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TECNICAS PARA POTENCIAR LA INTIMIDAD

In document La Senda Del Extasis (página 95-113)

Uno de los profundos anhelos que sentimos cuando nos relacionamos con otro ser humano es el deseo de intimidad. Entendemos por intimidad la proximidad, el congeniar, el sintonizar, todo lo cual nos permite explorar y compartir cada vez más los sutiles niveles del sentimiento. En el contexto del sexo sublime, la intimidad significa, tal como hemos aprendido en el capítulo 2, aceptamos profundamente a nosotros mismos como si fuéramos nuestro mejor amante y para aceptar posteriormente a nuestra pareja con el mismo reconocimiento y amor.

Partiendo de este punto de vista, la intimidad no significa enamorarse en el sentido convencional de quedar prendado de forma romántica, sino de alimentar el amor por medio de la comprensión que hará que nosotros y nuestra pareja nos abramos y avancemos juntos. La intimidad tampoco significa solamente estar juntos. Requiere un sutil equilibrio entre la soledad y la relación: solos, experimentando la intimidad con nosotros mismos, con el amante que llevamos dentro; juntos, experimentando que somos capaces de mantener nuestra libertad e independencia incluso cuando nos hallamos profundamente unidos.

La intimidad comprende:

Comportamos de forma natural, ingenua, juntos, jugueteando en la cama, haciéndonos cosquillas como los niños de cinco años.

Sentimos seguros para mostrar nuestros puntos débiles -la tristeza, el sentirse herido, las necesidades-, sabiendo que el partenaire responderá con ternura y cariño y no con actitud crítica.

Arropar al otro, contarle cuentos infantiles.

Muchos creen que la relación sexual es la forma más rápida de abrir la puerta a la intimidad, y se sienten frustrados cuando, tras el contacto sexual, descubren que ésta no se ha producido, que el otro ha permanecido distante. Esto ocurre porque en realidad no es la relación sexual la que abre la puerta a la intimidad, sino la intimidad la que abre la puerta al juego amoroso sano. Esto es básicamente •

Amar es volver al hogar que nunca hemos dejado, recordar quiénes somos. Sam Keen

cierto en el sexo sublime. En este capítulo presentamos la intimidad como un sutil conjunto de técnicas. Un arte que hay que desarrollar antes de considerar la unión sexual. A partir de esta perspectiva, la relación sexual constituye el acto íntimo por excelencia.

Probablemente habremos desarrollado ya nuestras propias técnicas que permitirán que aflore la intimidad. Si hemos sabido dar un masaje al partenaire cuando ha experimentado el cansancio, si hemos encontrado la forma de animarle y apoyarle cuando ha aparecido la depresión, o si le hemos contado la verdad sobre nuestros sentimientos de una forma solidaria, ya hemos puesto la primera piedra para aumentar la intimidad entre los dos.

Intentaremos ampliar el repertorio utilizando cuatro de las técnicas de intimidad más amorosas y sensuales que se han desarrollado en el sexo sublime.

Primera: en la aproximación sensual, aprenderemos a despertar las sensaciones del amante de forma cariñosa, tierna y delicada, utilizando el arte de la estimulación sensorial como expresión del amor que sentimos interiormente. Lo llevaremos a la práctica al despertar la capacidad sensorial.

Segunda: en la aproximación seductora, disfrutaremos expresando al partenaire la sensualidad y el resplandor del amante que llevamos dentro a través del movimiento y la danza. Lo haremos mientras aprendemos mutuamente a convertimos en el dios y la diosa danzantes.

Tercera: en la aproximación solidaria, compartiremos con el partenaire, a través de métodos directos y no verbales, el sentido del goce, del humor, del juego, desprendiéndonos de las formas de relación preconcebidas. Lo aprenderemos por medio de la sonrisa íntima.

