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Dr Agustín N Candiot

In document Anales | Tomo XL | 1985-1986 (página 39-41)

No conocí personalmente al Acadé­ mico profesor doctor Agustín N. Can­ dioti a quien hoy debo referirm e.

La razón mencionada lim ita de algu­ na manera el campo de la información — sobre todo de aquella que pudiera denominarse menuda— y lo priva de las vivencias comunes de biógrafo y biografiado, vivencias que tras pasar el cernidor de la reflexión y los re­ cuerdos cristalizan en opiniones — a veces subjetivas— sobre la persona­ lidad que se trata de caracterizar. La historia es difícil hacerla si se la vive.

Por eso, creo que la causa señala­ da otorga a mi trabajo, que es más que intento biográfico, intención de perfilar la personalidad del académico doctor Candioti, un carácter crítico, casi inconcuso y esencialmente ana­ lítico. Ello no resta calor vital a las afirmaciones y si lo hace no lo es en desmedro de la importancia de los hechos vinculados con la ejemplar tra ­ yectoria de tan distinguido represen­ tante de la profesión como fue el doc­ to r Agustín N. Candioti, cuyo sitial n9 31 he de ocupar a partir de ahora en esta Honorable Corporación por virtud de las circunstancias que condicionan la vida de los hombres. Diría, por con­ siguiente, que el tiempo transcurrido y el no haber tenido contacto perso­ nal con el académico profesor doc­ to r Candioti — aunque sabía de sus relevantes m éritos a través de su tra­ yectoria profesional— otorga transpa­ rencia, objetividad y certeza a este es­ tudio a mi juicio tan realista, como reales y fructíferas fueron las accio­ nes del ilustre académico desapare­ cido.

He tratado de seguir su desbordan­ te actividad en las diferentes áreas oficiales y en la esfera privada de la

profesión pero un proceso de exclu­ sión me lleva a ubicarlo y estudiarlo en la Facultad de Ciencias Veterina­ rias de la Universidad Nacional de La Plata porque allí transcurrió la mayor parte de su vida profesional como do­ cente y como defensor de la enseñan­ za superior de alto vuelo ostentando, con modestia ejemplar, una elevada jerarquía académica que fue el fruto de su mente excepcional y de su gran espíritu de sacrificio y contracción al estudio.

La conjunción de su accionar lo pre­ senta como figura de neto contorno ético — iniciaba cada curso lectivo con una serie de clases sobre Deontolo- gía— probidad que adquiere casi el significado de símbolo en tiempos de crisis y de enfrentamientos que sur­ gieron dentro de una política univer­ sitaria convulsionada y que el acadé­ mico Candioti vivió con pasión, pero siempre con juicio claro y corazón no­ ble.

Hizo una brillante carrera docente. Fue el prim er Profesor de la Cátedra de Materia Médica, Terapéutica y To- xicología apenas egresado de la Fa­ cultad y lo fue durante un largo pe­ ríodo que abarcó 33 años y 5 meses, ocupando en distintos momentos de su vida diferentes cargos docentes tanto como estudiante o como egre­ sado.

Se desempeñó en las Cátedras de Anatomía, Fisiología, Semiología y Po­ liclínica como Ayudante y después fue Profesor Interino de Patología Gene­ ral, Patología Médica y O bstetricia y Titular de Materia Médica y Terapéu­ tica, lo que permite aquilatar su cali­ bre en el campo médico de la profe­ sión.

Tuvo activa y descollante influencia en el proceso de nacionalización de la Universidad de La Plata. Al cristalizar el cambio de jurisdicción, las autori­ dades de la ya Universidad Nacional lo confirm aron en el cargo de Profe­ sor de Patología General y de Farma­ cia y Terapéutica.

En ese entonces y en función de in­ tegrante del Consejo Superior de la Universidad se constituyó, junto con el delegado de Agronomía, ingeniero agrónomo Alejandro Botto, en facto r decisivo de la separación de las Fa­ cultades y mucho antes, en el año 1902, siendo alumno, le cupo carácter protagónico en la instauración de! 6 de agosto como día recordatorio de la iniciación de los estudios agronó­ micos y veterinarios en el país.

