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El PROCESO A TRES NIVELES

In document La Senda Del Extasis (página 34-38)

La experiencia de la privación sensorial también me confirmó la comprensión intuitiva de que la relajación era un elemento esencial para experimentar el éxtasis. Sin embargo, también comprendí que la relajación por sí misma no era suficiente para desencadenar una respuesta de éxtasis. Comprendí que era preciso conseguir un contexto especial en el cual el cuerpo se viera inundado de energía a partir de vivencias intensas, entre las cuales cabe citar las emociones profundas y la acción dinámica que abren de forma natural el camino de la relajación profunda.

Este contexto puede conseguirse por medio de diferentes planteamientos que van de las antiguas meditaciones tántricas a los métodos modernos de trabajar con el cuerpo. A lo largo de años de estudio y experimentación, intenté crear el planteamiento más adecuado para generar estados de éxtasis e integrados en la experiencia sexual. Llegué a un proceso a tres a niveles: generación del reflejo de fluidez, despertar la respuesta del éxtasis, cabalgar la ola de felicidad.

Generación del reflejo de fluidez

En primer lugar, la sexualidad es una cuestión de energía. Cuanta más energía tengamos, mayor felicidad podemos alcanzar y mejor será nuestra sexualidad. En el primer estadio aprendemos a movilizar la energía y a expresada con mayor plenitud hasta que experimentamos el orgasmo como una “vivencia de energía” que puede aprenderse y repetirse independientemente del contexto sexual. En este proceso experimentamos la parte esencial del orgasmo, a la que denominamos el reflejo de fluidez.

Cuando experimentamos el reflejo de fluidez aprendemos a recibir distintos tipos de vibraciones y las dejamos actuar hasta que las vivimos con una gran intensidad de placer. Como resultado experimentamos una sensación de purificación y relajamiento. Una vez hemos aprendido a experimentar el orgasmo como una vivencia de energía fuera del contexto sexual, nos sentimos capaces de asumir la responsabilidad de nuestro propio bienestar en el plano sexual. Asumimos que la verdadera fuente de placer no radica en el partenaire, sino en el interior de uno mismo.

Despertar la respuesta del éxtasis

Una vez que hemos aprendido a desencadenar el reflejo de fluidez, pasamos a aprender a contener la energía, relajarse en ella y extenderla. Éste es el secreto fundamental del sexo sublime llegamos al éxtasis cuando aprendemos el arte de mantenernos relajados y conscientes en estados superiores de estímulo sexual o no sexual, condición que denominamos la respuesta del éxtasis podemos experimentar este estado con pareja o sin ella durante largos períodos de tiempo.

Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma. Los placeres del cielo están

conmigo y los dolores del infierno están conmigo. Injerto y multiplico los

placeres en mi ser, traduzco los dolores a una lengua nueva. Walt Whitman Hojas de hierba

Al principio puede parecer una paradoja. ¿Cómo es posible combinar dos conceptos aparentemente opuestos como relajación y estímulo? Es probable que uno asuma que, o bien está relajado o bien estimulado. En la relación sexual corriente, la relajación se produce solamente después de que la excitación sexual haya llegado al clímax del orgasmo. No obstante, la respuesta del éxtasis combina los mejores efectos de ambos: energía superior y paz profunda. En este caso no se trata, como pudiéramos experimentar en la relación sexual corriente, de una alternancia entre el estímulo y la relajación, sino de una resonancia simultánea entre ambos. En la respuesta del éxtasis dejamos que la energía aumente a niveles cada vez más altos mientras que, al mismo tiempo, nos relajamos en la excitación, dejando que se extienda a través del cuerpo y conteniéndola durante períodos e tiempo cada vez más largos. Esto da como resultado una experiencia feliz, regeneradora.

Las recientes investigaciones médicas confirman mis propias experiencias, demostrando que cuando se extiende el orgasmo sexual, la respuesta natural del cuerpo es la relajación. El Dr. Alan Brauer, coautor del libro ESO (Extended Sexual Orgasm), explica que después de unos minutos de respuesta orgásmica extendida, disminuye el nivel de estímulo del cuerpo –que se mide a través del pulso, el ritmo respiratorio y la presión sanguínea- aunque continúen las contracciones del orgasmo. Brauer afirma: «La experiencia subjetiva es de placer continuo y creciente. El cuerpo responde como si entrara en un estado de mayor relajación». Brauer, como profesional de la medicina occidental, considera este resultado como «sorprendente». En cambio, la tradición tántrica hace siglos que lo conoce.

