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Capítulo II. Embarazo en adolescentes

2.6. Implicaciones del embarazo en los adolescentes

2.6.2. Implicaciones asociadas a la decisión de tener el hijo

2.6.2.2. Implicaciones biopsicológicas

2.6.2.2.2. Implicaciones biológicas

Organismos internacionales como la OMS, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) y la UNICEF, en 1996, consideraron la gestación en adolescentes, como embarazo de alto riesgo, por todas las complicaciones a las que está expuesta; estas organizaciones internacionales señalan que las jóvenes embarazadas ameritan un control prenatal especial y regular, que incluya la participación de un equipo multidisciplinario en salud, con intervención de psicólogos, médicos y nutriólogos, entre otros, con experiencia en la atención de adolescentes gestantes.

Es importante mencionar aquí,, que específicamente las consecuencias sociales son en muchas ocasiones responsables de que la joven embarazada se prive de asistencia médica, lo que da como resultado un mayor porcentaje de las complicaciones biológicas.

Por ejemplo, esta situación se ha observado con frecuencia en la práctica clínica de la autora, en la consulta externa de control prenatal del Hospital Escuela de la UV, en donde se ha podido advertir que el control de las adolescentes durante el embarazo, generalmente es irregular porque aun cuando se les cita de manera mensual, las jóvenes no asisten, y cuando se les interroga sobre el motivo de su inasistencia, manifiestan diferentes causas, principalmente de tipo familiar y/o económicos, entre otros.

En realidad, la problemática que presenta el tema de la prevención de la salud de la madre y el niño, en el caso de embarazo en la adolescencia, es múltiple y compleja, y esto, como ya fue mencionado, es mediado por diferentes factores de orden biopsicosocial. Al respecto, Silber y colaboradores (1996) mencionan que un alto porcentaje de adolescentes embarazadas no acuden oportunamente a los servicios de salud y no reciben atención prenatal, debido a los ya mencionados factores de orden psicosocial asociados con su maternidad, potenciando así el desarrollo de los factores de riesgo en la salud, propios de su estado.

Durante el período de gestación en las adolescentes se detectan varias patologías que afectan el curso normal del embarazo y muchas de estas

enfermedades tienen su origen en la inmunosupresión del sistema inmunológico, ocasionado por trastornos emocionales, generados por el mismo proceso de gestación (alteraciones hormonales y metabólicas) y por el entorno de la joven.

De acuerdo con Ehrenfeld (1995), durante la gestación se libera progesterona en grandes cantidades, ésta es una hormona que actúa como depresor del sistema nervioso central, junto con el estrògeno, que es otra hormona que se libera durante el embarazo, ambas afectan directamente el metabolismo de las catecolaminas, que son un grupo de sustancias químicas a las que se les considera como importantes mediadores de las emociones; especialmente en la depresión y la exaltación, provocando esto labilidad emocional en la gestante.

Por su parte, Hobel y colaboradores (1999) señalan que durante el embarazo también se alteran las concentraciones de corticoesteroides —hormonas secretadas por las cápsulas suprarrenales— a las que se les han atribuido directamente los efectos de la depresión o euforia, con paranoia leve o problemas cognoscitivos.

Mediante la observación clínica que se ha realizado en la consulta externa de control prenatal, en el Hospital Escuela de Ginecología y Obstetricia de la UV, se ha advertido que dentro de las manifestaciones más usuales en la joven embarazada, está la presencia de llanto con más facilidad que en otras condiciones, ante una situación que la entristece o trastorna. También se ha advertido una reacción más intensa a irritaciones de la vida cotidiana sin importancia, y la adolescente frecuentemente expresa que experimenta ansiedad, con relación a personas o circunstancias que no parecen ser amenazantes para otros. Todas estas alteraciones de los niveles hormonales parecen afectar la intensidad de las reacciones psicológicas; la naturaleza de éstas, posiblemente dependa de una serie de factores, en donde se debe considerar: la edad de la gestante, la personalidad de la mujer, su identidad, su madurez, las relaciones con otras personas, la cantidad de estrés que encierra su vida diaria, la disponibilidad de apoyo financiero y emocional, y lo que para ella significa el embarazo, entre otros.

Es importante considerar que dentro de los riesgos biológicos, se debe tomar en cuenta la edad de la joven y el tiempo que ha transcurrido entre su desarrollo y el embarazo. Salvatierra (1998) comenta que cuando la adolescente gestante tiene

menos de 15 años, se'ha observado mayor riesgo de aborto, parto prematuro o parto por cesárea, por inmadurez fisiológica. Si es mayor de 15 años, la embarazada tiene el mismo riesgo que una paciente adulta, excepto si está mal alimentada, o si se encuentra en situación de abandono por parte de su pareja y/o su familia, ya que esto incide directamente en su estado de salud. En general, en las embarazadas adolescentes aumenta el riesgo biológico y las complicaciones obstétricas. Se ha observado que se relacionan los riesgos físicos directamente con la pobreza, la mala alimentación y la salud deficiente antes del embarazo; aunado todo esto a un inadecuado control prenatal.

