• No se han encontrado resultados

DISCORDANCIA V DISOCIACIÓN.

In document DICCIONARIO-RETORICA.pdf (página 69-73)

DISCURSO. En lingüística se denomina discurso al área de los procesos de

comunicación superiores al enunciado o frase, en la que se había detenido la atención de Saussure. Para Benveniste, la frase es la unidad del discurso, que sería un conjunto de enunciados «sobrecodificados» por reglas transfrásticas de encadenamiento. En la concepción generativo-transformacional (V. LINGUÍSTICA, 5), la gramática describe las reglas de competencia que sirven para producir, partiendo de enunciados profundos simples, frases superficiales estructuralmente complejas.

Entre los desarrollos de la lingüística reciente es preciso mencionar a la llamada lingüística textual, que puede ser considerada como una expansión autónoma del generativismo. Si por texto se entiende una forma comunicativa superior a la frase, cualquier teoría del discurso ha de ser incluida automáticamente en el ámbito de lo textual, con la precaución, sin embargo, de tener en cuenta que existe un salto cualitativo importantísimo entre el texto-discurso y la frase: el texto no consiste únicamente en una adición de frases: con respecto a las frases constituyentes el discurso presenta siempre un plus de significado. Por ejemplo, en muchos casos sólo el texto-discurso puede resolver la ambigüedad de algunas frases: Los pollos están preparados para comér+puede adoptar dos significados distintos según cuál sea la ampliación textual: 1. Ya podemos sentarnos a la mesa; 2. Voy a echarles el pienso. Además un texto-discurso posee una coherencia totalizadora -las reglas trans- frásticas- distinta de las frases aisladas e individuales: aclara los presupuestos de algunos enunciados, permite la integración de éstos en unidades semánticas jerarquizadas, etc. Para el discurso en sentido oratorio V. EXORDIO, DISPOSITIO.

Nos interesa ahora recordar una definición distinta de discurso, pertinente en particular para el análisis literario de un texto. En esta acepción más específica (que se remonta a Benveniste), el discurso es el acto de la enunciación en el que se puede manifestar: a) la patencia del sujeto en el enunciado (V.); b) la relación entre el locutor y el interlocutor; c) la actitud del sujeto en lo que toca a su enunciado, la «distancia» que establece entre sí mismo y el mundo por mediación del enunciado. En otras palabras, mientras el enunciado es la transmisión exclusivamente verbal de un mensaje, la enunciación es un procedimiento que actualiza elementos no verbales (el emisor, el destinatario, el contexto). El plano de la enunciación puede ser llamado también plano del discurso, en el sentido que se pone de manifiesto, por ejemplo, en las formas del llamado discurso directo e indirecto. Seguimos aquí las ideas de Todorov (Qu'est-ce que le structuralisme? 2. Poétique) cuando caracteriza distintos tipos de discurso (o estilo) partiendo de la estructura enunciativa: discurso valorativo, emotivo, modalizante. (Para una exposición más detallada V. ESTILO, 1.)

También es posible hablar de discurso literario si se comparte la idea de Lotman de que la literatura se vale de una lengua no coincidente con la común (aunque se construya sobre ella); esta lengua está formada por signos y reglas peculiares que parten de la iconicidad, de la motivación del signo literario. Característica privativa del discurso de la literatura es su total semantización: todos sus elementos fonológicos y morfosin- tácticos interactúan con el plano del contenido, asumiendo un valor significativo y activando el sentido global del texto. Véase LENGUAJE, 2; CONNOTACIÓN, CONTENIDO, CORRELACIÓN, FORMA, TEXTO.

DISFEMISMO. El disfemismo -opuesto a eufemismo (V.)- consiste en el empleo en el

texto de una palabra o expresión de estrato vulgar o cómico, para sustituir a otra noble o, simplemente, normal. Ejem.: estirar la pata en vez de morir, matasanos en sustitución de médico.

DISFORIA. En el análisis del relato, los términos «disforia» y «euforia» se usan con

frecuencia para caracterizar dos situaciones opuestas en las que se pueden encontrar los personajes: estado positivo, alegre, feliz (euforia); estado penoso, desgraciado, negativo (disforia).

DISOCIACIÓN. La disociación es una figura de tipo semántico que se produce cuando

en una frase, construida con todo rigor sintáctico, se articulan elementos que son incompatibles semánticamente: Estar cansado tiene plumas (Cernuda); nardos de angustia dibujada (Lorca). La disociación nace de la presencia de dos isotopías (V.) todo lo diferentes que se quiera, e incluso opuestas, pero que en el creador tienen un mismo cimiento psicológico. La disociación se corresponde, aproximadamente, con lo que Bousoño denomina imagen (V.) visionaria o Angenot (Rhétorique du surréalisme y Glossaire de la critique littéraire contemporaine) discordancia. El término de disociación, que preferimos, ha sido propuesto por Zumthor, y aceptado por el grupo D.LR.E.