En la respuesta del éxtasis aprendemos a producir alto niveles de estimulo sexual a los que sigue, justo antes del punto de la liberación orgásmica, una completa tranquilidad mental. Al mismo tiempo, relajamos determinados músculos, respiramos profunda y lentamente, y aplicamos otras técnicas simples que nos transforman la naturaleza del orgasmo. Todo esto nos prepara para un orgasmo a nivel de todo el cuerpo, que depende de la capacidad que tenga el cuerpo de vibrar más allá del control consciente. En lugar de experimentar un alivio genital, experimentamos una serie prolongada de pulsaciones sutiles, continuas, como oleadas que se extienden a través del cuerpo, dando la sensación de que nos estamos fundiendo con nuestra pareja.

En este estado, las sensaciones orgásmicas ya no dependen exclusivamente de la interacción genital sino que, a menudo, se perciben como un estado de conciencia modificado. A diferencia del punto culminante del orgasmo genital, no experimentamos un acto reflejo que nos lleva a la liberación repentina e incontrolada de energía, sino a una profunda distensión que alcanzamos por medio de una práctica controlada y consciente. Cuando se funde y se mezcla la energía entre los cuerpos, la comunión sexual se convierte en una experiencia de profunda intimidad.

En cierta forma, la experiencia genital corriente se puede comparar a remar en un mar agitado dentro de un pequeño bote: damos saltos. Por el contrario, el estado del éxtasis se podría comparar con las suaves olas de un mar en calma en el que se refleja el sol. En el sexo sublime aprendemos a remar con más destreza y a contemplar el reflejo del sol sobre las olas.

Cabalgar la ola de placer

En el estadio final de este proceso aprendemos la forma definitiva, tántrica, de hacer el amor, que es suave y lenta, capaz de transformar la energía del estímulo sexual en una experiencia de felicidad pura. Los demás ejercicios del aprendizaje nos habrán preparado para este estadio final -cabalgar la ola de placer-, que exponemos en siete apartados.

Empezamos cabalgando la ola de energía que hemos liberado con el reflejo de fluidez. Esta energía se canaliza de forma consciente a partir de los genitales, a través de todo el cuerpo, hasta la cabeza. Las sensaciones orgásmicas fluyen en el cerebro y aprendemos a perpetuar la experiencia del éxtasis, manteniendo este estado de 30 segundos a unos cuantos minutos y, en estadios avanzados, a una hora o más.

He aquí la idea de Kabir: así como el río se ofrece al océano, lo que está en mi interior pasa a tu interior.

Roben Bly The Kabir Book

La mayor parte de las relaciones sexuales son muy dinámicas. Nos movemos con gran vigor, respiramos con dificultad, elevando la pasión sexual hasta que expulsamos la energía hacia fuera en una liberación final. En contraste con ello, el orgasmo cerebral nos recuerda el deslizamiento suave y continuado de una cometa en el viento. Entramos sin ningún esfuerzo en una sensación flotante, como si los límites de nuestro cuerpo se ampliaran. A partir de la perspectiva tántrica, este «orgasmo cerebral» estimula fuertemente las células del cerebro y crea un puente entre el hemisferio derecho y el izquierdo, fusionando el intelecto del hemisferio izquierdo con las facultades intuitivas del derecho. Esta fusión es la que crea la experiencia de éxtasis, en que participan el cuerpo, la mente, el corazón y el espíritu.

Si bien el cabalgar la ola de felicidad se inspira, en parte, en planteamientos tántricos y taoístas del amor, a mí no me lo transmitió un maestro. Al contrario, surgió lentamente de mi interior como resultado natural de diferentes prácticas orientales y occidentales. Lejos de ser algo complejo y esotérico, es un proceso claro y estructurado accesible a todos los que quieran encontrar una forma lenta y consciente de «devolver el espíritu a la sexualidad», de rendir homenaje a la unión sexual como puente entre cuerpo y alma.

