El primer paso en el proceso de despertar al amante que llevamos dentro consistirá en tomar conciencia de la forma en que respiramos y de lo que representa la respiración para nuestro cuerpo. Una respiración consciente nos ayuda a conectar con nuestras sensaciones físicas y a incrementadas. Centra la atención en la energía vital que circula por todo nuestro cuerpo. Ello es importante, ya que la capacidad que tenemos para despertar al amante que llevamos dentro depende de nuestra capacidad para experimentarnos a nosotros mismos y las sensaciones que nos surgen del interior. Vamos a emprender un viaje interno utilizando la respiración como vehículo.
A medida que somos más sensibles al flujo respiratorio, descubrimos que podemos centrar la atención en cualquier parte del cuerpo, dirigiendo la respiración a cualquier parte de éste. Crear sensaciones de estremecimiento, de calidez, intensas, y a partir de aquí extender estas sensaciones al resto del cuerpo. Para ilustrar el proceso llevaremos a cabo un experimento. Dispondremos de unos minutos, cerraremos los ojos, nos relajaremos e imaginaremos que una mano amiga se sitúa suavemente sobre la nuestra. La mano es agradable. Puesto que nos hallamos relajados, nos sentimos receptivos al tacto. Descubrimos que somos capaces de «escuchad:!», agradecer su calidez como si se tratara de una sutil corriente de energía. Sintamos esta sensación de calidez que se extiende a través de la mano. Inspirando profundamente, sentiremos cómo pasa la energía cálida de la mano al brazo y seguidamente al resto del cuerpo. Con la práctica podremos recibir las sensaciones más sutiles, resaltadas por medio de la respiración profunda. De esta forma la respiración se convierte en vehículo de placer, convirtiendo todo el cuerpo en un instrumento -incluso en una sinfonía- de placer. A través de este aprendizaje practicaremos la respiración consciente. Hay muchas prácticas y métodos espirituales de autodesarrollo que conceden una gran importancia a la respiración. Los maestros de meditación orientales insisten en respirar de forma lenta y consciente: es decir, centrando toda la atención en la afluencia y en la salida de la respiración. Esta conciencia constante de la respiración nos desconecta la atención del proceso del pensamiento, un
paso importante de cara a apaciguar la mente. Ello crea un silencio interno que permite que las percepciones sensoriales sean más agudas y más intensas. Además, determinadas escuelas de meditación enseñan técnicas de respiración que saturan el cuerpo de prana, la fuerza vital universal. Cuanto más profunda sea la inspiración, más prana absorberemos.
En el sexo sublime, la respiración profunda es lo que nos conecta con nuestros propios centros sexuales. Cuanto más profunda sea nuestra respiración, conectaremos mejor con nuestra energía sexual. Sin embargo, la mayoría de nosotros vive con una porción escasa de aire. Por término medio las personas inspiramos medio litro de aire en cada inspiración, mientras nuestros pulmones pueden alojar unos tres litros y medio cuando están totalmente dilatados. Ésta es una de las razones por las que el alcance y profundidad de nuestras experiencias -sobre todo en cuanto a sensaciones sexuales- decepcionan nuestras expectativas. Sencillamente, no respiramos suficientemente bien para alcanzar nuestro completo potencial orgásmico en el amor.
RESPIRACIÓN CONSCIENTE: SEGUIR LA RESPIRACIÓN
En el juego amoroso, los pensamientos a menudo invaden el territorio de nuestros sentidos. Por ejemplo, al hacer el amor, de repente nos puede distraer un pensamiento de ansiedad: « ¿Y si a él no le gusta la forma como respondo a sus caricias?», « ¿y si se da cuenta de la cicatriz que tengo en el abdomen?», y así sucesivamente. La respiración consciente, el primer ejercicio del capítulo, nos enseña una forma simple de liberamos de pensamientos inoportunos y a conectar de nuevo con nuestras sensaciones. Podemos experimentado en cualquier momento, lo tenemos siempre al alcance. Es prácticamente imposible seguir la propia respiración y pensar al mismo tiempo.