DISONANCIA. V. cncoFONíA. A veces puede buscarse el efecto de disonancia con

intenciones estilísticas: Este especialistito Casualidad, galeno / por vicio, ha visto a nuestro Hume-Wundtiano, cuando (Juan Ramón Jiménez).

DISPOSITIO. Es la segunda de las cinco partes en que se divide tradicionalmente la

retórica (V.). Se ocupa del orden y de la disposición de las ideas: orden que puede ser naturalis, es decir, normal según un desarrollo lógico del discurso, o bien artificialis, o sea estructurado de tal forma que suscite en el destinatario un efecto de extrañamiento (V.) por medio del empleo de figuras o por una disposición in medias res o utilizando otros artificios. La dispositio regula la división de una obra en partes distintas y establece la relación entre ellas. La bipartición frecuentemente lleva aparejada una antítesis; la tripartición comprende un principio, una parte central y un fin, con divisiones internas ulteriores en cada una de ellas. Así, en un discurso modélico, hay un exordio, que abre el contacto con el público (destinatario), una parte central infor- mativa o narración -a veces continuada por una demostrativa, la argumentación, frecuentemente de carácter dialéctico-, y un epílogo en el que se resume el tema y se cierra, dirigiéndolo de nuevo hacia el destinatario. En la retórica antigua se llamaba disposición externa al conjunto de medios -que hoy denominaríamos pragmáticos- que se dirigen a la persuasión del destinatario. Existe toda una casuística de estrategias destinadas a conseguir el fin buscado, es decir, la persuasión: el empleo de medios intelectuales, como la información y la discusión; la utilización de instrumentos emotivos y psicológicos, ya moderados (ethos), ya extremados (pathos): con el ethos se busca crear una situación emocional de tono medio, incluso agradable, con el pathos se quiere provocar conmoción, compasión, identificación, etc. Es claro que, para cada caso, la dispositio requiere una forma estilística apro-

piada, es decir, una elocutio que unas veces será sencilla„gtras sutil, otras edificada de tal manera que sea capaz de apuntalar eficazmente la estrategia del discurso. Para estas cuestiones remitimos a las páginas iniciales de los Elementos de retórica literaria de Lausberg.

Un gráfico muy claro de la estructura de la dispositio se encuentra en La antigua retórica de Barthes, que expone en este paradigma las partes del discurso:

elemento demostrativo 2. narratio 3. confirmatio

1. exordio 4. epílogo

________________________________________ elemento pasional

Y lo explica: «La dispositio parte de una dicotomía que éra ya, en otros términos, la de la inventio: animos impellere (conmover) / rem docere (informar, convencer). El primer término (llamada a los sentimientos) cubre el exordio y el epílogo, es decir, las dos partes extremas del discurso. El segundo término (la llamada a los hechos, a la razón) cubre la narratio (relato de los hechos) y la confirmatio (establecimiento de las pruebas o vías de persuasión), es decir, las dos partes intermedias del discurso. El orden sintagmático no sigue, pues, al orden paradigmático y nos encontramos con una construcción en quiasmo: dos "trozos" de elemento "pasional" enmarcan un bloque demostrativo.»

DISPOSITIVO. En semiótica, se llama dispositivo a cualquier clase de estructura

formal configurada de tal manera que pueda recibir datos y transformarlos. En este sentido, se puede estudiar como dispositivo cualquier institución literaria que sea susceptible de integrar determinados ideologemas o fragmentos intertextuales y adaptarlos a las finalidades propias del género. Sirva como ejemplo la reconducción del neoplatonismo en la novela pastoril.

DÍSTICO. Agrupación de dos versos. El nombre recubre así formas que habían

recibido nombres muy diversos (pareado, aleluya, auca, alegría, etc.) o que no se sabía cómo denominar. El dístico es, así, una de las formas más antiguas de organización de versos; los encontramos en las jarchas o, con un estribillo y reunidos en formas paralelísticas (V.), en el cosaute (V.) y en las cantigas (V.), sobre todo en las de amigo. Muchos villancicos (V.), en el primer sentido de la palabra, son dísticos, rimados (No me las enseñes más, / que me matarás) o no (Lo que me quise, me quise, me tengo, / lo que me quise me tengo yo); algunas veces con un verso inicial sin rima cerrado por un dístico rimado, con forma de mote (Vencedores son tus ojos, / mis amores, / tus ojos son vencedores) o empezando por un dístico y cerrándose con un verso suelto: Antes me beséis / que me destoquéis; / tocóme mi tía (V. SOLEA). Forma de dístico tomaban las seguidillas (V.) antiguas cuando se copiaban o se imprimían, y dísticos son la mayor parte de los refranes.

