2. Desarrollo personal
2.3 Diferentes formas de elaborar la identidad
James Marcia (1966), basándose en la teoría de Erikson, investigó la forma en que los adolescentes van construyendo su identidad. Sus observaciones le permitieron identificar cuatro estatus de identidad diferentes: logro, mo-
ratoria, exclusión y difusión. La distinción se basó en dos criterios que po-
dían estar presentes o no: (1) una exploración, entendida como un período en el que de forma activa, consciente y en ocasiones, con cierta inquietud y desasosiego, se examinan y evalúan alternativas, y (2) un compromiso que se expresa en la asunción e implicación con un conjunto de opciones políti- cas, sociales, religiosas y vocacionales.
El logro de identidad es el estatus de los adolescentes que, tras un perío- do de moratoria durante el cual exploran diferentes opciones posibles, se comprometen firmemente con sus elecciones personales, ocupacionales e ideológicas. El estatus de exclusión de identidad es el de quienes se han comprometido con ciertas opciones, pero sin un intento serio de revisar las opciones potenciales, sin moratoria. Los adolescentes que exploran, pero no se comprometen, se ubican en el estatus de moratoria. Son aquellos que permanecen en la indecisión y buscan con afán encontrar las alternativas con las que mejor se identifican, pero tienen dificultades para comprome- terse. Por último, también hay adolescentes que ni exploran ni se compro- meten, con lo cual su identidad aparece difusa, razón por la que el estatus que componen recibe el nombre de difusión. En el cuadro 3.3 se ejemplifi- can los diferentes estatus.
Los estatus de logro y de moratoria tienen una relación directa con cier- tos aspectos saludables del desarrollo. Los adolescentes que han pasado o están pasando por una fase de exploración, especialmente los que tras ésta han hecho sus elecciones, suelen ser significativamente más independien- tes, dispuestos a participar y a prestar ayuda, y hábiles en la solución de problemas que los de los otros dos grupos.
Los resultados de las investigaciones indican que quienes no se definen pero tampoco les importa no hacerlo (los que están en el estatus de
difusión) suelen tener niveles más bajos de autoestima y autoeficacia y ni-
veles más altos de ansiedad, desidia y relaciones familiares poco cercanas, en comparación con los grupos de logro y de moratoria. El estatus de difu- sión parece ser el menos ventajoso de todos, asociándose al riesgo de pro- blemas psicosociales futuros.
Quienes están en el estatus de exclusión son más convencionales, con- formistas y obedientes a las figuras de autoridad que el resto. Las relacio- nes con los padres suelen ser muy cercanas, y suele también haber una ma- yor coincidencia entre el sistema de valores familiares y el adoptado —sin un cuestionamiento a fondo— por parte del joven. Estos rasgos son consi- derados como poco favorables en las culturas que consideran muy positiva- mente el individualismo y la independencia (por ejemplo, en Norteaméri- ca y muchos países occidentales desarrollados), pero no tiene por qué serlo en otros contextos, en los que el pensamiento independiente y la autono- mía no son tan valorados como la solidaridad y la conexión con el grupo
Cuadro 3.3 Los diferentes estatus de identidad
COMPROMISO EXPLORACIÓN Se da No se da Se da Logro de identidad
«Me ha costado, pero ya lo sé, estudiaré Botánica porque me encantan las plantas»
Exclusión de identidad
«Estudiaré Medicina, como mis padres, nunca lo he dudado»
No se da Moratoria
«No lo sé, tengo que se- guir pensando. Mientras tanto, trabajaré en lo que me salga»
Difusión de identidad
«No tengo ni la menor idea de lo que haré»
social, es decir, en culturas más cooperativistas como las orientales o las la- tinas tradicionales. Lo que nos conduce a recordar la importancia de anali- zar el desarro llo y de describir los criterios de desarrollo saludable, en este caso referidos a la adolescencia, teniendo siempre en cuenta que está condi- cionado contextualmente.
El contexto histórico-cultural influye también en el tiempo requerido para salir de la moratoria y establecer los compromisos. Cuanto más comple- ja es la sociedad, más opciones posibles se encuentran y más largo es el proceso de elección. En nuestro entorno, un amplio porcentaje de los deno- minados adultos emergentes —entre los 18 y los 25 años— afirman no ha- ber realizado sus compromisos. La mayoría no se encuentra en el estatus de logro de identidad a la edad de 21 años. Esto es así especialmente entre los que continúan sus estudios universitarios. Esta diferencia se atribuye a que en la universidad se favorece el cuestionamiento crítico de las ideas en ge- neral, lo que puede aplicarse también a las ideas sobre uno mismo y sobre la propia vida.
Algunos autores consideran que las teorías de Erikson y de Marcia no se ajustan a la realidad actual de la construcción de la identidad. Defienden que en la construcción de lo que se ha dado en llamar la identidad posmo-
derna el proceso es diferente (Arnett, 2008). Concretamente afirman que la
identidad posmoderna no es ni tan estable ni tan unitaria, sino que se modi- fica continuamente a lo largo de toda la vida, y, sobre todo, es diferente se- gún el entorno social en el que se desenvuelve la persona.
La velocidad a la que evolucionan los contextos culturales incide en nuestra forma de adaptarnos y de adoptar una posición frente al mundo. Este cambio permanente, que nos lleva a agregar nuevos elementos a nues- tra identidad y eliminar otros, nos afecta más allá de la adolescencia.
Por otra parte, el fenómeno de la globalización contribuye a que la iden- tidad no sea tan unitaria como en generaciones anteriores. Vivimos en un mundo cada vez más homogéneo y cercano; debido al desarrollo tecnológi- co y la integración económica mundial, los adolescentes de cualquier parte del globo escuchan la misma música, ven el mismo cine, usan las mismas marcas de ropa y están conectados entre sí por Internet. Evidentemente, eso no anula las influencias contextuales de cada cultura autóctona o la etnia de pertenencia, que siguen marcando diferencias en el desarrollo de los indivi- duos. Los efectos de este cambio histórico sobre la identidad de los jóvenes son complejos. Aunque en la mayoría se observa una especie de biculturali- dad —cultura autóctona y cultura global—, mientras que en otros un aspecto importante de su identidad es, precisamente, la resistencia a la globalidad y la definición y defensa de su cultura de origen.