Cuarta: en la aproximación espiritual, tomaremos conciencia de la esencia espiritual del partenaire, experimentando que vemos como a través de un espejo la conciencia íntima del otro. Ello se consigue por medio del ejercicio de la contemplación del alma, en el cual compartimos un instante de meditación y sintonizamos con la sutil energía del otro.

Estas prácticas pueden realizarse por separado, cada una de ellas a su debido tiempo y entorno. Podemos considerarlas asimismo como un continuum que fluye, aunque cada una desemboca en la siguiente de una forma natural. A partir de la sutil sensualidad del ritual del despertar sensorial, llegaremos fácilmente a la celebración de los dioses danzantes. A partir de aquí nos regocijaremos, nos reiremos y sonreiremos juntos, antes de llegar al estadio tranquilo, de meditación, de la contemplación del alma, absorbiendo de nuevo en nuestro centro relajado la energía que hemos despertado.

lenta receptividad sensual que se requiere en el ritual del despertar sensorial, avanzamos hacia juegos de mayor energía, los dioses danzantes y las técnicas festivas. Después de danzar y reír, nos detenemos de forma natural en la quietud y la resonancia de la contemplación del alma. En el sexo sublime utilizamos a menudo las prácticas de mayor energía antes de los períodos de inmovilidad para crear una inmovilidad viva: una quietud que vibra de energía. Tal como veremos en próximos capítulos, la vitalidad en combinación con la tranquilidad constituye una parte esencial del sexo sublime.

Cuando hayamos realizado las prácticas de este capítulo seremos capaces de integrarlas de forma espontánea en nuestra vida amorosa en cualquier circunstancia. No hay que considerar estas técnicas de intimidad simplemente como un conjunto de técnicas. Van mucho más lejos, ya que requieren el desarrollo de tres actitudes que se corresponden con éstas:

Mantenerse centrado en el máximo resultado. Por ejemplo, en la práctica de los dioses danzantes, podemos experimentar momentos de duda sobre nuestra capacidad de expresar plenamente las cualidades divinas que llevamos dentro. Si tenemos presente la imagen hacia la cual avanzamos, es decir, el deseo sincero de expresar: «Soy la diosa o el dios que llevo dentro», consideramos este ejercicio como una disciplina, un reto, superaremos los momentos de incomodidad y venceremos la tentación de abandono.

Observamos de cerca, conscientes de nuestros sentimientos, deseos y respuestas en todo momento y en cualquier situación. Sólo desde este estadio de conciencia seremos capaces de transformar positivamente una situación problemática. Por ejemplo, en la práctica de la contemplación del alma, en un momento dado podemos presentir que no está ocurriendo nada. La respuesta normal sería quedarse allí, sintiéndose inseguro aunque simulando que todo va bien. Y en cambio, el hecho de simular nos separa de nuestros sentimientos. Es preciso poner una gran atención en lo que realmente sentimos para poder buscar soluciones inmediatas: por ejemplo, respirar más profundamente, cambiar de postura, o discutir con el otro sobre qué cambios pueden hacerse en el ritual. Todas las observaciones de este tipo nos enseñan a sentir y experimentar con más profundidad.

Cultivar una actitud abierta respecto a los aspectos inverosímiles del sexo sublime. Por ejemplo, alguien puede pensar que practicar la sonrisa íntima no tiene nada que ver con aprender el arte del éxtasis sexual, y por ello puede hacerlo sin entusiasmo. Pero estos métodos actúan a través de unas vías tan sutiles que nuestras mentes racionales no son capaces de seguir siempre. Si conseguimos abrimos a lo inverosímil, aprenderemos a estar relajados y a la vez avanzar más allá de nuestros propios límites, a concentramos en el momento presente y al mismo tiempo avanzar hacia un objetivo. Dejemos, pues, la teoría y pasemos directamente al delicado despertar de los sentidos.