Imaginemos que una mano descansa sobre la nuestra
El vaho de mi aliento, ecos, cabrilleos, susurros broncos, raíz de
amaranto, hilo sérico, horca y vid,
mi espiración e
inspiración, los latidos de mi corazón, el fluir de la sangre y del aire a través de mis pulmones,
el olor de las hojas verdes y de las hojas secas, de la ribera y de las rocas marinas de oscuro color; del heno del granero.
Walt Whitman Hojas de hierba
Objetivos y ventajas
Al realizar regularmente este ejercicio simple ampliaremos nuestra capacidad de sensualidad. Nos daremos cuenta de que podemos recibir más placer incrementando nuestra sensibilidad, en lo que tenemos naturalmente al alcance, que no buscando experiencias que nos incrementen la intensidad. Un receptor de radio, por ejemplo, puede conseguir un alto volumen sin tener la capacidad de sintonizar adecuadamente, de amplificar claramente o filtrar ruidos ajenos. Por consiguiente, puede emitir un ruido potente pero no distinguir la armonía más refinada de la música. Para conseguir una buena recepción es preciso sintonizar perfectamente. De la misma forma, es preciso que sintonicemos, filtremos y amplifiquemos nuestras sensaciones para despertar al amante que llevamos dentro.
Preparaciones
En todos los ejercicios del libro deberemos crear un entorno de calidad para la práctica. Proporcionaremos unas cuantas pistas sobre cómo conseguido que se podrán aplicar a todo el aprendizaje.
Hay que elegir un espacio y un tiempo que nos permitan permanecer solos, sin que nadie nos moleste, durante la práctica. Hay que tener en cuenta que debemos alejarnos del teléfono, la televisión, visitas, niños, y otras distracciones. Es importantísimo dejar de lado las actividades cotidianas para centrarse totalmente en el ejercicio. Y no lo llamaremos un entorno de calidad, sino un entorno sagrado: tiempo para uno mismo, tiempo para el amante, tiempo para el éxtasis.
Hay que empezar la práctica después de una ducha. Seguidamente, diez minutos para la relajación que creen una transición entre la vida cotidiana y el tiempo de práctica.
Debemos llevar ropa ligera y cómoda. Pecho y el vientre sin ningúna presión. Es conveniente que en la estancia circule aire fresco. Puede realizarse también en el exterior aunque a temperatura cálida para poderse relajar.
Dediquemos diez minutos al ejercicio.
Ejercicio
Sentarse cómodamente y cerrar los ojos. Durante un minuto no hacer nada. Simplemente intentar contemplar qué sucede detrás de nuestros ojos cerrados. Si no se es un meditador experimentado, la mente se verá abrumada por numerosos pensamientos. Pensaremos en nuestra próxima reunión de trabajo, en qué compraremos para cenar, qué deberíamos haber dicho a alguien con
quien hemos tenido una disputa. Quizás pensemos en algún amante o en la posibilidad de tener un animal doméstico. Puede que nos preguntemos si ha llegado el momento de abrir los ojos, si lo estamos haciendo «bien».
Normalmente la gente está tan preocupada con los pensamientos que su respiración continúa superficial, bloquea la conciencia de las otras cosas que están pasando: las sensaciones del cuerpo, el ambiente de la habitación, la presencia de otra persona.
Esta primera y rápida experiencia nos da la medida del funcionamiento estándar, cotidiano: vivimos en nuestra mente, nos mantenemos con un flujo de aire mínimo y, por consiguiente, funcionamos a un nivel muy bajo de energía y de consciencia. Hagamos de nuevo el experimento. Sentémonos cómodamente en la butaca y cerremos los ojos. Ahora nos centraremos más en la respiración que en nuestro estado mental. Al inspirar, sintamos el aire fresco cuando entra a través de los orificios nasal es. lo seguiremos en su camino hacia el pecho y el vientre. Al espirar, sintamos cómo sale el aire cálido a través de los orificios nasales. Observemos el suave movimiento ascendente y descendente del estómago al inspirar y espirar.
