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Funcionarios de la ONU y espías del KGB

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A década de los setenta fue quizá para el KGB la más activa dentro de la Organización de las Naciones Unidas. En febrero de 1972, mientras Estados Unidos y la Unión Soviética negociaban el tratado antimisiles balísticos SALT I (Tratado de Limitación de Armas Estratégicas), agentes del FBI detenían a Valery Markelov, oficial de la inteligencia soviética que trabajaba bajo la cobertura de traductor en el Cuartel General de la ONU en Nueva York93 .

El espía llegó a trabajar a las Naciones Unidas en los primeros meses de 1971. Desde ese momento, el KGB le ordenó que se centrase en las empresas de alta tecnología de defensa de Estados Unidos.

El FBI comenzó a sospechar cuando recibieron una notificación de la DIA, la Agencia de inteligencia militar, informándoles de que habían detectado a un ciudadano ruso haciendo preguntas por ciudades cercanas a bases militares, principalmente de las Fuerzas Aéreas. El FBI, en colaboración con agentes de la DIA, comenzó a vigilar los alrededores de las bases y a interrogar a ciudadanos norteamericanos que pudieron haber estado en contacto con el supuesto espía soviético.

Tras conseguir hacer un retrato robot, los agentes buscaron entre las fichas de diplomáticos y funcionarios soviéticos de organismos internacionales en los archivos del Departamento de Justicia. Tras días de búsqueda, apareció un rostro y un nombre, Valery Markelov, un funcionario de bajo rango de las Naciones Unidas y, por lo tanto, sin inmunidad diplomática.

El FBI, a través del Departamento de Justicia, envió una carta al secretario general Kurt Waldheim informándole de lo descubierto, pero el austriaco no estaba dispuesto a permitir que agentes federales entrasen en el Cuartel General de la ONU deteniendo espías por los pasillos.

Con la negativa de Kurt Waldheim de permitirles el acceso, Markelov era sometido a seguimiento dentro del edificio de la ONU por un agente de

la CIA adscrito a la delegación de Estados Unidos. El espía norteamericano solo tenía que avisar cuando el soviético abandonase el edificio. El 16 de febrero por la mañana, Markelov, tal y como hacía cada día, cruzaba la calle para entrar en un pequeño café. Cuando el agente del KGB se disponía a hacerlo, seis hombres que se identificaron como agentes del FBI lo detuvieron, esposaron y trasladaron a las oficinas en Nueva York. Sentado en una pequeña sala de interrogatorios, Valery Markelov seguía negando ser un agente del KGB y estar en Estados Unidos espiando.

Otro equipo del FBI encontraba en su pequeño apartamento en Brooklyn, en un compartimento secreto en el suelo, documentos clasificados sobre el cazabombardero F-14A Tomcat. Markelov confesó que se los había filtrado un ingeniero de la compañía Grumman. El espía soviético fue condenado a veinte años de reclusión por espionaje a cumplir en una prisión federal.

Tras la firma de los acuerdos SALT I entre Richard Nixon y Leonid Brezhnev, Valery Markelov fue sacado de la prisión, trasladado al aeropuerto y enviado de vuelta a Rusia. Posteriormente, el fiscal general de Estados Unidos envió una carta a Kurt Waldheim acusando a la ONU de haber sido poco colaboradora en el «caso Markelov». Pero este no iba a ser el único caso de infiltración del KGB en las Naciones Unidas.

En 1973, Anatoli Andreyev era un tranquilo bibliotecario que trabajaba en las Naciones Unidas. Era amable, organizado y responsable en su trabajo, pero lo que sus jefes no sabían era que Andreyev pertenecía al servicio de espionaje soviético.

En una conferencia internacional de libreros y archivistas, el funcionario de la ONU estableció contacto con un colega que trabajaba para el Departamento de Defensa de Estados Unidos94.

Durante un año entero, Anatoli Andreyev y el funcionario norteamericano estuvieron intercambiando documentos «no clasificados» y que fueran de mutuo interés para ambos. Durante uno de los encuentros entre el funcionario soviético de la ONU y el estadounidense, el agente del KGB propuso al bibliotecario del Departamento de Defensa que le filtrase documentos «clasificados» a cambio de dinero. Fue entonces cuando el

estadounidense avisó a la DIA para informarla de las intenciones de Andreyev.

