El premio Bolsa de Cereales que esta prestigiosa Institución otorga cada dos años, como reconocimiento a la labor en investigación agropecuaria, es sin duda una distinción de muy alta significación en nuestro país .
En esta oportunidad me ha sido otorgado el correspondiente al año 1985, como prueba de reconocimiento por mis contribuciones al desarrollo de la forrajicultura, lo que hago exten sivo a quienes participaron también con ese objetivo.
La forrajicultura, como disciplina o especialidad de la agronomía, no es precisamente una de las que pueda considerarse tan antigua como la propia carrera agronómica.
Si bien la cría y engorde de ani males siempre fue un objetivo prio ritario del hombre, como ganade ro prestó más atención al animal que al forraje, cuya producción dependía básicamente de las excelentes prade ras naturales.
Con la incorporación de los cerea les forrajeros y la alfalfa, y por el gran potencial de producción de forraje de nuestra pampa, sus óptimas condi ciones de suelo y clima, no hicieron muy evidentes los problemas y nece sidades de una especial dedicación técnica en los primeros tiempos.
Sin embargo, ya en los años ’40 se plantea como un problema de carác te r nacional la "decadencia de los al falfares", cuya duración disminuye a sólo 4-5 años.
El interés o vocación de los técni cos por las forrajeras recién se pone de m anifiesto a principios de la dé cada del '40 en unos pocos, entre los cuales me cuento, como G. Covas, G. Tomé, C. D. Itria, A. D. Villar, I. Eche verría y L. M üller, destacados como
iniciadores de una importante acción en la creación y propagación de cul tivares nuevos para el país.
Como fruto de esta acción, a partir del año 1950 y en relativamente poco tiempo se produce lo que podríamos denominar como el “ despegue de la forrajicultura argentina” .
A partir de ahí el panorama forra jero toma una gran importancia por la diversidad de nuevas especies y variedades mejoradas que se ponen a disposición de los productores y pron to alcanzan una amplia difusión. Entre los años 1930 y 1950 sólo se contaba con una media docena de va riedades de cereales forrajeros (ave na, cebada y centeno).
En las décadas del '50 y del '60 es cuando se logra una muy significativa cantidad de cultivares, contribuyendo por mi parte con una treintena de ellos, que en su mayoría son los p ri meros de cada especie y adquieren una gran importancia por su amplia difusión y vigencia actual al cabo de treinta años. Entre los cuales me per mito citar sólo algunos de los más conocidos, como son:
Festuca alta cv. “ El Palenque M AG” Cebadilla criolla cv. “ Martín Fierro M AG ” .
Trébol blanco cv. “ El Lucero M AG” . Trébol rojo cv. “ El Sureño INTA". Loto corniculado cv. “ El Boyero M AG".
Pasto ovillo cv. “ El Cencerro MAG". A lfalfa cv. “ Fortín Pergamino M AG” Agropiro alargado cv. “ El Vizcachero INTA".
Falaris bulbosa cv. “ El Gaucho INTA” .
Algunos trascienden a otros países que los incluyen en programas de producción de sem illas o como el caso del falaris bulbosa cv. “ El Gaucho INTA” que en Australia toman co mo base para crear el cv. Siró Seed- master.
Ante la necesidad de producir en gran escala los nuevos cultivares, los técnicos de la Estación Experimental de Pergamino emprendimos una acción para el desarrollo de una nueva línea de producción, cual era la m u ltip lica ción de sem illas forrajeras. De esto resultó la creación de la Cooperativa Productora de Semillas Selectas ae Pergamino, que se fundara en el año 1963, siendo la prim era en su tipo y que sirvió de base o modelo para otras que se constituyeron luego, en otros lugares.
Es de destacar esto como un hecho que marca la iniciación de una actividad que con los años ha incrementado su importancia, por las numerosas em presas dedicadas a la producción de sem illas forrajeras mejoradas.
De esta manera las forrajeras, ade- n á s de ser generadoras de divisas a t avés de los productos animales, pue den serlo también por sus semillas, !o oue implica así mismo exportar tec nología aplicada a la creación de cul tivares, a su m ultiplicación y al proce samiento de esas semillas. La Argen tina tiene aptitudes, capacidad y me dios técnicos para desarrollar este t i po de producción, que anhelo pueda afianzarse a corto plazo.
Si bien este premio puede significar para mí la culminación y el reconoci miento de lo hecho en 40 años co mo investigador en forrajeras, con sidero debe tomarse también como un estímulo para quienes trabajan en esta
especialidad, a los que yo personal mente aliento a seguir en pro de una superación que perm ita a la Argentina ser el país agropecuario de prim er orden, como debe ser.
En esta tan especial circunstancia de mi vida como profesional, mi re cuerdo emocionado a quien fuera mi profesor y guía, el Ing. Agr. A rtu ro Burkart.
También mi gratitud al Ing. Agr. W alter F. Kugler por el valioso estí mulo y apoyo que me brindó como Di rector de la Estación Experimental de Pergamino.
Agradezco a quienes me precedie ron en este acto por las generosas expresiones vertidas.
A los distinguidos colegas integran tes del Jurado, que han valorado mis antecedentes como m erito rios de esta distinción.
A la Bolsa de Cereales y a la Aca demia Nacional de Agronomía y Ve terinaria, que al adjudicar el premio transfieren con él su alto prestigio institucional.
A los señores funcionarios y repre sentantes de instituciones oficiales y privadas, por su jerarquizadora pre sencia.
Mi especial reconocim iento a quie nes integraron e integran la Sección Forrajeras de la Estación Experimen tal de Pergamino, y a todos cuantos en estrecha vinculación por el mismo objetivo, trcbajaron, participaron y cc laboraron junto a mí a través de tan tos años.
A mi fam ilia que, asimilando las di ficultades, comprendió mi vocación y hoy comparte mi emoción y gratitud por esta distinción.
Finalmente a todos, por acompañar me en este acto, muchas gracias.
ACADEMIA NACIONAL
DE AGRONOMIA Y VETERINARIA
TOMO XL NT 12
BUENOS AIRES REPUBLICA ARGENTINA