Fijémonos en lo que pasa cada vez que perdemos consciencia de la respiración. La mente se centra en algún pensamiento y, de repente, nos damos cuenta de que hemos realizado unos cuantos movimientos respiratorios sin conciencia de ellos. La consciencia se centra en otra cosa y la respiración se vuelve superficial y mecánica.
Cada vez que esto suceda, debemos centrar de nuevo la conciencia en la respiración; seguir cada movimiento inspiratorio hasta el abdomen y hacia fuera al espirar. Debemos tener paciencia y tranquilidad con nosotros mismos. Al seguir el flujo de la respiración nos alejamos de la mente y nos centramos en el cuerpo de una forma natural, lo cual sólo se puede conseguir con la práctica. Registremos cada momento en que la conciencia se centra en la respiración como un éxito y cada momento en que volvemos a la respiración consciente después de una pausa.
Hay que realizar el ejercicio unas cuantas veces para empezar a notar la diferencia entre la respiración que se produce cuando pensamos y la respiración que se produce cuando inspiramos y espiramos con plena conciencia.
Llegados a este punto, uno se puede preguntar por qué hay que alejar la atención del proceso del pensamiento. Nos podemos preguntar: « ¿Qué hay de malo en los pensamientos? ¿La mente no es la mayor facultad humana?». Puede que sea así, pero puede también tener tendencia a dominar nuestra vida en áreas donde su contribución no sea útil. Hacer el amor a través del pensamiento es algo así como intentar el cálculo diferencial con los genitales.
Contemplar la respiración consiste en dejar que el aire entre y salga de forma natural, sin forzarlo ni agarrarse a él. A su debido tiempo, el ritmo se vuelve, automáticamente, más lento, el aire entra y sale suavemente. Esto constituye un símbolo y una ayuda positiva para que la propia vida global entre y salga sin forzarla.
Alan Watts
Consejos
A través de estos ejercicios, determinadas personas caen en la trampa de concentrarse demasiado en intentar parar el proceso del pensamiento. A quien le suceda esto debe tener en cuenta que ello puede crearle un conflicto en el interior de la mente y, por tanto, no conseguirá más que un agudo dolor de cabeza. El curso de los pensamientos no se alejará simplemente porque uno decida no fijarse en él. Dejemos pensar a la mente. Deberíamos tomamos con buen humor el descubrir que nos hemos dejado llevar por un pensamiento pasado o futuro; seguidamente concentrémonos de nuevo en la respiración: en el presente. Es todo lo que podemos hacer, y es suficiente.
DESPERTAR AL AMANTE QUE LLEVAMOS DENTRO
En el campo de la sexualidad y el amor hemos estado profundamente condicionados por los roles que ofrece el atractivo mundo del espectáculo y la moda. Hemos asimilado los ideales románticos de Hollywood y hemos ansiado profundamente ser superhombres y supermujeres con tipos perfectos, cabellos perfectos, imagen sorprendentemente atractiva, conversadores magníficos e irresistibles para el sexo opuesto.
Todo ello significa que ansiamos ser alguien diferente de lo que somos. O que nos sentimos forzados a comportamos de determinada forma cuando, de hecho, vivimos algo muy diferente. Por ejemplo, podemos sentir odio hacia alguien y, sin embargo, intentamos mostramos compasivos y cariñosos. Podemos intentar ser el mejor amante del mundo cuando en realidad no nos sentimos atraídos ni excitados. Esto crea una pugna en nuestro interior que tiene consecuencias funestas, ya que si no empezamos aceptándonos como somos realmente, con lo que denominamos nuestras imperfecciones, no experimentaremos el poder personal necesario para desarrollar nuestro auténtico potencial en el reino de la sexualidad sagrada. El sexo sublime depende de nuestra voluntad para despertar al auténtico y real amante interior.
