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ATHERINE Claxton era una funcionaria de cuarenta y cinco años y de nacionalidad estadounidense con un brillante futuro por delante dentro de la telaraña de la Organización de las Naciones Unidas.Claxton, llena de ideales, se había incorporado a la ONU el 4 de febrero de 1974 y firmado un contrato por tres meses. A Claxton se la había calificado como una funcionaría G-2. Debido a su brillante trabajo, se decidió renovarle el contrato hasta el 3 de junio de 1975, fecha en la que abandonó la Organización.
El 19 de julio de 1976, Catherine Claxton decidió regresar a la ONU, convirtiéndose en funcionaria con contrato fijo el 1 de octubre de 1977. En el momento en el que sucedieron los hechos de su asalto sexual, Claxton era coordinadora del Panel Consultivo en la Oficina del vicesecretario general para la Administración y Gestión, con nivel G-7.
La norteamericana mantenía esta posición desde octubre de 1987 cuando se reunió por vez primera con el funcionario argentino de cincuenta y ocho años Luis María Gómez.
El argentino era en ese momento uno de los hombres de mayor confianza del peruano Javier Pérez de Cuéllar y ocupaba el cargo de asistente al secretario general de la Oficina de Programas de Planificación, Presupuestos y Finanzas, un importante departamento de administración y gestión dentro de la ONU. Entre abril de 1989 y mayo de 1990, Gómez sirvió como vicesecretario general para la Administración y la Gestión, y seguidamente, como administrador asociado del PNUD155.
Los hechos se remontan a 1988, exactamente al 5 de mayo. Sobre las ocho de la tarde, ya a última hora, Luis María Gómez decidió convocar para una reunión en su despacho a Catherine Claxton. La mujer iba cargada de informes que debía revisar con el alto funcionario argentino.
uno de los informes, Luis María Gómez comenzó a hacer comentarios obscenos a Claxton sobre su blusa, sobre lo apretada que llevaba su falda, etc.156 .
Catherine Claxton comenzó a sentirse incómoda, y cuando daba por finalizada la reunión y se disponía a salir del despacho, Gómez la agarró fuertemente por el brazo, la empujó contra una pared y, mientras intentaba besarla, colocó su mano derecha entre los muslos de la funcionaria. Muerta de miedo, humillada y en estado de shock, Claxton se arrodilló para recoger las carpetas que habían quedado esparcidas por el suelo, mientras Luis María Gómez posaba nuevamente sus manos sobre las nalgas de la funcionaria. Sujetándola fuertemente, le dijo al oído que si se le ocurría contar lo ocurrido él se vería obligado a hacerle la vida difícil en la ONU157 .
Durante un tiempo, Catherine Claxton permaneció callada. Tan solo se lo dijo a otra funcionaria del Panel Consultivo, quien le recomendó mantenerse alejada de Gómez; pero esta situación iba a cambiar. En el mes de abril de 1989, Luis María Gómez sustituyó a Ahtisaari como vicesecretario general para la Administración y la Gestión, y, por lo tanto, se convirtió en supervisor directo del trabajo de Catherine Claxton.
A los pocos días de su nombramiento, el argentino volvió a intentarlo con Claxton, pero si esta vez ella no accedía a sus proposiciones, Gómez, con el poder que le otorgaba su nuevo puesto, cerraría el Panel Consultivo y con ello los puestos de trabajo de todos sus miembros, incluido, claro está, el de Claxton.
A mediados de 1989, Catherine Claxton envió directamente una carta a Luis María Gómez, pero en lugar de dirigírsela a su departamento de la ONU se la envió a su dirección particular. En la carta, la funcionaria norteamericana exigía a Gómez que acabase con su política de acoso sexual hacia ella. La semana siguiente, y por recomendación de un colega, Gómez decidió reunirse con Claxton para indicarle que su esposa había abierto la carta y la había leído, y que aquello no le había gustado nada. Gómez le devolvió la carta en mano y le preguntó qué quería. Claxton dijo al argentino que si la dejaba en paz ella dejaría de escribir cartas.
El caso se mantuvo en secreto hasta que, en septiembre de 1989, la funcionaria acosada recibió una notificación en la que se le comunicaba que a finales de ese mismo año su contrato con la ONU quedaría rescindido. Claxton supo entonces que la larga mano de Luis María Gómez estaba detrás de aquello. La norteamericana estaba dispuesta a luchar, por lo que decidió apelar a los dos representantes de Estados Unidos en el llamado Quinto Comité para que protegiesen la labor del Panel Consultivo. Claxton les explicó también detalladamente el largo historial de acosos sexuales a los que la había sometido Luis María Gómez y que, como no había cedido, el argentino se vengaba acabando con la función del Panel Consultivo.