EL RITUAL DEL DESPERTAR SENSORIAL

Imaginémonos un día mágico de nuestra vida -un cumpleaños o unas Navidades memorables, nuestra boda, el fin de carrera, una celebración religiosa-, un día en que nos colmaron de amor, atenciones y regalos. Recordemos la emoción de aquel día, la sensación de placer y júbilo desde el principio hasta el final, la maravillosa ilusión de los regalos, la abundancia de manjares y bebidas exquisitos, la ternura y el apoyo que nos mostraron nuestros seres queridos. Ésta es la clase de acontecimientos que prepararemos para el amante en el ritual del despertar sensorial.

Objetivos y ventajas

En este ritual un miembro de la pareja presenta al otro todo un abanico de experiencias sensoriales sorprendentes y embriagadoras, que superan el alcance de la percepción ordinaria. En este ejercicio, el simple hecho de comer una uva puede convertirse en un intenso banquete real. De pronto, nos vemos inundados por nuevas impresiones sensoriales; la textura redondeada y suave de la uva, la dulzura de su jugo, se apodera de nuestro ser y pasa a ser una experiencia erótica, prácticamente orgásmica.

Esta ceremonia puede resultar muy útil en el caso de que un componente de la pareja se muestre entusiasta a la hora de explorar los dominios del sexo sublime mientras el otro se muestra más reacio. Otorga protagonismo entusiasta la oportunidad de seducir al otro como en un juego e introducirle en un mundo de placer sensual que le anime a una investigación más profunda.

A lo largo de estos años, muchos de mis alumnos se han sentido especialmente atraídos por este ritual ya que es fácil de llevar a cabo, es alegre y se adapta a la mayoría de las circunstancias. Por ejemplo, en una ocasión inicié una importante comida de negocios con una versión modificada del ritual del despertar sensorial. Otros lo han llevado a cabo con sus padres o con sus hijos en Navidad. En todos los casos, la aventura consiguió unir más a la gente.

Normalmente, damos por sentado nuestros cinco sentidos. Notamos en un instante el aroma del perfume de una mujer al pasar o el olor de la hierba recién cortada en un día de verano. En determinadas ocasiones nos sentimos atraídos por el canto de un pájaro, la suavidad de un gatito o la belleza erótica de un cuerpo desnudo. Pero, normalmente, apagamos nuestras respuestas sensoriales al no prestarles la debida atención. Escuchamos música mientras hablamos por teléfono, comemos mientras leemos el periódico; o no nos fijamos en la hermosura de la naturaleza al pasear un domingo porque estamos discutiendo de política internacional. En consecuencia, tenemos pocas sensaciones: todo lo que nos llega a través de los sentidos parece apagado y débil. Y, precisamente por ello, puede resultar tan mágico despertar los sentidos a través de esta ceremonia. La experiencia de gustar, oler, ver, tocar y oír de forma intensa se convierte en una maravillosa sorpresa. Tal como apuntó William Blake: «Si despejáramos las Creo en la carne y en los

apetitos, ver, oír, palpar, son milagros, y cada una de las partes y extremos de mi cuerpo es un milagro.

Walt Whitman Hojas de hierba

puertas de la percepción, todo aparecería tal como es, infinito».

Preliminares

El partenaire A es activo y el B, receptivo. Colocaremos una venda sobre los ojos de B de modo que le sea más fácil concentrarse en cada sensación que se le presente, eliminando distracciones que podrían atenuar la experiencia. La sorpresa es un elemento clave; el partenaire B no debe saber qué le espera. El partenaire activo -el que dirige las experiencias- lo primero que ha de hacer es tener una imagen clara de todo lo que puede convertir esta ceremonia en algo exquisito, inolvidable. Debe planificar al detalle el ambiente que desea crear para su pareja. Para inspirarse, puede imaginar un jardín mágico como los que aparecen en la mitología persa, donde los amantes van vestidos con sedas y están rodeados de almendros en flor y perfumados árboles frutales. Un pavo real abre majestuosamente su cola en abanico; por encima del rumor del agua de la fuente se oye una suave música; suaves telas de seda colgando, ondeando con la brisa. Una jarra de néctar aguarda a los amantes que se susurran palabras tiernas, se ofrecen delicados manjares y se acarician. Todo el mundo ha visto alguna de estas imágenes.

