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FIABA V CUENTO POPULAR.

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FIGURA. La teoría de las figuras constituye el centro de atención de la retórica

clásica, entendiendo por figuras las formas expresivas peculiares que son usadas sobre todo por los poetas y, por eso mismo, se consideran como una desviación con respecto al lenguaje normal. Pero la paradoja de la retórica, como dice Genette -y véase también Lázaro: Lengua literaria frente a la lengua común-, consiste en que las figuras son abundantísimas también en la lengua usual, con lo cual parece que la desviación es absolutamente normal. Incluso, como se señala en el Diccionario de Ducrot-Todorov, se puede observar cómo no todas las figuras consisten en una desviación: no la hay en el asíndeton o en el polisíndeton; en nuestra lengua es difícil señalar los límites del hipérbaton. Por otra parte, como dice Lázaro Carreter, es casi imposible definir la norma con respecto a la cual se efectúa la desviación. Así pues, no parece excesivamente productivo contraponer, como lo hace Cohen, el estatuto de la figura al de un tipo distinto de discurso, por ejemplo, la prosa científica: no se comprende por qué una clase de discurso deba considerarse no en sí mismo, sino como norma frente a otro preconcebido como desvío. Análogos problemas se encuentran en la definición de estilo (V.).

Aparece como más ventajoso, en una perspectiva neorretórica, caracterizar a la figura «como distancia existente entre signo y sentido, como espacio interno del lenguaje» (Genette, Figures 1). Para que vela sea entendido como término figurado es necesario el conocimiento de su relación in absentia con nave: de la correlación entre los dos signos nace la sinécdoque, en cuanto que vela sustituye a nave como parte de un todo. La figura es un proceso basado en la connotación, y como tal implica la conciencia de la ambigüedad del lenguaje y, en particular, del discurso literario: vela es polisémico porque se refiere literalmente a sí mismo (denotación) y, figuradamente a la nave a través de una motivación (aquí, la parte por el todo) que es el germen de la figura. La retórica es un código institucional de la literatura que no sólo -ni en primer lugar- tiene la tarea de inventariar las figuras, sino la de atribuirles un valor específico de connotación. «Cada vez que el escrito emplea una figura reconocida del código, requiere a su lenguaje no sólo para "expresar su pensamiento", sino también para anunciar una cualidad épica, lírica, didáctica, etc., para designarse a sí mismo como lenguaje literario y para dar seña de literatura. Por eso, la retórica se preocupa muy poco de la originalidad o de la novedad de las figuras, que son cualidades de cada palabra en particular y por este motivo no le conciernen... En último extremo, su ideal sería organizar el lenguaje literario como una segunda lengua en el interior de la primera, en la cual la evidencia de Jos signos se impusiese con la misma incidencia que tiene en el sistema dialectal de la poesía griega, donde el empleo del dialecto dórico significa, por su sola presencia, lirismo, el del ático drama, el del jónico-eólico epopeya. Para nosotros, actualmente, la actuación de la retórica no tiene ya, en su contenido, más que un interés histórico (por otra parte, minusvalorado). El pensamiento de resucitar su código para aplicarlo a nuestra literatura sería un anacronismo estéril... La función autosignificante de la literatura ya no pasa a través del código de las figuras, y la literatura moderna tiene su propia retórica que es justamente, al menos por ahora, el rechazo de la retórica» (Genette, ibid. ).

1. La clasificación tradicional de las figuras. El problema fundamental de la retórica, desde la antigüedad hasta el siglo xvw, consistió en la identificación y catalogación de las figuras. No es posible trazar un esquema unitario y válido para

todos los teóricos y todas las épocas, teniendo en cuenta la proliferación de géneros y especies reconocidos en cada uno de los numerosísimos manuales (baste con pensar en los del barroco, en Gracián y en su Agudeza), pero podemos reconocer en casi todos ellos al menos las siguientes categorías (y cfr. Quíntiliano, VII, 6 y IX):

