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Capítulo II. Embarazo en adolescentes

2.6. Implicaciones del embarazo en los adolescentes

2.6.2. Implicaciones asociadas a la decisión de tener el hijo

2.6.2.2. Implicaciones biopsicológicas

2.6.2.2.1. Implicaciones psicológicas

En este punto se debe tomar en cuenta que la maternidad no programada genera tensión en las adolescentes gestantes, y su capacidad biológica y psicológica se ve

fuertemente presionada, más aún si ha sido rechazada por su familia y/o abandonada por su pareja.

El apoyo percibido por la madre gestante durante el embarazo, ya sea proporcionado por su pareja, por la familia y/o por el personal de salud que la atiende, es importante para el buen curso del embarazo. Dunn, Putallaz, Shepard y Lindstrom (1997), lo identifican como la capacidad que llega a tener una persona, de una o más de las siguientes clases: a) de que el sujeto es querido; b) de que el sujeto es estimado y valorado, y c) que el sujeto posee, como por ejemplo, la capacidad para establecer redes de comunicación y de relación.

Estos mismos autores mencionan que el apoyo percibido es más importante que el recibido, ya que es el que determina el bienestar físico y psicológico del sujeto. Refieren que el apoyo percibido actúa a un nivel global, aumentando los sentimientos de auto valía y eficacia y, por tanto, incrementa la autoconfianza a nivel general, ocasionando un mejor afrontamiento de las situaciones que pueden causar estrés.

Menciona la OMS (1996) que, dentro de los problemas psicológicos, se destaca que el inadecuado y escaso o nulo control prenatal, que suelen tener estas madres, —al parecer motivado, entre otras cosas, por el hecho de que aproximadamente el 80% de estos embarazos no son deseados—; favorece la tendencia a ocultarlos, y es responsable, en gran medida, de no detectar las implicaciones psicológicas, así como el de no realizar las intervenciones necesarias en un tiempo razonable, para evitar las secuelas. La madre adolescente es, en cierto sentido, una niña que de pronto se ve arrojada al mundo adulto sin estar preparada para ello. Esta nueva situación lleva a la adolescente a una gran cantidad de problemas psicológicos, ya que la aceptación de ser madre o del matrimonio son grandes pasos para los que no está lista. Esto hace que se sienta frustrada en sus expectativas de futuro. Algunos autores, como Pérez (1996), llegan a afirmar que el embarazo en la adolescencia supone el inicio de un “síndrome del fracaso”; ya que la adolescente suele fracasar en el logro de las metas evolutivas de la adolescencia: en terminar su educación, en limitar el tamaño de su familia, en establecer una vocación y conseguir ser independiente. Esta situación tal vez explique la baja eficacia

personal, percibida en estas madres, y la mayor incidencia de baja autoestima, estrés, depresión, e incluso, de suicidios; todos ellos problemas mucho más frecuentes entre las adolescentes embarazadas que entre sus compañeras no embarazadas.

Molina y colaboradores (1996) señalan que la joven embarazada desarrolla con frecuencia reacciones de angustia, propias del momento, y trastornos en el proceso normal del desarrollo de la personalidad, fenómenos que favorecen la aparición de patologías orgánicas, propias del embarazo. Sin embargo, esta etapa es vivida de forma distinta tanto por el futuro padre como por la futura madre.

Comentan Fuentes y Lobos (1998) que, las jóvenes adolescentes se sienten amenazadas en sus necesidades básicas, como las de bienestar físico, seguridad y protección, aceptación y pertenencia a un grupo, cariño (dar y recibir afecto), ser estimadas y respetadas, así como de autorrealización; pero si aunado a esta etapa se presenta un embarazo, los trastornos emocionales previamente mencionados se acentúan aún más. La respuesta a esta tensión puede producir desesperación, miedo, dolor, culpa, rabia, pena, angustia, y podría llegar hasta la depresión. Según estos mismos autores, los riesgos psicológicos del embarazo no deseado en una adolescente, dependerán de: a) su personalidad y madurez; b) de algunas patologías previas; c) de la condición biológica; d) de la edad; e) de la condición social, y f) del significado que este hijo tenga para ella.

La joven tiene que conciliar de algún modo, dos papeles opuestos: expresar sus necesidades de adolescente y al mismo tiempo avanzar hacia un papel de adulto responsable.

Ante un embarazo entre adolescentes, la primera reacción de los padres, hermanos y parientes, usualmente es negativa. En casos extremos, la joven es arrojada del hogar, en la mayoría es agredida verbal y/o físicamente, recluida y encerrada para evitar la vergüenza y la deshonra. De todas maneras, las relaciones afectivas intrafamiliares se lesionan en muchos casos de forma irreversible. La joven experimenta un rechazo de parientes, amigos, vecinos, que luego se traducirá en formas abiertas o sutiles de discriminación hacia el hijo “ilegítimo”. Esta situación

genera sensación de miedo en la joven, que suele acompañarla durante todo el transcurso del embarazo y parto. Generalmente, no está preparada para asumir

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emocionalmente el compromiso de un bebé, y necesita mucho apoyo (Stern, 1997). Coincide con esto, una investigación realizada en Santiago de Chile por Sernam (1995), en donde se expresa que los padres de adolescentes embarazadas reaccionan frecuentemente de forma negativa ante el embarazo de sus hijas, negándose a brindarles apoyo tanto económico como emocional, que resultan en factores de riesgo psicosocial en las jóvenes, y aumentan la problemática de este proceso; en este mismo estudio se analizan los motivos que las impulsan a embarazarse y los problemas que deben enfrentar como consecuencia de tal situación; en esta investigación se encontró además una asociación importante entre el embarazo en la adolescencia y un nivel socioeconómico bajo. Una de las conclusiones de este estudio destaca que es necesario intervenir antes y durante el embarazo, para mejorar la calidad de vida tanto de las jóvenes madres como de sus hijos.

Escobar (1995) señala que por diversas sintomatologías de tipo emocional, como puede ser la presencia de angustia y depresión, como ya se mencionó, una de cada tres adolescentes embarazadas requiere de intervención psicoterapéutica, puesto que las madres adolescentes se encuentran expuestas a crisis emocionales y sociales, y a una ambigüedad en el rol s.ocial, como mujer y como madre.

En muchos casos, el embarazo en las adolescentes puede responder a los deseos de las mismas, mientras que en otras situaciones puede tener efectos devastadores; de acuerdo con lo manifestado por Silber y colaboradores (1996), esto sucede debido a que en la adolescente se presenta:

1. Pérdida de autonomía que obliga a las jóvenes a buscar la ayuda de sus padres, cuando ya creían que iniciaban el camino hacia su independencia. 2. Interrupción de sus relaciones sociales, porque generalmente se ven

incapacitadas para continuar sus actividades escolares o laborales normales. 3. Dejan de crecer con su grupo y pierden así un elemento de apoyo afectivo

muy importante en sus vidas.