En particular, se llama dístico al elegiaco de la métrica clásica, formado por un hexámetro y un pentámetro. En nuestra literatura encontramos alguna imitación de esta estructura en el Renacimiento (Fray Luis de León, traducción del Beatus ille;

Medrano, Ode XIV) o, en la época moderna, en Unamuno (véase, por ejemplo, Los ángeles de la guarda), quizá en este caso por influjo de Carducci, tan admirado por el poeta vasco.

Está mucho más viva, sin embargo, la tradición popular. Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Emilio Prados, entre tantos otros, la han revivido o recogido y le han dado al dístico y al poema concebido desde ellos un valor nuevo.

DISYUNCIÓN. El término se usa para denominar un fenómeno estilístico de

naturaleza sintáctica que consiste en separar en el discurso dos elementos que deberían ir juntos. Ejem.: Yo estaba contra, y prácticamente boicoteando el progreso (Bryce Echenique). Distinto era el valor de la palabra disiunctio para la retórica clásica (Cfr. Lausberg, Manual, §§ 739-742), que correspondía a una especie de zeugma elaborado en el que elementos comunes a varias proposiciones se separaban de ellas para no ser repetidos, mientras que los no comunes se estructuran en paralelo sintáctico y/o semántico. Hoy este estilema se considerará mejor entre las estructuras de iteración semánticosintáctica o como una forma de paralelismo.

En la teoría del relato la disyunción es una de las unidades narrativas fundamentales, junto con el contrato (V.) y con la prueba. Para Greimas, el relato se puede definir como una serie de conjunciones de sujetos con los objetos y de disyunciones de ellos. Pongamos como ejemplo, acaso excesivamente burdo, la relación de Lázaro con el pan en el capítulo del cura de Maqueda, el antagonista, que coloca obstáculos entre el héroe y el sujeto. La disyunción ubica al héroe en una realidad en la que se ve obligado a obrar (cerrajero, ratones, serpiente, etc.).

DITIRAMBO. Apartándose de su significado en la poesía griega (canto en honor de

Dionisos, compuesto en sucesión de versos no sujetos a sistema), la palabra ha parado en denominar a una composición lírica que expresa sentimientos exacerbados y normalmente resueltos en elogios desmedidos hacia alguien o algo.

DITOLOGÍA. Pareja de elementos normalmente unidos por la conjunción y, muy

frecuente en Petrarca y en el petrarquismo, hasta el punto de constituir uno de sus estilemas característicos: En tanto que de rosa y azucena / se muestra la color en vuestro gesto, / y que vuestro mirar ardiente, honesto, / enciende al corazón y lo refrena (Garcilaso): la triple ditología aquí está dispuesta en correlación (V.) y se unen, además, términos de significación opuesta; véase también la distinta disposición de los elementos unidos en cada pareja, con valores estilísticos definidos. La ditología produce, además de efectos semánticos, especiales efectos rítmicos. La ditología corresponde aproximadamente a lo que Dámaso Alonso (V. Seis calas) llama sintagma binario no progresivo: creemos que es preferible este término para evitar la plurivalencia de la voz sintagma. Por otra parte la construcción ditológica no es más que un caso especial -aunque el más usado- de la pluralidad estilística que el crítico español define, describe y estudia; como ésta, la ditología entra muchas veces como conjunto de una correlación (V.).

DIVINO (VUELTA A). Conversión de un texto profano en religioso mediante

algunas transformaciones. Parece ser que se comenzó adaptando melodías de canciones populares («cantar al tono de»), conservando el estribillo tradicional, con ligeras modificaciones, para después mantener el cantar entero, al menos en su estructura fundamental. Se pasó a volver a lo divino a poetas enteros (Sebastián de Córdoba lo hizo con Boscán y Garcilaso) y, desde la poesía, se fue a la novela (Pastores de Belén de Lope es, según Avalle Arce, La novela pastoril, una vuelta a lo divino de La Arc•adia) y al teatro, con Calderón que convierte sus comedias en autos sacramentales (Cfr. Aurora Egido: La fábrica de un auto sacramental: «Los encantos de la culpa»).

Para este tema véase B. W. Wardropper, Historia de la poesía lírica a lo divino en la cristiandad occidental e Introducción al teatro religioso del Siglo de Oro.

In document DICCIONARIO-RETORICA.pdf (página 69-73)

Documento similar