a) figuras de pensamiento: conciernen a un enunciado completo, en su conformación creativa e imaginativa; son la prosopopeya, el apóstrofe, la interrogación, la imprecación, la exclamación, el epifonema, la reticencia, la preterición, la ironía, la perífrasis, la hipotiposis, la antítesis;

b) figuras de significación o tropos: conciernen al cambio de sentido de las palabras: son la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, la antonomasia, la hipérbole, la litote;

c) figuras de dicción: consisten en la modificación de la forma de las palabras: apócope, paragoge, aféresis, metátesis, etc.;

d) figuras de elocución: conciernen a la elección y variedad de las .palabras más adecuadas: son el epíteto, la repetición (con todas sus posibilidades), la sinonimia, el asíndeton, el polisíndeton, la amplificación, etcétera;

e) figuras de construcción: estudian el orden de las palabras en la frase; son el quiasmo, la anáfora, el hipérbaton, la elipsis, el zeugma, etcétera;

f) figuras de ritmo y melodía: se interesan particularmente de los efectos fónicos: son la onomatopeya, la armonía imitativa, la aliteración, etcétera.

En la actualidad, estas clasificaciones y otras similares nos parecen poco satisfactorias e incluso arbitrarias. La diferenciación lógica de las figuras implica numerosas características internas. Así Fontanier enumera, sólo en lo que se refiere a las metonimias, las de causa (Eros por amor), las de instrumento (pluma por escritor), las del continente (vaso por vino), las de origen (el Pórtico por el estoicismo), las de signo (trono por monarquía), las del cuerpo (el corazón por el amor), las del protector (mis lares por mi lugar natal), las de la cosa (espada por el torero que la usa, matador). Genette recuerda la tentativa del cartesiano Lamy de dar una explicación psicológica de las figuras, intentando encontrar en cada una de ellas el «carácter» de una pasión (el hipérbaton representaría a la emoción que subvierte el orden de las cosas, y por lo tanto también de las palabras).

2. Tipologías modernas. Se han intentado clasificaciones y definiciones actualizadas de las figuras, basándose, para lograr una coherencia mayor del sistema, en la consideración de la estructura lingüística en la que se realizan aquéllas.

El primer trabajo ha consistido en delimitar los rasgos constitutivos de los procedimientos literarios y estudiar los que forman cada una de las figuras, pues, como subraya Dupriez -y tras él asoman los trabajos de la escuela de Quebec-, «un rasgo no es exclusivo nunca de la figura que define: el quiasmo presenta un punto común con el paralelismo (miembros sintácticamente similares), otro con la inversión (orden invertido de los términos)... Si se considera la totalidad de los rasgos necesarios para la definición de las figuras (una sesentena) y sus posibili- dades combinatorias (millones) se comprende que Lamy haya podido pensar que el número de las figuras es infinito». Por eso, lo que hoy parece posible es la redacción de una retórica de los semas (los sememas -el léxico- son demasiado grandes), que podría ser verdaderamente sistemática. Distintos esfuerzos se han hecho en este sentido y parecen dar sus frutos: Greimas, Genette, Ducrot, el grupo µ, los lingüistas de Lyon, los del grupo D.I.R.E. de Montreal, el grupo de Lieja, distintos acercamientos desde la semiótica se ocupan de estos problemas.

Acaso la tentativa más ambiciosa de una clasificación total de las figuras con apoyo en aspectos lingüísticos sea la debida al llamado «grupo µ», formado por Dubois, Edeline, Klinkenberg, Minguet, Pire y Trinon (cfr. Rhétorique générale, París, 1970). Considerando las figuras como un efecto de transformación del

lenguaje, los estudiosos de este grupo distinguen:

a) metaplasmos, modificaciones de palabras y de elementos inferiores a la palabra desde el punto de vista de la expresión;

b) las metataxis, esto es, las transformaciones formales de la estructura de la frase;

c) los metasememas, las modificaciones de las palabras en cuanto a su significado;

d) los metalogismos, las modificaciones del valor lógico de la frase.

Las figuras se distribuyen en estas cuatro áreas mediante cuatro operaciones lógicas: la adición, la supresión, la supresión-adición y la permutación.

