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El antes y el después de la Imprenta en la Modernidad Judía

In document Judios y Judaismo Tomo II (página 49-51)

La tecnología de la imprenta es lo que diferencia lo que simple a vista parece ser lo mismo de siempre pero veremos que no es así. Es la imprenta la que diferencia entre lo que parece ser una continuidad sin modificaciones desde la Edad Media hasta nuestros días. Quiero que nos concentremos en la diferencia abismal que hay entre nosotros hoy con respecto al período previo de la imprenta.

Es decir, quiero que veamos a la imprenta en el periodo del guetto junto con la publicación de las dos obras de Bomberg (El Talmud y la Biblia Rabínica) como uno de los generadores judíos entre el 1500 en adelante con respecto al 1500 hacia atrás. ¿A qué me refiero con todo esto? Cuando Rashi y los Tosafistas estudiaban lo hacían de manuscritos. Lo que estudiaban y las conclusiones a las que arribaban luego las escribían al margen del texto que poseían. Por supuesto que estamos hablando mucho tiempo antes de la imprenta. Y probablemente cuando estudiaban había un solo manuscrito disponible, pero al mismo tiempo una fluidez muy especial. La fluidez de una cultura basada en manuscritos es la vez una cultura basada en lo oral. En la vida previa a la imprenta muchas cosas se dicen en forma oral y luego son escritas en un manuscrito. Este tipo de manuscrito no está pensado para ser vendido por todo el mundo y ni siquiera tal vez para hacerlo público. Tal vez es simplemente una anotación que escribe un rabino para

luego poder compartirla y no olvidarse de la idea ó para no tener que memorizar absolutamente todo lo que se le ocurre. Esta es la forma más natural en la que se da un diálogo importante o una reunión. Siempre hay alguien tomando apuntes para no olvidar las ideas más elementales. Quiero que vean la fluidez que tiene la cultura del manuscrito. Esta cultura permite cambios y debates.

Imaginen que un rabino anterior a la imprenta está leyendo un pasaje y piensa: “¡que interesante esta conclusión a la que arribo al leer este manuscrito y nunca lo había pensado de este modo! ¡Voy a agregarlo aquí para no olvidarme esta idea!” Y entonces decide escribir en un costadito del manuscrito un buen análisis sobre lo que se le acaba de ocurrir. Escribe su análisis en un margen, en algún costado del papel sin preocuparse si queda claro para otros o no. De todos modos este texto no es para consumo público si no que es para él. Y este es el motivo por el cual los manuscritos que tenemos anteriores a la imprenta tienen escritos por todos lados y no siempre en forma prolija y con ideas claras. Piensen cuando cualquiera de nosotros está escribiendo una nota a mano (como esas que están en el anotador del teléfono para los llamados o para dejar avisos para los que están en casa) y escribe por todos lados total sabemos que nadie va a ir publicar todo eso. Resulta aún más interesante notar que una cultura que escribe manuscritos es mucho más similar a nuestra cultura con computadoras desde hace treinta años aproximadamente. Nosotros no nos preocupamos cuando estamos escribiendo en la computadora si nos olvidamos algún renglón o idea, simplemente lo agregamos después, no hay ningún problema. Es lo que se conoce como edición no destructiva (similar a la grabación de video y audio digital moderno). En algún punto la cultura del mundo computadorizado nos ha traído nuevamente al mundo del manuscrito. Ese mundo nos devuelve esa sensación de fluidez y en consecuencia la creación de nuevos lenguajes en los jóvenes, producto de esa misma fluidez. Es realmente interesante notar cómo la tecnología influencia la forma en que el mundo se mueve y cómo nosotros transmitimos nuestros conocimientos.

Lo que quiero que veamos es que cuando la imprenta aparece en la historia hay una gran revolución. La Biblia Bomberg y el Talmud Bomberg ambos impresos en Venecia llegan a todo el mundo cruzando todas las fronteras. Ambos libros generan tal impacto que desde 1530 hasta hoy, tenemos un cambio en lo que significa el estudio rabínico.

Imaginemos a Moisés Isserles (1525-1572), un rabino que vive en Cracovia, y que de golpe le llega un Talmud impreso. Isserles se dice a si mismo por primera vez en su vida: “¿Qué esto? ¡Es algo nuevo que llama libro! ¡Y este libro es un Talmud impreso! ¡Nunca había visto un Talmud impreso antes!”. ¿Pueden imaginar las caras y pensamientos de los primeros judíos y Rabinos que vieron textos judíos que no estaban escritos a mano?

Lo que sucede desde aquí en adelante en términos de la dinámica entre maestro y alumno es novedoso. De repente el maestro se encuentra en una situación muy precaria. El maestro ahora está enseñando un pasaje y dice: “¡me olvide de escribir esta idea, voy a agregarla!” ¡Pero ya no se puede insertar más nada en el Talmud impreso! Este es ahora un texto sagrado. Ya no podemos empezar a escribir en las páginas de este libro que tiene las letras fijas. De pronto lo que la imprenta hace es arrestar el proceso de fluidez. La tradición oral se ha convertido en algo ahora que esta clavado en una hoja. Está fijo. Está impreso. Y por lo tanto la imprenta ha logrado desplazar al rabino ya que el libro es ahora la autoridad, la última y más sagrada palabra. Ya no es más importante el orador que interpreta el libro sino el libro mismo.

Anterior a esta era, en una cultura de manuscritos, ningún rabino decía “vayamos a la página 42 folio b del Talmud”. Ahora ya no podemos corregir lo que pensamos ni agregar nada para futuras lecturas. Si lo hacemos tenemos que escribir un libro nuevo al respecto. El texto impreso es sagrado y no puede ser cambiado. Y no quiero extenderme aquí, pero resulta fascinante seguir este mismo tipo de proceso con la historia del Sidur y la Tefilá en general. Pero lo más destacado que vemos es que la imprenta transforma el mundo y de alguna forma limita el poder del Rabino. Desde ahora ya no es el mismo tipo de pedagogo que era antes.

In document Judios y Judaismo Tomo II (página 49-51)