Centrémonos ahora en nuestro propio entorno. Al preparar la estancia para el ritual, no perdamos de vista que tenemos la intención de llevar a nuestra pareja a un viaje fantástico. Debemos preparar el espacio detenidamente como un banquete sensual para el amante. La atmósfera debe ser perfumada y limpia. Podemos perfumar el ambiente con incienso especial, ya que este tipo de fragancias pueden crear vívidas sensaciones de lugares lejanos. Dispondremos una iluminación suave y algunas velas: procederemos de la forma que lo hicimos al crear el entorno sagrado en el capítulo anterior.

La música es también muy importante. Hay que encontrar una música que complemente cada experiencia sensorial y marcar un minuto de silencio entre cada una de las cinco sensaciones. En momentos específicos .del ritual mencionaré, de cara a la precisión, piezas musicales concretas que considero que pueden complementar el tipo de sensaciones que deseamos despertar en el otro. (En la mayoría de los demás ejercicios, me remitiré al apéndice.) Si vemos que es demasiado complicada la adaptación de la música, podemos escoger una pieza que nos guste y utilizada a lo largo de la experiencia, respetando el minuto de silencio entre cada fase; si no, la percepción de los distintos sentidos por parte del partenaire no sería tan aguda.

Situaremos en el centro del entorno sagrado, de cara al partenaire, unas bandejas con los siguientes objetos:

Un vaporizador con agua perfumada, al igual que en la preparación del entorno sagrado.

Una selección de aceites básicos, que resulten atractivos al partenaire: la esencia de menta o eucaliptus resulta muy buena para empezar, ya que abre los pulmones. Posteriormente utilizaremos esencias más dulces y misteriosas, como el ylang-ylang y la gardenia.

Instrumentos musicales como campanillas, címbalos, flautas, maracas, armónicas o cuencos musicales tibetanos.

Algunos objetos de tacto sensual como una pieza de piel y una pluma. Las plumas de pavo real son muy adecuadas al ser largas, flexibles y suaves. Manjares sensuales como uvas sin pepitas, lychees, o trocitos de piña natural, junto con unos palillos, un vaso con un poquito del licor favorito y unas cuantas chocolatinas con menta.

Es preferible que el ritual no se haga inmediatamente después de una comida. Siempre es mejor que el partenaire B no tenga el estómago excesivamente lleno para que pueda apreciar los sabores de una forma más completa.

Este ritual debería durar alrededor de una hora. Es importante también que no se tengan obligaciones inmediatas. Por nada del mundo querríamos acelerar una experiencia tan deliciosa.

Mientras el miembro de la pareja A presenta este ofertorio, el B, el receptor, estará sentado durante un largo período de tiempo. Por ello hay que tener en cuenta que el asiento sea confortable, ya sea una silla o un cojín en el suelo. En la descripción de la práctica, supondremos que el partenaire B es hombre, el receptor del ritual, y que el A es mujer, quien lo administra, si bien cada cual es libre de invertir los papeles. Más adelante, los invertiremos nosotros.

Ejercicio

Cuando A está preparado para empezar, enciende las velas y el incienso, pone la música y dispone la bandeja de manjares en el centro, donde ha colocado los demás objetos.

En la habitación contigua vendamos con delicadeza los ojos de B con un pañuelo de seda. Le explicamos que a partir de este momento no es necesario hablar. Hay que susurrar a B: «Relájate y disfruta del viaje. Acuérdate de inspirar profundamente, sobre todo cuando experimentes algo nuevo. Confía en mí y mantente abierto a lo que pueda suceder. Viajaremos hasta un antiguo templo tántrico, muy lejos de aquí, en otra época, en otro espacio. Sólo tendrás que inspirar profundamente, relajarte, disfrutar y recibir”.