La madre adolescente y su hijo enfrentan mayores riesgos médicos que la mayoría de las mujeres embarazadas, debido a su inmadurez física y psicológica; además de tener mayores probabilidades de volver a ser madres en un corto plazo.

Por su parte, Peña y colaboradores (1996) refieren que otros de los principales riegos biológicos están representados por las complicaciones obstétricas, tales como: toxemia, anemia, parto prematuro e incremento en la mortalidad pe ri natal, entre otros. De acuerdo con las investigaciones realizadas por esos autores, se destaca como principales riegos obstétricos a la toxemia gravidica, anemia, infecciones de vías urinarias, amenazas de aborto, abortos, hipertensión inducida por el propio embarazo (preeclampsia), enfermedades de transmisión sexual, amenazas de parto inmaduro y prematuro, embarazo pre-término, parto prolongado, nutrición insuficiente; y complicaciones durante el proceso del parto, como la atonía uterina y la desproporción cèfalo pélvica o feto pélvica, la mayor frecuencia de cesáreas (siendo inversamente proporcional a la edad materna), ocasionando todo esto, como ya se mencionó, un incremento en la morbimortalidad materna y perinatal, respecto a otros grupos de edad. Goethals y Thiery (1996) señalan que las adolescentes gestantes tienen un riesgo tres veces mayor de presentar parto pretérmino o muerte fetal intrauterina, en el segundo embarazo.

Es importante tomar en cuenta que las adolescentes están todavía en desarrollo y crecimiento, la pelvis se está expandiendo, asimismo, el canal del parto no tiene el tamaño definitivo, por lo que las jóvenes embarazadas presentan

desventajas biológicas y más problemas en los partos, lo que ocasiona que toda gestante adolescente deba ser considerada como de alto riesgo obstétrico.

Uno de los problemas para valorar el riesgo en el desarrollo de las jóvenes reside en la dificultad de medir el crecimiento en talla durante el embarazo. La talla es un indicador poco sensible, debido al “encogimiento” que se presenta, asociado a cambios posturales, por el peso del útero grávido y la compresión que ocurre en la columna vertebral. Light y Fenster (1997), mediante la utilización de un nuevo instrumento (aparato para medir la altura de la rodilla AMAR) pudieron detectar cambios en el crecimiento de los miembros Inferiores y demostraron que algunas adolescentes continúan creciendo durante el embarazo, pero tenían hijos que pesaban menos al nacimiento, comparados con los hijos de mujeres que ya habían terminado de crecer y de madres adultas. Este hallazgo sugiere la hipótesis de una competencia materno-fetal por nutrientes en la madre adolescente quien se encuentra en crecimiento; situación que puede ser de mayor significancia en las adolescentes de países en desarrollo, debido al relativo déficit de la nutrición pre­ concepcional. El peso antes del embarazo es un indicador del estado nutricional materno, y un determinante independiente y aditivo del peso del niño al nacer; es menor en la adolescente que en la mujer adulta, sobretodo en comunidades del tercer mundo, en donde el estado nutricional de la niña adolescente es, a menudo, precario. El peso ganado durante el embarazo parece ser el determinante más significativo para la salud del niño. Una inadecuada ganancia de peso, en el embarazo, aumenta el riesgo de bajo peso al nacer, prematurez y complicaciones perinatales. Según lo refieren estos mismos autores, por razones no bien conocidas, la ganancia promedio de peso durante el embarazo en mujeres de países en desarrollo es mucho menor (5-9 Kg.), que en los países industrializados.

Peña y colaboradores (1996) identificaron que la ganancia de peso durante el embarazo y el peso del niño al nacer era mayor en las adolescentes mexicanas, que ya habían terminado de crecer, comparado con las que aún estaban creciendo. Por otro lado, para el bebé en gestación, o producto, los principales “riesgos físicos o biomédicos”, mencionados por Hayes en 1997, son los siguientes: sufrimiento fetal agudo, bajo peso neonatal, ictericia neonatal, sepsis neonatal, malformaciones

congénitas (polidactilia, paladar hendido, entre otras), síndrome de dificultad respiratoria, prematurez y mayor probabilidad de muerte infantil.

Las implicaciones orgánicas más frecuentes, que se presentan durante la gestación, el parto y el posparto de los embarazos en adolescentes y que afectan notablemente a la madre y al producto, son las anemias, las alteraciones de peso, el crecimiento uterino inferior a lo normal y los abortos espontáneos. Las complicaciones durante el parto y el posparto son también muy importantes, puesto que elevan la tasa de morbimortalidad materna y perinatal. Tradicionalmente estas consecuencias orgánicas se habían explicado con base en la inmadurez biológica inherente a la edad de la madre. Sin embargo, la OMS (1996) refiere que se ha llegado a la conclusión de que la inmadurez biológica es un factor muy importante sólo en las adolescentes más jóvenes (menores de 15 ó 16 años). Por encima de esta edad, parecen ser mucho más relevantes diversos factores de tipo psicológico y social.