluyendo productos como el tabaco; salir de la escuela; la carencia de un grupo de apoyo, o pocos amigos; la carencia de interés en la escuela, en la familia, o en las actividades comunitarias; percibir pocas o ninguna oportunidad para el éxito; vivir en comunidades o escuelas donde los embarazos tempranos son comunes, y considerar la gestación como una norma, más que como una causa para su interés; crecer en condiciones empobrecidas; haber sido víctima de un ataque o abuso sexual; o cuando sus madres, a su vez, las han dado a luz antes de los 19 años.

2.5.1.3. Psicológicos

Como factores de riesgo o predisponentes de índole psicológica, hay que considerar que las adolescentes generalmente se involucran en relaciones sexuales por razones

no sexuales; los motivos pueden ser el deseo de independizarse de los adultos, los valores asociados a un sentimiento de rechazo hacia las figuras de autoridad; o bien como un medio de satisfacer necesidades afectivas. Se han encontrado algunos factores de personalidad, que facilitan el émbarazo adolescente, como son: la dificultad de establecer metas apropiadas y gratificarse a sí misma por sus propios logros, escasa tolerancia a la frustración, labilidad emocional, falla en el control de los impulsos, afectividad empobrecida y escaso nivel de madurez emocional. Otro factor de personalidad es la presencia de una autoestima disminuida, por lo que ellas buscan con el sexo llenar una necesidad de autoafirmación (Kaplan, 1997).

Coincide con esto Molina y colaboradores (1996) al referir que muchas mujeres llegan al embarazo como una manera de llenar sus múltiples carencias; el ser requeridas sexualmente, las hace sentirse valoradas, entregan ese cariño no tanto por satisfacción personal, sino por satisfacer a la persona que quieren mantener a su lado. Esta situación prevalece principalmente en las adolescentes, en las cuales, como ya se mencionó, se presentan múltiples trastornos psicoafectivos, considerados propios de esta etapa.

2.5.1.4. Familiares

Los factores familiares predisponentes se consideran los más influyentes e importantes para el adolescente. Es evidente, según lo mencionan Castillo y colaboradores (1996) que la presencia de un modelo familiar adecuado es de suma importancia para la adolescente, ya que ella requiere, para el logro de su madurez, de modelos de identificación de ambos sexos, lo cual es necesario, tanto para reafirmar su propio rol de género, como para definir su patrón de interacción con el sexo opuesto. Sin embargo, cuando esto no se da hacia el interior del núcleo familiar, se presenta la situación de riesgo o predisponente.