Su personalidad y su carácter, al proyectarse en el tiem po, aparecen rodeados de un aura, propia de los hombres de excepción que pasan por la vida enseñando conducta, sobrie­ dad, equilibrio, reflexión y justicia.

En la Universidad no vió en el es­ tudiante un mero aparato de conocer sino una entidad vital con capacidad no sólo para el ejercicio de una téc­ nica sino también para la apreciación estética, para la sensibilidad social correctam ente equilibrada e incluso para la percepción de valores religio­ sos fueran o no aceptados según la posición conceptual de cada uno. Y de acuerdo a este modelo estructuró su perfil docente con una sólida fo r­ mación científica, una filo sofía huma­ nística y un profundo sentido moral que sus colegas y sus alumnos perci­ bieron en toda su dimensión otorgán- le aquellos, respeto y éstos, a quie­ nes motivó para optar por ese cami­ no de materia y espíritu, profundo reconocimiento.

Ilustre en sangre, nació en el seno de una patriarcal fam ilia santafesina que dió a la provincia gobernadores y al país m inistros y diplom áticos. Hi­ jo de Antonio Candioti y de doña An­ drea Zeballos, alcanzó su títu lo uni­ versitario en el año 1904.

Valiente en actos, tuvo trayectoria recta y firm e como corresponde a los hombres de honor, rindiendo el aca­ tamiento debido a las normas de ca­ ballerosidad e hidalguía entre las cua­ les había moldeado su estilo de vida, aun en circunstancias en que debió

cesar en sus funciones en 1946 por razones ajenas a su idoneidad profe­ sional.

Brillante en luces intelectuales, fue profesor distinguido por su sabiduría y su jerarquía docente, ejerciendo en varias oportunidades el cargo de De­ cano y publicando diversos trabajos vinculados con la clínica y tera péuti­ ca especialmente equina.

M erecedor de la estima y el respe­ to de sus alumnos, estableció un puen­ te de simpatía y trabajo común no de­ magógico entre la Cátedra y el alum­ nado que constituyó un v e r d a d e r o ejemplo de colaboración en equipo. Fue amigo y consejero y antepuso el respeto de las normas morales que en­ grandecen al hombre, al objetivo del lucro inmediato, sin preocuparse por captar la benevolencia del estudianta­ do con la frase lisonjera que explota la flaqueza y adormece el valor y la energía requerida para asum ir la dis­ ciplina del estudio.

Dinámico, con dinamismo creador, tuvo activa participación en distintos proyectos destinados a perfeccionar la enseñanza superior no como mero ejercicio de aprendizaje o conocim ien­ to técnico sino, repito, como m anifes­ tación integral de disciplina del espí­ ritu y del intelecto con definidos ob­ je tivos culturales, profesionales y hu­ manos, encuadrando su actividad en el rigor de severos principios deon- tológicos.

M aestro por antonomasia, procuró form ar al alumno con su ejemplo, dan­ do lo que tenía de conocim iento y ex­ periencia — que era mucho— sin re­ servas mentales o especulaciones de ninguna naturaleza.

Por todo eso pero quizá por esto ú l­ tim o, el 21 de noviembre de 1959 fue la figura central de un homenaje en cuyo transcurso se impuso su nombre al aula de Terapéutica en la Facultad de Ciencias Veterinarias de La Plata.

En el bronce se leían, grabadas, es­ tas pocas palabras "A u la Prof. Dr. Agustín N. C andioti" y, abajo, “ Maes­ tro ejem plar.” Era un magnífico final para una vida plena, por cuyo m otivo yo lo recuerdo ahora: Prof. Dr. Agus­ tín N. Candioti, M aestro ejem plar y agregando: que pueda ser digno de vos y de esta Honorable Corporación al ocupar vuestro sitia l.

In document Anales | Tomo XL | 1985-1986 (página 39-41)