El 16 de noviembre de 1989, el representante de Estados Unidos apoyó la labor del Panel. Catorce días después, Claxton fue informada de que su puesto estaba asegurado y de que Gómez sería trasladado de la proximidad de su despacho. Mientras esto sucedía, altos cargos de la ONU recomendaban interesadamente a la funcionaría dar por finalizada la controversia con Gómez. Esto le ayudaría en su «brillante carrera» en las Naciones Unidas, le dijeron; pero ella no estaba tan segura. Por fin, un día de octubre de 1991, Catherine Claxton decidió poner por escrito la denuncia por acoso sexual a la que se había visto sometida por parte de Luis María Gómez.
El Panel llevó a cabo una larga investigación con interrogatorios realizados fuera del Cuartel General de la ONU para proteger el anonimato de los testigos. Claxton relató con pelos y señales lo sucedido aquella tarde del 5 de mayo de 1988.
Diversas testigos que habían colaborado de una forma u otra con Gómez informaron a los investigadores de que en alguna ocasión el funcionario argentino de la ONU las había acosado sexualmente, bien de palabra, o mediante «inocentes» roces, o expresándoles directamente su deseo de mantener relaciones sexuales con ellas.
Los investigadores se encontraron de repente con comentarios despectivos sobre la norteamericana, por supuesto difundidos por Gómez, quien intentaba desacreditar a Claxton. El informe de la investigación, en
cambio, mostraba a una Catherine Claxton con un carácter y una personalidad estables, sólida, sociable, amante del trabajo duro, profesional, muy capaz, altamente eficiente, inteligente, competente, nada histérica y muy cualificada para manejar cuestiones legales. El informe expresaba que, en vista de todo lo analizado, Luis María Gómez suponía un peligro para la seguridad personal de Catherine Claxton.
Los investigadores requirieron hasta en diecisiete ocasiones a Gómez para ser interrogado, pero el argentino tenía siempre un motivo para no declarar; incluso llegó a bromear alegando que en la ONU no tenía derecho ni siquiera a acogerse a la Quinta Enmienda158 . El resultado final del informe de los investigadores recomendaba al nuevo secretario general, Butros-Gali, la adopción de medidas disciplinarias contra Luis María Gómez.
Así y todo, Butros-Gali desoyó las recomendaciones de los investigadores de la ONU y decidió unilateralmente que lo mejor era abrir una nueva investigación dirigida por personas ajenas al Secretariado de las Naciones Unidas, con ninguna afiliación política conocida y versados en los procedimientos y funcionamiento del sistema de la ONU. Él pidió a la jueza Mella Carroll, de la Alta Corte de Irlanda y miembro del Tribunal Administrativo de la Organización Internacional del Trabajo, que se ocupase de dirigir la investigación. El propio Butros-Gali exigió a la jueza Carroll que todos los procedimientos de la investigación debían ser «secretos».
La letrada irlandesa comenzó su investigación leyendo y estudiando todos los documentos a los que le había dado libre acceso el Secretariado de la ONU sobre el caso. Testimonios, informes psicológicos, copias de los diecisiete requerimientos a Luis María Gómez, etc.
El 4 de diciembre de 1992, por sorpresa y a través de una nota de prensa, la ONU anunciaba la condena del secretario general, Butros-Gali, a la filtración de documentos sobre la investigación llevada a cabo por el Panel Consultivo en el caso de acoso sexual contra Gómez. Sin duda, alguien había filtrado, de palabra o de forma documental, datos de la investigación contra el alto funcionario argentino y ahora protegido por
Butros-Gali159.
Realmente, el secretario general esperaba de la jueza irlandesa un informe que demostrase la inocencia de Luis María Gómez; en cambio, el documento final de Carroll confirmó el asalto sexual del argentino sobre la funcionaria Catherine Claxton y negaba cualquier mala fide por parte de esta en sus acusaciones contra Gómez.
Por fin, el 28 de enero de 1994, Luis María Gómez dimitía de su cargo, garantizándole el secretario general Butros-Gali una generosa indemnización por sus «años de fiel servicio a las Naciones Unidas». Mientras, a Catherine Claxton se le negaba cualquier compensación financiera.
En un memorando fechado el 1 de febrero de 1994, el secretario general, Butros-Gali, enviaba a Claxton una copia del resultado de la investigación de la jueza Mella Carroll. En el documento anexo, Butros- Gali exigía a Claxton que ningún contenido del presente documento debía hacerse público y que sus resultados eran «estrictamente confidenciales».