Nuevamente el caso acabó en la mesa de Kurt Waldheim, quien prohibió a los agentes federales interrogar al bibliotecario. Durante una de las reuniones del Consejo de Seguridad, el embajador de Estados Unidos presentó una protesta formal que causó un efecto inmediato. Anatoli Andreyev fue enviado de vuelta a Moscú.

En 1974, otro caso de espionaje tecnológico en el interior de las Naciones Unidas iba a saltar a las portadas de todos los periódicos, pero esta vez de forma casual. Un agente del KGB, que trabajaba para la delegación soviética en la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) en Viena y experto en pirateo de bancos de datos, asistía en Nueva York a una reunión. Durante un descanso, el experto del KGB mostró a los miembros de su delegación cómo piratear un sistema de banco de datos. El objetivo fue nada más y nada menos que los archivos del diario The New York Times.

A la semana siguiente, la esposa del residente del KGB en Nueva York comenzó a utilizar el sistema de pirateo enseñado por el funcionario soviético para asaltar el banco de datos de las Naciones Unidas. Tres días después, los servicios de seguridad de la Organización informaban a Waldheim del particular asalto.

Se calcula que en setenta y dos horas el KGB pudo hacerse con 318 documentos clasificados de «Alto secreto» de la ONU, la mayor filtración documental de toda la historia de las Naciones Unidas95 .

Tres años después, en el verano de 1977, los agentes del KGB destacados en las Naciones Unidas estuvieron a punto de provocar un conflicto diplomático cuando intentaron captar al comandante Arthur Lindbergh como espía.

El estadounidense, oficial de la Marina, estaba visitando el crucero de la flota soviética Kazakhstan cuando este atracó en el puerto de Nueva York en su viaje de regreso a la URSS. Cuando estaba a punto de descender por la pasarela, se le acercó un oficial del KGB que el FBI identificó como

funcionario de las Naciones Unidas e introdujo en el bolsillo del oficial naval un mensaje. Al abrir el mensaje, Lindbergh leyó: «¿Está interesado en conseguir un pequeño dinero extra para su jubilación?».

Los soviéticos tenían interés en los amplios conocimientos técnicos del comandante Lindbergh en el sistema acústico submarino que permitía a los sumergibles estadounidenses detectar a los soviéticos. El oficial informó a la DIA, al FBI y al Servicio de Inteligencia Naval. Entre las tres agencias montarían un dispositivo para conseguir detener al mayor número de espías soviéticos.

En mayo de 1978, el FBI siguió al comandante Lindbergh hasta una autopista de Nueva Jersey. El oficial detuvo su Ford y en un hueco de un poste cercano depositó un pequeño estuche metálico que supuestamente contenía los planos técnicos del localizador submarino96 .

Los agentes federales esperaron veinticuatro horas hasta que un vehículo de color gris con tres hombres en su interior, y que había dado antes tres pasadas por el poste, se detuvo. Uno de los hombres descendió del coche, se dirigió con paso rápido hasta el poste y extrajo el estuche metálico. En ese momento, varios vehículos con agentes federales los rodearon, procediendo a su detención.

Dos de los agentes soviéticos eran funcionarios de las Naciones Unidas, mientras que el tercero era un agregado de la embajada de la Unión Soviética en la ONU y, por lo tanto, bajo inmunidad diplomática.

El diplomático fue expulsado, mientras que los otros dos funcionarios de las Naciones Unidas que no tenían inmunidad diplomática fueron acusados formalmente de espionaje. El Departamento de Estado temía que las condenas de los dos agentes ex funcionarios de la ONU provocase algún trastorno en la «cumbre» que debía celebrarse entre el presidente Jimmy Carter y el líder soviético Leonid Brezhnev. Como represalia, Moscú detuvo a dos hombres de negocios estadounidenses, acusándoles de espionaje. Tras ser condenados a veinte años, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso propuso al Departamento de Estado intercambiar los dos ex funcionarios de las Naciones Unidas por los dos hombres de negocios. Una semana después, los agentes rusos eran escoltados hasta un avión de la

compañía Aeroflot y expulsados de Estados Unidos97 .

