Finalmente quiero enfocarme sobre el legado de Graetz y de lo que hemos hablado en esta publicación. Graetz es importante por supuesto es su propio tiempo. Pero Graetz eleva muchas preguntas que resuenan en nosotros hasta el día de hoy.
Y acá quiero introducirnos en los minutos que nos quedan en un debate más reciente entre dos historiadores que nos sugieren el legado de Graetz y los desafíos de escribir acerca de la historia judía siendo judíos en el contexto del siglo XXI.
Un importante intercambio de opiniones sucedió entre dos historiadores contemporáneos recientemente. Ambos viven en New York. Uno es Iosef Ierushalmi profesor de Historia Judía en la universidad de Columbia y el otro es Ismar Schorsch que es profesor también de historia judía en el Jewish Theological Seminary.
Estos dos historiadores entraron en un interesante debate acerca de la historia en general, la judía en particular y el lugar que ocupa Graetz como el padre de la historia judía y que rol juega este estudio en el devenir histórico judío contemporáneo.
Ierushalmi ha escrito un libro muy importante llamado Zajor acerca de la memoria colectiva.
Zajor significa “recuerdo” en hebreo y es la palabra bíblica utilizada para recordar. Ierushalmi en su libro hace una yuxtaposición entre la memoria y el recuerdo colectivo judío con la historia judía.
Los judíos según Ierushalmi han siempre recordado. Los judíos recuerdan el éxodo en la fiesta de Pesaj cuando fueron liberados de la opresión egipcia, los judíos recuerdan todo el tiempo el pacto que hicieron en el Monte Sinaí con Dios y recibieron la Tora; en pocas palabras desde la entrega de la Tora hasta el día de hoy lo que los judíos han hecho y hacen es recordar todo el tiempo su pasado y los eventos históricos y conmemorarlos a través de ciertas costumbres o actos puntuales.
Recordar es una manera de ser judío. De hecho cada una de las fiestas judías actuales se trata de recordar el pasado y relacionarlo con el presente. Y nuevamente el ejemplo por excelencia tal vez de esto que estamos describiendo es Pesaj o la Pascua judía.
Pero esa memoria colectiva, ese tipo de sacro recuerdo nos dice Ierushalmi es completamente distinto a lo que hace un historiador moderno. El historiador moderno tiene una postura en la cual debe secularizar la historia. Separarla de la aproximación judía tradicional de la que hablamos en nuestra primera publicación.
El historiador moderno debe mirar el pasado y asumir lo bueno y lo malo. Todo lo que allí aparece. No debe presuponer que una verdad o un grupo sean el mejor o el peor. Debe pensar que todos son igualmente buenos y malos y estudiar lo más objetivamente posible lo que sucedió. Mientras que la historia judía para muchos judíos se basa en seleccionar aquellas cosas que son significativas para el presente y para lo que ellos les conviene o les cierra, el historiador no tiene puede darse el lujo de tener limitaciones. Debe asumir y ver todo lo que hay allí fuera. Todo debe ser presentado para que sea una historia de verdad. Para Ierushalmi el más consistente esfuerzo intelectual para los judíos de la modernidad es justamente escribir la historia
debido a la ignorancia principal no solo de judíos sino del mundo con respecto a los judíos y por lo tanto Graetz es un gigante entre tantos otros de los grandes.
Pero la pregunta más importante que surge es si es esto lo que necesitan los judíos. ¿Acaso los historiadores y el estudio moderno de la historia judía ayudan al crecimiento y la continuidad de los judíos o por el contrario este estudio de la historia y estos historiadores que ven la historia judía de este modo generan un corte?
Es decir, ¿Se interrumpe ese apego de la memoria sagrada judía de la historia con el recuerdo y festejo de cada festividad histórica judía utilizando la aproximación moderna del estudio académico del judaísmo que contempla lo negativo o esas cosas que muchos deciden meter debajo de la alfombra? O para ponerlo en el lenguaje de Ierushalmi “los judíos no buscan generalmente el historicismo del pasado sino su contemporánea interpretación emocional”. Esta última frase es muy interesante. En simples palabras dice que los judíos miran al pasado en forma selectiva, subjetiva y emocional, mientras que los historiadores miran el pasado en forma total, objetiva y desapasionadamente. Y por ende Ierushalmi se hace a sí mismo la pregunta “¿qué significa que soy un historiador judío?”, “¿a quién le estoy escribiendo o narrando la historia?” “¿quién lee esta historia sino le interesa conocer lo que paso sino lo que le gusta que le digan que sucedió?”
Schorsch está en desacuerdo con Ierushalmi. Y Schorsch es en esencia el gran historiador y seguidor de Heinrich Graetz. Schorsch justamente utiliza a Graetz como un ejemplo para sugerir que Wissenschaft des Judentums, es decir la Ciencia del Judaísmo, es de hecho un emprendimiento que nace del corazón de los judíos.
Como vimos en el caso de Leopold Zunz y sus colegas y ahora en el caso de Heinrich Graetz, estos no eran historiadores objetivos de ninguna manera. Estos no eran historiadores que veían el pasado tan solo para ver el pasado. El academicismo que hicieron fue claramente subjetivo y estaba comprometido en entender el presente judío y proyectar el futuro judío. Todos ellos vieron su estudio judío y lo que hacían en correspondencia con lo que le pasaba al pueblo judío.
Y por lo tanto para Schorsch el estudio de la historia judía no daña la fe sino que por el contrario la fortalece. Del mismo modo que Mendelssohn siguiendo a Maimonides habían utilizado la filosofía y las corrientes contemporáneas para fortalecer y acercar al judaísmo incluso a los que más alejados se encontraban y no encontraban el camino para acercarse, lo que yo estoy haciendo al enseñar historia judía, nos dice Schorsch, es hacer lo mismo. Hoy no es la filosofía lo que atrapa y cautiva a los judíos sino la historia. A través de conocer la historia los judíos se van a volver más conscientes de su propia identidad y pertenencia y no a través del procedimiento lógico racional que propone la filosofía. Por lo tanto al conocer objetivamente la historia su fe no va a resquebrajarse sino por el contrario va a hacer más poderosa a través de este proceso de utilizar la historia como un medio para comprender la identidad y pertenencia judía.
Esta es una cuestión realmente interesantísima. Y el hecho que haya aparecido este debate hace pocos años y en nuestra era sugiere claramente que el legado de Graetz y el estudio de la historia y el historicismo judío continúa siendo algo central en nuestros días.
Nosotros somos el producto del historicismo, de la conciencia intelectual moderna, y por ende el tema sobre si un historiador al hacer historia aumenta o sostiene la fe en lugar de dañarla y disminuirla sigue siendo una cuestión en nuestro tiempo.
La pregunta podemos asignársela o debérsela a Graetz pero también podríamos hacerlo como lo haremos en nuestra próxima publicación a Abraham Geiger.