En el ejercicio siguiente extraeremos el poder de nuestra imaginación: la capacidad de la mente para crear imágenes. Imaginamos de manera distinta. Determinadas personas ven imágenes nítidas. Otras las sienten físicamente. No hay una sola forma de utilizar el poder de la imaginación. A medida que avancemos en el despertar del amante que llevamos dentro, descubriremos nuestro método natural. Para nosotros será correcto lo que nos ocurra con más facilidad.
Objetivos y ventajas
El objetivo del ejercicio es el desarrollo de la autoestima, la forma más rápida de conectar con el amante interior. Al amarnos a nosotros mismos nos relajamos en el presente, aceptamos quien somos, incluso aceptamos que en determinadas circunstancias no nos aceptamos. Esta autoaceptación conduce a una profunda relajación que nos permite experimentar el placer y el goce de forma natural.
Preparación
Situémonos solos en un entorno cómodo en donde no nos interrumpa nadie durante veinte minutos. Podemos sentarnos o tumbamos.
Pongamos música suave, relajante (véase Apéndice II).
Ejercicio
Empezar con la respiración profunda, relajada que se ha aprendido anteriormente, dejando que el aire circule profundamente hacia el pecho y el vientre y después salga despacio. Intentar que llegue a la máxima profundidad sin tener que hacer esfuerzo. Dejar que el poder
amplificador y purificador de este aire apoye la consciencia de que se está a punto de entregarse a uno mismo.
Al cerrar los ojos e inspirar profundamente, colocamos las manos sobre el corazón. Imaginarse que uno establece una relación consigo mismo en la cual es a la vez amante y amado. Sentir los latidos del corazón, seguir los altibajos y la circulación del aire en el centro del pecho, que lo purifican y lo relajan. Dejar que el aliento sea suave y tranquilo. Observar cómo entra y sale, no hacer ningún esfuerzo con la inspiración y la espiración, familiarizarnos con ellas.
Permitir que se forme una imagen, un recuerdo o sentimiento detrás de los ojos cerrados: una imagen del pasado en que uno se ha sentido totalmente amado, apoyado, amparado, protegido. Alguien puede recordar cuando era niño en los brazos de su madre, sintiendo el abrazo de un amigo de la infancia o el afecto y aprobación de un determinado profesor.
Experimentar la confianza, la suavidad y la vitalidad que se mezclan en el sentimiento. Gozar con la inocencia, vulnerabilidad y franqueza de la niñez. A partir de aquí, avanzar gradualmente en el tiempo, recordando momentos en que uno se ha sentido de nuevo totalmente amado, abierto, vulnerable, estimulado. Alguien puede verse en un jardín soleado cogiendo flores, otro puede recordar una unión sexual gratificante con otra persona. A medida que van apareciendo las imágenes, no censuradas ni precipitarse. Dejar que actúen de forma natural. Cuando uno se halla inmerso en una imagen intensa, compensadora, debe respirar profundamente al contemplarla. Al principio, mantenerse como un espectador pasivo, relajado, receptivo. A continuación, iniciar una respiración profunda, rítmica, participando más plenamente en las imágenes recordadas, añadiéndoles todos los detalles posibles. Intentar recuperar los colores, sonidos, olores, texturas y gustos concretos: la intimidad del abrazo de la madre, el olor de su pelo; la fragancia de las flores; la suavidad de la piel del amante.
Intentar adentrarse en la imagen, convertirse en el protagonista de la escena y no en su espectador. A medida que nos vamos «animando» por medio de la respiración profunda, consciente, dejamos que los sentimientos de aquel momento concreto nos inunden el corazón. Recibámoslos. Ampliémoslos. Sintámoslos con toda la intensidad y la plenitud de que seamos capaces. Inmersos más profundamente en nosotros mismos, mantener las manos sobre el corazón y notar cómo resuenan los sentimientos relacionados con la experiencia. Se puede experimentar la alegría que se sintió en aquel momento, la aceleración de los latidos del corazón, una sensación emotiva, de sentirse sustentado. Al igual que en el ejercicio de la mano, mencionado anteriormente, utilizar la respiración para ampliar este sentimiento para experimentado plenamente, intensamente. Dejar fluir estas sensaciones con el flujo respiratorio hasta que aceleren la sangre y el estremecimiento del presente nos inunde de nuevo. Que nos invada de forma consciente la sensación de que todo es agradable, fluido, sencillo.
