Al aventuramos en el descubrimiento sexual, probablemente la primera pregunta que se nos planteará será: «¿por dónde empiezo?». La mayor parte de mis alumnos, al venir a trabajar conmigo, dan por supuesto que la respuesta es: «encontrando el partenaire adecuado». Están convencidos de que, si encontraran el hombre o la mujer adecuados, sería maravilloso hacer el amor con ellos. Incluso los que han vivido unas cuantas experiencias con este tipo de partenaire «adecuado», continúan creyendo que la próxima tiene que ser mágica. No se dan cuenta de que buscando algo externo a ellos están renunciando a la responsabilidad del placer.
Desde el punto de vista del sexo sublime, la auténtica respuesta a la pregunta «¿por dónde empiezo?» es más sencilla y más directa: empiezo por mí mismo tal como estoy. Considerémonos como un científico interesado en una nueva teoría que decide comprobar su validez en un experimento práctico. La teoría a comprobar sería: yo soy la fuente principal de mi propio placer. La riqueza o la pobreza de nuestra experiencia sexual, en definitiva, es cosa de uno mismo. Nadie puede proporcionamos el éxtasis sexual; proviene de nuestro interior.
En este capítulo nos centraremos en descubrimos a nosotros mismos como el amante que llevamos dentro: la parte esencial y completa de nuestro yo capaz de experimentar la plenitud del placer sexual. En vez de buscar fuera el partenaire adecuado, en primer lugar nos concedemos a nosotros mismos todo lo que daríamos al amante. Resulta emocionante y liberador tomar conciencia de que uno mismo rige su destino sexual interiormente. Esto significa el despertar al amante que llevamos dentro.
Amarse a uno mismo de esta forma no significa ser egocéntrico, narcisista o hacer caso omiso de los otros. Al contrario, significa aceptamos a nosotros mismos como el más digno invitado en nuestro propio corazón, como el más
Ya que estamos a punto de convertimos en ciudadanos de un universo mucho más rico del que hayamos podido conocer, necesitamos imperiosamente nuestro arquetipo, nuestro Amado en nuestra propia profundidad, para que nos acompañe en esta amplia ciudadanía. Nuestro Amado conoce las pautas, las formas y los lugares donde están codificados los amplios conocimientos latentes y la sabiduría psicoespiritual. De esta forma, el amor se hace realidad.
Jean Houston
digno de respeto, el compañero digno de amor. El amante que llevamos dentro no es algo aparte de nosotros mismos, ni tampoco un fenómeno de ensueño. El amante que llevamos dentro es más bien una cualidad, un sentimiento que reconocemos en momentos de placer o de quietud cuando, adentrándonos profundamente en nuestro interior, conectamos con la inocencia natural, la sencillez y la espontaneidad. El amante que llevamos dentro se expresa en la capacidad que tenemos de ser como somos sin intentar ser otro.
La historia de Naomi, una bailarina americana de más de treinta años, constituye el ejemplo del efecto revitalizador del amor a uno mismo y del papel que desempeña éste a la hora de despertar al amante que se lleva dentro. Naomi asistió a uno de mis seminarios con su marido, Louis, un eminente cirujano francés. Estaban realmente enamorados y deseosos: de aprender el arte del sexo sublime. Sin embargo, Naomi enseguida me planteó un problema que la atormentaba: cada vez que se sentía espontánea y vulnerable y su marido la contemplaba con profundo afecto, ella se sentía fea y despreciable.
Los amantes divinos, Siva y Sakti, unidos con el Dios propio de cada uno.
Ayudé a Naomi a investigar las imágenes y recuerdos relacionados con su problema. Al poco tiempo, recordó una vivencia de su infancia. Al describirme la escena, me explicó que se vio a sí misma como una niña de cinco años que rehuía el contacto con una tía suya, ya mayor, que se llamaba como ella: «una solterona, fría, arrugada y fea», tal como la describía Naomi. De pequeña, la finura bailarina había quedado horrorizada al descubrir que le habían puesto el nombre de su tía y había deducido que sus padres la consideraban fea.