El líder de la ONU, el hombre que debía defender los derechos humanos en el mundo, el diplomático que debía proteger los derechos fundamentales de las mujeres, expresaba en el documento: «Después de considerar el informe, yo he decidido, en el mejor interés de la Organización con respecto a este informe y a las partes, que su contenido debe ser estrictamente confidencial. Este no debe ser copiado o facilitado de ninguna forma a terceras partes excepto a su consejero [legal] sobre la base de lo estrictamente confidencial. Yo enfatizo este punto a usted y sobre su copia del informe realizado por los investigadores del Panel Consultivo sobre Discriminación y Otros Agravios. Los fallos respecto a la confidencialidad de este informe se tomarán como una falta grave y, por lo tanto, darán pie a acciones disciplinarias»160 .
De esta forma, el secretario general Butros-Gali decidía enterrar en lo más profundo de la burocracia de la ONU lo descubierto por la jueza Carroll. El 2 de febrero de 1994, el administrador de la PNUD hacía público un comunicado en el que podía leerse: «Con gran pesar hemos recibido la dimisión del vicesecretario general y administrador asociado,
Sr. Luis María Gómez, efectiva desde el 15 de febrero de 1994. El secretario general ha recibido esta noticia también con gran pesar». En el largo texto de condolencia y dolor, el PNUD expresaba: «Nosotros tenemos un tremendo sentimiento por la pérdida de tan responsable funcionario». «La pérdida de Luis María Gómez en el PNUD, en cuanto a lo personal y a su capacidad profesional, es inmensa —explicaba en otro párrafo—, demostrando un inestimable valor como persona y amigo hacia mí y hacia los que han trabajado con él. Él ha demostrado de forma impresionante su gran habilidad, sentido del trabajo y lealtad. Su experiencia en el sistema de las Naciones Unidas, incluyendo el PNUD; su esfuerzo al servicio de la ONU y en especial al desarrollo de los programas del PNUD, así como su trabajo con todos los miembros del staff, han sido encomiables. Su ausencia es una tremenda pérdida para todos desde nuestro punto de vista.» La referencia en el texto al secretario general hizo que el consejero legal de Catherine Claxton exigiese una reunión urgente con el mismísimo Butros-Gali. El texto del administrador del PNUD suponía unas implicaciones más allá de una sencilla muestra de dolor por tan «irreparable pérdida», la del acosador Luis María Gómez. La jueza Mella Carroll expresaba a Butros-Gali cuatro recomendaciones en su informe que debían llevarse a cabo lo antes posible:
1. Los actos perpetrados contra la ONU y sus empleados deben ser hechos públicos no más tarde de la separación del servicio de los perpetradores. Esto es por lo que es importante que la reunión debe realizarse lo antes posible y desde que el señor Gómez ya no pertenezca a la Organización en diez días a lo sumo (después del 15 de febrero de 1994).
2. Los costes de la investigación del Consejo no deben ser pagados hasta la conclusión de la causa, y por si fuera necesario clarificar si la ONU debería cubrir los gastos legales de la señora Claxton, o bien del señor Gómez.
3. Es muy importante que los resultados de la investigación sean publicados para demostrar a otros empleados de la ONU que los casos de acoso sexual son tomados seriamente, aunque en ellos estén involucrados oficiales y funcionarios de alto rango.
4. Es muy importante que los hechos descubiertos durante la investigación y que afectan a la carrera y a la vida de la señora Claxton se hagan públicos. Hasta que estos no se hagan públicos, la señora Claxton, durante su permanencia en las Naciones Unidas, estará bajo la nube de feos rumores, mientras que el señor Gómez no se verá afectado de ningún modo, ni siquiera tras su salida, y seguirá protegido mientras el informe permanezca en secreto.
Al leer las recomendaciones de Carroll, Butros-Gali, nuevamente de forma unilateral, decidió «que Naciones Unidas no abonaría ningún pago, ni para cubrir los costes legales del señor Gómez, ni para cubrir los costes legales de la señora Claxton», así como que esta decisión debía también quedar en secreto. Realmente, lo único que deseaba Catherine Claxton sobre la base de las normas del funcionariado era pedir una revisión de las decisiones del secretario general. Claxton no recibiría indemnización alguna por parte de la ONU por los daños psicológicos producidos; de ningún modo recibiría ayuda para abonar sus facturas legales; tampoco se le permitía hacer público el informe en el que se demostraba que Gómez la acosó sexualmente, lo que permitiría que acabasen los rumores sobre su honor. Claxton no estaba decidida a darse por vencida, así es que, con la copia del informe de la jueza Mella Carroll en su mano, decidió recurrir a la Junta de Apelaciones.
Mientras esto sucedía, el jefe de la Unidad de Pagos de la ONU transmitía a Luis María Gómez la comunicación de que en el servicio de caja podía recoger un cheque a su nombre por importe de 75.977,40 dólares. Sin ninguna respuesta por parte de Butros-Gali, Claxton seguía pidiendo hacer público el informe contra el argentino Gómez; pero al parecer el egipcio no quería escucharla.