En 1978 iba a producirse en la ONU la deserción más importante de un alto cargo soviético. Arkady Nikolayevich Shevchenko había nacido en 1930 en una ciudad minera de Ucrania en el seno de una familia más o menos privilegiada debido a la profesión médica de su padre98 .

En 1956, tras realizar estudios especializados en Europa occidental y en organismos internacionales, Shevchenko entró como analista en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Su primera visita a Estados Unidos fue en 1958. Dos años después sería oficialmente destinado a Nueva York.

En 1973 sería nombrado por Kurt Waldheim vicesecretario general de las Naciones Unidas para Asuntos Políticos y Asuntos del Consejo de Seguridad. Justo un año después, y durante una fiesta celebrada en la sede central de la ONU, Shevchenko se acercó a un funcionario norteamericano y le dijo que tenía la intención de desertar a Estados Unidos. Dos semanas después, un agente de la CIA que se había hecho pasar por periodista consiguió entrevistarse con Arkady Shevchenko y convencerle para que se mantuviese en el cargo.

De esta forma era mucho más útil que escondido bajo protección en una casa-refugio de la CIA99 . Como contrapartida, el espionaje estadounidense pidió a Shevchenko que, a cambio de protegerle, él debía dar los nombres de los espías soviéticos en Estados Unidos. El diplomático solo aceptó dar los nombres de los espías norteamericanos al servicio del KGB y de algún espía soviético de bajo nivel en la sede de las Naciones Unidas.

El primero en caer sería William H. Bell, un ingeniero que trabajaba para la compañía Hughes Aircraft Corporation. Bell llevaba colaborando con el KGB desde hacía seis años cuando fue detenido por el FBI, acusado y condenado a veinte años por cargos de espionaje y alta traición.

La CIA dio a Shevchenko el nombre clave de Andy y le adjudicó un enlace con el espionaje estadounidense. En la mañana del 6 de abril de

1978, Shevchenko envió un mensaje urgente a su enlace y le informó de que tenía serias sospechas de haber sido descubierto por el KGB. Misteriosamente, había recibido una comunicación de Moscú para que esa misma tarde se dirigiese a la embajada soviética en Washington y esperase instrucciones. Cuando salía del Cuartel General de la ONU descubrió que era seguido por un vehículo de color negro con matrícula diplomática y que identificó como parte de la flota de la delegación de su país.

Por la tarde, el desertor se dirigió hacia su casa de campo en Long Island, y en un cruce de calles Arkady Shevchenko desapareció de la faz de la tierra. Su esposa e hija se negaron a desertar con él a Estados Unidos y regresaron a la URSS, mientras Shevchenko era escondido en una casa propiedad de la CIA.

Arkady Nikolayevich Shevchenko escribiría en su libro Breaking with

Moscow: «Era fácil descubrir a los agentes del KGB entre los diplomáticos

soviéticos en las Naciones Unidas. Lo primero era por el dinero. Un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores necesitaba su sueldo de todo un año para poder comprar un coche americano de segunda mano. Un agente del KGB llevaba siempre mucho dinero en efectivo en sus bolsillos y conducía un coche nuevo en cuanto llegaba a Nueva York»100 .

En 1978, Shevchenko se volvió a casar con una norteamericana y vivió protegido por la CIA hasta su muerte, acaecida en 1998. Pocas semanas antes de morir, Arkady Shevchenko se mezcló con un grupo de turistas que visitaban el edificio de las Naciones Unidas, el mismo desde el que él desertó dos décadas antes.

En 1985, el Senado emitió un informe que indicaba que «aproximadamente uno de cada cuatro funcionarios soviéticos destacados en las Naciones Unidas eran oficiales de la inteligencia soviética, o cooperaban de forma voluntaria con el KGB o el GRU». El mismo informe destacaba que, entre 1969 y 1980, ciento noventa y siete funcionarios soviéticos y de otros países del bloque del Este, y que trabajaban bajo cobertura de la ONU, habían sido identificados como miembros de los servicios de espionaje de sus respectivos países y, por lo tanto, aliados del KGB101 .