Cada día se miraba al espejo buscándose las arrugas que tenía su tía. Creció con la sensación de que debía esconder a todo el mundo aquel terrible secreto de su fealdad. A pesar de que era preciosa y de que su marido se lo repetía y la adoraba, subconscientemente temía que tía Naomi y sus arrugas estuvieran latentes en su cuerpo y pudieran aparecer al rascar un poco la superficie. Aconsejé a Naomi que centrara sus ojos en la tierna mirada de su esposo hasta que emergiera la sensación de fealdad; y que cuando la experimentara, respirara profundamente, volviera la cabeza y contemplara su imagen reflejada en un espejo que yo le había preparado. Cuando lo hizo, le pedí que me explicara con detalle lo que había visto. Dudando, reacia, empezó describiendo exactamente cada parte de su cara hasta que, finalmente, tuvo que admitir que estaba viendo el reflejo de una mujer muy bella. Seguidamente le dije que cerrara los ojos y contemplara la imagen que acababa de ver en el espejo. «Mantén esta imagen en tu mente mientras centras la mirada en Louis», le sugerí. «Ten presente que él te ve como la preciosa mujer que acabas de ver en el espejo. Cada vez que dudes, vuelve la cabeza mírate de nuevo al espejo y describe lo que ves.» Gracias a la repetición del proceso, Naomi consiguió hacerse con una imagen positiva de ella misma, no sólo sentirse bella sino que la vieran como una mujer bella. Éste fue un paso importante para despertar al amante que llevaba dentro.
La práctica del despertar al amante que se lleva dentro tiene sus raíces en la tradición tántrica, en la cual se animaba a los devotos a imaginarse con todo tipo de detalles la forma y las cualidades de un amante divino, como el dios Siva y la diosa Sakti. El objetivo consistía en centrar esta devoción en el amante espiritual y conseguir, finalmente, la unión con la deidad, y, de esta forma, lograr que se manifiesten en cada uno de ellos las cualidades divinas propias de la divinidad. En este capítulo intentamos animar a las personas para que se enamoren, pero no de una deidad simbólica, sino de sí mismos y del amante espiritual. Al iniciar una relación amorosa con nosotros mismos nos convertimos en el amante -el que da amor- y el amado -el que lo recibe-. Por medio de este amor autodirigido, nos sentimos un ser ilimitado, en armonía con el conjunto de la existencia. El objetivo de conocer al amante que llevamos dentro se basa en la premisa de que cuanto más nos autoaceptemos, más posibilidades tenemos de conseguir el orgasmo. Vamos a explicarlo: cuando nos criticamos a nosotros mismos, una parte del yo se halla en lucha con la otra parte y, consiguientemente, nuestra
En cierto sentido, estamos solos, de manera que nuestra “libertad interior” nos dice que la relación amorosa ya no nos puede encadenar; el otro sexo ha perdido para nosotros el poder mágico, ya que hemos aprendido sus rasgos esenciales en las profundidades de nuestra psique. No nos “enamoraremos” con facilidad por cuanto ya no nos podemos perder en otro, sino que seremos capaces de conseguir un amor más profundo, una devoción consciente hacia el otro. J. Jacobi
energía está en pugna. En un estadio de autoaceptación, la energía se aúna. Sólo en este punto podemos disfrutar del placer y conseguir un enamoramiento con un orgasmo completo. El orgasmo, por su propia naturaleza, exige la participación total de uno mismo. Al conectar con el amante que llevamos dentro y experimentar la autoaceptación, incrementamos nuestro potencial orgásmico. Este potencial puede que no se alcance de forma inmediata. Sin embargo, con la ayuda del libro, iremos superando estadios hasta llegar a experimentar nuestra propia naturaleza de éxtasis, avanzando lentamente al origen de nuestro ser.