Uno se puede preguntar por qué no hemos oído hablar antes de este tipo de orgasmo. Esto es debido a que nuestra cultura ha perdido la noción de que la energía sexual es una expresión física del poder espiritual. A decir verdad, el deseo de unión sexual con otro ser humano es un reflejo de una necesidad espiritual subyacente de experimentar una intimidad global y completa, que trascienda el sentido personal de individualidad y aislamiento. Se trata de una necesidad de retorno al origen primero de la creación, a la unidad que hemos experimentado en el útero materno y, más allá de esto, a una unidad en el interior de uno mismo. Normalmente se considera que la unión sexual sin este elemento sagrado, llevada a cabo por el mero hecho del placer, es suficiente para satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo, ocurre pocas veces, y sólo de una forma fugaz. Si se añade el elemento sagrado se puede experimentar una conexión con la propia fuerza vital, con nuestros impulsos creativos más profundos.

No obstante, cuando la fuerza sexual no se entiende como algo espiritual o sagrado, la sexualidad se considera un impulso meramente físico, instintivo, y en consecuencia no se venera. Más bien, a menudo, se utiliza inadecuadamente, ya que se asocia al poder personal -a la dominación de un sexo sobre el otro- y a la conquista. La energía sexual desprovista de su dimensión sagrada se reprime y a la larga se dirige contra la propia vida. Todo ello, a su vez, genera falta de respeto, enfermedad, abusos, violación y otras formas de violencia sexual. Los condicionamientos sociales negativos sobre el sexo crean inevitablemente el miedo, y éste pasa de generación en generación a través de transmisores bienintencionados como padres, profesores y religión. Desde la más tierna

Es lógico creer que en determinadas circunstancias el orgasmo sexual pueda desencadenar una experiencia de éxtasis. La relación, en efecto, desautomatiza en cierta forma nuestra orientación de la realidad cotidiana. Nos saca al exterior; se trata de una experiencia de unión apasionada... Aunque no sea el mismo tipo de experiencia que el éxtasis místico... las dos experiencias son lo bastante parecidas como para que no nos sorprenda que una pueda llevar a la otra. A. M. Greeley Ecstasy

infancia la mayoría de nosotros asimilamos actitudes de condena respecto a la sexualidad sin ni siquiera concienciarnos del proceso. Todo ello distorsiona nuestra espontaneidad, la expresión de vitalidad sexual, el placer y la capacidad de amarnos y venerarnos. En este contexto, el miedo nos dice: «Cuidado, si me abro al amor y a la sexualidad de una forma más completa, sufriré».

El miedo, además, inhibe la comunicación en la sexualidad. El juego amoroso, en vez de ser una profunda comunión entre dos personas, a menudo se convierte en un encuentro tenso en el que ambas partes tienen miedo de expresar sus necesidades reales. Por ejemplo, la mayoría de las mujeres cree que la única forma «adulta» de recibir cariño y ternura es mediante la relación sexual con un hombre. Se ven incapaces de comunicar la necesidad de afecto y contacto no genital y acaban por sentirse utilizadas. Ann Landers, periodista especializada en consultorios íntimos, preguntó a sus lectores si preferían el abrazo y la ternura o la relación sexual. De las 90.000 mujeres que respondieron, unas 64.000 dijeron que preferían ser abrazadas y olvidar la relación sexual. Para ellas, la relación sexual no comportaba la ternura y la intimidad que buscaban. Sin embargo, no existe una contradicción inherente entre relación sexual, abrazo y ternura. La falta de conocimiento sobre las técnicas que se requieren para crear una experiencia globalmente satisfactoria, una comunión real, hace que parezca que se excluyen mutuamente.

Cuando la relación sexual se reduce a un acto meramente físico, uno contempla esta relación como algo externo, el juego amoroso como una representación. «¿Has llegado ya?», pregunta el amante ansioso a su partenaire. A consecuencia de esto, nos vemos atrapados en los esfuerzos para mejorar la representación. Constantemente luchamos para superarnos, planteándonos: ¿Lo hago bien? Y por este motivo seguimos contraídos y tensos. Esta dependencia de las pautas externas, del apremio a «hacerlo bien»en vez de confiar en nuestras experiencias directas, convierte el juego amoroso pobre en una profecía de autorrealización. Nuestras creencias nos limitan el potencial sexual.

Este libro ofrece una alternativa basada en la revitalización sexual y el supuesto de que todos nosotros poseemos interiormente, de forma natural, el potencial para experimentar la plenitud y la globalidad en la vida amorosa. Esperamos que sirva para contemplarnos interiormente con más profundidad, no solamente en lo que somos actualmente sino también en lo que podemos llegar a ser y en aquello que realmente esperamos de nuestra vida amorosa. Nuestra respuesta al planteamiento es siempre la misma: espero lo mejor. Este libro nos muestra cómo alcanzarlo, paso a paso.

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