Acompañaremos con gran cariño a B hacia la puerta del santuario. A cada dos •

o tres pasos haremos una pausa y respiraremos profundamente, acercándonos mucho a ella para animarle a que inspire con más plenitud.

A partir de aquí empezaremos a despertar cada uno de los sentidos.

OLFATO. En cuanto hayamos sentado al partenaire B, le acercaremos la botella de aceite de menta a los orificios nasales, procurando que no le roce la piel, ya que es algo fuerte y podría lastimarle. Procuraremos que huela profundamente esta esencia. Esto le despejará el pecho y le proporcionará una agradable «energía» mental.

Poco a poco le iremos pasando las otras esencias cerca de los orificios nasales, teniendo en cuenta no tocar nunca la piel directamente, a fin de que inhale y disfrute profundamente cada uno de estos aromas. Haremos una pausa de un par de minutos entre cada una de las esencias; en este lapso se puede poner música variada. Todo ello aumentará la ilusión del otro de cara al paso siguiente, así como su sensibilidad.

Ampliaremos los tipos de aromas a fin de conseguir una sensación general de depuración y purificación. Pondremos una música en la que se oiga el rumor del agua corriente y el batir de las olas. Situaremos el extremo del vaporizador sobre la cabeza de nuestra pareja y dejaremos que el delicado chorro se deslice suavemente por su cara unas cuantas veces. Esta neblina perfumada le proporcionará un efecto refrescante inmediato. Le animaremos a respirar más profundamente si lo creemos necesario, Haremos un minuto de silencio para marcar el siguiente paso.

OÍDO. Acompañaremos ahora a la persona amada a través de un viaje en el mundo del sonido y la resonancia. Empezaremos introduciendo únicamente un sonido. Tocaremos una campana, moveremos un cuenco musical tibetano o cantaremos una nota. Este sonido debe ser firme y continuo. Los cuencos tibetanos, determinadas campanas y los gongs japoneses producen un efecto tranquilizador y a la vez estimulante en el cerebro. Este sonido empieza

con un fuerte impacto y continúa con un tono suave, que va disminuyendo progresivamente y capta la atención de quien lo escucha. Al «viajar» con la vibración de cada uno de los sonidos, la mente se agudiza y relaja al mismo tiempo.

A medida que avanzamos, añadimos otros sonidos. Yo suelo optar por las campanillas o los cuencos tibetanos, ya que podemos moverlos describiendo círculos y espirales alrededor del otro mientras los tocamos. Al tiempo que tocamos los diversos instrumentos, pondremos también Tibetan Bells de Henry Wolfe y Nancy Hennings (Celestial Harmonies, véase Apéndice Il). Esta cinta constituye un buen complemento del sonido que produciremos con las campanillas.

Inmerso en el sonido, el otro se sentirá más ligero, como si se elevara del suelo y flotara en el espacio en un círculo cada vez mayor. Si nos es imposible conseguir campanillas y cuencos, será suficiente con la cinta.

Al final de esta secuencia, utilizaremos de nuevo el silencio para establecer la transición con la siguiente sorpresa. Llegado a este punto, el otro probablemente sonreirá y se sentirá relajado, dispuesto e impaciente por iniciar la siguiente experiencia. Comprobaremos cómo cede la resistencia más dura bajo el impacto de los delicados perfumes, la nube aromática y el sonido que flota en el aire.

GUSTO. Ahora iniciaremos al partenaire en las delicias sensoriales del gusto. Primeramente cambiaremos la música y pondremos una pieza que evoque la sensualidad, como por ejemplo, una selección de Andreas Vollenweider o Vangelis. Seguidamente cogeremos el plato de las uvas. Pincharemos un grano de uva con un palillo y lo sumergiremos en el licor. Lo acercaremos a las fosas nasales del otro. Observaremos con alegría cómo recibe esta nueva referencia

sensorial: inhalando los aromas del licor, intentando identificados, deseoso de averiguados. Es probable que observemos un ligero estremecimiento en su cuerpo en el momento en que asume el «gusto» de este «aroma».

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