Buscar una palabra o frase que exprese el bienestar y felicidad personal que se experimenta en este momento. Murmurar: «Me siento bien amándome a mí mismo», o «Me lo paso muy bien apoyándome a mí mismo». Repetir estas frases positivas hasta experimentar el placer de oírlas, quizás hasta que podamos decirlas en voz alta sintiéndonos cómodos. Nos estamos aceptando, reconociendo nuestra propia singularidad. Empezamos a sentir la voz de nuestro amante interior. Cuando aceptamos esta voz, somos capaces de ver que la vida está realmente de nuestra parte, que nos apoya, nos enseña, nos ayuda a crecer si se lo permitimos.
De esta forma, en la meditación o en la
imaginación activa invitamos al Amado, evocando de forma consciente imágenes visuales, auditivas, táctiles, olfativas y demás imágenes sensoriales... ¿Tiene cuerpo el Amado, tiene rostro o es que el Amado es una muestra de energía, de luz? Sea cual fuere la imagen, juguemos con ella y pronto descubriremos que esta forma responde adoptando una mayor concreción. Jean Houston
A partir de aquí volvemos al presente de forma gradual, disminuimos el ritmo de la respiración. Liberamos imágenes, recuerdos y sensaciones al espirar, como si fueran pájaros que inician el vuelo. Sabemos que hemos recordado quién somos realmente: una persona a quien se puede amar. Hemos conocido a nuestro amante interior.
Cuando volvemos al-estado consciente normal, revisamos los momentos de nuestra vida pasada en que hemos sentido el placer de estas cualidades profundas. Dedicamos cierto tiempo a confeccionar una lista de estos acontecimientos. Seguidamente dejamos que se pierda la imaginación, imaginamos cuáles de estos acontecimientos podríamos recrear: momentos en que nos podemos soltar, sentimos niños felices. Elaboramos una lista con ellos. He aquí unos ejemplos de mi lista particular:
Recibir un abrazo largo, muy largo.
Descansar en los brazos de un amigo, relajado, escuchando música, sin planes ni intenciones.
Recibir un masaje voluptuoso.
Dejarse hacer cosquillas cuando uno se pone demasiado serio. Seguir e imitar a un niño.
Leer un cómic.
Bailar y revolcarse por el suelo.
Consejos
Lo que hemos hecho en este ejercicio de despertar al amante que llevamos dentro es un ejemplo de una estrategia importantísima en el sexo sublime: cada vez que experimentemos satisfacción, en cualquier situación, sintámosla, profundicemos en ella, seamos uno con ella, recordémosla. Beber agua fresca cuando tenemos mucha sed, encontrarse con una persona a quien se quiere después de una larga ausencia, hacer un paseo por la playa durante una bella puesta de sol... cultivemos la consciencia de momentos como éstos, por cortos que sean. Esto nos da oportunidad de ampliar el goce de la vida y de romper la costumbre de centrarse más en los problemas que en el placer. Es una forma de preparar nuestro potencial para el éxtasis.
LA SALUTACIÓN SINCERA
Una vez nos hemos identificado con nuestro amante interior, sentimos la ternura y la alegría en el corazón o simplemente un sentimiento global de aceptación de uno mismo. La experiencia me ha demostrado que el amor conlleva siempre una dimensión espiritual, la sensación de que uno forma parte de la creación, una expresión del infinito.
Cuando se ha experimentado esta dimensión íntimamente, se tiene el instinto • • • • • • •
natural de compartir este don con alguien cercano. Puede tratarse de un amigo, un amante o el compañero de nuestra vida. En efecto, podemos descubrir que contemplamos a nuestro compañero desde un ángulo distinto, reconociendo en él o en ella al mismo amante divino, la misma conexión con una existencia más amplia. El hecho de acercamos al compañero con la actitud de que «yo soy