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L primer asalto, la llamada Operación Morthor, comenzó el 13 de septiembre de 1961. Conor Cruise O’Brien, el diplomático irlandés, había intentado convencer a los 208 oficiales belgas y a los 302 mercenarios para que abandonasen el Congo, pero Tshombé y el cónsul belga habían decidido seguir cooperando a pesar de lo que ordenase Naciones Unidas.Entre los mercenarios de Katanga se encontraban paracaidistas franceses, aventureros sudafricanos y rhodesianos, ex colonos belgas, fascistas italianos y antiguos soldados de la Wehrmacht alemana.
Según la versión de O’Brien, él y el brigadier general K. A. S. Kaja, comandante de las fuerzas militares de la India en Katanga, recibieron órdenes de lanzar un ataque sobre la provincia secesionista. Un batallón sueco, uno irlandés y dos batallones indios de gurkas y dogras debían concentrarse en rendir el palacio presidencial de Tshombé, detener a cuatro de sus ministros, ocupar los puntos clave de comunicaciones, capturar todos los documentos oficiales de la Seguridad de Katanga y del Ministerio de Información, izar la bandera del Congo en todos los edificios de Elisabethville y, por último, persuadir a Tshombé, incluso con amenazas, para que abandonase su plan secesionista116 .
O’Brien pensó que el plan había sido aprobado por Hammarskjold y dio luz verde a la Operación Morthor. Lo cierto es que el secretario general de la ONU se encontraba en pleno vuelo rumbo a Leopoldville para tomar personalmente el mando de las negociaciones117 .
Cuando comenzó el primer ataque de la ONU sobre Elisabethville, un aterrorizado Tshombé llamó por teléfono a Conor Cruise O’Brien. El diplomático irlandés informó al líder independentista de que sus órdenes, procedentes de la ONU, eran las de ponerle a salvo y, una vez que esto fuese efectivo, ayudarle a proclamar por la radio el «fin de la secesión de Katanga y la incorporación de la provincia al control del Gobierno central». Realmente, lo que sucedió es que todavía ningún contingente de
la ONU había llegado a la residencia de Tshombé debido a un fallo de falta de entendimiento entre las tropas indias y suecas.
Las primeras tropas de la India llegaron hasta la sede de la Gendarmería y comunicaron a sus integrantes que no serían desarmados si decidían ponerse bajo las órdenes de las fuerzas de las Naciones Unidas. Al parecer, todo estaba en calma hasta que por una ventana del consulado belga apareció el cañón de un rifle de un francotirador118 .
Un soldado de la India cayó muerto, lo que destapó la caja de los truenos. Las tropas de la ONU repelieron la agresión, convirtiéndose en poco tiempo en una batalla en toda regla que continuó hasta el día siguiente.
El contraataque katangueño, dirigido por colonos blancos contra los «cascos azules», se intensificó. Los reveses de las tropas de la ONU eran cada vez más importantes. Los mercenarios consiguieron hacer prisioneros a 158 «cascos azules» irlandeses en el poblado de Jadotville. También cayeron prisioneros medio millar de efectivos de la ONU de Irlanda y Suecia en la antigua base belga de Kamina, en el norte de Katanga. Por último, un avión Fouga Magister, pilotado por un italiano, bombardeó el Cuartel General de la ONU en Elisabethville.
Hammarskjóld llegó a Leopoldville tan solo unas horas después de comenzar el ataque de la ONU. Los británicos creían que solo los comunistas se beneficiarían del caos en el que la ONU había sumido al Congo. Por fin, Tshombé fue persuadido para que pacíficamente se uniese al Congo. El secretario general, en la más clara y alta tradición de las Naciones Unidas de no asumir sus errores, dijo que los «cascos azules» no habían pretendido nunca llevar a cabo un ataque contra Katanga, sino más bien defenderse de un ataque de sus fuerzas. Por supuesto, mentía una vez más.
El 17 de septiembre de 1961, Dag Hammarskjöld decidió volar a Ndola, en Rhodesia del Norte, para reunirse con Tshombé y negociar una tregua. Hammarskjöld deseaba una reconciliación entre el líder katangueño y el nuevo primer ministro, Cyrille Adoula. El avión DC-6B volaba por la noche. Después de siete horas, el piloto informó a la torre de control de
Ndola que se aproximaba al aeropuerto y que descendía. Seguidamente el avión desaparecía del radar. En la mañana, y tras una larga búsqueda, los restos del aparato serían encontrados junto con los trece cadáveres de sus ocupantes, incluido el de Dag Hammarskjöld119 .
Las batallas entre las fuerzas de la ONU y los secesionistas continuaron hasta el 15 de enero de 1964, cuando Moïse Tshombé anunció públicamente que la provincia de Katanga se reincorporaría al territorio del Congo. El 30 de junio de ese mismo año, exactamente cuatro años después de su llegada, las tropas de «cascos azules» de las Naciones Unidas abandonaban el país africano. Tshombé decidió negociar bajo mediación de la ONU con el presidente Kasavubu y el nuevo hombre fuerte del ejército, el coronel Mobutu Sese Seko120 .
Pocos años después se haría pública la carta enviada por el propio Lumumba a su esposa justo una semana antes de ser asesinado:
Ninguna brutalidad, maltrato o tortura me ha doblegado, porque prefiero morir con la cabeza en alto, con la fe inquebrantable y una profunda confianza en el futuro de mi país, a vivir sometido y pisoteando principios sagrados. Un día la historia nos juzgará, pero no será la historia según Bruselas, París, Washington o la ONU, sino la de los países emancipados del colonialismo y sus títeres.