Solo trece días después de la salida de Gómez de la ONU, al acosador argentino se le ofreció un puesto bajo término ya fijado en el personal del PNUD. El puesto era el de consejero del administrador James Gustave Speth y se hizo efectivo el 1 de marzo de 1994 hasta el 30 de junio del mismo año. Su salario sería de un dólar161 .
el caso de acoso sexual grave de Luis María Gómez sobre Catherine Claxton. El administrador del PNUD alegaba que el argentino era muy necesario para el buen funcionamiento del Programa.
Claxton y sus asesores legales decidieron entonces contraatacar, enviando el 7 de marzo de 1994 una carta a Butros- Gali con los siguientes puntos:
- El rechazo a la recolocación del señor Gómez.
- La imposición dada por el secretario general a que el informe permanezca en la más estricta confidencialidad está dañando seriamente la reputación profesional y personal de la señora Claxton.
- El caso no debe permanecer cerrado (como se había decidido en carta a la señora Claxton el 1 de febrero de 1994), y más cuando se ha confirmado que el señor Gómez continúa como oficial de la ONU.
- El secretario general se está contradiciendo a sí mismo al romper su promesa al recolocar a Luis María Gómez.
La insistencia del secretario general de mantener en absoluto secreto el informe de la jueza Mella Carroll estaba dañando seriamente la reputación de Catherine Claxton, mientras Butros-Gali mantenía absoluto silencio ante los rumores lanzados por los abogados de Gómez sobre que él (Gómez) se había visto obligado a cambiar de trabajo por las amenazas de Claxton. Según hacían ver, era Claxton la que había acosado a Gómez y no a la inversa.
Por fin, el 12 de abril de 1994, la jueza Carroll rompió su silencio, expresando su desacuerdo y desaprobación con respecto a las decisiones del secretario general, Butros-Gali, de mantener su informe en secreto. Carroll envió una carta el 12 de abril de 1994 al Consejo Legal de las Naciones Unidas. El texto decía: «Yo estoy en desacuerdo con su respuesta a mi petición y es por
eso por lo que me siento libre de discutir y mostrar el informe con mis colegas y amigos».
«Como yo comprendo los requerimientos del secretario general, yo no tengo ningún inconveniente en ser oída ante la Cámara para conocer las razones objetivas por lo que se está haciendo esto —explica Carroll—; pero si yo me entero de que el secretario general está actualmente suprimiendo el efecto del informe, yo no quiero tomar parte en ello. Lo que se está haciendo es travestir la justicia. Si yo aceptase esta situación no me tendría el más mínimo respeto como juez y quizá en esta circunstancia me vería obligada a adoptar otras medidas.»
Mella Carroll continuaba explicando en su carta: «La señora Claxton fue exonerada y el señor Gómez no lo fue. Si ella no puede hacer público el contenido del informe, a ella se le está negando la justicia. La supresión del informe solo sirve para proteger al señor Gómez».
Además, la magistrada terminaba su brillante alegato explicando: «Las Naciones Unidas es un cuerpo dedicado a la protección de los derechos humanos en todo el mundo. Estoy segura de que el mayor interés de la Organización es el de no ayudar a una negación de la justicia a uno de sus propios empleados. Yo estaría gratamente agradecida si comunicase mis duros puntos de vista y mi desacuerdo al secretario general».
La respuesta a la jueza Carroll parecía finalmente una reacción positiva por parte de Butros-Gali, pero el egipcio prefería seguir dando largas. El informe de Mella Carroll sería hecho público lo antes posible, mas antes debía ser revisado por alguien independiente para saber los pasos que había que dar. Butros-Gali no quería ahora dar un paso en falso que demostrase que él había estado protegiendo a un acosador sexual durante tanto tiempo, mientras permitía que una empleada de la ONU viese su trabajo y honor totalmente arrastrados por el lodo162 .
Finalmente, el 2 de junio de 1994, Butros-Gali informó a Claxton de que la confidencialidad del informe de la jueza Carroll había sido levantada. El 7 de junio, los asesores de la ONU comenzaron a trabajar en las repercusiones que tendría el informe en la prensa. Algunos ya podían leer: «Extraño proceder en la ONU ante un caso declarado de acoso sexual».
Catherine Claxton, tras más de seis años de lucha, reclamó 275.000 dólares para pagar a sus abogados, más otros 6.500 dólares para abonar las costas legales. La ONU discutió esta cifra, autorizando el pago de 150.000 dólares, más un bono de 1.500 dólares para pagar las costas. Claxton recurrió, alegando que se había endeudado por 275.000 dólares en créditos para pagar a sus abogados.
El Panel Consultivo recomendó unánimemente que la señora Catherine Claxton debería ser indemnizada por daños por la cifra total de su deuda con abogados y costas legales; en total,