Se producirán así las siguientes figuras de tipo A (metaplasmos: operaciones morfológicas): aféresis, apócope, síncopa y sinéresis cuando la supresión es parcial; el espacio en blanco cuando la supresión es total; la prótesis, diéresis, epéntesis, paragoge, cuando la adición es simple; reduplicación, insistencia, rima, aliteración, paronomasia cuando la adición es repetitiva; el equívoco y el calambur cuando la supresión-adición es parcial; los arcaísmos, los neologismos, cuando es completa; el anagrama, la metátesis son resultado de permutaciones.

Figuras de tipo B (metataxis: operaciones sintácticas): el truncamiento de la frase cuando la supresión es parcial («Por la puente, Juana»); la elipsis, el zeugma, el asíndeton y la parataxis cuando es completa;

el paréntesis, la concatenación, la enumeración cuando la adición es simple; la repetición, el polisíndeton, la simetría cuando es repetitiva;

la silepsis, el anacoluto cuando la supresión-adición es parcial; el quiasmo cuando es completa;

la tmesis, el hipérbaton y la inversión cuando hay permutación. Figuras de tipo C (metasememas: operaciones semánticas):

Sinécdoque y antonomasia generalizadoras, comparación, metáfora in praesentia cuando la supresión es parcial;

la sinécdoque y la antonomasia particularizadoras cuando la adición es simple; la metáfora in absentia cuando la supresión-adición es parcial; la metonimia cuando es completa; el oxímoron cuando es negativa.

Figuras de tipo D (metalogismos: operaciones lógicas):

la litotes cuando la supresión es parcial; la referencia, la suspensión, el silencio cuando la supresión es completa;

la hipérbole cuando la adición es simple; la repetición, el pleonasmo, la antítesis cuando es repetitiva;

el eufemismo cuando la supresión-adición es parcial; la alegoría, la parábola, la fábula moral cuando es completa; la ironía, la paradoja, la antífrasis cuando es negativa;

la inversión lógica o cronológica cuando se produce por permutación.

Demos algunos ejemplos: moto por motocicleta es un apócope obtenido por supresión parcial; la golonlonlondrina (Huidobro) es una forma de adición repetitiva (insistencia); luengo por largo es una forma arcaica que se obtiene por sustitución completa. Para las metataxis: el zeugma: El mascarón. ¡Mirad el mascarón! / Arena, caimán y miedo sobre Nueva York (García Lorca), donde tenemos, en el segundo vetso, la supresión completa de un término, que puede ser el mismo mirad, o ved, o hay; en el anacoluto (por ejemplo, en el No preguntarme nada del mismo Lorca) la supresión-adición es parcial; en el hipérbaton tenemos un procedimiento de permutación en el orden sintáctico: el becqueriano -estudiado por Dámaso Alonso- Del salón en el ángulo os- curo. Para los metasememas: la sinécdoque generalizadora (mortal por hombre) y particularizadora (Tu cintura de arena por inaprehensible) derivan de operaciones de descomposición de los elementos sémicos (lo veremos más detenidamente cuando hablemos de la metáfora y de la metonimia). En cuanto a los metalogismos

recordemos la litotes, por ejemplo no es un lince, en el que hay una disminución o atenuación de un concepto (no es muy inteligente), por medio de una operación sémica de supresión; también el eufemismo comporta operaciones de sustitución lógico- semántica.

Esta teoría del grupo de Lieja (o grupo µ) es extremadamente interesante, aunque aparezca en su conjunto como excesivamente artificiosa y discutible en más de un punto. Pueden verse las críticas tácitas que le hacen tanto los miembros del grupo de Montreal (Cfr. En soixante-dix symboles. Introduction á la poiétique formalisée, document de travail du groupe D.I.R.E.), como los trabajos teóricos y prácticos del OuLiPo.

En este trabajo sólo en parte seguiremos el esquema propuesto, teniendo en consideración sobre todo el concepto de modificación en el área morfológica y sintáctica (operaciones relativas a la expresión) y en la semántica y lógica (operaciones relativas al contenido).

FIGURA DEL DONAIRE. V. GRACIOSO.

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